Cuando Yeison tenía tan solo 11 años de edad, él, sus padres y algunos de sus siete hermanos salieron de Itsmina, Chocó, rumbo a Cali, haciendo parte de los tantos colombianos desplazados de la violencia y en procura de un mejor futuro.
En esa ciudad aprendió a luchar por su gente y a practicar uno de los deportes más duros y de exigencia: la halterofilia.
Cinco años apenas le tomó a Yeison López alcanzar objetivos asombrosos después de hacerse pesista -bajo la orientación del entrenador John Rodríguez-. Y respondiendo a una pasmosa progresión, acaba de protagonizar una de las más grandes faenas de las pesas del país: establecer dos récords mundiales, uno en envión -186 kilos alzados- y el otro en el total -334 kilos- de la división 77 kilogramos, categoría juvenil.
Y eso que no es su mejor marca personal. “Es un logro importante en mi carrera, me siento orgulloso, porque es el producto de la dedicación, la disciplina y el empeño en querer ser alguien en el deporte y en la vida”, cuenta Yeison, desde San Salvador, donde conquistó el título panamericano de esa división, con tres medallas de oro.
Su mejor registro personal está en 156 kilos en arrancada y 190 en dos movimientos. ¡Tremendo! Ello le permitiría ser campeón en un Mundial sub-17 y pelear podio juvenil.
En el Panamericano hizo 148 kilos en el arranque, registro que le ayuda, igualmente, a estar muy cerca del récord mundial en esa modalidad y que, además, le permite hoy ser el primero del ranquin de la IWF en los 77, por encima de halteros de países de tanta tradición como Armenia, Georgia, Turquía o Grecia.
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