En el sector suroriental de la unidad deportiva Atanasio Girardot las mujeres lloraban y los padres de familia corrían despavoridos de la mano de sus hijos.
En la carrera 70 se formó el caos. Algunos negocios cerraron sus puertas, incluso con clientes adentro que debieron esperar que la situación se calmara.
Cuentan que el miércoles, después del partido Nacional-Millonarios, "no hubo una tragedia, porque Dios es muy grande". Tras la utilización de gases lacrimógenos la gente se llenó de pánico. Los revoltosos se enfrentaron con la Policía y atacaron las instalaciones de la unidad deportiva y las estaciones Suramericana y Estadio del metro, ocasionando daños materiales e inconvenientes a los usuarios del transporte masivo. Hubo un herido a bala.
Hoy, tres días después, la comunidad continúa manifestando su rechazo a los violentos y exige medidas drásticas para erradicar este mal que se genera alrededor del fútbol profesional.
El alcalde de Medellín, Alonso Salazar, luego de recibir un informe detallado sobre los hechos del miércoles, anunció, a través de twitter que este sábado, para el partido Nacional-Envigado en el Atanasio, no autorizará el ingreso de menores de edad a las tribunas norte y sur. Antes había dicho que no tenía contemplado cerrar el estadio para encuentros deportivos, como se lo pidió el concejal Bernardo Guerra.
Esa es una respuesta inmediata del mandatario para enfrentar la situación, que debe analizarse a fondo porque no es solo del fútbol, "es una problemática social", como dijo el presidente de Nacional, Juan Carlos de la Cuesta, al expresar su tristeza, porque un triunfo que significó la clasificación a las semifinales, se empañó.
El dirigente no comparte la última medida del Alcalde, porque mucha parte de la boletería ya se había vendido. Y aunque la respeta, recordó que las decisiones deben basarse en la Mesa de Seguridad y Convivencia que involucra a todos los actores, "y no temas aislados".
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