Los diez años que cumple este sábado la hegemonía de los Kirchner en Argentina tiene a los gauchos sumidos en una profunda crisis. Lo que al principio de la dinastía parecía que consolidaría el éxito en el largo plazo, fueron las decisiones de la presidenta, Cristina Fernández, las que ahora tienen al país contra las cuerdas.
Basta con analizar la heterodoxia económica del fallecido expresidente Néstor Kirchner, que logró que Argentina creciera con fuerza tras la crisis, pero las políticas que alumbraron ese éxito ya no se aplican y analistas coinciden en aclarar que el modelo debe dar un golpe de timón.
Esa política comenzó a relajarse con su esposa y sucesora, Cristina Fernández, elegida en 2007. Después vino la muerte de Néstor Kirchner, en octubre de 2010, y los problemas fiscales e inflacionarios de Argentina se acrecentaron.
La "década ganada", como Fernández se refiere a esta etapa, no estuvo exenta de medidas polémicas, como la nacionalización de los fondos de pensión (2008) y las expropiaciones de Aerolíneas Argentinas (2009) y del 51 por ciento de las acciones de la española Repsol en la petrolera YPF (2012).
En la lista figuran también las restricciones comerciales y cambiarias y la congelación de tarifas en el sector energético, donde la falta de inversiones es uno de los talones de Aquiles de Argentina.
Pero, según analistas, uno de los grandes errores fue no frenar a tiempo los estímulos a la actividad y abandonar las políticas de ahorro fiscal, lo que abrió paso a un escenario de inflación.
Panorama inicial
Tras la debacle de 2001-2002, Argentina creció tasas del 7,2 por ciento anual gracias a medidas aplicadas por el Gobierno de Néstor Kirchner, que llegó a la Presidencia el 25 de mayo de 2003, para incentivar el consumo y reactivar la industria y la actividad agropecuaria, pero hoy el escenario social es muy distinto: expropiaciones, inflación, control de divisas, desempleo, recesión.
Sin reservas monetarias, deudas por 180.000 millones de dólares, un tejido productivo destruido, una tasa de desempleo del 24 por ciento y un nivel de pobreza que llegó al 57 %, Kirchner tomó las riendas, según sus propias palabras, de un país descendido al "infierno" para, al menos, devolverle al "purgatorio". Hoy el escenario social es muy distinto: el país acumula diez años consecutivos de crecimiento, algo inédito en su historia, la pobreza se ha reducido al 5,4 por ciento y la tasa de paro es del 7,9 por ciento.
"Uno de los aspectos más notables fue el desendeudamiento gracias a la astuta negociación de la deuda pública, donde un 93 por ciento de los acreedores aceptó la canje en condiciones favorables para Argentina", destacó el economista Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica. También indicó que el declive del modelo comenzó en 2008, poco después de la asunción de Fernández, cuando el Gobierno destinó sus reservas a frenar el impacto de la crisis global en el país y paliar las pérdidas provocadas por la sequía en el sector sojero, una de las principales fuentes de ingresos del país.
"Por no enfriar la economía, en vez de tomar la decisión política de recuperar el superávit fiscal perdido, el Gobierno siguió aumentando el gasto por encima de los recursos y estas variables van de la mano con la inflación, porque si el país se financia emitiendo dinero, la consecuencia es inflación", apuntó Castiñeira.
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