La pasada semana me dediqué a asistir a algunos eventos programados por las diferentes campañas políticas, tanto en la ciudad como en algunos municipios, buscando conocer un poco más sobre las propuestas de los candidatos y la factibilidad de las mismas, así como para observar la reacción de los concurrentes. Y es bien entretenido e interesante el ejercicio, por el denodado empeño de los aspirantes a las distintas posiciones para obtener la atención de su auditorio y para lograr que sus mensajes verdaderamente cautiven la voluntad de los potenciales electores.
En primer lugar hay que decir que la mayoría de candidatos utilizan toda clase de estrategias para parecerse a quienes los están escuchando o dialogando con ellos, por lo que, de acuerdo con la convocatoria, eligen su vestimenta y se pueden ver luciendo desde oscuro riguroso en cenas y cocteles, vestido formal en reuniones de recinto cerrado y con un auditorio medianamente especializado, de manera informal cuando se presentan ante personas jóvenes, y hasta de campesinos con sombrero, poncho, carriel y zurriago, cuando visitan municipios y veredas, de sudadera y cachucha para dirigirse a deportistas.
Quienes tienen habilidades artísticas o histriónicas también las sacan a relucir, ya que además de echarse un extenso discurso, hacen las veces de poetas y declamadores, de cuentachistes, de cantantes y de excelentes danzarines que “al son que les toquen bailan”; en fin, a estos activistas de la política hay que reconocerles sus esfuerzos y versatilidad, que bien podrían asegurarles un buen lugar en cualquier dramatizado, reality o programa de variedades en la televisión, por la facilidad con la que asumen cualquier caracterización con la que le puedan llegar a los presentes.
En cuanto a propuestas, se puede escuchar de todo y para todos los gustos, los estratos, las diversidades étnicas y culturales, etc.; desde las más manidas en las que ya nadie cree, como la lucha frontal contra la corrupción, el desempleo y la inseguridad, la exención de impuestos y gravámenes, hasta las que paulatinamente se han venido implementando por los últimos mandatarios, como son las relativas a brindar mayores oportunidades para acceder a la educación y a los servicios de salud, al mejoramiento de la infraestructura vial y a las mejoras locativas de establecimientos públicos, al fomento del turismo, financiamiento de programas de desarrollo en el sector agropecuario, mayor cobertura en la prestación de los servicios públicos domiciliarios, la instauración de programas de apoyo a jóvenes, mujeres cabeza de familia y grupos vulnerables, al incentivo de todas las actividades de emprendimiento y de creación de microempresas, al fortalecimiento del liderazgo comunitario, etc.
La verdad es que estos malabaristas de la política se acomodan más que un desvelado, tienen la respuesta y la solución a cualesquier problema que se les plantee, con tal de ganar adeptos y no perder un votico; por lo que a veces se les va la mano ofreciendo ayudas y soluciones que, en caso de llegar a una curul en la asamblea departamental o concejo municipal, a una gobernación o alcaldía, les sería imposible cumplir, ya sea por la difícil situación fiscal y presupuestal en que se encuentran los entes territoriales debido a las malas administraciones y a la corrupción rampante; o por la falta de competencia para presentar iniciativas y buscar remedio a los problemas que en la mayoría de los casos no son del resorte de esas corporaciones o cargos, sino de otras instancias.
No obstante lo anterior, es preciso anotar que la asistencia a las reuniones y foros es escasa por lo general, y mínimo el interés que se percibe en los grupos convocados, lo que demuestra el desencanto de las comunidades ante las rutinarias denuncias e incumplimientos de promesas de campaña, aunado a que la mayoría de quienes aspiran a gobernar desde las diferentes posiciones públicas, no cuentan con un liderazgo que atraiga efectivamente y sus propuestas son enunciadas sin concretar cómo las van a materializar, lo que las hace tan poco atractivas que, a estas alturas del debate, se percibe que no han logrado vencer el escepticismo y prender el entusiasmo de los electores.
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