Algún día Johana Martínez Vega comprobó que no podía echarse a llorar con su impedimento físico. Bregó, con gran constancia, hasta meterse de lleno en una cancha a jugar tenis, el deporte que siempre quiso practicar.
Ahora, a punto de cumplir los 30 años de edad, Johanna ve, por fin, que el esfuerzo se compensa. Alcanzó el título de dobles del Abierto de Bélgica, donde igualmente conquistó el subtítulo de sencillos, dos logros importantes para la jugadora colombiana en silla de ruedas que, lastimosamente, carece de un patrocinio que le permita adelantar giras con más constancia.
Al nacer, Johana sufrió un síndrome de moto neurona superior que le produjo disminución de la masa muscular y acortamiento del miembro inferior izquierdo, limitación en fuerza muscular, reflejos y motricidad, según el detalle médico.
En Bélgica enfrentó a las mejores en sillas de ruedas, entre ellas las francesas Cathy Portier y Pauline Helouin. En la final, Martínez cayó 6-1, 6-4 ante la sudafricana Kgothatso Montjane, pero ganó en dobles, al lado de Montjane sobre la dupla alemana Claudia Fornefeld y Bianca Osterer.
"Fue un gira con muchas situaciones difíciles por falta de patrocinio pero satisfactoria por los resultados obtenidos", relata Johanna.
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