Hay futbolistas que aparecen de un momento a otro y deslumbran. Y hay otros que, además del talento, tienen un discurso que revela algo más profundo: convicción, carácter, claridad mental. Juan Manuel Rengifo pertenece a ese segundo grupo. Su nombre dejó de ser promesa para convertirse en realidad en Atlético Nacional. Hoy es uno de los jugadores más influyentes del equipo y uno de los proyectos más sólidos del fútbol colombiano.
En esta conversación íntima, Rengifo abre la puerta a su historia: la infancia, las dudas, el carácter del que habla Diego Arias, el consejo de su familia, el día que lloró solo tras enterarse de su convocatoria profesional, su charla con Messi y los sueños que lo impulsan.
Juan Manuel Rengifo no habla como quien ya llegó, sino como quien recién abre la puerta. Con los pies en la tierra y la mirada en lo más alto, el joven de Atlético Nacional entiende que el talento lo puso en el mapa, pero será su carácter el que lo sostenga.
Y si algo deja claro en cada respuesta es que no piensa detenerse.
En los últimos días se hizo viral un video tuyo de niño, gambeteando a medio equipo. ¿Cómo empezó todo?
“Desde muy chiquito fui muy amoroso al fútbol. Siempre he dicho eso porque el fútbol para mí no fue solo un juego, fue algo que me acompañó desde que tengo memoria. En el barrio, en la cancha, en cualquier espacio, yo quería tener la pelota. No era solo jugar, era disfrutarlo, sentir que ahí estaba en mi lugar”.
¿El camino hasta acá no ha sido fácil?
“Hubo momentos difíciles, incluso situaciones extradeportivas que me golpearon. Cosas que a veces uno no cuenta, pero que te hacen madurar antes de tiempo. Y eso también forma carácter”.
¿Cómo fue el crecimiento en Nacional y los técnicos que marcaron su camino? ¿El salto a las divisiones menores de Atlético Nacional fue un punto de quiebre?
“Llegar a Nacional fue un sueño, pero también una responsabilidad enorme. Ahí entendí que el talento no alcanza. Hay que trabajar todos los días”.
¿Quiénes fueron los técnicos que lo guiaron?
“Tuve la fortuna de tener cuerpos técnicos muy positivos. Aprendí de entrenadores que venían de otra época, que tenían otra visión del fútbol y que nos transmitían experiencia. También tuve a Lucas González, que fue muy importante en una etapa clave. De esa camada han salido muchos jugadores que hoy están consolidados, incluso en el exterior”.
¿Hubo dudas?
“Claro que hubo dudas. Hubo momentos en que uno piensa: ‘¿Y si no llego?’. El fútbol es muy competitivo. Pero siempre volví a lo mismo: al amor por jugar. Eso me sostuvo”.
En una entrevista previa, el técnico Diego Arias fue contundente y nos dijo que su carácter es distinto. Que usted no será “flor de un día” porque tiene algo que no se entrena: hambre y carácter...
“Cuando escuché eso fue muy gratificante. Yo me considero alguien tranquilo, pero en la cancha cambio. Tengo hambre, desde siempre. Hambre de aprovechar cada oportunidad, sea de titular o entrando unos minutos. Hambre de mejorar. No me creo tanto el cuento. Uno tiene que saber qué hace bien y qué hace mal. Mantener la humildad es clave. Si un día jugás bien, al otro hay que volver a empezar. Esa mentalidad es la base”.
Los hinchas por lo general idealizan a los jugadores y a veces se les olvida que detrás hay una persona con sus luchas diarias...
“Sí, la gente nos idealiza. Pero nosotros también somos personas. Tenemos días malos, preocupaciones, discusiones en casa. Y aun así hay que salir a rendir. Eso hace parte del proceso”.
En esos momentos, su red de apoyo es determinante...
“Mi familia es todo. Mi mamá, mi papá, mi hermano. Han estado en cada etapa. Cuando me equivoco, me corrigen. Cuando logro algo, lo celebramos juntos”.
¿Tiene muchos amigos o es de un círculo es reducido?
“Siempre he sido de pocos amigos, los mismos cuatro o cinco de toda la vida. Valoro mucho la lealtad”.
¿Y qué lo saca de quicio?
“La injusticia. Que no sean claros. Prefiero que me digan las cosas de frente”.
¿Qué recuerdo tiene de su primera convocatoria profesional?
“Fue a finales del primer semestre de 2025. Estábamos entrenando y Cristian Pellerano, que hacía parte del cuerpo técnico de Gandolfi, me llamó. Me dijo que iba a ser convocado, que viajaba a Manizales. En ese momento tuve que contenerme (risas) No podía ponerme a llorar en plena cancha. Pero cuando salí al camerino, ya solo, me quebré. Pensé en todo lo que había pasado. Después llamé a mis papás. Todos llorando. Fue materializar un sueño”.
Usted creció viendo a Lionel Messi con la camiseta del Barcelona, ¿jamás imaginó enfrentarlo?
“Cuando jugamos contra el Inter de Miami fue algo increíble. Tenerlo ahí, en la cancha... es difícil de explicar”.
¿Cuál fue el intercambio de palabras que tuvo con él?
“Fue algo corto, pero muy especial. Más que lo que dijo, fue el momento. Que tu ídolo te mire, te hable, te dé la camiseta. Eso uno no lo olvida nunca”.
Las comparaciones son odiosas, pero usted tiene muchas cosas de James Rodríguez en sus inicios...
“Que me comparen con él es muy gratificante. Sabemos lo que le dio al país. Pero yo quiero hacer mi propio camino. Soy Juan Manuel Rengifo. Quiero dejar mi sello”.
¿Con qué sueña qué quiere lograr en el fútbol?
“A corto plazo sueño con ser campeón con Nacional. A largo plazo, claro que quiero jugar en Europa”.
¿En qué liga le gustaría estar: la Premier League, LaLiga, la Serie A u otra?
“Siempre vi mucho al Barcelona por Messi. También el Real Madrid, el Liverpool, el City, el United. Son equipos donde uno sueña jugar”.
¿Y me imagino que entre esos sueños está la Selección Colombia?
“Claro, viví con mucha emoción los Mundiales de Brasil y Rusia. Representar a Colombia sería otro sueño enorme”.
¿Cómo maneja la presión de ser protagonista de un equipo como Nacional y a tan corta edad?
“Es normal que sí crece mi rendimiento, también crecen las expectativas. Hoy ya no soy el juvenil que entra sin que nadie espere nada. Ahora la gente espera que marque diferencia. Y eso está bien. Es una presión linda”.
Me han contado que trabaja la parte mental con el mismo rigor que la física...
“La cabeza es todo. Si te dejas llevar por los elogios o por las críticas, perdés el foco. Intento mantener equilibrio”.
¿Cómo es esa relación en el vestuario con los referentes del equipo?
“Dentro del camerino, el aprendizaje es constante. Hay jugadores de experiencia que hablan mucho, que aconsejan. Uno escucha, observa cómo se comportan antes de un clásico, cómo entrenan, cómo se cuidan. Ver a un jugador grande quedarse después del entrenamiento haciendo trabajos extra te marca. Te obliga a no conformarte”.
Gracias a sus actuaciones, usted empieza a forjar un vínculo fuerte con la hinchada, ¿siente el respaldo de la tribuna?
“Cuando el estadio corea tu nombre, es algo que eriza la piel. Pero también entiendo que esta camiseta exige. Nacional es grande y siempre va a pedir más. Agradezco los mensajes en redes, aunque intento no vivir pendiente de ellos. Los leo, claro. Pero trato de que no me condicionen”.
¿Qué ha aprendido de los momentos difíciles, cuando no todo son victorias?
“Las derrotas enseñan mucho más que los triunfos. Después de perder, uno revisa todo: qué hizo mal, qué pudo hacer mejor. Esas noches son largas, cuesta dormir. Pero al otro día hay que levantarse y entrenar con más ganas”.
¿Cómo no perderse como ya lo han hecho innumerables talentos del fútbol colombiano?
“No quiero ser solo un buen semestre. Quiero tener una carrera larga, estable, con títulos. Me visualizo en Europa, pero también quiero levantar muchos trofeos con Nacional. Me ilusiona dejar huella acá primero. Ganar cosas importantes con esta camiseta”.
¿Cómo logra ese equilibrio como ser humano y deportista, qué le gusta hacer en su tiempo libre?
“Me gusta pasar tiempo en casa, compartir con mi familia, ver tenis, escuchar música tranquila. Esa calma fuera de la cancha me permite competir con intensidad dentro de ella. Si estás bien en casa, rendís mejor”.
¿Si no hubiera sido futbolista a qué se dedicaría?
“A otro deporte, creo que el tenis, me gusta mucho y me tocó crecer en la época gloriosa de Rafael Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic”.
¿Qué lo define a usted como jugador y como persona?
“Tengo hambre. Hambre de seguir creciendo, de no conformarme. Esto apenas empieza”.
Ha tenido la fortuna de marcarle a rivales importantes como al Medellín y al América...
Sí, se me ha dado la oportunidad de marcar en partidos especiales y eso también es muy lindo. Cada gol es fruto del trabajo y de la confianza que me han dado.
Hablemos de algo más personal. ¿Qué es lo que más te gusta comer cuando estás en casa?
“La presencia de mi mamá ya lo hace todo especial. Me gusta mucho el arroz con pollo que ella prepara, también unas sopas de guineo muy ricas. Y claro, cuando hacen fríjoles con huevo... esas cosas sencillas que uno extraña cuando no está en casa”.
Entonces es bien paisa...
“Sí, sí... 100 % paisa. Bueno, 100 % no, porque también tengo raíces vallunas por ahí (risas), pero sí, muy paisa”.
¿Qué ha sido lo más difícil que te ha tocado vivir?
“La muerte de mi abuela fue algo muy duro. Era una persona muy cercana a mí. Fue un proceso doloroso, pero Dios tuvo la bondad de llevársela de una manera natural, sin que sufriera tanto. Son cosas que uno no quisiera vivir, pero que hacen parte de la vida y lo fortalecen a uno.
¿Cuáles han sido las alegrías más importantes de su vida?
“Además de la vez cuando me convocaron para debutar, también está el haber podido jugar contra mi ídolo, Lionel Messi, y ahora hay una muy grande, porque voy a ser tío y comparto la felicidad con mi hermano, que va a ser papá. Son cosas que llenan el corazón”.
Regístrate al newsletter