HISTÓRICO
Carlos Granés es un tipo de ensayo
  • Carlos Granés es un tipo de ensayo | Aunque aún no concreta una novela, Carlos Granés se ha destacado como ensayista. Ganó, en 2011, el premio internacional de ensayo Isabel Polanco, por El puño invisible. FOTO CORTESÍA
    Carlos Granés es un tipo de ensayo | Aunque aún no concreta una novela, Carlos Granés se ha destacado como ensayista. Ganó, en 2011, el premio internacional de ensayo Isabel Polanco, por El puño invisible. FOTO CORTESÍA
Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO | Publicado el 24 de enero de 2013

Este bogotano, que vive en España, es ensayista. Hoy estará conversando con el Nobel Mario Vargas Llosa, en el Hay de Cartagena.
Carlos ha intentado escribir novelas, pero todavía no tiene una, aunque su nombre en la literatura sí se haya escuchado. 

De todas maneras, él es un hombre de un mundo más racional: el de las ideas. Carlos Granés es un ensayista colombiano, que vive hace mucho en España, que ganó, en 2011, el premio internacional de ensayo Isabel Polanco, por El puño invisible. Un ensayista que tiene en sus escritos, otra vez de todas maneras, lo literario.

Hoy estará con Vargas Llosa, a quien ha estudiado y quien ha sido su maestro, en el Hay Festival de Cartagena. Conversarán de La ciudad y los perros. También de La civilización del espectáculo.

Estudió psicología y antropología ¿Tiene una necesidad de estudiar al hombre?
“Sí, supongo que sí. Yo recuerdo que cuando estudiaba la pregunta que me obsesionaba era cómo llegamos a ser lo que somos. Entonces qué factores biológicos nos determinan, qué factores sociales, qué elemento de voluntad hay, cómo nos afectan las decisiones que tomamos y supongo que eso es lo que me sigue interesando. Aunque ya no me obsesiono con la pregunta sí me interesa, hoy en día, sobre todo, cómo una persona crea ideas, es decir, cómo llega a pensar ciertas cosas novedosas y cómo esas ideas afectan a la realidad, contagian a otras personas, alteran conductas, maneras de ver, hasta que se altera el funcionamiento de la sociedad”.

En su ensayo El puño invisible, fue al pasado para ver qué pasaba en el presente. Ahora bien, ¿algo va mal en lo contemporáneo?
“Algunos dirían que no, otros que sí. Depende. El mundo contemporáneo es diverso, está lleno de matices y de claroscuros.  Es diverso. Hay muchas cosas malas y buenas. Yo con el ánimo de ser provocador, me centro en las malas, justamente porque son las que se podrían corregir. En la segunda parte del Puño me centré en ciertas cosas de la cultura contemporáneas que yo veo como problemáticas. Por ejemplo, la espectacularización de todo. Que todo requiera de un elemento espectacular para cautivar al espectador, es decir, como gancho para cautivar al espectador”.

En algún momento dijo que una buena obra es casi un milagro, ¿por qué?
“Una obra maestra, en literatura, en el arte, es casi un milagro, porque, primero, es muy difícil de entender cómo surge. Esa ha sido una de mis obsesiones, entender cómo un autor de talento, es capaz de concebir una obra que resiste el paso del tiempo, que sigue vital, fresca, que no se agota, que recibe muchas interpretaciones. Eso es hasta cierto punto misterioso. Se necesita mucha, mucha pasión, convicción en lo que se está haciendo. Se necesita mucho talento, aunque yo no creo mucho en el talento, aunque sé que hay gente que lo tiene, pero no me interesa esa gente, sino la que no tiene mucho talento y logra hacer grandes cosas, que somos la mayoría. Es gente que no lo hace fácil, tiene que pasar por muchos obstáculos, pelear contra sí mismos y sin embargo, de esa batalla surge algo notable. Creo que hacen ver el arte como un producto humano, no de inspirados, de genios, de ángeles, sino de seres humanos de carne y hueso, que por alguna razón son capaces de hacer algo importante”.

¿No hay muchos?
“Sí los hay, pero también hay muchísimos que no. El presente de cualquier disciplina artística, científica, es rutina, es monótono, plano. Si miras al pasado y ves la literatura del siglo XIX no hay libro malo, por la sencilla razón que ya nadie los lee. Los que quedan son muy buenos. En el presente no. En el presente se mezclan los buenos, los malos, los oportunistas, todos, porque todos están ahí, al mismo tiempo. Entonces claro, así como hay gente que está intentando hacer cosas muy buenas, y ya el tiempo irá haciendo el efecto cedazo, muchos libros desaparecerán y el tiempo hará lo que tienen que hacer, dejar la pepita de oro”.

¿Será entonces que el boom latinoamericano fue un milagro? Coincidieron muchos pepitas de oro y se encontraron en el presente…
 “Mira, yo le dije eso a Jorge Eduards ahora en México y se puso furioso. Dijo que no, porque eran autores de distintos países que estaban compartiendo una misma experiencia social, leyendo lo mismo, interesados por lo mismo, sintiendo el mismo impulso, pero a pesar de que eso es totalmente cierto, yo sigo insistiendo que fue algo milagroso, azaroso, raro, extraño, que en tan poco tiempo se hubieran escrito tan buenas novelas. Entre 1962 y 1967 se escribieron El siglo de las luces, La ciudad y los perros, Rayuela, Tres tristes tigres y Cien años. Todos son clásicos hoy. Hoy en día, los autores de mi generación están influidos por la misma realidad, están influenciados por los mismos autores (todos leen a Piliph Roth) y, sin embargo, no ha pasado lo mismo. En los últimos cinco años no se han escrito tantos títulos que con seguridad vayan a ser clásicos”.

Con Vargas Llosa van a conversar hoy de La ciudad y los perros, que cumplió 50 años. ¿Sigue siendo tan actual?
“Yo la leí por última vez en noviembre y la encontré tan actual, tan vital, que el paso del tiempo no le ha hecho mella. Sigue siendo excitante, sigues haciéndote la misma pregunta, quién mató al esclavo. ¿Fue el jaguar o un accidente? Sigue causando la misma emoción, las mismas preguntas. Sigue siendo una crítica brutal a la sociedad, al machismo. Yo eso lo había olvidado: la crítica radical al machismo que hay en esa novela es impresionante”.

¿No ha escrito literatura?
“Me muero de ganas, pensé que era más fácil, es decir, me he dado cuenta que es muy fácil escribir una mala novela, pero escribir una buena novela es complicadísimo, requiere una cantidad de técnica, de aspectos racionales dominados. La razón debe estar del lado de la estructura, la técnica, el control del material, pero el material debe transmitir vida, pasión, emoción. Eso es muy difícil. Yo vengo de un mundo muy racional, entonces por ese lado no tengo problema. Por el otro sí me cuesta más darle vida, para que parezca viva. Porque si una novela no es vida, no te crees a los personajes y es una novela fallida”.

Es decir que sí lo ha intentado…
“He intentado, intentado, intentado, sin éxito”.