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“Gabo se parecía más a Anthony Quinn que a García Márquez”: Dasso Saldívar

El escritor antioqueño visitó Medellín y habló de las más recientes noticias del universo garciamarquiano.

  • El biógrafo y novelista antioqueño culmina una novela sobre los años finales de Manuela Sáenz. Foto: Manuel Saldarriaga.
    El biógrafo y novelista antioqueño culmina una novela sobre los años finales de Manuela Sáenz. Foto: Manuel Saldarriaga.
02 de noviembre de 2023
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Dasso Saldívar dedicó veinte años a resolver un misterio: ¿cómo hizo Gabriel García Márquez para escribir libros que ya hacen parte del patrimonio de la lengua castellana y de la literatura universal? En ese tiempo habló con mucha gente, leyó muchos libros y releyó cada una de las páginas que el genio había escrito hasta entonces. Por todo ese trabajo consiguió el milagro del biógrafo, que consiste en saber más de la vida de su personaje que el personaje mismo. Y ese conocimiento lo metió en un libro de más de seiscientas páginas que lleva por título García Márquez, el viaje a la semilla.

El magnetismo de García Márquez es tan grande que, aunque ha escrito otros libros, siempre que entrevistan a Dasso el tema principal del diálogo es la historia del fabulista de Macondo. Esta entrevista no es la excepción, sobre todo porque en breve llegarán a las pantallas una adaptación de Cien años de soledad y a las librerías una novela póstuma, En agosto nos vemos.

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Hablemos de la novela inédita de García Márquez que se va a publicar el próximo año...

“Mira, Gabo me llamó el 20 de agosto de 2008 para comentarme sus impresiones sobre Viaje a la semilla, la biografía de él que escribí. Ahí tuvimos una conversación de unos 20 minutos. Al final hablamos de esta novela. Yo le dije: “maestro, ¿cómo va la novela? ¿En Agosto nos vemos o no?”. Me respondió: “no, no, no, creo que tengo ya seis versiones, pero ninguna me gusta”. Y yo le dije, “¿por qué no haces lo de siempre? Le das a leer la novela a lectores de confianza”. Él dijo: “Eso lo hago cuando estoy satisfecho ya de una última versión. Y este no es el caso”. Me dijo, además, “qué difícil es esto de escribir. Cada novela es como si fuera la primera”. No me dijo más. Yo no he leído el libro”.

¿Ha escuchado algún comentario de alguien que la haya leído?

“Soy amigo de Gustavo Arango, que ha escrito un libro muy interesante sobre García Márquez. Me dijo que era una novela injustamente olvidada, porque era una novela conectada por la raíz de Gabo. Él cree que esa novela cierra muy bien la novelística de García Márquez, porque incluso ahí vuelve a retomar cosas que están en sus otras novelas. Pero no te puedo decir más, porque no la he leído.

Seguramente el libro tiene lagunas. En el momento de su escritura el maestro estaba muy afectado por la enfermedad. Creo que esa es la razón por la cual él la dejó. Pero eso no quiere decir que Gabo hubiera prohibido la novela. De ser así él la habría destruido. Creo que es una novela que se va a leer bien, con interés y con indulgencia, puesto que todos los lectores vamos a saber que el maestro nos está regalando un canto del cisne con algunas plumas de menos. Pero esas plumas de menos no son lo suficientemente poderosas como para afear el cisne”.

Pero el público no tuvo esa indulgencia con Memorias de mis putas tristes...

“No, porque la gente no entendió esa novela. La gente pensó que era la historia de un pedófilo. Además, la gente esperaba una novela de la altura de El amor en los tiempos del cólera. Sin embargo, Memoria de mis putas tristes es una novela muy poética, muy bien escrita sobre el enamoramiento de un señor mayor. Es una novela más hedonista que sexual. Es un hedonismo poético. En ese libro no hay rastro de vulgaridad. A veces la vulgaridad está en la mente del lector y no en los hechos”.

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Los lectores tenemos un momento en el que el universo de García Márquez nos hechiza. En su caso, ¿cuál fue ese momento?

“Leí a García Márquez siendo un muchacho. Estaba en segundo bachillerato cuando leí Cien años de soledad. Entonces, no era un lector de novelas, porque me daba mucha pereza leer novelas. Sentía que las novelas decían poco con muchas palabras. Y entonces leí ese libro, que fue una alegría que me levantó y me dejó descolocado. Me cambió la vida completa. Para que la novela no se acabara alterné la lectura de los otros libros de él con la de Cien años de soledad.

Otra cosa que me deslumbró fue la imagen de la contracarátula del libro. Ahí aparecía la foto de un señor muerto de risa. Ese señor era todo lo contrario a lo que la prensa decía que era un escritor. Él podía ser cualquier hombre del pueblo, cualquiera de nosotros. Sin embargo, había escrito una novela que tenía deslumbrado a miles de lectores”.

¿Y ahí quiso escribir la biografía de García Márquez?

“En ese entonces no se sabía nada de Gabo. Era el escritor más famoso y el hombre menos conocido. Empecé a preguntar y busqué a su hermana, que era monja. Ella trabajaba en un colegio de Copacabana. Eso fue por ahí en el 72. Así empecé a investigar sobre él, pero no con el interés de escribir nada y menos una biografía. La verdad, investigué por mis inquietudes de lector fascinado.

A Gabo lo conocí en el 1989. Es decir, 17 años después de haberlo leído. Y cuando llegué esa tarde a su casa, el 14 de marzo del 89, me sorprendió el detalle que él se parecía más a Anthony Quinn que a García Márquez. Fue muy agradable. Congeniamos porque él se dio cuenta de que yo estaba interesado en ver cómo se había formado, quién le había enseñado a leer, cómo era su abuelo. Hicimos un repaso de la infancia, de los abuelos, de su formación literaria, de los años en Zipaquirá. Gabo fue un gran conversador y, sobre todo, un gran oído. Y lo que más le encantaba era hablar de su infancia, de los abuelos, de la madre, de los maestros. Pero sí le preguntabas por la fama o por el Nobel el desencuentro era rápido”.

¿Hubo momentos o temas que usted como biógrafo detectó que no se debían tocar, que no se pudieron tocar?

“Sí, muchos temas. Por ejemplo, el tema de la vasca Tachia Quintana y el aborto. Eso lo supe porque había hablado con varios amigos de Gabo de esa época. Y sabía ese tema, pero decidí no tocarlo. ¿Por qué? No tanto por Gabo, sino por Mercedes, por la misma Tachia, por los hijos de Gabo”.

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¿Gabo trató de influir en la biografía?

“No. Cuándo él se enteró del libro, por un reportaje que me hizo Eduardo García Aguilar, me mandó a decir con Carmen Balcells que tenía permiso para escribir sobre él como si ya se hubiera muerto, pero que tuviera cuidado con las relaciones amorosas. Él no quería darle un disgusto a Mercedes ni a ninguna otra persona. Le mandé a decir a Gabo que estuviera tranquilo. ¿Por qué lo hice? Por ética. Tú no puedes entrar sin respeto en la vida de una persona”.

¿Y él leyó el libro antes de publicarlo?

“No, no. Él no leía libros sobre él. No terminó de leer, por ejemplo, Historia de un deicidio, de Vargas Llosa, que es un libro estupendo. No era un desprecio. Él decía que los biógrafos y que los críticos lo volvían muy consciente de su proceso creativo y que eso le afectaba mucho. Él no era un escritor intelectual. Él fue un poeta, un creador. Una cosa es la sabiduría intelectual y otra la sabiduría poética.

Él leyó el libro en 2008. Plinio Apuleyo le dijo a la secretaria de Gabo: “Dejale este libro a Gabo en el escritorio”. En ese momento Gabo ya no escribía nada, entonces leía más. Cuando Gabo me llamó me contó que le estaban organizando la biblioteca y encontró el libro y lo leyó. Me dijo que que estaba muy bien escrito y documentado. Me preguntó si estaba traducido al inglés y le dije que sí. El maestro me felicitó”.

Al principio le pregunté por la novela que va a salir el próximo año y quiero cerrar la entrevista preguntándole por la adaptación de Cien años de soledad al formato audiovisual...

“Sí, mira, habría que ver primero unos capítulos para poder opinar. Pero he sabido que la gente que está llevando la novela al cine no está tan segura. Y pienso que tiene razón, porque ¿cómo llevar la poesía al cine? El cine tiene su propia poesía. El problema de muchos directores, de muchos guionistas, es que en el caso de García Márquez, en vez de hacer una transposición, una creación cinematográfica basada en sus libros, intentan copiar sus libros en el cine. Y entonces fracasan, porque la obra de García Márquez es para ser leída. Es para ser escuchada. Entonces ahí es cuando fracasa. No recuerdo que haya una gran película basada en el texto de Gabo. Me han dicho que el guion quedó muy bueno, pero un buen guion no garantiza nada.

Cien años de soledad tiene un impacto visual más poderoso que el cine. Cuando lees ese libro, palpas y hueles a los personajes. Es una novela olfativa, hedónica en general. A los que trabajan en la adaptación hay que darles la oportunidad de que nos presenten su trabajo. Pero hay muchas dudas. Hablo con mucha gente y me dicen que no creen que lo logren”.

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