Un estudio analizó las respuestas de más de 600 hombres y 200 mujeres ante figuras masculinas generadas por ordenador, con variaciones en altura, forma corporal (relación hombro-cadera) y tamaño del pene.
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Ambos sexos coincidieron en considerar más atractivos o imponentes una mayor estatura, una silueta en forma de V y un pene más grande. Sin embargo, se detectó una diferencia psicológica crucial. Las mujeres mostraron un límite claro: más allá de un punto, los rasgos exagerados dejaban de aumentar el atractivo. En cambio, los hombres percibieron sistemáticamente a las figuras con esos rasgos exagerados como rivales más peligrosos y sexualmente competitivos.
“Los hombres calificaron a los rivales con penes más grandes como más amenazadores”, explicó Upama Aich, autora principal del estudio. Esto sugiere que los varones tienden a sobreestimar la importancia que las mujeres otorgan a estas características.
Los investigadores plantean que, antes de la invención de la ropa, el pene era un rasgo prominente que servía como señal visual. Concluyen que, aunque su tamaño puede influir en la percepción de la capacidad de lucha (como posible indicador de testosterona), su evolución estuvo más impulsada por la selección sexual femenina.
Michael D. Jennions, coautor del estudio, señala que su tamaño inusual evolucionó principalmente como un “ornamento sexual” para atraer a las hembras, más que como una simple “insignia de estatus” para intimidar a otros machos, aunque hoy cumpla ambas funciones en el imaginario social.
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No obstante, el estudio aclara que la estatura y la forma del cuerpo (hombros anchos) siguen siendo factores más determinantes que el tamaño genital cuando los hombres evalúan la peligrosidad de un oponente en una pelea.
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