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Benedicto XVI: el Papa que marcó a la Iglesia moderna

Entre escándalos por violaciones y una preocupación por la doctrina católica transcurrió su papado. Este es el legado que deja huella en la Iglesia del siglo XXI.

  • Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI, ejerció su pontificado entre 2005 y 2013. Se alejó de la dirección de la Iglesia Católica por una enfermedad. FOTO Getty
    Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI, ejerció su pontificado entre 2005 y 2013. Se alejó de la dirección de la Iglesia Católica por una enfermedad. FOTO Getty
08 de enero de 2023
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Unos zapatos negros resaltaban en el traje blanco impoluto. Su pecho iba descubierto sin la cruz pastoral y sus hombros parecían desnudos sin la cinta circular con cruces. Fue la primera vez que enterraban a un Papa sin las prendas que adornan los restos mortales de los altos jerarcas, y fue también la última vez que el mundo le dijo adiós a Joseph Ratzinger: el pontífice que pasará a la historia como uno de los más grandes teólogos del siglo XX y como el único en la historia de la Iglesia en renunciar a su cargo.

Solo bastaron 26 horas para que Joseph Aloisius Ratzinger se convirtiera en Benedicto XVI, en 2005, y con él iniciara una era marcada por la controversia y la singularidad. Se convirtió en el tercer Papa en ser elegido más rápido desde que se celebran los cónclaves y en el primero en 600 años en renunciar al papado. A su vida –que finalizó este 31 de diciembre de 2022– se le suman su pasado en el Ejército Nazi, su cercanía con Juan Pablo II, los escándalos durante su pontificado y una apuesta filosófica de la fe.

Parecía un designio celestial. Nació un sábado santo en Marktl, Alemania, y ese mismo día, 16 de abril de 1927, lo bautizaron. Creció al sureste de ese país y –mientras se gestaba la Segunda Guerra Mundial– Ratzinger comenzaba su vida espiritual.

A sus 16 años ingresó al seminario, pero fue obligado a formar parte de las filas del Ejército Nazi y servir como auxiliar antiaéreo desde 1943. Allí pasó dos años hasta que escapó para más tarde ser arrestado por los estadounidenses. Durante su tiempo en prisión se dedicó a escribir a lápiz en una libreta con abreviaturas que solo su hermana podía descifrar. Desde ahí nació su pasión por la escritura y la teología.

Sin embargo, el llamado divino nunca lo abandonó. Para 1951 volvió al seminario para ordenarse como sacerdote y escaló rápidamente en la jerarquía de la Igelsia. En su paso por el Vaticano, fue parte de los cónclaves para la elección de Juan Pablo I y Juan Pablo II.

Ratzinger también fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante 24 años. En ese tiempo, el Vaticano le encargó la aplicación de la doctrina eclesiástica y la disciplina del clero. Juan Pablo II lo nombró decano del Colegio Cardenalicio. Aunque presentó su renuncia tres veces, el Papa nunca aceptó la solicitud, sabía que podía convertirse en su sucesor.

Esa relación entre Juan Pablo II y Ratzinger estuvo marcada por la reconciliación y la admiración. Según medios locales, el Papa de origen Polaco, un país arrasado por los alemanes nazis, no tomaba ninguna decisión sobre la doctrina católica sin antes escuchar el consejo del entonces cardenal. En ese sentido, el vínculo entre los dos Papas es una muestra de la tregua que tuvo Europa.

Cuando falleció Juan Pablo II, el 19 de abril de 2005, Ratzinger pensó en dedicarse a la Teología. No soñaba con ser Papa y sabía que no iba a volver como prefecto. Pero, menos de dos días después, fue elegido para ser Benedicto XVI.

Desde el inicio de su pontificado luchó contra la flexibilización de los principios de la Iglesia frente a la sociedad moderna. Pensaba que era mejor perder algunos católicos con el fin de no hacer a la Iglesia más liberal. Esa postura no fue solo durante su ejercicio como Papa sino que lo acompañó durante toda su vida teológica.

El 19 de enero de 2004 fue una fecha clave para entender su doctrina filosófica, pues cuando aún era prefecto tuvo un debate con uno de los filósofos alemanes más importantes del siglo XX, Jürgen Habermas. En la conversación, ambos, desde esquinas opuestas –la razón y la fe–, encontraron puntos en común sobre el funcionamiento del Estado. Las conclusiones quedaron en el libro Dialéctica de la secularización.

Esa postura, que marcó su papado, lo acompañó hasta su renuncia al cargo, otro de los grandes hitos que sentó ante la Iglesia Católica. Fue el primero en 600 años en dejar voluntariamente su figura como Papa bajo la excusa de sus quebrantos de salud y no por la presión de los escándalos de pedofilia que envolvían a la Iglesia (ver Radiografía).

Los zapatos rojos que llevan los Papas al ser enterrados, y que evocan la sangre derramada por los mártires siguiendo los pasos de Cristo, no los lució Benedicto XVI el día de su muerte. Sin embargo, sus huellas en la religión católica lo mantendrán relevante gracias a un legado sin precedentes en el siglo XXI.

Tras su entierro, ocurrido el pasado jueves 5 de enero, el Vaticano anunció que el cuerpo de Benedicto XVI podrá ser visitado a partir de este domingo.

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