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Enojo y desamor son un riesgo

El amor reduce el riesgo de padecer ciertas enfermedades y el desamor perjudica nuestra salud.

18 de febrero de 2015
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Mantener una buena salud emocional es un aspecto positivo para el corazón. Varios estudios científicos muestran que el amor favorece el sistema cardiovascular, pues reduce el riesgo de padecer patologías de índole cardiaca y contribuye a alargar nuestra esperanza de vida.

La Fundación Española del Corazón señala que los vínculos afectivos con la pareja, amigos y los familiares mejoran la presión arterial, lo que ayuda a reducir los niveles de ansiedad, estrés y depresión.

“Existe una clara relación entre nuestro estado de ánimo y la salud de nuestro corazón. Así, para prevenir enfermedades cardiovasculares, además de controlar la tensión, los niveles de colesterol, realizar ejercicio y seguir una dieta saludable, hemos de favorecer la presencia de sentimientos positivos reforzando los lazos afectivos con nuestro entorno”, indica Miguel Ángel García Fernández, vicesecretario de la Sociedad Española de Cardiología.

La Fundación Española del Corazón recalca también que los estados de ánimo negativos contribuyen a una peor salud cardiovascular.

De este modo, señala que una revisión de estudios científicos realizada por investigadores del Duke University Medical Center de Durham (Carolina del Norte) muestra un incremento del 19 por ciento del riesgo de enfermedad coronaria en las personas que conviven con la ira y la depresión.

Además, dicho trabajo “confirma que la depresión aumenta hasta tres veces el riesgo de muerte por motivos cardiacos”, apunta esta entidad.

La ira enferma

“Estos estados no están considerados propiamente como factores de riesgo cardiovascular, pero contribuyen a desarrollar cardiopatía isquémica en personas de alto riesgo, como son aquellas que ya tienen hipertensión arterial, un perfil desfavorable de lípidos, diabetes mellitus, obesidad de predominio abdominal, vida sedentaria o antecedentes de infarto agudo al miocardio”, precisa Sandra Rosillo, miembro de la Sociedad Española de Cardiología.

Los mecanismos por los que las emociones negativas empeoran la salud cardiovascular no se conocen bien. Sin embargo, en el caso de la ira, se sabe que “tiene un efecto agudo que induce la activación del sistema simpático con la liberación de hormonas conocidas como catecolaminas (hormonas de estrés). Estas hormonas repercuten sobre el sistema cardiovascular, ya que producen un aumento de la frecuencia cardiaca, de la tensión arterial, así como estrechamiento de los vasos arteriales y una liberación de factores que favorecen la formación de trombos”. Todo lo anterior puede derivar en isquemia miocárdica, explica la cardióloga. Otras investigaciones ponen de manifiesto que las personas con problemas sentimentales cuentan con una menor defensa cardiaca.

El desamor, también

Por su parte, Enrique Burunat, psicobiólogo y profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna (Tenerife, España), habla del “síndrome de abstinencia de amor”.

El especialista explica que el desarrollo del enamoramiento y las consecuencias de la ruptura sentimental comparten muchas características con la adicción a las drogas. “Las activaciones cerebrales en la abstinencia a la cocaína y tras la ruptura amorosa son muy similares”.

Sin embargo, el psicólogo matiza que el síndrome de abstinencia de amor no está recogido en el DSM, es decir, en la guía de enfermedades reconocidas en psiquiatría.

“De hecho, se discute la existencia de la propia adicción amorosa y, por el momento, no parece haber datos suficientes que apoyen un diagnóstico clínico, igual que ocurre con el síndrome de abstinencia de amor”.

En cualquier caso, Burunat subraya que, para sobreponerse a una ruptura amorosa deberían darse los mismos pasos que frente a otras adicciones como el alcohol, las drogas o la ludopatía.

Según refleja el psicólogo, estos consisten en alejarse del estímulo y del ambiente asociado a él, fomentar nuevos intereses, ocupar el tiempo libre con actividades lúdicas, estar en contacto con otros afectados y establecer nuevas relaciones, entre otras cosas

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