Por Luis Felipe Gutiérrez Hoyos
*Colaboración especial
Después de 27 años al aire en Caracol Radio –gran parte de ellos como una de las voces reconocidas de Radioacktiva en Medellín–, Juan Manuel Ángel Múnera, conocido por generaciones de oyentes como Juan Kiss, decidió bajarse de la radio tradicional. No fue un retiro forzado ni una despedida amarga: fue una salida negociada, en buenos términos, que le permitió cerrar un ciclo y abrir otro. Uno más íntimo, pero también más libre.
Desde agosto de 2025, ya lejos de las lógicas comerciales de la radio en antena, puso en marcha Juankissradio.com, una emisora digital construida a su medida. No se trata de un proyecto empresarial en sentido estricto, sino de la materialización de una idea que lo ha acompañado desde joven: hacer radio sin restricciones, con criterio propio y sin miedo a salirse del libreto.
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“Es una despedida de la radio tradicional, la que corre menos riesgos”, dice. Y explica por qué: En ese modelo, la programación no depende del gusto del locutor, sino de estudios de mercado que buscan retener al oyente promedio. “Las emisoras trabajan con un archivo de mil a mil quinientas canciones que repiten todo el día. Es lo que la gente reconoce, lo que no la hace cambiar de dial”.
Su emisora funciona distinto. No rompe del todo con ese repertorio –las canciones conocidas siguen ahí–, pero amplía el mapa. Hoy tiene más de 3.300 canciones en rotación y la meta es llegar a 4.000. “Te vas a encontrar Hotel California, de The Eagles, claro. Pero también Desperado, One of These Nights o Tequila Sunrise. Lo mismo con Led Zeppelin: suena Stairway to Heaven, pero también Achilles Last Stand o Babe I’m Gonna Leave You. La idea es abrir el espectro”.
Esa decisión no es solo estética: es casi una postura frente a la radio actual. “Cuando una canción no es reconocida, el oyente se va. Por eso las emisoras no arriesgan. Yo sí quiero que descubra, que diga: ‘esta banda no la conocía’”.
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Esa lógica también atraviesa su manera de programar. Lejos de los algoritmos o de las playlists previsibles, su emisora mantiene una estructura radial clásica –con tiempos, categorías y balance de estados de ánimo (moods)–, pero introduce un elemento que considera irremplazable: la sorpresa. “En una playlist usted ya sabe qué viene. En la radio no. Ese es el encanto: no saber qué canción sigue”.
La apuesta, sin embargo, no es solo musical. También es generacional. Durante años, Juan Kiss ha visto cómo el público del rock envejece. “En Medellín hubo un quiebre muy fuerte entre 2003 y 2004. El reguetón se llevó a los jóvenes. El rock perdió el relevo generacional”, afirma.
Desde entonces, su interés ha sido intentar recuperarlo. No desde la nostalgia, sino desde la transmisión. Como en la literatura –donde, decía Vargas Llosa, hay que volver a los clásicos para entender de dónde venimos–, Juan Kiss cree que en la música el camino también pasa por ahí, pero a través del rock. “Yo antes decía que había que dejar que los pelados eligieran su música. Ya no estoy de acuerdo. Hay que mostrarles el camino: tienen que escuchar a los clásicos. Si se quiere, mi propósito es evangelizador”.
Esa intención convive con otra más simple: el disfrute personal. “Estoy en uso de buen retiro, pero quería hacer la emisora que siempre soñé”. Una que le permita seguir conectado con la música, pero también con los oyentes. “Hay tres metas: gozármela, que la gente la disfrute y aprenda. Que no se quede con las mismas canciones de siempre”.
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Los resultados, al menos por ahora, le dan la razón. La emisora registra entre 35.000 y 40.000 oyentes mensuales, con picos que han superado los 50.000.
La mayoría está entre los 35 y 45 años, pero también hay presencia de públicos más jóvenes. Bogotá, Medellín y Cali concentran la audiencia en Colombia, mientras que en el exterior destacan Estados Unidos, España, México y Argentina.
Lejos de la idea de que el rock es un género del pasado, Juan Kiss insiste en lo contrario: “El rock and roll no va a morir. Mientras haya gente que escuche esas canciones, va a seguir vivo. Ese legado no nos lo quita nadie”.
En su emisora, esa permanencia es una repetición, sino exploración. No se trata solo de volver a lo conocido, sino de redescubrirlo. De encontrar, en medio de miles de canciones, aquellas que no suelen sonar pero que siguen ahí, esperando.
Al final, más que una emisora, lo que construyó fue una forma de volver a la radio. A esa en la que cada canción todavía puede ser una sorpresa.