Desde los tiempos de los romanos hemos heredado una amplia información sobre técnicas para hacer la guerra.
Tal parece que disfrutaban conquistando tierras y sometiendo pueblos.
Aníbal, cartaginés, fue también brillante y sagaz estratega, pues derrotó varias veces a los romanos usando incluso armas impensables como fue el lanzar vasijas de barro con serpientes venenosas en las batallas navales.
De entre las muchas técnicas hay una especialmente malvada y que todos conocemos con el lema: "divide y vencerás".
Esta no se refiere a la fracción de los ejércitos, como se podría pensar, sino a la conjura, al sembrar cizaña, levantar falsos testimonios, incordiar.
Luis XI, rey de Francia, conocido como el cruel, es ejemplo de un monarca que ganó batallas sin luchar, pero sí enfrentando a sus enemigos a base de intrigas.
Era capaz de agrietar las coaliciones de sus enemigos enfrentándolos entre sí y luego atrayéndolos a su propio bando. La hipocresía nunca lo abandonó.
Decía: "Quien no sepa simular, no será capaz de reinar".
¿No les parece que esta técnica se sigue utilizando en círculos menores: una oficina de trabajo, en asuntos de amores, entre vendedores, sociedades e incluso entre familiares?.
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