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Sigifredo Hidalgo viajó casi ocho mil kilómetros para donar pintura al Chapecoense

Nacido en Caldas y radicado en Antioquia hace cuarenta años, el pintor ha viajado por tierra a lugares marcados por la tragedia para donar sus pinturas. Esta es su historia.

  • Sigrifredo Hidalgo tiene su taller en el primer piso de una casa de Caramanta, Antioquia. FOTO Camilo Suárez
    Sigrifredo Hidalgo tiene su taller en el primer piso de una casa de Caramanta, Antioquia. FOTO Camilo Suárez
  • Este fue el cuadro que Sigifredo Hidalgo llevó al Chapecoense. FOTO Cortesía
    Este fue el cuadro que Sigifredo Hidalgo llevó al Chapecoense. FOTO Cortesía
  • Esta fue la camiseta firmada por los actuales jugadores que se trajo Sigifredo. FOTO Camilo Suárez
    Esta fue la camiseta firmada por los actuales jugadores que se trajo Sigifredo. FOTO Camilo Suárez
hace 15 horas
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–Las palabras nunca serán suficientes para expresar la gratitud y el respeto que tenemos para con ellos, que no solo nos dieron una lección de solidaridad y fraternidad–, el pintor Sigifredo Hidaldo recita de memoria las palabras escritas en la placa que las directivas del equipo de fútbol Chapecoense le dieron en 2017, un año después del accidente aéreo en el Cerro Gordo, en el que murieron 19 jugadores y casi todo el cuerpo técnico del equipo.

Estamos en una tienda en Caramanta, Antioquia, enseguida del taller del maestro. Él es pequeño, enérgico. A lo largo de la entrevista, cuando ha querido hacer énfasis en algo, se ha puesto de pie y ha dado unos pasos alrededor. Acostumbrados, los parroquianos apenas lo miran. Habla fuerte y en pasajes del relato, llora. A fin de cuentas, poca gente puede decir que sin motivos distintos a los del arte ha hecho el camino entre San Rafael, Antioquia y Chapecó, Brasil, para donar una pintura.

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–Agradecemos a usted y a todo el querido pueblo de Colombia que nos amparó en el momento de mayor sufrimiento y soledad y nos levantó (...) Gracias por toda la ayuda ofrecida y por los nobles sentimientos dirigidos a nuestro pueblo y principalmente a las víctimas de aquella fatídica tragedia y sus familiares- concluye el maestro, que le da un trago a la cerveza que tiene enfrente.

–¡Está en portugués!–, le digo cuando me pasa la placa.

–Yo no sé portugués, pero me lo hice sacar en español para podérmelo memorizar.

Entre San Rafael y Chapecó hay poco más de siete mil kilómetros de distancia. El maestro tardó casi sesenta días en hacer el recorrido, tiempo suficiente para terminar la obra, hacer otras que vendió en el camino para conseguir la plata de los pasajes de bus. Dice que en ese tiempo comió muy poco (en las fotos de la travesía se le ve casi hecho un esqueleto), tomó mucha agua y durmió en donde lo agarró el sueño.

–Eso fue una aventura increíble. Es la aventura más grande de mi vida. Lo veo y no lo creo.

Nacido hace setenta años en Anserma, Caldas, el maestro Hidalgo vive hace cuarenta años en Antioquia. Siendo un niño descubrió el arte. Dice que sus primeros cuadros fueron mamarrachos. Recuerda un paisaje que hizo al final de la niñez: podía ser puesto de cualquier forma y daba igual. No tenía nociones de color y de perspectiva. En esa época, también, comenzó su travesía por Colombia al quedar huérfano. De esos años rememora el impacto que le causó ver en Melgar a un señor pintado un bus en un lienzo enorme.

–Oiga, qué hermosura. Se veía real ese bus. Me pregunté cuándo pintaría así. Qué belleza.

–Es decir, usted aprendió a pintar solo...

–Aprendí solo, en la calle. En la práctica. Soy muy recursivo. Un día necesitaba un pincel delgadito y no lo tenía. Cogí una puntilla. Esa vez no pinté con la puntilla, pero sí me dio la idea de hacer un cuadro a punta de puntilla. Todo lo voy descubriendo en el camino, experimentando cosas.

El maestro Hidalgo relata que su primera residencia en Antioquia fue en Bello. Desde allí comenzó recorrer con su trabajo pictórico distintos municipios del departamento. Dice que en Granada hizo varios encargos. La experiencia se extendió por varios meses. Posteriormente, nuevas ofertas lo condujeron a San Carlos, donde se instaló durante cerca de cinco años, casi siempre trabajando en la plaza principal del municipio.

Su recorrido continuó en San Rafael, lugar en el que vivió durante largos periodos, sumando cerca de veinte años en diferentes etapas. Allí también estableció vínculos personales y familiares. Trabajó en San Vicente Ferrer, donde fue invitado a decorar una sede y llegó a dictar clases a varias hornadas de alumnos. El artista asegura haber obtenido varios reconocimientos en Colombia.

El maestro tiene diez hijos, doce nietos y seis bisnietos. A Caramanta llegó para hacerle compañía a una sobrina que fue nombrada docente en el magisterio oficial.

Ahora, allá lo conocen por un apodo ganado en las mesas de billar.

–Aquí me llaman Ojo al pelo. Recién llegado, fui al billar del pueblo para conocer gente. Ahí me pusieron el apodo. Antes, en los otros pueblos me llamaban Galy Galiano.

La anécdota del viaje de Sigifredo a Fundación, Magdalena

El 18 de mayo de 2014, 33 niños y un adulto murieron calcinados al interior de una buseta incendiada. Un año después, en el sitio de la tragedia se realizaron eventos conmemorativos con los familiares. Esa vez, el maestro Hidalgo viajó desde Marinilla con un cuadro de grandes dimensiones que terminó durante la jornada de duelo. Transportó la obra enrollada en un tubo y los bastidores por separado, financiando el trayecto con la venta de pequeñas pinturas durante el camino. Su intención era donar la pieza a las víctimas en el marco de un aniversario de la tragedia. Al llegar, encontró una alta presencia de autoridades y comunidad reunida.

Pintó un bus en llamas en la parte inferior, mientras en el cielo hizo figuras infantiles sobre nubes. Incluyó un niño desnudo observando desde lo alto y otros personajes tocando trompetas. La pintura fue realizada en aproximadamente veinte días.

Durante el evento, el impacto emocional de la pintura fue inmediato entre los asistentes, especialmente familiares de las víctimas, quienes no contuvieron el llanto. Ante la intensidad de la situación, las autoridades le solicitaron retirar la obra temporalmente. El artista se apartó a un barranco cercano, donde permaneció varias horas. Posteriormente, una persona le sugirió cubrir la imagen del bus para no reavivar el dolor de quienes presenciaron los hechos. Al hacerlo, la comunidad se acercó a la obra.

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Con el paso de las horas, los asistentes comenzaron a pedir fotografías junto a la pintura, lo que marcó un cambio en la relación con la imagen. Finalmente, la obra fue aceptada y permaneció en el lugar. Durante su estadía de cerca de quince días, el artista recibió apoyo de la comunidad y de la fuerza pública, que reconocieron su gesto. Además, realizó nuevos trabajos para sostenerse y estableció vínculos con habitantes de la zona. Según afirma, esta experiencia tuvo un efecto personal significativo.

De esa travesía, hay un registro audiovisual. El periodista Carlos Cataño, en la transmisión en vivo de Noticias Caracol, habló de un “pintor artesanal” que llegó con una pintura. Dijo el nombre del maestro, pero olvidó su apellido. Luego lo entrevistó por diez segundos.

Así fue el viaje a Chapecó, Brasil

Este fue el cuadro que Sigifredo Hidalgo llevó al Chapecoense. FOTO Cortesía
Este fue el cuadro que Sigifredo Hidalgo llevó al Chapecoense. FOTO Cortesía

Antes de tomar camino, el maestro Hidalgo reunió a algunos de sus hijos para decirles que iba a emprender un viaje peligroso, del que podría no volver. Esto lo cuenta con la voz temblorosa, antes de darle otro sorbo a la cerveza.

–¿Por qué la hice? Porque soñamos mucho, pero no hacemos realidad los sueños. Yo también era un soñador. Quería hacer una cosa, después otra, después otra y no salía con nada. Un día dije: “eh, voy a hacer este sueño realidad”.

El maestro se refiere a un sueño literal. Una noche soñó que estaba en un ambiente paradisíaco, rodeado de aves y animales. En medio de esa escena, según cuenta, cayó un cuerpo sin signos de violencia y luego otras más y otro más hasta formar una pirámide. El hecho, descrito en detalle, le hizo pensar al día siguiente sobre la necesidad de hacer un cuadro con esa imagen. El sueño ocurrió poco después de la tragedia del equipo de fútbol.

Así que impulsado por esa revelación, consultó el costo de los pasajes. Se dio cuenta que el dinero necesario sobrepasaba sus capacidades. Con apenas un millón doscientos mil pesos, su pasaporte, la obra sin terminar envuelta dentro de un tubo de pvc y una maleta grande en la que llevaba unos cuantos jeans y frascos de pinturas, salió de su casa sin tener muy claro el camino qué habría de seguir.

El trayecto incluyó el paso por Ecuador, Perú y Bolivia hasta llegar a Brasil. Se dice y se lee rápido, pero es un viaje de dificultades.

El maestro Hidalgo dice que durante su viaje avanzó en la elaboración de la obra mientras recorría distintos territorios, financiándose con pequeñas donaciones que recibía en el camino.

Priorizaba el beber agua sobre cualquier otra necesidad, procuró no gastar el dinero recolectado en alimentos. Su recorrido incluyó zonas cercanas al océano Pacífico y pasos por regiones entre Perú y Bolivia, donde tuvo contacto con comunidades indígenas.

Dice que durante ese trayecto enfrentó condiciones extremas, con escasa alimentación y descanso. Perdió mucho peso. En Brasil, una familia que lo acogió se dio cuenta de su deterioro físico, describiéndolo, como un esqueleto.

–¿Dormía en la calle?

–No dormía, perdí el sueño. Cuando estaba cansado me sentaba en la mochila, pasaba una pierna por una de las correas del hombro, para que no me la fueran a robar. El tubo con la pintura me lo metía entre las piernas. No alcanzaba a dormir mucho, pero sí descansaba.

En la frontera entre Ecuador y Perú intentaron robarlo. Unos tipos se le acercaron para “elogiar” la mochila que llevaba. Apenas se dio cuenta que los piropos tenían una intención oculta, blandió el bisturí que tenía oculto en uno de los bolsillos. También un policía en la frontera entre Perú y Bolivia trató de intimidarlo, en busca de dinero. Dice que en esa zona los colombianos son conocidos por ser pagadiarios. El policía insistió con las preguntas sobre la plata. En un momento, metió la mano en la mochila del maestro Hidaldo y se la untó con una de sus pinturas. Molesto, el policía le dijo que se fuera.

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– No iba a pelear con nadie. Esta fue una aventura muy peligrosa. En cualquier frontera lo matan a uno por cualquier bobada, porque lo confundan con otro. Las fronteras son peligrosas.

–Hablemos de su llegada a Chapecó...

–Llegué a Chapecó a las 2 de la mañana. Pensé que nunca iba a llegar de verdad. Sentía que estaba soñando. En el terminal del transporte me dijeron que el estadio abría las puertas a las diez de la mañana. Me dijeron cuál era el camino. Seguí caminando.

Esta fue la camiseta firmada por los actuales jugadores que se trajo Sigifredo. FOTO Camilo Suárez
Esta fue la camiseta firmada por los actuales jugadores que se trajo Sigifredo. FOTO Camilo Suárez

Ya en el estadio, a punta de señas, el maestro Hidalgo le contó su historia a una persona que vio con la camisa del equipo. Resultó ser un líder de la torcida (hinchada), que lo acogió en su casa mientras era recibido por las directivas del club. El maestro es consciente que su odisea pudo terminar con un apretón de manos de los directivos, una palmadita en la espalda y un cortés rechazo de la pintura.

El maestro busca en su celular las fotos de la entrega de la obra. La describe.

–Pinté a los jugadores dentro de estrellas. Las estrellas forman la copa de un árbol. El árbol nace de mis manos. Les hice un homenaje a los fallecidos. El presidente del club me dijo que incluyera en el cuadro a cuatro personas más, que murieron en el accidente.

Tras ser entrevistado por medios brasileños, visitar varias veces el estadio de Chapecó y dejar la pintura en manos de las directivas, el maestro Hidalgo volvió a Colombia en un vuelo pagado por el equipo. Dice que por ese regalo conoció el aeropuerto de Panamá. Volvió con una camiseta del equipo autografiada por los jugadores y con la placa que leyó al principio de esta nota.

Viaje a Ecuador

Al otro día de la entrevista en la tienda al lado de su taller, el maestro Hidalgo me manda unos pantallazos que le envío una sobrina suya. Son del resumen que hace la IA de los contenidos buscado en Google. Ahí se menciona su viaje a Ecuador a donar otra pintura, esta vez con motivo de una velada en recuerdo de Paúl Rivas, Javier Ortega y Efraín Segarra, los periodistas ecuatorianos asesinados en la frontera con Colombia.

–¿También viajó a Ecuador?

–Sí, señor. Yo no me acordaba. Mi sobrina me mandó esta tarde el mensaje de la IA.

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