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Para vengar razas y explicar el origen de las obras: el discurso de Annie Ernaux y otros Nobel de Literatura

Los ganadores del laurel han sabido emplear la atención mediática para hablar de sus causas sociales y preocupaciones.

  • Los discursos de aceptación del nobel de literatura de Bob Dylan, Annie Ernaux y Gabriel García Márquez son algunos de los más recordados. FOTO: EFE
    Los discursos de aceptación del nobel de literatura de Bob Dylan, Annie Ernaux y Gabriel García Márquez son algunos de los más recordados. FOTO: EFE
EL COLOMBIANO | Publicado el 09 de diciembre de 2022

Los discursos de aceptación del premio Nobel de Literatura –que los ganadores dan en la Academia Sueca de la Lengua el nueve de diciembre, el día anterior a la ceremonia de entrega de los laureles– suelen sintetizar el pensamiento artístico de los autores.

El de la vigente ganadora no es la excepción: la francesa Annie Ernaux ha dado un discurso en el que ha reivindicado la escritura como herramienta para cuestionar los poderes y las estructuras sociales. También ha reafirmado su convicción de la importancia de escribir en primera persona. Sobre lo primero, Ernaux describió su procedencia social –“estirpe de campesinos sin tierras, de obreros y pequeños comerciantes, de gentes despreciadas por sus modales, su acento, su incultura” – y la finalidad de su obra: “Escribiré para vengar a mi raza”. Esa raza, en palabras de la autora de El acontecimiento, es la de los desposeídos, la de los postergados por la pobreza. Sobre la importancia del yo en la escritura recordó que la primera persona es una conquista democrática del siglo XVIII. Todo el texto de Ernaux es una diatriba a las divisiones de clase y un alegato a favor del poder transformador del arte.

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No se trata de la primera vez que el ganador del premio convierte el discurso en una proclama a favor de ciertas narrativas ideológicas. Algo muy parecido hizo hace cuarenta años Gabriel García Márquez en la lectura de La soledad de América Latina. En ese texto, el colombiano habló poco de sí, de su biografía, pero sí tomó la vocería de ciertos sectores del continente americano y del Tercer Mundo.

Hizo alusión de Salvador Allende y de Omar Torrijos, políticos muy cercanos a las ideas del socialismo latinoamericano. “América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental”, dijo García Márquez en esa ocasión.

Ahora, no todos los laureados han asumido posturas tan abiertamente militantes. En 2010, Mario Vargas Llosa leyó ante la audiencia del mundo una remembranza de su camino como lector, algo que tiene un fuerte acento biográfico. En esa ocasión, el peruano no abordó de frente los temas que cada domingo trata en sus columnas de El País, de España, y en sus libros de ensayos: las tesis del liberalismo político y económico. En lugar de ello, habló de la lectura y de su familia: “Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfesable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego”, dijo. El discurso tiene un pasaje afectuoso a Patricia Llosa, la esposa de la que Mario se separó al poco tiempo.

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Y hasta para los juegos del gato y el ratón se ha prestado el discurso del Nobel de Literatura. El caso extremo fue el de Bob Dylan: la Academia no pudo contactarse con el cantautor para notificarle del premio. En ese momento Dylan se encontraba en plena gira y conoció la noticia por la prensa. A la ceremonia de entrega del laurel, Dylan no se apareció, pero sí envió en su lugar a la cantante Patti Smith, quien protagonizó uno de los momentos más curiosos de la historia de las ceremonias del Nobel: la emoción la sobrepasó y olvidó un fragmento de la canción A Hard Rain's A-Gonna Fall. Ella pidió perdón, el público aplaudió y la música inició de nuevo. Sin embargo, ocho meses más tarde, Dylan por fin envió el discurso –un requisito para recibir el dinero del Nobel–, que la academia publicó en su página web. En ese texto el trovador habla de la influencia que los libros y las canciones de otros han tenido en su trabajo musical. La lista comienza con el mito de Buddy Holly y termina con el mito de Homero.


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