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Hay que perdonarlos para poder rectificar

  • Ángela Marulanda | Ángela Marulanda
    Ángela Marulanda | Ángela Marulanda
04 de octubre de 2010
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Los padres no somos los únicos responsables por lo que lleguen a ser nuestros hijos.

Hay muchos factores y circunstancias que juegan un papel importante en lo que son y hacen con su vida, sobre los cuales no tenemos ningún control. Así como no nos podemos adjudicar todos los méritos por sus triunfos, tampoco podemos asumir toda la responsabilidad por sus fracasos.

Pocas cosas les producen a los hijos tanta inseguridad y angustia como vernos acusándonos a menudo por nuestras equivocaciones con ellos, cosa frecuente en nuestros días.

Lo grave es que cuando los niños nos perciben tan incompetentes se llenan de inseguridad porque creen que pueden correr peligro, al estar en manos de personas que no parecen tener confianza en sí mismos.

Tenemos que arrepentirnos, pero no vivir arrepentidos. La vida no es un camino lleno de trampas para hacernos caer, sino de desafíos para hacernos crecer.

Todos cometemos errores, y lo importante es lo que podemos aprender de ellos. Las dificultades que les podemos haber causado a los hijos, al igual que las que nosotros sufrimos como niños, no son sólo heridas dolorosas que deben cuidarse con esmero para que sanen.

Son también semillas de las cuales pueden surgir grandes virtudes. Se ha visto que las personas que han sufrido y crecido a partir de sus experiencias dolorosas son individuos que suelen sobresalir por su fortaleza, sensibilidad e intuición.

El desafío que tenemos como padres no es evitar los sentimientos de culpa por las faltas que cometimos con los hijos, sino cultivar las cualidades y las fortalezas que hemos desarrollado como resultado de las experiencias vividas.

Y ser así personas dignas y capaces tanto de pedir perdón como de perdonarnos. Lo que más les debemos a los hijos es ser unos padres que lideremos sus vidas con la cabeza en alto, aceptando nuestros defectos y faltas con la entereza necesaria para estar siempre dispuestos a rectificar nuestros errores.

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