El recién posesionado presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Benjamín Ortiz, fue un niño que recogía café en una vereda de Ibagué, Tolima. Sus padres, doña Omaira y don Hilario (ella santandereana y él tolimense), le heredaron el laborioso rebusque campesino. En sus palabras, era una familia “sencilla”. No solo recogía café: removía tierra con el azadón, ordeñaba vacas y madrugaba mucho.
Pero se encarretó con los discursos políticos gracias a unos liberales que lo apadrinaron y después tuvo un “maestro”, como él lo llama, que lo apoyó para estudiar y convertirse primero en vigilante y político y más tarde en magistrado del más alto tribunal del país.
La vida lo llevó a convertirse en el autor de la ponencia en contra de la campaña del presidente Gustavo Petro que acogió el CNE para sancionar a ese movimiento y sus representantes por volarse los topes electorales, es decir, hacer trampa. La compulsa de copias a la Fiscalía vincula a Ricardo Roa como gerente y a otros personajes que tienen que responderle a la justicia.
Antes de eso, Ortiz tuvo que enfrentar dificultades, incluyendo presiones y amenazas. Esta es su historia.
Le puede interesar: Petro publicó demanda de nulidad contra elección de De la Espriella pero sin acusación de fraude
Mientras realizaba labores del campo se conectaba con la radio, ¿verdad?
“Cuando hablo con sus colegas, siempre me preguntan por qué sé de radio, por qué conozco la historia. Y es porque sé de don Juan Gossaín, don Yamid Amat, Ibáñez, Castellanos y tanta gente querida. Cuando trabajaba en el agro, siempre tenía como compañero obligado y habitual un radiecito de pilas pequeñas.
Le adaptábamos una pila grande para que durara más y lo amarrábamos con un caucho. Eso me permitía estar permanentemente en sintonía, no solamente con las noticias, sino con la música.
Soy un melómano consagrado. La gente me conoce por mis gustos musicales, porque me he dedicado a estudiar la historia de las canciones y a escribir algunas cosas que a veces agradan y hacen que las personas simpaticen conmigo también por ese lado.
Por eso estoy tan vinculado con los medios de comunicación. De hecho, soy un periodista frustrado. Ahora que estamos en el declive de nuestro ciclo laboral administrativo, si hay alguna vacante en EL COLOMBIANO, me van contando”.
Bienvenidos los periodistas comprometidos. Alguna vez me dijeron que usted era un niño orador, de los que pronunciaban discursos en la plaza pública, y que Alberto Santofimio Botero lo reclutó para hacer política como un técnico a un futbolista. Cuéntenos esa historia.
“A mi vereda iban los políticos. Había un señor llamado Hugo Téllez, un viejo periodista de Ibagué, muy liberal, que andaba mucho con Alberto Santofimio, quien brillaba mucho en esa época y sigue siendo un hombre brillante. No obstante las circunstancias, sigo considerándolo el mejor orador que ha tenido este país.
Alguna vez, Téllez quería organizarle una reunión a Santofimio en la vereda. Él hablaba conmigo y veía que yo me expresaba, que trataba de hilar ideas y juntar sílabas. Entonces me dijo: ‘¿Por qué no pronuncia un discurso?’.
El tipo era jodido; se inventó algo llamado los Pioneros Liberales del Tolima. Eran unos niños que comenzaban a adoctrinarse y a formarse en los principios, la ideología y la filosofía del Partido Liberal.
Un día se le ocurrió montarme en un taburete. Yo tendría unos doce o trece años. Me dio unas ideas y me dijo: ‘Hable de (Jorge Eliécer) Gaitán y de (Rafael) Uribe Uribe’. Como yo ya había leído algunas cosas, armé un discurso y eso causó sensación.
En el Tolima, y seguro en Colombia, no había nadie como Santofimio para tomar un micrófono y persuadir a un auditorio. Yo lo admiraba mucho. Ensayaba y fui emocionándome con eso hasta que tuve la oportunidad.
No sé qué incoherencias diría aquella mañana en la casa de mi mamá, pero a la gente le gustó mucho. Por ahí conservo un registro fotográfico de Santofimio. Él era quien hablaba y los demás escuchaban, pero en esa foto aparece concentrado, mirándome”.
Vio el potencial y el talento...
“Exactamente. Junto a él andaba un señor que tendría unos 25 o 26 años, y que gracias a Dios sigue con nosotros: el doctor Flavio Rodríguez Arce. Fue personero, secretario de Gobierno de Ibagué, entre muchos otros cargos.
Yo actuaba como telonero. En aquellas manifestaciones me mandaban adelante, como carriador, lo que llamo ‘trompo puchador’. La gente se animaba, eso comenzó a gustar y empezaron a conocerme.
El doctor Flavio Rodríguez, a quien amo en la mejor extensión de la palabra, ha sido el arquitecto de lo que hoy soy. Con el paso del tiempo nos fuimos familiarizando y me convertí en su amigo.
Le cuidaba un viejo Renault 12 blanco que tenía. Él lo dejaba en la calle, incluso con los vidrios abiertos. En vez de robarle, a veces le echaban cosas dentro. Yo estaba pendiente del carro, de su casa, le hacía los mandados, le pagaba los servicios.
Mi padre murió cuando yo tenía entre diez y doce años, y el doctor Rodríguez fue encariñándose conmigo. De alguna manera, me adoptó”.
Cuéntenos más de esa relación con Flavio Rodríguez.
“Saltándonos una buena parte de la historia, él ya me había tomado mucho cariño. Un día, cuando era secretario de Gobierno del Tolima y estaba como gobernador encargado, me llamó a su despacho y me dijo: ‘Compañero, ¿usted qué va a hacer con su vida?’.
Yo le respondí: ‘Pues vivirla, disfrutarla y pasarla bien’. Entonces me preguntó: ‘¿Va a estudiar o no va a estudiar? ¿Hasta cuándo estudió?’
Le dije que hasta segundo de bachillerato. Había detenido mis estudios cuando llegué a la plaza de mercado y comencé a ganar dinero.
Me decía que si compraba un cuarto de tomate en la galería de la 28 de Ibagué, y el domingo podía obtener tres veces su valor vendiéndolo por libras, ¿para qué estudiaba? Me visualizaba diez años después y decía: ‘Esta plaza va a ser mía. Por lo menos media’.
Al comenzar a recibir dinero y conocer la ciudad, también descubrí muchas cosas de las que uno estaba privado en el campo: el juego, la bicicleta, la piscina, las muchachas.
Decidí dedicarme al comercio. Ese día, el doctor Rodríguez me dio una lección de vida que me ha permitido vivir. Me dijo: ‘Usted tiene que estudiar. Es un hombre muy inteligente y capaz’.
Como era bromista, agregó: ‘Usted es un diamante en bruto, sobre todo por lo segundo’. Yo le dije que quería estudiar, pero sabía que tenía al frente al secretario de Gobierno, es decir, al jefe de la burocracia. Entonces le dije que necesitaba un empleo”.
¿Y cuál fue ese empleo?
“Llamó a Marta, su secretaria, y le dijo: ‘Ya está nombrado como guardián de la cárcel del Panóptico de Ibagué’. Yo le dije: ‘Doctor, ¿cómo se le ocurre? Con el primer estornudo me matan. A eso no le hago’.
Se levantó de su silla, me invitó a sentarme y me dijo: ‘Benjamín, siéntese acá. A partir de ahora usted queda como secretario de Gobierno y yo me voy de guardián, porque, como usted estudió, ya es profesional y aprovechó el tiempo.’”.
Le respondí: ‘No, doctor, tampoco lleve las cosas al extremo, pero sí quiero algo más’. Me preguntó qué quería hacer y le dije que quería ser vigilante en el Politécnico Luis A. Rengifo.
Y me envió al lugar que yo quería. Nunca lo he llamado Flavio. Siempre le digo ‘doctor’ o ‘maestro’, porque me merece respeto. Nunca me he sentido igual a él. Siempre será mi maestro.
Después me dijo que regresara el jueves, era martes. Llegué y en la oficina había una mesa de juntas grandísima, para unas diez o quince personas, cubierta por un vidrio sobre el que todo resbalaba.
Él salió de su despacho, se paró en la cabecera de la mesa y deslizó un sobre que llegó directamente a mis manos, donde estaba la designación como vigilante”.
El inicio de su carrera...
“El maestro Rodríguez me dijo: ‘No se emocione, papito. Estamos en octubre. Si en noviembre no me ha dicho en qué colegio va a terminar el bachillerato, este es un cargo de libre nombramiento y remoción, así que en enero lo saco, porque le estoy dando una oportunidad para que salga adelante’.
Pensé: ‘Esta es una oportunidad que me dio la Providencia y la voy a aprovechar’. Empecé a estudiar y, desde ese día, no he dejado de hacerlo.
Es mi mentor y, afortunadamente, jamás lo defraudé. Cada vez que tenemos la oportunidad de vernos, veo en su cara la alegría, la emoción y la satisfacción. Me siento muy orgulloso cuando dice que soy su producto mejor elaborado”.
¿Por qué no siguió en política?
“Porque comencé a descubrir muchas cosas. Por cuenta de los discursos que pronunciaba, que tampoco fueron tantos, me gané el derecho a sentarme cerca y escuchaba cosas.
Fui desencantándome de muchos aspectos, que no vienen al caso, y dije: ‘Esto no es para mí. Ya hice mi espectáculo. Ya puedo contarles a mis hijos y a mis nietos que tomé un micrófono y me paré frente a un auditorio’. Pero ahí vendrán cosas maravillosas que serán materia de un libro que ojalá hagamos algún día juntos”.
Usted dio una pelea muy dura para sacar adelante un expediente lleno de pruebas sobre la campaña del presidente Petro y demostrar que se habían vulnerado los topes electorales. ¿Cómo vivió ese proceso?
“Recordaba al niño que cogía café, que manejaba el azadón, que fue vigilante y celador, y que hizo todo con responsabilidad. Pensé: ‘En esto también tengo que ser responsable’.
Había que olvidarse del sujeto pasivo o de los sujetos pasivos de la actuación. Si hacen una evaluación de mis procedimientos durante los cuatro años que estoy a punto de completar en el CNE, encontrarán que a todos les puse el mismo juicio y afronté cada caso con la misma responsabilidad.
Con todos mis investigados fui responsable. Les ofrecí todas las garantías, me aferré únicamente al marco de la legalidad y la constitucionalidad”.
¿Hubo algún momento particularmente difícil? ¿Muchas presiones?
“No me gusta victimizarme. Viví momentos difíciles, no por mí, sino por mis hijos. Pero prefiero no hablar de eso. Adelanté un proceso serio, responsable y garantista. Les di todas las garantías a todos los que intervinieron.
Tuve acompañamiento permanente del Ministerio Público y de la Fiscalía. Fue un trabajo juicioso, en compañía de un grupo selecto de colaboradores que se dedica conmigo a adelantar estos procesos.
Hicimos una valoración probatoria y llegamos a conclusiones fundamentadas en pruebas documentales. Eso permitió que la mayoría de la Sala Plena del CNE acogiera un proyecto de decisión que finalmente fue aprobado, recurrido y resuelto. Y se concluyó en el acto administrativo que se vulneraron los topes de campaña y hubo financiación prohibida”.
Le puede interesar: “Nos robaron la curul”: estalla pelea por escaño afro horas antes de instalarse el Congreso
¿Cuál es la posición del CNE y qué mensaje les envía frente al espíritu un poco rebelde del Pacto Histórico, Petro y Cepeda de no reconocer los resultados?
“El CNE, de la mano de la Registraduría, escrutó la voluntad de los colombianos. Esa información consolidada fue evaluada y encontró los argumentos que le permitieron declarar elegido a un ciudadano como presidente de la República.
El tiempo lo dirá y algún día habrá un fallo que determine qué ocurrió. Sí hago un llamado respetuoso a los protagonistas de la vida política para que respeten los resultados, porque los produjo por una autoridad legítima. Si existen desacuerdos, pueden manifestarlos; están las herramientas para hacerlo”.
¿Qué mensaje les da a los colombianos sobre lo que vio durante estas elecciones?
“Fueron unas de las elecciones más blindadas de la historia. Doy fe de la robustez del sistema electoral colombiano y de la transparencia de los resultados.
Trabajamos de manera coordinada con la Registraduría y tengo todos los elementos de juicio para decir que el proceso fue transparente y que los resultados reflejaron lo que los ciudadanos manifestaron en las urnas”.
Bloque de Preguntas Frecuentes (FAQ)
- ¿Qué hace el Consejo Nacional Electoral (CNE)?
- El CNE es la autoridad encargada de vigilar las campañas electorales, revisar la financiación de los candidatos, resolver controversias electorales y garantizar el cumplimiento de las normas durante los procesos democráticos.
- ¿Qué decisión tomó Benjamín Ortiz sobre la campaña de Petro?
- Participó en la ponencia que concluyó posibles irregularidades en financiación y topes electorales, lo que derivó en sanciones y compulsas de copias.
- ¿Cómo llegó Benjamín Ortiz a ser magistrado del CNE?
- Después de trabajar desde niño en labores del campo, ejercer como vigilante, estudiar Derecho y desarrollar una trayectoria política y jurídica, fue elegido magistrado del Consejo Nacional Electoral.