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El boom de la ciencia ficción en Colombia

Rodrigo Bastidas presenta una investigación sobre el género en Colombia que demuestra que este género no vive solo de cíborgs.

  • El boom de la ciencia ficción en Colombia
Publicado el 18 de julio de 2022

La ciencia ficción no es asunto exclusivo de platillos voladores ni de robots que, de un momento a otro, adquieren conciencia. Este tipo de escritura propone narrativas del futuro para abordar los problemas del presente.

En los últimos años los autores colombianos han encontrado en este universo literario un formato que fecunda sus exploraciones estéticas y sus apuestas ideológicas. En ese contexto, el investigador Rodrigo Bastidas Pérez se ha convertido en un referente del tema: ha publicado antologías, artículos, ensayos.

Su reciente aporte a la discusión es el libro Cuerpos luminares y de otras dimensiones, publicado por Filomena edita. Se trata de una propuesta de historia sobre la ciencia ficción en Colombia, desde mediados del siglo XX hasta nuestros días.

La ciencia ficción de alguna manera está hablando del presente...

“Siempre he creído que el motor, lo que hace avanzar a la ciencia ficción es el tiempo. Pensar en el tiempo.

Normalmente se ha pensado que el tiempo de la ciencia ficción es el futuro, sin embargo, lo que hace este tipo de literatura es extrapolar las cosas que ocurren en el mundo actual y pensar cómo sería en otro momento eso que vivimos hoy, bien sea en el pasado o en el futuro, o incluso en un mundo paralelo —si hablamos de las ucronías—.

Cuando uno lee un libro de ciencia ficción lo que tiene que pensar es que es un relato construido a partir de una observación detallada y pormenorizada del presente. Lo que hace la ciencia ficción es una reflexión de qué es lo ocurre en la actualidad. Esto permite no quedarse en el estatismo del hoy sino fluir y dinamizarse tanto en las transformaciones del pasado como en las posibilidades del porvenir”.

Uno piensa que la ciencia ficción es un asunto del Primer Mundo...

“Eso tiene que ver con la forma en la que hemos concebido históricamente la ciencia.

Hemos relacionado el avance y el progreso con la presencia de las máquinas, de las tecnologías, de los artefactos que ayudan a ‘mejorar el mundo’. Pero, realmente, cuando pensamos en la ciencia nos damos cuenta que esta no depende de esas tecnologías.

Hay muchas formas de concebir la ciencia. Por ejemplo, en el siglo XIX el espiritismo fue considerado una ciencia. Otro ejemplo es la Comisión Coreográfica: ahí se piensa la ciencia desde la nación. Y, también, en los saberes ancestrales hay una forma de conocimiento y de ciencia a las cuales no estamos acostumbrados. La ciencia ficción no es un asunto de tecnologías, máquinas, Se trata, mejor, de pensar la ciencia como un saber, como una herramienta que permite conocer una nación. De todo eso se alimenta la ciencia ficción”.

¿Cuál fue el disparador del libro?

“Al buscar saber qué tipo de ciencia ficción se escribe en Colombia encontré artículos muy dispersos o tesis no publicadas. Supe que no existía un texto que respondiera cómo se había desarrollado la ciencia ficción en Colombia y propusiera una historia del género. A partir de ahí investigué y me di cuenta que no habíamos hecho esa historia porque no habíamos pensado sobre las formas de concebirnos como un país posiblemente científico. Eso disparó la necesidad de crear este texto para que las personas que estuvieran interesadas en el tema pudieran encontrar en el libro una especie de lugar desde el cual partir sus respectivas investigaciones”.

¿Cuáles fueron los parámetros para incluir o excluir información?

“Fueron dos los criterios empleados para hacer esta historia. El primero fue que en los libros la ciencia funcione como una forma de explicación válida del mundo. Los libros de ciencia ficción tienen como trasfondo una epistemología científica, sea de ciencias duras o de ciencias humanas.

El segundo fue que los libros representen cómo se pensaba la ciencia en un momento en Colombia. Encontré propuestas que marcaban un antes y un después. Esto me permitió dividir la historia en tres grandes apartados”.

¿Cuáles?

“El primero es el de la ciencia espectral: comienza en el siglo XIX y va hasta principios del siglo XX. Ahí aparecen ciencias como el espiritismo, la quiromancia. En el segundo momento —que inicia más o menos en 1960— encuentro obras que ya se denominan ciencia ficción e incluyen otro tipo de ciencias como las humanas. Pensemos que la primera facultad de sociología en Colombia se funda en la Universidad Nacional en 1960. En este momento, además, se siente la influencia de las revistas pulp. Aparecen los referentes de las películas, de las radionovelas.

El tercer momento incluye en la discusión las formas del neoliberalismo. Estos libros ayudan a repensar ideologías en contraposición a una ciencia utilizada por el Estado como mecanismo de control social”.

¿Y los libros bisagra?

“En el primer momento incluye El Ángel del Bosque, de Torres Torrente. También está el cuento ‘Bogotá en el año 2000: una pesadilla’, de Soledad Acosta de Samper. Y las obras publicadas a principio del siglo XX: Barranquilla, 2132, de José Antonio Osorio; Una triste aventura de catorce sabios, de José Felix Fuenmayor; Viajes interplanetarios en zepelines que tendrán lugar el año 2009, de Manuel Francisco Sliger. De la segunda etapa resalto el trabajo de René Rebetez y Antonio Mora. Y en la tercera etapa hay dos grandes obras: Imenez, de Luis Noriega; Vagabunda Bogotá, de Luis Carlos Barragán”.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS Repensar la ciencia, una actitud decolonial

“Durante mucho tiempo pensamos que la ciencia estaba atada al concepto de modernidad, un concepto que no fue necesariamente nuestro sino que fue implantado. A partir de finales del siglo xx, muchos pensadores decoloniales han propuesto pensar la ciencia desde el sur. Y esa ciencia del sur no es una que responde a la implantación de la modernidad sino a una modernidad propia que nosotros hemos creado a partir de las propuestas brasileras de la antropofagia: nosotros comemos aquellos que llega de afuera, lo pasamos por nuestro cuerpo y ese deglutir el conocimiento produce algo diferente. Y ese algo diferente no niega lo que viene de afuera sino que nos atraviesa corporalmente”.

Ángel Castaño Guzmán

Periodista, Magíster en Estudios Literarios. Lector, caminante. Hincha del Deportes Quindío.


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