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TAPANDO LO MALO CON LO BUENO

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09 de julio de 2012
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Uno de los problemas que tenemos en este tiempo es que a algunas personas les cuesta diferenciar entre lo bueno y lo malo: cuando en una persona se combinan actos buenos y actos malos, sólo se ve lo bueno y no se logra dimensionar las consecuencias de los actos malos.

El hecho de que alguien regale 1 o 500 casas y al mismo tiempo mate 1 o 500 personas no significa que hubo un empate. Lo bueno no borra lo malo. No es cierto el dicho popular e irresponsable de que el "que peca y reza, empata".

Se puede confundir fácilmente quien recibe de un delincuente el regalo de una casa, un mercado, un fajo de billetes o un favor especial, y por ello pensar que el delincuente "no es tan delincuente" porque hace ese tipo de cosas buenas. Pero el hecho de que esa persona haga 1 o 500 actos buenos (sea o no yo el favorecido) no borra ni el daño social que causa su industria del terror ni el manto de maldad que cree encubrir con actos de bondad.

Una cosa es una persona que en términos generales lleva un estilo de vida calificado de bueno y excepcionalmente comete un delito, y otra cosa es una persona que para sostener un estilo de vida delictivo crea a su alrededor toda una empresa criminal que incluye asesinatos, secuestros, desapariciones y un largo etcétera (aunque paralelamente pague muy buenos "sueldos" o esté regalando casas, mercados y fajos de billetes, así sea para ayudar a los pobres). Quizá, en el primer caso por un delito no se puede catalogar esa acción como un estilo de vida; pero en el segundo, indiscutiblemente sí.

Y es en la real dimensión moral de ese estilo de vida (por las consecuencias que riega por doquier) que no se puede dejar de ver el inmenso daño y las graves secuelas que esa forma de vida ha dejado en los últimos años para el país, sobre todo en términos del legado moral: por dinero, se hace lo que sea.

El hecho de que un reconocido delincuente le ayude a una madre cabeza de familia con un mercado no significa que sus actos delincuenciales queden resarcidos ni que el daño social sea reparado ni mucho menos que se pueda decir que su estilo de vida ha cambiado de malo a bueno. La mujer quedará agradecida, pero lo paradójico es que está dentro de lo posible que la próxima víctima sea ella misma, sus hijos o sus vecinos.

Los actos malos no se tapan con actos buenos, por muy buenos que sean. Lo último que nos faltaba es lo que está pasando: que a muchos les parecen buenos e imitables estilos de vida que sembraron y siembran miseria social, moral y, por lo tanto, económica. (Y hasta defienden y exaltan esas formas de actuar).

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