“Resguardada por patrullas de la Policía, la caja con La Gorda llegó a las 8:00 a.m. al sitio designado por el maestro Botero para colocar su escultura (...) Los curiosos estaban allí para ver cómo se quitaba cada tabla del guacal, asistir a las maniobras del montacargas y de la grúa... Y, sobre todo, ver a Botero dirigiendo la ‘operación destape’, que, según él, consistió en el ‘mayor strip-tease del arte’. Cerca de las 10:00 a.m., el trasero de La Gorda se pudo ver, y los curiosos soltaron la risa y aplaudieron esa primera aparición. Salían a la luz los cinco meses de trabajo. Fue la agonía final, tras casi dos meses de transporte desde Italia”.
Con estas palabras las cronistas de EL COLOMBIANO Lilliana Vélez de Restrepo y Ofelia Luz De Villa iniciaron la narración de lo que hace 40 años fue la llegada a Medellín de Torso desnudo de Mujer, la escultura de Fernando Botero que con el tiempo sería conocida con cariño como La Gorda, suceso que marcó un momento decisivo en la historia del arte en la ciudad.
Instalada en un punto neurálgico del Centro de Medellín, la obra no solo se convirtió en un referente urbano, sino que abrió el camino para una transformación que años después tendría uno de sus mayores hitos con la creación de la Plaza Botero tras la donación de 23 obras en el año 2000.
Pero tras visitar la zona, pareciera que ni a La Gorda ni a su entorno le hubieran pasado los años. Todavía sigue rodeada de vendedores ambulantes, de la estridencia de los carros y del comercio de la calle Colombia, del carro de la basura con el tañido de su campana, y de las parejas de novios y transeúntes que la usan como referencia para concertar citas.
Cuatro décadas después aún hay gente que genuinamente admira ese voluminoso torso de matrona, que se volvió la obra de arte más icónica de Medellín. Y por lo mismo posan a su lado.
Se “armó” La Gorda
Según las cronistas, ese lunes 15 de septiembre de 1986 terminarían casi siete meses desde que Botero culminara su obra y la trajera desde Italia hasta su ciudad natal. De acuerdo con los registros, La Gorda se fundió en Marianni, la fundición más antigua de Italia que para las fechas venía funcionando desde el siglo XVIII. De ella se hicieron otros dos ejemplares que terminaron en colecciones privadas de Los Ángeles y de Palm Beach en Estados Unidos.
Pero La Gorda no llegó a Medellín únicamente gracias al buen corazón del maestro Botero. El apoyo de los industriales de la época fue esencial para que Medellín tuviera su propia “Venus”.
Las cronistas recogieron que la ensambladora Sofasa donó el embalaje desde Pietra Santa hasta el puerto francés del que zarpó hacia Colombia. La extinta Flota Mercante Grancolombiana la llevó desde Europa hasta Cartagena. La empresa Almabic se encargó de las tortuosas gestiones de aduana. La empresa Zona Franca donó el bodegaje mientras salió la licencia de importación, asunto que tomó su tiempo. Suramericana de Seguros obsequió los seguros. Mientras que la transportadora Botero Soto la trajo por tierra desde Cartagena hasta Medellín. Finalmente EPM se apersonó de ponerla en el pedestal que donó el Banco de la República cerca de sus fuentes, punto donde La Gorda por fin descansó de su periplo y en el que está erguida hasta hoy.
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“Gracias a todos ellos y a Gilberto Echeverri, de Proantioquia, quien tuvo a cuestas el dolor de cabeza de coordinar todos los esfuerzos para que este regalo no costara ni un peso sino el sudor de muchos”, apuntaron.
A las 8:00 a.m., y escoltada como si fuera toda una celebridad, llegó al cruce de la carrera Bolívar con la calle Colombia el guacal que contenía a La Gorda.
Pocas imágenes de ese día sobreviven. Unos cortísimos videos y algunas fotos muestran al maestro dirigiendo la operación de desmonte. Botero se veía intranquilo, corriendo de un lado para otro, dando indicaciones y haciendo fuerza para que todo saliera bien. Parecía más un padre primerizo asistiendo al parto de una de sus hijas.
Después de las 10:00 a. m., cuando por fin la escultura quedó revelada, se dio un respiro final del que luego vinieron las risas y las ovaciones que se tomaron el espacio junto a los gritos de “¡Botero, Botero!” que lanzó el público y que, según los apuntes, el maestro confundió con un “¡grosero, grosero!”.
Las cronistas detallaron que El Torso desnudo de Mujer era una obra que no tenía ningún mensaje implícito, toda vez que el mismo Botero les dijo que era una declaración de sus principios plásticos.
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“No es la alegoría de la mujer antioqueña ni de su fertilidad. Es simplemente un torso. Uno hace obras de arte, no hace alegorías, ni comentarios”, añadió.
El maestro también comentó que prefería que la escultura estuviera a la mano de la gente. “Me encanta cuando la gente pone sus manos sobre una escultura porque las hago con ese criterio. Me gusta la idea de tenerla así, muy baja, porque no quiero darle ese carácter heroico que generalmente se le da a la escultura”, dijo.
Sobre el nombre que al final la gente le puso, el maestro Botero dijo: “En el fondo, el nombre real es el que le da la gente”.
En tono premonitorio, el Maestro pidió a la ciudad cuidar la escultura. “Que no vaya a haber atentados ni cosas de esas. Ni que le vayan a pegar publicidad política. Creo que la van a respetar”, agregó.
Y así ha sido hasta ahora. Salvo una que otra destemplada campaña política, y uno que otro talle de algún nombre a navajazos, La Gorda se ha mantenido “regia” en cuatro décadas.
En la tarde de ese 15 de septiembre, siguieron los respectivos actos protocolarios en los que la ciudadanía –representada en una multitud que se tomó el Parque de Berrío– recibió la obra, y en los que se ensalzó la figura del genial artista. A las 6:00 p.m., la ceremonia continuó en el Museo de Antioquia, donde a Botero se le concedió la condecoración al Mérito Cultural Porfirio Barba Jacob.
Eso sí, el asunto protocolario terminó más bien rápido porque el maestro había dejado claro que para las fechas tenía una agenda de trabajo apretadísima y que incluía exposiciones en Alemania y hasta Japón. Pero, al parecer de fondo también estaba el temor del artista de que se repitiera el bochornoso suceso que meses atrás se había dado en el mismo Museo de Antioquia donde una turba de “encopetados” seguidores asedió a Botero para que les firmara un almanaque que contenía sus obras.
La “piedra angular” de la plaza Botero.
De vuelta al presente, para María del Rosario Escobar –directora del Museo de Antioquia–, la decisión de Botero de venir personalmente y donar la escultura a Medellín tuvo un significado que trascendió la mera entrega de una obra de arte.
Escobar recordó que la donación ocurrió, además, en un momento particularmente complejo para la ciudad: el auge del narcotráfico y los primeros brotes violentos, la transformación de pueblo grande a urbe, y la llegada del Metro a Medellín.
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“Él hizo esa donación en un momento fundamental, cuando estábamos pasando por años muy difíciles. Y lo hace justamente en la plaza principal de la ciudad, y no en el interior de un museo o en un espacio reservado exclusivamente para el arte. Que un escultor tan importante en el mundo, pero tan orgullosamente antioqueño, hiciera ese acto no solo brindó mucha autoestima en ese momento sino que dejó un profundo significado en lo urbano y en lo simbólico”, añadió.
Para Escobar, Botero también generó un hecho fundante urbano y estético en Medellín al donar a La Gorda en vez de un hombre, un guerrero, un prócer, o un héroe; y encima al ubicarlo a poca altura para volverla en un elemento cercano a la ciudadanía, tanto que se volvió en un referente de ciudad.
Y es que en eso si hay que ser tajantes, pues por un lado –tal vez hasta hoy– La Gorda es el ícono artístico de Medellín. Cientos de camisetas postales y mercadería para turistas así lo dejan ver.
Y por el otro, aparte de las escaleras de Camino Real y antes de que se masificaran los celulares, La Gorda era el punto para pactar citas. Frases como “Nos encontramos en La Gorda”, “nos vemos en los pies de La Gorda” o “a las 5:00 p.m., donde, la Gorda del Parque”, hacen parte de la idiosincrasia local.
De otro lado, la directora Escobar también comentó que la llegada de La Gorda a Medellín puede leerse como el comienzo del proceso de intervención artística de Botero en la ciudad.
De hecho, hace 40 años, el maestro dijo: “Mi idea es seguirles dando obras y obviamente seguir colaborando con Medellín, hasta donde yo pueda, porque es un sitio que quiero tanto. Primero deseo observar la reacción que va a haber con esta obra. Si la van a querer”.
“Todo esto empieza con La Gorda, tiene un punto máximo con las obras del Parque de San Antonio y la Plaza Botero y un punto culminante en San Cristóbal con El Gato”, apuntó Escobar.
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40 años después de la instalación de La Gorda, el desafío ya no consiste solamente en celebrar su importancia histórica, sino en comprender qué significa como patrimonio para la Medellín de hoy y cómo debe ser protegido hacia el futuro. Aun así, la directora considera que el paso del tiempo ha confirmado una de las principales intenciones del artista: lograr que sus obras fueran cercanas a la gente y generaran una relación afectiva con el público.
“Él siempre se sintió muy orgulloso, siempre le dijo a sus hijos y en general al público que él consideraba que lo que estaba pasando con sus obras era perfecto porque lo que más le interesaba era la cercanía y la capacidad del arte de tener una conversación real y directa con la gente”, detalló.
El reto para Medellín consiste ahora en preservar esa relación sin perder de vista las exigencias de conservación. “Será nuestro trabajo y nuestro compromiso conservar obras como La Gorda en medio del mundo en el que estamos ahora. Y ahí pues tenemos un gran reto por cumplir”, apuntó la directora.
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Eventos por los 40 años en el BanRep
El Banco de la República y el Museo de Antioquia realizarán una programación cultural como forma de celebración de los 40 años del emplazamiento del Torso desnudo de mujer, la emblemática escultura de Fernando Botero conocida como La Gorda.
La idea es celebrar la llegada de este monumento que, más que una obra de arte, ha sido durante décadas un punto de encuentro, referencia y escenario de miles de historias y recuerdos en el corazón de la ciudad.
“Te invitamos a una tarde de memoria, conversación y celebración para reflexionar sobre los desafíos de conservar el arte en el espacio público y reconocer el valor patrimonial, cultural y afectivo que esta escultura tiene para Medellín”, apuntaron.
A las 3:00 p.m. se dará inicio a una exposición de fotos de la ciudadanía en la que se encuentren compartiendo con La Gorda. La gente también las podrá publicar en redes citando en Instagram a @banrepculturalmedellin y @museodeantioquia.
A las 4:00 p. m. se hará el conversatorio Arte en espacios públicos, un reto para Medellín. Y a las 5:00 p. m. se le cantará el cumpleaños a la “cuarentona más famosa del centro” justamente en el pedestal donde está la obra.
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Bloque de preguntas y respuestas
- ¿Cuándo y cómo llegó La Gorda de Botero al centro de Medellín?
- La escultura
Torso desnudo de mujer de Fernando Botero llegó el 15 de septiembre de 1986 al cruce de la carrera Bolívar con la calle Colombia, tras un complejo proceso de transporte desde Italia apoyado por empresas antioqueñas.
- ¿Qué significa La Gorda de Botero para la historia y la cultura de Medellín?
- Donada por el maestro Fernando Botero en un momento de auge de la violencia y narcotráfico, la escultura se convirtió en un símbolo de identidad urbana, un punto de referencia entrañable y el inicio de la intervención artística del maestro en el espacio público.
- ¿Cómo se celebran los 40 años de La Gorda en Medellín?
- El Banco de la República y el Museo de Antioquia organizan una programación especial que incluye una muestra de fotos ciudadanas, un conversatorio sobre el arte en espacios públicos y una celebración de cumpleaños en el pedestal de la obra.