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Estas son las razones por las que el Mundial de Norteamérica cambió el fútbol para siempre

El estreno del formato de 48 selecciones, la irrupción de nuevas potencias, los récords de asistencia y la evolución del juego dejaron una Copa del Mundo que ya ocupa un lugar especial en la historia del fútbol.

  • El colorido de la afición fue uno de los aspectos más destacados de este Mundial. FOTO Juan Antonio Sánchez
    El colorido de la afición fue uno de los aspectos más destacados de este Mundial. FOTO Juan Antonio Sánchez
hace 4 horas
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Esta edición del Mundial representa un antes y un después en la historia del torneo. Nunca había reunido a 48 selecciones, tres países organizadores, 16 ciudades sede y un calendario de 104 partidos. La apuesta parecía arriesgada. Muchos temían un campeonato interminable, grupos desequilibrados y una pérdida de calidad competitiva. La realidad terminó siendo distinta.

La FIFA demostró que el crecimiento del torneo era posible sin sacrificar el espectáculo. El Mundial norteamericano ha sido, probablemente, la edición que mejor resume el fútbol moderno. Ha convivido la experiencia de figuras legendarias con la explosión definitiva de una nueva generación; la tradición futbolística europea y suramericana con el crecimiento de selecciones emergentes; la innovación tecnológica con el respeto por la esencia del juego, aunque para algunos haya amenaza.

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Si Qatar 2022 quedó identificado como el Mundial de Lionel Messi, el de 2026 será recordado por la convivencia entre los grandes nombres del presente y quienes están llamados a dominar el fútbol en los próximos años.

España encontró en Mikel Oyarzabal a un gran goleador y confirmó que Rodri continúa siendo el mediocentro más completo del fútbol internacional. Argentina, por su parte, volvió a encontrar respuestas en su estructura colectiva. Lejos de depender exclusivamente de Messi, mostró la consolidación de una generación encabezada por Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Cristian Romero, quienes asumieron el peso competitivo del equipo cuando más lo necesitó.

En Francia, Kylian Mbappé volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los futbolistas más determinantes del planeta, aunque el recorrido francés no alcanzó la final. Inglaterra mantuvo la influencia de Jude Bellingham y Harry Kane. La propia FIFA definió el certamen como una “Copa de los protagonistas”, al reunir a varias de las mayores estrellas del fútbol mundial.

El formato aprobó examen

Era la gran incógnita. Desde que la FIFA anunció el aumento de 32 a 48 selecciones, las críticas fueron constantes. Se hablaba de un Mundial demasiado largo, de partidos sin interés y de una disminución del nivel competitivo. Nada de eso ocurrió con la intensidad que muchos anticipaban. Los doce grupos permitieron una mayor representación continental sin afectar de manera significativa la calidad del torneo. Además, el acceso de los ocho mejores terceros mantuvo viva la competencia prácticamente hasta la última jornada de la fase de grupos.

La nueva ronda de dieciseisavos añadió dramatismo y permitió que más selecciones vivieran experiencias de eliminación directa, aumentando el interés comercial y deportivo. Los finalistas, eso sí, debieron disputar ocho partidos en lugar de los siete tradicionales, una carga física que seguramente será objeto de debate en los próximos años.

Las grandes revelaciones

Cada Mundial necesita historias inesperadas. Noruega fue probablemente la mayor sorpresa competitiva. Llegó sin el cartel de favorita y terminó eliminando a Brasil para instalarse entre las ocho mejores selecciones del campeonato, confirmando el crecimiento del fútbol escandinavo. Su figura, Erling Haaland se estrenó con éxito en los mundiales.

Marruecos volvió a demostrar que su histórica actuación de Qatar no fue casualidad. El conjunto africano alcanzó nuevamente las rondas decisivas y confirmó que el continente africano dejó de ser un invitado para convertirse en protagonista.

Canadá también aprovechó su condición de anfitrión para consolidar el desarrollo iniciado en los últimos años, mientras Paraguay firmó una de las grandes sorpresas al eliminar a Alemania en la tanda de penaltis durante los dieciseisavos de final.

Las decepciones

No todo fue éxito. Brasil volvió a marcharse antes de lo esperado. La derrota frente a Noruega alimentó de nuevo el debate sobre la dificultad de la selección pentacampeona para recuperar la supremacía.

Alemania tampoco encontró continuidad pese a una fase inicial prometedora y terminó despidiéndose de forma prematura.

Algunas selecciones tradicionales confirmaron además que el crecimiento del fútbol mundial ha reducido considerablemente la distancia entre las potencias históricas y los llamados equipos emergentes.

Tecnología para el espectáculo

La FIFA siguió profundizando la incorporación de herramientas tecnológicas para facilitar el trabajo arbitral.

Las revisiones en video fueron más rápidas, los sistemas automáticos de detección de fuera de juego mostraron mayor precisión y la comunicación entre árbitros resultó mucho más transparente para futbolistas y entrenadores. Aunque las polémicas nunca desaparecerán porque forman parte del fútbol.

Tres países, un solo Mundial

Organizar un campeonato entre EE. UU., México y Canadá representaba un enorme desafío logístico. Sin embargo, la infraestructura respondió.

Los desplazamientos, la conectividad aérea, la calidad de los estadios y la capacidad hotelera permitieron desarrollar un torneo de dimensiones nunca vistas.

La diversidad cultural también enriqueció la experiencia. Cada sede aportó una identidad diferente, desde la tradición futbolera mexicana hasta el espectáculo deportivo estadounidense y la hospitalidad canadiense.

El Mundial del entretenimiento

Otra señal del cambio de época llegó fuera del terreno de juego. La FIFA decidió incorporar elementos propios del deporte estadounidense, incluyendo un espectáculo musical durante la final, una decisión que generó opiniones divididas entre quienes defienden la tradición y quienes consideran inevitable la evolución comercial del evento. El campeón recibió anillos conmemorativos, siguiendo una costumbre arraigada en ligas como la NBA y la NFL.

La discusión es inevitable: ¿hasta dónde puede crecer el espectáculo sin afectar la esencia del fútbol? Esa es una de las grandes preguntas que deja este Mundial.

Todo Mundial deja imágenes imborrables. Sin embargo, los grandes torneos también funcionan como una radiografía del estado del fútbol. La Copa del Mundo de 2026 confirmó tendencias que ya venían gestándose y abrió otras discusiones que la FIFA difícilmente podrá ignorar.

La primera conclusión es evidente: el mapa futbolístico continúa ampliándose. Las diferencias entre las grandes potencias y las selecciones emergentes siguen reduciéndose. Equipos que hace apenas una década eran considerados chicos hoy compiten de igual a igual y, en muchos casos, son capaces de eliminar a campeones del mundo.

No se trata únicamente de talento. La globalización del fútbol ha permitido que entrenadores, preparadores físicos, analistas de datos y metodologías de trabajo lleguen a prácticamente todos los continentes. Hoy resulta mucho más difícil encontrar una selección tácticamente ingenua.

Ese crecimiento colectivo explica buena parte de las sorpresas del torneo.

Consolidación africana

Si hubiera que señalar un ganador más allá del campeón, probablemente sería África.

Después de que Marruecos rompiera barreras en Qatar 2022, el Mundial de 2026 confirmó que aquello no fue un accidente histórico. Las selecciones africanas demostraron una evolución táctica notable, mayor madurez competitiva y una capacidad física que continúa marcando diferencias.

La mayoría de sus futbolistas ya compiten semanalmente en las principales ligas europeas. Esa experiencia termina reflejándose cuando representan a sus selecciones nacionales. Durante muchos años se habló del enorme potencial africano. Hoy ya no se trata de potencial, sino de presente, como lo demostró también la debutante Cabo Verde que con su arquero Vozinha avanzó de la fase de grupos y puso a temblar a las potencias.

Suramérica mantiene ADN

El torneo también dejó una conclusión tranquilizadora para Suramérica. Aunque el fútbol europeo sigue dominando económicamente el planeta, el continente suramericano conserva una característica que ninguna inversión puede comprar: la competitividad.

Argentina volvió a demostrar que los proyectos consolidados suelen imponerse a las improvisaciones. Incluso cuando el talento individual aparece repartido entre varias selecciones, la estabilidad institucional y una idea clara de juego continúan siendo ventajas decisivas.

Brasil, por el contrario, volvió a marcharse con más preguntas que respuestas. El talento sigue apareciendo de manera inagotable, pero la sensación es que el equipo continúa buscando una identidad colectiva que le permita volver a dominar el fútbol mundial.

Europa es la referencia

España, Francia e Inglaterra confirmaron otra realidad. Las grandes escuelas europeas llevan años apostando por proyectos de largo recorrido. Ya no se trata únicamente de formar buenos futbolistas, sino de construir identidades reconocibles desde las categorías inferiores hasta la selección absoluta.

España representa quizá el mejor ejemplo. Después de varios años de transición tras la generación campeona entre 2008 y 2012, el fútbol español consiguió renovar completamente su plantel sin perder su esencia. La posesión continúa siendo importante, pero ahora se combina con mayor verticalidad, velocidad y agresividad en los últimos metros.

La renovación generacional parece garantizada durante la próxima década.

Nuevas reglas aprobaron

Las mejoras en el fuera de juego semiautomático redujeron considerablemente los tiempos de revisión.

El VAR, aunque sigue despertando controversias inevitables, intervino de forma más eficiente que en competiciones anteriores. Sin embargo, no todas las novedades convencieron por igual.

Algunos entrenadores insistieron durante el torneo en que las pausas de rehidratación siguen rompiendo el ritmo natural del juego.

Otros consideran que el fútbol todavía necesita simplificar algunos protocolos para que el espectador comprenda mejor determinadas decisiones arbitrales.

La tecnología llegó para quedarse, pero aún busca el equilibrio perfecto entre precisión y fluidez.

Lo que hay que replantear

No todo fueron aciertos. El nuevo calendario, con ocho partidos para los finalistas, volvió a poner sobre la mesa un problema creciente: la sobrecarga física de los futbolistas. Las principales figuras llegan al Mundial después de disputar temporadas cercanas a los sesenta partidos con sus clubes. Añadir un torneo más largo aumenta el riesgo de lesiones y obliga a replantear el calendario internacional.

Otro aspecto debatido fue la enorme distancia entre algunas sedes.

Aunque Estados Unidos, México y Canadá ofrecieron una organización de alto nivel, varios equipos tuvieron que realizar largos desplazamientos entre partidos, algo que también repercute en el descanso y la preparación física.

Opiniones divididas

Para muchos analistas, esta Copa del Mundo demostró que ampliar el torneo no significó reducir su calidad. Quienes criticaban el formato de 48 selecciones encontraron un campeonato mucho más equilibrado de lo esperado. “A mí me gustó el Mundial aunque tenía mis dudas al inicio”, indicó el exmundialista Hárold Lozano.

Otros, en cambio, consideran que el crecimiento del torneo responde más a intereses económicos que deportivos y advierten que la FIFA deberá evitar que el espectáculo termine imponiéndose sobre la competición. “Se notó que lo económico está por encima de lo deportivo y debe haber un balance”, manifestó el técnico Alexis García.

Ambas posturas tienen argumentos. El Mundial ganó audiencia, mercados y representación continental. Pero también aumentó el número de partidos, los desplazamientos y las exigencias físicas.

El verdadero desafío será mantener ese equilibrio en las próximas ediciones.

Escándalo de la roja “perdonada” a EE. UU.

Durante el partido de 16avos de final ante Bosnia, el jugador estadounidense Folarin Balogun recibió una tarjeta roja directa por una falta flagrante que, según el reglamento y todos los analistas, daba para varios partidos de suspensión. Sin embargo, en una decisión que dejó estupefacto al mundo del fútbol, el comité disciplinario de la FIFA intervino de oficio de manera exprés para retirar la sanción y anular la tarjeta roja, permitiéndole jugar el siguiente encuentro.

La indignación internacional escaló de inmediato cuando trascendió la enorme presión política ejercida desde la Casa Blanca. Se criticó abiertamente que la FIFA cediera ante la influencia de Donald Trump y los intereses comerciales del país organizador, priorizando mantener a las figuras locales en el torneo para no golpear el multimillonario negocio de las audiencias y la boletería en Estados Unidos. Este hecho dejó una profunda mancha de sospecha sobre la imparcialidad del arbitraje y los comités del torneo.

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Preguntas y respuestas

¿Cuántos partidos tuvo que jugar el campeón del Mundial 2026 bajo el nuevo formato?
El campeón y los finalistas del Mundial 2026 tuvieron que disputar un total de 8 partidos en lugar de los 7 tradicionales. Esto se debió a la inclusión de una nueva ronda de eliminación directa (dieciseisavos de final) tras la ampliación del torneo a 48 selecciones.
¿Cómo le fue a Erling Haaland y a la selección de Noruega en este Mundial?
Erling Haaland se estrenó con éxito en los mundiales y lideró a la selección de Noruega hasta los cuartos de final (entre las ocho mejores selecciones), logrando además la hazaña de eliminar a Brasil durante el campeonato.
¿Cuál fue el resultado o el rendimiento de la selección de Cabo Verde en el torneo?
La debutante selección de Cabo Verde logró avanzar de la fase de grupos y poner en aprietos a las potencias del torneo como España y Argentina, destacándose la actuación de su arquero Vozinha.

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