Pico y Placa Medellín
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Esperan demostrar que en Colombia existe sistematicidad y continuidad del exterminio hacia los Pueblos comuneros por parte de todos los actores del conflicto armado.
Ni las luchas ancestrales para descubrir la eterna juventud, ni las preparaciones echas con ramas medicinales para curar los hondos dolores de las enfermedades tropicales fueron suficientes para preservar la vida de los 2.954 indígenas que murieron por culpa de la guerra.
Ayer, entre lágrimas, los líderes de los pueblos indígenas entregaron a la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, seis informes que dan cuenta de cómo sufrieron, y sufren todavía, el rigor del conflicto armado colombiano.
Aunque casi todas las estadísticas de la violencia colombiana datan de finales de los años 40, sus cifras son mucho más amplias: arrancan en 1926, y desde entonces no han hecho más que ver sangre de los suyos correr y moverse de un lado al otro, perdiendo sus raíces, dejando atrás las tierras de sus ancestros para buscar lugares un poco más seguros (ver infografía).
La guerra los persigue y para muchos de sus pueblos eso que desde Bogotá llaman posconflicto no existe. Solo desde que se firmó el Acuerdo...