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Madrugamos a ver una pesadilla: crónica de Argentina contra Arabia Saudita

La tercera plantilla más barata del mundial venció 2-1 a la todapoderosa Argentina de Lionel Messi.

  • El equipo argentino llegó a Qatar con la carga de ser el favorito y se estrelló en el primer partido, tal como le pasó en el Mundial del 90. FOTO: CORTESÍA
    El equipo argentino llegó a Qatar con la carga de ser el favorito y se estrelló en el primer partido, tal como le pasó en el Mundial del 90. FOTO: CORTESÍA
Álvaro Guerrero | Publicado el 22 de noviembre de 2022

Cuando en el fútbol ocurren épicas como la de Arabia Saudita contra Argentina, cuando los medios titulan que David venció a Goliat, aparecen en las conversaciones uno de esos mandamientos obvios no escritos del fútbol: “Es que en la cancha son once contra once”. Un completo absurdo si tenemos en cuenta que 11 jugadores argentinos por separado valen más, según el mercado de transferencias, que los 26 saudíes juntos.

Pero al parecer no hay un razonamiento lógico que explique que el equipo de Lionel Messi y sus amigos, que entre todos están valorados en 645 millones de euros, que llevaban 36 fechas de invicto, pierdan en su debut contra Arabia, una selección cuyos 26 irreconocibles jugadores son 25 veces más baratos que la “Scaloneta”.

Nunca antes el Club de las cinco de la mañana había tenido tantos integrantes como hoy. De entrada se sabía que para ver a Messi celebrar había que hacer un sacrificio, pero apenas iba minuto y medio cuando “Lio” nos hizo quitar definitivamente las cobijas: le quedó un rebote al ladito del punto del penal y con el interno del pie izquierdo —con el que ha anotado 660 goles— tiró la pelota a la base del palo hasta donde llegó el desvalorado arquero saudí para sacarlo casi en la raya.

Ese remate era la prueba que nos faltaba para convencernos de que ahora sí Messi y compañía eran imparables, que ya no lo volveríamos a ver agachar la cabeza desconsolado, que no era imposible que se le diera con la selección, que todas las cábalas estaban hechas.

A los 9 minutos llegó el penal. Al-Owais, que cuesta cuatro veces menos que el arquero suplente de Argentina, se tiró a la derecha convencido, como lo estamos todos, de que cuando el cobrador es zurdo y está asustado siempre la cruza. Pero Messi, que cuando no está jugando al fútbol está haciendo la siesta y sabe lo valioso que es el tiempo del sueño, no la cruzó. Apenas la tocó para que entrara por el lado izquierdo del arco, pero no muy esquinado para que el arquero rival lo pudiera ver de cerca.

Después, en los casi 40 minutos que le quedaron al primer tiempo, pasó lo que debía pasar: Argentina aprovechó la línea adelantada de los cuatro defensas árabes, y con tres balones a sus espaldas anotó una, otra y otra vez; pero el VAR, que llegó para acabar con las injusticias pero también con las alegrías, dijo que no. Que la defensa estaba perfectamente sincronizada y que Argentina había caído en su trampa y en fuera de lugar como nunca antes en su historia. 1 a 0 al descanso.

Nadie sabe qué pasó en los camerinos, pero ocho minutos después de que comenzara el segundo tiempo, Arabia Saudita, la tercera selección más barata del mundial —solo detrás de la anfitriona Qatar y Costa Rica—, la cenicienta del grupo, cuyo desconocido entrenador no dejó de recibir consejos de sus incontables asistentes, ya iba arriba 2 a 1.

Primero fue Al-Shehri, que entrando al área controló y dejó regado a Romero —que cuesta 78 veces más que él pero que hoy corrió mucho menos— y de zurda, a lo Messi, la cruzó al palo izquierdo del “Dibu” que hasta hace pocos días pensaba que le había tocado un grupo “easy, easy”.

La estocada fue de Salem Al-Dawsari, el mejor 10 de la cancha en un partido donde estuvieron el “Papu” Gómez, De Paul, Paredes, Di María, Lautaro y Messi. Al-Dawsari, de 31 años y valorado en apenas 1,8 millones de euros —hasta ese momento— recibió la pelota desde el aire y como era de esperarse la controló mal. Pero un segundo después recortó hacia adentro dejando regados al Fideo y a De Paul, y entonces sacó un disparo que el “Dibu”, extendido sobre el aire como si El Diego lo manejara como una marioneta desde el cielo, apenas alcanzó a rozar.

El tiempo que quedó para dar media vuelta e intentar reconciliarse con el sueño: Argentina intentando, la perfectamente sincronizada defensa árabe rechazando y el arquero Al Owais convertido en el ídolo de sus compatriotas que este miércoles tendrán día festivo.

Álvaro Guerrero Arango

Administrador sin ejercicio y periodista sin sección


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