Nevardo Escudero Rodríguez desapareció hace 17 años pero su recuerdo camina por las calles de Urabá. Y no es una simple figura retórica, pues entre las múltiples habilidades que poseía, era maquillador y tatuador, de manera que las figuras que dibujó en la piel de sus clientes son aún admiradas en la región agroindustrial.
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La familia tuvo hace pocos días el alivio de recibir su cuerpo y darle cristiana sepultura al lado de otros seres queridos, luego de ser reconocido en el cementerio Nuestra Señora de las Misericordias, ubicado en el barrio Pueblo Nuevo, de Caucasia, por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD).
Cuando el equipo forense llegó a ese camposanto, el 17 de julio de 2025, en medio de una misión para escudriñar si entre las 25 bóvedas de tres pabellones había víctimas del conflicto armado que ha vivido el país, quitaron una lápida de fondo blanco con las letras casi ilegibles por el deterioro del tiempo. No obstante, después de múltiples averiguaciones supieron que quien reposaba allí era Nevardo, el hijo de Alba Rodríguez.
En total, esa intervención permitió recuperar 26 estructuras óseas y otros elementos asociados a ellas, de los cuales se ha logrado la identificación de 14 personas y que por esa vía han recuperado sus hombres.
La cita para la entrega del cuerpo de Nevardo a sus allegados fue en el corregimiento Bejuquillo, de Mutatá, donde este habitaba en el momento de su vida en que se le perdió el rastro. Allí, en el cementerio comunitario de ese centro poblado, estuvieron su mamá, varios tíos, uno de sus hermanos con la descendencia, amigos y vecinos que se despacharon con las ocurrencias de ese ser que los hacía reír hasta el cansancio.
-Era de esos hombres que convierten la vida cotidiana en una fiesta sin proponérselo, dijo alguien.
De manera virtual también acudieron quienes no pudieron viajar a la cita pero pidieron que alguno de los presentes escribiera por ellos, sobre una tela y con marcadores de colores. los sentimientos que les suscitaba Nevardo.
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Todos coincidían en que era un buen conversador y que bien podían quedarse todo un día o toda una noche hablando con él y sin aburrirse.
Alba lo caracteriza como un artista empírico cuyo fuerte era el dibujo, el maquillaje permanente y el tatuaje.
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