La reforma al sistema de salud de Estados Unidos, propuesta bandera de Donald Trump para ganar la presidencia, se estancó por profundas divisiones en el Congreso. Si bien en la noche del martes el Senado votó 51-50 para comenzar a debatir la derogación del sistema de salud vigente (Obamacare), los republicanos no han logrado consenso para ir más allá del inicio de la sesión legislativa.
En la mañana de ayer arrancaron las discusiones en Washington, pero los republicanos (mayoría en el Congreso) no se pusieron de acuerdo, pese a que el mandatario lo pidió con insistencia. El resultado en la tarde fue que el Senado rechazó la propuesta de frenar el grueso del Obamacare sin que este tenga un reemplazo. Esto no quiere decir que no se seguirán discutiendo reformas puntuales a dicho sistema, pero ya se puede decir que fracasó la iniciativa de Trump tal y como la había prometido a su electorado.
En el centro del debate pesó el hecho de que la reforma elevaría el número de personas sin seguro médico. La Oficina Presupuestaria del Congreso advirtió que solo en un año serían 17 millones los afectados, y en un decenio, 60 millones de personas. La nueva norma, elaborada a puerta cerrada por el senador Mitch McConnell y de la que los congresistas conocían solo un resumen, proponía retirar también el requisito de que cualquier ley de salud debe tener afiliada a la mayoría de la población de EE. UU.
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