Los cafeteros del Suroeste antioqueño, donde se produce el 60% del grano que sale de este departamento, están haciendo sus rogativas para que las lluvias disminuyan y el sol afine; de eso depende la principal cosecha de este año, y por lo tanto el bienestar de sus familias.
Los aguaceros que se extendieron más allá de la temporada de lluvias que son tradicionales entre octubre y mediados de diciembre, en 2025 se prolongaron por todo el último mes y lo que va de enero, generando zozobra. Eso tiene preocupados a los campesinos y la razón es que las flores del café necesitan luz y calor para animarse a salir con el fin de seguir su transformación en fruto, pero resulta que el frío intenso, que muchas veces ha llegado hasta los cuatro grados centígrados, ha hecho que se escondan.
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En el mejor de los casos, la cosecha se retrasaría, pero incluso podría reducirse drásticamente porque cuando las flores no abren en el momento preciso se caen; y sin flores no hay después las cerezas que albergan la almendra de donde sacan finalmente la bebida de exportación.
Alonso Suárez, quien tiene una parcela en la zona rural de Betulia y es representante de Dignidad Cafetera en esa zona, explica que “es algo que no se veía hace mucho tiempo. Si no hacen unos días de sol, esa floración, que es una de las principales, se perdería y afectaría demasiado la producción”.
Las consecuencias no se verían, según él, en la traviesa, que es como se llama a la recolección que ocurre entre abril y mayo, pues esta corresponde a flores que ya germinaron, sino la que se espera dentro de ocho meses, de septiembre en adelante, y que es la más importante en esta sección del país.
En contraste, en el Huila, por ejemplo, no se estarían afectando tanto porque allí la cosecha principal es la primera del año, es decir que sus cafetos ya cumplieron con la floración para ese propósito.
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Suárez sentencia que “el año pasado ya tuvimos una disminución en la cosecha de hasta el 60%, y si el invierno continúa, este año podría ser peor”. La cifra promedio para toda Antioquia, de acuerdo con el Comité Departamental del ramo, estuvo entre el 30 y el 40 por ciento.
La paradoja es que, en contraste, los costos podrían incluso aumentar porque si un trabajador no puede laborar por un aguacero se pierde el día y como si fuera poco, las malezas crecen con más celeridad en el invierno.
Y se podría configurar la “tormenta perfecta” considerando el incremento en el costo de la mano de obra por la suba acelerada del salario mínimo en un 23,7%, si la cotización internacional sigue bajando y si el peso se sigue apreciando, después de una temporada que fue favorable porque el guarismo internacional llegó a cifras históricas e hizo superar la barrera de los tres millones de pesos por carga de 125 kilos. El precio en la bolsa de Nueva York sigue siendo competitivo, a US$3,65 la libra (precio para el pasado fin de semana), pero la depreciación de la divisa norteamericana ha hecho que la compensación para los cafeteros dentro del país por su trabajo baje a 2.560.000 pesos.
Y a pesar de que el precio ha fluctuado, la rentabilidad aún se mantiene sostenible como para compensar los gastos, algo que queda en veremos dependiendo del comportamiento del clima en las semanas que se avecinan.
En el caso de Alonso Suárez, en su finca de una hectárea en la vereda León, de Betulia, el café disminuyó a la mitad entre 2024 y 2025. “Pasé de recoger 23 cargas a solo 12”, dice.
Alexander Taborda, presidente del Comité Departamental de Cafeteros, comparte la misma percepción catastrófica de Suárez para el caso de que en las próximas dos semanas el astro rey no alumbre de nuevo con toda su fuerza.
Apuntó que el Suroeste es especialmente vulnerable por su cercanía con el Chocó biogeográfico, que es considerada la segunda área más lluviosa del mundo. Otras zonas también cafeteras son el occidente y el nordeste, pero su situación en este caso sería menos apremiante por tener un régimen de climas diferente.
Para Taborda, la actual situación hace pensar en 2023, un año extremadamente lluvioso y con menos horas de luz de las necesarias en el que los cafeteros recolectaron si acaso entre un 30% y un 40% de sus cosechas habituales. Por fortuna la situación mejoró en 2024, pero volvió a decaer en el periodo siguiente.
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“Este enero comenzó con lluvias muy marcadas durante las dos primeras semanas. Aunque disminuyeron un poco en la tercera semana, estas precipitaciones amenazan los días más críticos para la floración de la cosecha del segundo semestre, que es la cosecha del departamento de Antioquia”, apuntó.
De hecho, recordó que el IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) vaticinó una posibilidad de ocurrencia del fenómeno de La Niña de entre el 30% y el 50%.
En esta temporada, que normalmente debería ser seca, genera en el cafeto el estrés hídrico y la luz necesaria para que reaccione biológicamente con una abundante floración y esa es una condición fisiológica natural para la producción de semillas; no obstante, en este periodo ha llovido de manera contraria a lo normal e incluso se han presentado torrenciales aguaceros en muchas partes de Antioquia, según dice al pronosticar la posibilidad de que se repitan los malos resultados de 2025.
“Un segundo año consecutivo de disminución sería catastrófico para los productores debido al alto costo de sostenimiento del cultivo, la presión de la mano de obra y el costo de agroinsumos. Además, la alta humedad relativa incrementa el ataque de hongos como la roya”.
Los daños se notarían en una especie de efecto dominó, pues, como ya se dijo, del suroeste sale el 60% del café de Antioquia, un departamento que a su vez responde por el 14 por ciento de la producción nacional.
“Si coinciden una tasa de cambio baja, una caída en precios internacionales y poca producción, la situación será muy compleja”, apuntó Taborda.
Y aunque a primera vista las soluciones parecen esquivas, pues el comportamiento de las nubes escapa a la voluntad de los seres humanos, Taborda asiente que este tipo de fenómenos tienden a ser más repetitivos en el futuro con el cambio climático, por lo cual el riesgo no puede seguir recayendo solo sobre el productor.
Así lo han planteado en las discusiones que han emprendido con la Gobernación de Antioquia y lo volverán a hacer en las mesas de trabajo que están citadas para febrero.
Entre las medidas propuestas están la sensibilización frente al cambio climático, la necesidad de establecer seguros para los créditos contraídos con la banca, el análisis de suelos y uso de instrumentos tecnológicos como el monitoreo digital para tomar decisiones basadas en datos, y el suministro de fertilizantes.