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HISTÓRICO
Domingo de flor y poesía
Mónica Quintero Restrepo | Publicado el 05 de julio de 2009
El suelo los esperaba, justo en la última hora en que termina la mañana de domingo. Unos pusieron papel, otros llevaron silla y colchoneta, unos cuantos una manta de seda, y los demás, prefirieron el pasto.

Ahí se acomodaron. Sentados o acostados, recostados sobre el árbol, abrazados o sin zapatos. Cada uno encontró su punto perfecto, para dejarse llevar por la poesía del Festival.

El lobo me había devorado fue la última frase de un poema de Ersi Sotiropoulos. Lo leyó en griego y luego se lo leyeron en español. Los aplausos se dejaron venir, en manada, como un lobo que devora el silencio, e incluso que hace trizas el sol.

La gente, pese al de amarillo que se asomaba fuerte, permaneció en su sitio. Sacaron sus sombrillas, algunas en contraste con el paisaje del Jardín Botánico. Las había amarillas, verdes y rojas.

Concentración y oído, porque como dijo Jhony Moreno: "así no entienda, me gusta escuchar".

La poesía llegó de cinco mujeres. Liana Mejía, de Colombia; Usha Akella, de India; Ersi Sotiopoulos, de Grecia; Fathieh Saudí, de Jordania, y Jayne Cortez, de Estados Unidos.

Y en el tono que suelen usar los poetas, un poco suave, con cierta melodía, la rapidez que a cada uno le parece que debe leerlo, y en su idioma, Fathieh Saudí, en frente del micrófono, y de pie, les leyó: Esta noche, esta noche/ ¿será mi última noche?/ En sus ojos vi mi muerte gritar,/ ¡Ya me había matado!/ ¡Y aún así yo seguía estando viva!

Una lectura sentida
Con una tarde de lluvia que empapó de poesía a las personas, cerca de dos mil, este sábado se dio inició a la XIX versión del Festival de poesía de Medellín, en el teatro Carlos Vieco.

La lluvia no paró, como tampoco el ánimo de los asistentes, que no tiene límite de edad. La poeta Liana lo indica, en relación a la importancia de los Festivales de Poesía: "Permiten acercar a la gente a ella y desmitificar aquello de que la poesía es sólo para unos pocos".

Y de vuelta al domingo y los versos, Yira Plaza, la lectora de la poeta Jayne, señala que el siguiente es un homenaje a su peluca. Cómo adoro mi cabeza calva y fresca.

Yira lleva tres años participando en el Festival, aunque no empezó como lectora. También le gusta escribir, pero escuchando a tantos poetas "ya uno empieza a decir: yo no escribo bien".

De lo que sí está segura, es que tiene sensibilidad, y ello, es lo más importante para un lector de poesía. Éste debe encontrar una conexión con el poema y el poeta, señala la joven, de tal forma que las personas puedan percibirlo como el original, como si lo estuviese leyendo su autor.

Los lectores son esos que si el poeta llora, lloran; y si grita, gritan; y si hablan suave y rápido, hacen lo mismo.

El milagro de Medellín
Con la poesía se han enamorado muchos. Saray Torres lo hizo de los poemas de Ron Riddell y luego, de él.

Su historia comienza en 2001, cuando a éste poeta neozelandés lo invitaron al Festival y ella trabajaba como traductora. Se conocieron y nada más, hasta cuando participaron juntos en un proyecto. Entonces Cupido los flechó y ya llevan siete años de esposos. También lo flechó a él con Medellín.

Sentado en una colchoneta de rayas, escucha. A veces se ríe, y en uno que otro intervalo, habla de El milagro de Medellín, un poema que empezó hace ocho años y que, después de vivir y saborear la ciudad, terminó en 2009: Medellín, ¡oh Medellín! Tu eres la respuesta/ a todas las plegarias del poeta. Tú eres el paraíso del poeta/ Tú eres su creación y su profanación...