Es muy común encontrar en la actualidad de manera oficial, dentro del tratamiento urbano, el tema del mejoramiento integral, el cual tiene que ver con la construcción de infraestructura física y equipamientos a escala intermedia.
Existen diversas experiencias tanto nacionales como internacionales por parte del Gobierno y algunas instituciones privadas de consolidar políticas públicas, que permitan regular el crecimiento urbano. En cada una de estas categorías están definidos los índices de progresión de los tratamientos urbanísticos, según las problemáticas puntuales de cada ciudad. El mejoramiento integral depende en gran medida de los planes de ordenamiento que orientan las distintas formas de intervenir el territorio, con miras a lograr el coherente desarrollo del suelo urbano y las áreas de expansión de los municipios.
Existen varios tipos de tratamientos en el desarrollo conjunto de ciudad: conservación, consolidación, mejoramiento integral, redesarrollo, renovación y desarrollo, estipulados por el Concejo de Medellín en el artículo 153 del acuerdo 62 de 1999, los cuales hacen parte de las normas urbanísticas establecidas para El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) del municipio, en el cumplimiento del aprovechamiento y el buen uso de suelos. Es importante mencionar que el mejoramiento integral es un tipo de tratamiento urbanístico que busca mejorar las deficientes condiciones de vida de los asentamientos humanos de desarrollo incompleto e inacabado, donde se pone en juego la concepción del hábitat urbano de nuestras ciudades. De la claridad con que cada POT determine los tipos de tratamiento urbanístico depende la reducción del déficit en educación, salud, cultura y trabajo, ya que una de las finalidades del mejoramiento integral es aumentar la calidad de vida de los barrios, comunas y sectores deteriorados de ciudad.
Desde el punto de vista del mejoramiento físico las intervenciones urbanas van desde la recuperación de las redes locales de acueducto y alcantarillado, ampliación, accesibilidad a la ciudad y el mejoramiento de la maya vial, hasta el reasentamiento de barrios en zonas de alto riesgo no mitigables, generación de espacio público, legalización de predios, mejoramiento de vivienda y equipamientos que permitan la reactivación de las dinámicas habitacionales del sector.
La recuperación del patrimonio arquitectónico, los equipamientos, la infraestructura y la vivienda son algunos de los ámbitos más recurrentes en el tema del mejoramiento integral. En ellos está la posibilidad de ampliar las opciones de vida de las personas, propiciar el fácil acceso al conocimiento y lograr los avances tecnológicos necesarios para soportar los servicios de higiene, nutrición y salud, componentes esenciales para cualquier sociedad.
Igualmente, el mejoramiento debe garantizar medios más seguros, espacios para el entretenimiento, con el fin de asegurar el buen uso del tiempo libre y lograr la confianza de las personas al construir un sentido de participación ciudadana en las actividades comunitarias de la población.
Uno de los grandes retos para la arquitectura y el urbanismo en el siglo XXI es el tema del desarrollo humano que desde 1990 se viene revisando a nivel mundial por las Naciones Unidas y debe ser considerado como parte de las políticas públicas en los tratamientos urbanísticos. El hombre del siglo XXI afrontará los desafíos del planeta, frente al cambio climático, pobreza, diversidad de géneros, derechos humanos y libertad cultural; que en medio de los compromisos y responsabilidades atenuantes de la globalización ha colocado a los países subdesarrollados a batallar los grandes retos urbanos que apremian la futura sostenibilidad de las ciudades.
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