Con la reunión de Santos con el comandante Ortega, busca el gobierno recuperar parte del bicentenario tiempo perdido en el sonambulismo, tradicional política de Colombia en la conducción de sus relaciones internacionales.
Porque si hay una materia en donde se han rajado diversos mandatarios colombianos, ha sido la de la soberanía nacional.
Los presidentes se han preocupado celosamente de montar guardia sobre el desenvolvimiento de la política nacional. Algunas veces por el crecimiento económico. Pocas por las políticas sociales que hagan a esta nación menos inequitativa. El imperio de la justicia no ha sido un desvelo permanente y el combate a la corrupción ha estado lleno más de buena voluntad que de éxitos incontrovertibles.
Llevamos 200 años viendo amputaciones del territorio nacional. Todos los vecinos se han alzado con partes vitales del cuerpo de la nación colombiana. La codicia de los invasores en las desmembraciones, no ha tenido freno sino silencio cómplice. Gringos, brasileros, peruanos, venezolanos, ecuatorianos, nicaragüenses, tienen en sus haberes cartográficos, preciosos trofeos sacados de lo que fuera la unidad geográfica de Colombia.
La bandera tricolor ha sido más raída que cualquiera de las ajadas banderas que empuñaron los colombianos en sus esquizofrénicas como múltiples guerras civiles en estos 200 años de historia independiente. Guerras que en buena parte han constituido prólogos y epílogos de tantos despojos territoriales.
Cuenta el historiador Hermes Tovar en El Espectador que, "en 1890, cuando los nicaragüenses invadieron las islas Mangle Mayor y Menor y cuatro años después la Costa de Mosquitos, Colombia nada hizo para expulsarlos". Nuestro país estaba distraído en una de las muchas guerras civiles entre liberales y conservadores, dilapidando esfuerzos y recursos requeridos para defender la soberanía.
Panamá se perdió una vez que Colombia quedara exhausta de la guerra de los Mil días. Cuando los sediciosos enarbolaron su independencia, el gobierno colombiano envió soldados mal equipados para recuperar lo que ya no era recuperable debido al aval que los gringos les dieron a los sublevados. El telón cayó pesadamente para ponerle fin a otro melodrama.
Brasil, Perú y Ecuador dejaron a Colombia con un simple trapecio después de quitarle valiosas tierras de la Amazonia colombiana. Allí tampoco hubo defensa nacional. Se evidenció el desprecio de aquellos mandatarios quienes seguían plácidamente tomando chocolate santafereño con deliciosos pan de yuca del barrio de La Candelaria…
En el gobierno de Urdaneta Arbeláez -de 1951 a 1953- se les regaló a Venezuela Los Monjes. El canciller era Juan Uribe Holguín, pariente cercano de la actual Canciller del presidente Santos… Las pocas voces que se levantaron para denunciar tan ominoso hecho, fueron acalladas por los gobiernos despóticos de los años 50 hasta el 57 del siglo XX.
Así que este país mutilado en los siglos XIX y XX por la irresponsabilidad de gobiernos pusilánimes y vacilantes agrega ahora otra disminución sentenciada por la Corte de La Haya. Y si creemos a María Ángela Holguín en su papel de pitonisa -ya que predijo el fallo "salomónico" a favor de Nicaragua de la CIJ- pronto seguirán otras demandas contra Colombia de Panamá, Costa Rica y Jamaica. La gavilla se incentiva. Aprovecha para estimularse, 200 años de historia de reveses colombianos.
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