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Su imaginación está fuera de este mundo. Una mirada a la vida y la personalidad del empresario sudafricano.
Es 6 de febrero de 2018. Sus labios carnosos se mueven despacio mientras cuenta: cinco, cuatro, tres, dos, uno. Cuando llega a uno se queda mudo y deja la boca medio abierta. Hay un silencio. Elon Musk no se la cree: con sus propios ojos ve cómo su cohete, el Falcon Heavy, es lanzado al espacio. “Ha despegado”, dice Musk. Hay una nube de polvo gigante, hay fuego. En su cara se dibuja el asombro y pareciera que tiene ganas de llorar, pero no llora. La gente aplaude y él salta como un niño al que se le acaba de cumplir un sueño.
Y es que es un hombre exótico al que no le basta con estar revolucionando el mundo, también lo quiere hacer en el espacio: con su compañía de cohetes SpaceX planea volver a llevar humanos a la Luna en esta década.
Una infancia difícil
Es el mayor de tres hermanos. Su madre se llama Maye Musk, modelo y nutricionista, y su padre, Errol Musk, un ingeniero electromecánico con quien no tiene la mejor relación. “Es un ser humano terrible, casi todas las cosas malas en las...