Deben querer mucho en el barrio Granizal a doña Hilduara López, pues además de la Policía y los cuerpos de socorro y emergencia, casi toda la comunidad trabajaba ayer duro para intentar arrebatársela a la tierra, que se la tragó con casa y todo, luego de que un inmenso alud se viniera sobre su vivienda y las de sus vecinos.
Eran las diez de la mañana y el barrio se veía tranquilo e incluso arropado por un sol ardiente, propio de los mejores días de verano, cuando de repente la tierra se precipitó y aunque a algunos vecinos les dio tiempo de escapar, ella no lo logró y quedó bajo las ruinas. En unos pocos segundos, tres casas quedaron totalmente tapadas por la tierra y otras cuatro parcialmente destruidas.
Hacía apenas un minuto Hilduara había salido de la casa de Mónica Vélez, una amiga de la cuadra a donde fue a que le prestaran un dinero para comprar una tarjeta de energía prepago, pero la señora no le pudo hacer el préstamo y entonces Hilduara retornó a su casa.
"Pasó muy poco tiempo, creo que segundos, porque sentí un estruendo muy fuerte y cuando me asomé ya todo estaba tapado", relató Mónica, la vecina que no pudo auxiliar a Hilduara en su necesidad y cuya vivienda también quedó en alto riesgo de colapsar, por lo que deberá evacuar de inmediato, al igual que lo tendrán que hacer las familias ocupantes de otras cuatro casas que quedaron en riesgo.
Paso a paso y llanto
Fue precisamente la terraza de la casa de Mónica el escenario donde Carmen y Marina -dos de las hermanas de Hilduara- vivieron ayer los dramáticos momentos del operativo de rescate.
La esperanza era que saliera con vida, pues ya había sido rescatado de entre la tierra, con heridas muy leves, don Hernando Otálvaro, un señor de 65 años, al que la mitad del cuerpo le quedó tapado. Él fue remitido a un hospital, pero sus lesiones no revisten gravedad, informó Camilo Zapata, director del Simpad, quien coordinó el rescate.
Con vida también lograron salir Adriana, la hija de don Hernando, y una bebé que ella tenía en sus brazos.
Se salvaron porque la joven, de 19 años, estaba en otra pieza, "lo que hice fue envolver a la niña en una cobija y llevármela contra el muro, empece a gritar y vinieron los vecinos a sacarnos", contó la muchacha, que se lamentaba de que bajo el alud hubiera quedado sepultado su perro de nombre "Paqué".
Curiosamente, hacia la 1:30 de la tarde, el perro brotó de entre la tierra y llegaron los aplausos.
Minutos antes había salido vivo "Rocky", otro can propiedad de doña Blanca Inés Múnera Suárez, otra señora cuya casa quedó tapada parcialmente y que en el momento del desastre no estaba en el inmueble.
"Yo creo que mi mascota se salvó porque él se mantenía metido en el baño, que queda en el patio. Me puse feliz, porque yo adoro mi animalito", dijo Blanca, que ya lo tenía con cadena y sin despegársele un segundo.
Estos rescates de los animales vivos abrieron esperanzas en los corazones de Carmen y Marina, que vieron una luz en medio de tanta oscuridad.
Ambas, pero sobre todo Marina, llevaron sus manos al rostro en señal de expectativa e ilusión.
Luego, los socorristas creyeron escuchar la voz de Hilduara por allá lejana y empezaron a llamarla a gritos esperando una respuesta.
"Hagan silencio unos segundos", se les pidió a todos, en ese instante más de 200 personas. Los socorristas pegaron sus oídos a la tierra y le pidieron que gritara para anunciar si estaba viva. No dijeron lo que oyeron, pero de inmediato dieron la orden de seguir excavando con más ímpetu.
Esta operación se hizo varias veces y cuando más esperanzas había de que la mujer fuera rescatada, la montaña desprendió otra tanda de tierra que cayó justamente sobre las mismas casas donde se intentaba sacar a la señora.
Entonces llegó la desilusión. Mientras "Rocky" latía fuerte, exaltado viendo la avalancha de gente que empezó a correr, a Carmen y Marina se les multiplicó la angustia.
Ese segundo alud, que se vino hacia las 2:30 de la tarde, dejó claro que las cosas se complicaban, que el rescate viva de su hermana no iba a ser sencillo y que había que "rezarle mucho a Dios" para sacarla de las entrañas de la tierra, dijo Carmen.
Hacia la media noche se suspendieron las labores, pues es una zona de alta montaña muy peligrosa y de arriba seguían bajando piedras y tierra. Además, la amenaza de lluvia no cesaba.
Carmen y Marina y toda la comunidad aledaña a la casa de Hilduara madrugan con la esperanza de sacarla viva.
"La queremos con nosotros por sus mensajes, ella es cristiana y nos habla muy lindo y nos da consejos, tiene una energía muy grande", dijo una vecina.
Marina, entre tanto, no paraba de llorar.
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