Con sello de impunidad o la consabida nota de rechazo, típica en los incidentes fronterizos, seguramente se saldará el crimen Libardo Fuentes Hernández, muerto por la guardia venezolana que, en nombre de la “defensa de su soberanía” lo silenció a tiros de fusil cuando intentó defender su derecho al trabajo. Fuentes manejaba una retroexcavadora, sacando material de playa del río Táchira, que marca la línea fronteriza. Llevaba más de 30 años en ese oficio, en ese mismo río, atendiendo demandas de material de uno y otro lado de la frontera. Además del crimen se quedaron con la retro. No hay derecho.
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