El entrenamiento de Itagüí tuvo dos refuerzos: Fredy Aldair y Marlon David.
El de la 24 de las águilas doradas, el más chiquito, era una papeleta, corriendo por todo lado. El del Real madrid, con más años, manejaba la pelota con una zurda, de esas escasas en Colombia.
No son nuevos jugadores, tampoco hombres de las divisiones inferiores. Son los hijos de Roberto Mosquera, que en el tiempo de recogimiento de la Semana Mayor, recogieron sus maletas y viajaron desde Cúcuta para estar con su papá.
"En todas las vacaciones trato de que estén acá conmigo, es la mejor manera de pasar la Semana Santa, con la compañía de ellos. Y para estar más tiempo, están en los entrenamientos", sostiene Roberto, quien es el segundo arquero de las águilas doradas, en este regreso a la primera división.
Durante toda la práctica estuvieron revoloteando. Un rato afuera de la cancha, otro tiempo mirando tapar a su papá. Más tarde, cuando se cansaron, fueron a comer algo, sin hacer bromas y mucho desorden, por recomendación del mismo cuerpo técnico.
"Es bonito tenerlos cerca, me hacen mucha falta cuando estoy lejos. Desde el 2005 que salí de Cúcuta cuando el equipo subió a la primera división, y Jorge Luis Pinto barrió con muchos, entre esos caí yo. Pero trato de estar siempre en contacto con ellos, ya sea por messenger o por teléfono", puntualiza Mosquera, uno de los veteranos del plantel.
El año pasado, cuando el equipo estaba en el torneo del ascenso, los niños se tuvieron que quedar en la casa. "No había cómo mandarlos a traer, fue un año en la B que no es lo mismo. Trato de que en todas las vacaciones se vengan para acá o yo poderme ir a Cúcuta desde diciembre", anota Mosquera, quien habla por sus hijos, sobre todo por Fredy Aldair, el mayor de los dos, quien es volante por la izquierda, pero de muy pocas palabras. El muchacho tiene el Aldair del viejo central brasileño.
El hombre nacido en el pequeño pueblo de San Alberto, en el departamento del Cesar, se sigue entrenando para el momento en que Carlos Mario Hoyos lo vuelva a utilizar.
Por ahora custodia el lugar de Julián Mesa, pero también debe vigilar el desorden de sus chicos al terminar el entrenamiento. No importa recoger el rebujo, su Semana Santa es la semana feliz, pues tiene a los pequeñitos a su lado.
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