Hace pocos años tuve la oportunidad de disfrutar un libro titulado "Good capitalism, bad capitalism"( Buen Capitalismo, mal capitalismo ), escrito por los profesores William Baumol, Robert E. Litan y Carl J. Schram. Sus tesis, libres de sectarismos ideológicos, diferenciaciones vagas de izquierda y derecha y preconcepciones arbitrarias sobre el Estado y el mercado, fueron muy ilustrativas sobre los medios para construir sociedades donde la iniciativa privada sea un verdadero motor del crecimiento.
Para los autores, el modelo ejemplar se encuentra en el concepto de Capitalismo Emprendedor. Este consiste en un sistema de organización socioeconómica donde el talento individual florece sin barreras y encuentra su potencial económico, tornándose en una especie de motor empresarial.
En este sistema, los empresarios innovadores brotan con ideas creativas transformado sectores, introduciendo nuevas tecnologías y abriendo nichos de mercado dentro de su país y fuera de él. Países como los EE.UU., Canadá, Singapur, Reino Unido, Nueva Zelanda y Australia le han apostado a materializar este esquema, con excelentes resultados.
Los requisitos para su operación demandan un buen marco de políticas públicas para la pequeña y mediana empresa, condiciones propicias para iniciar nuevos negocios, un buen marco jurídico que regule la competencia y proteja los accionistas minoritarios, facilidad para acceder al sistema financiero, unos mercados de capital dinámicos con ofertas públicas iniciales constantes, normatividad tributaria sencilla con trámites expeditos, incentivos a la inversión y educación de calidad.
Lo interesante de esta visión es su contraste con deformaciones perversas del capitalismo.
Por un lado se encuentra el Capitalismo Estatista, donde en gracia de las preferencias gubernamentales, el sector público juega arbitrariamente con la operancia de los mercados, creando enormes capas de corrupción que privilegian a los amigos del régimen y persiguen con el látigo expropiador a quienes no aceptan las reglas oscuras. Por supuesto, de ahí solo puede surgir el alarmante reino de la incertidumbre y la desconfianza.
También existe un Capitalismo Elitista, donde el Estado interviene menos, pero sólo unos pocos actores privilegiados que han capturado las instancias de decisión para su beneficio, son los que progresan. La consecuencia de este fenómeno es la ausencia de competencia, el anquilosamiento del aparato productivo, la ausencia de nuevas inversiones, la inoperancia de los mercados bursátiles y, lo más grave, la fuga de talento.
Otra versión enumerada por los autores es el capitalismo exclusivo de las grandes Empresas. Aquí el Estado no interviene arbitrariamente en los mercados y permite la iniciativa privada con la conformación de grandes conglomerados. Sin embargo, carecen las condiciones para nuevos emprendimientos.
La consecuencia es la construcción de sociedades donde proliferan los empleados y se paraliza la innovación promovida por nuevos talentos con vocación empresarial. Unos pocos magnates y grupos económicos dominan múltiples sectores, dificultando cualquier asomo de competencia, o restringiendo la apertura a nuevos procesos de inserción comercial que les sea desfavorable, gracias a la influencia adquirida por su peso económico.
Feliz Navidad y próspero 2012.
* ExPresidente de la República.
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4