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¿En realidad sirven las montañas de Antioquia como escudo frente a los terremotos?

En redes sociales han surgido diversas explicaciones sobre por qué Antioquia no sufrió tantos daños. Uno de ellos es que las montañas nos protegen, pero la realidad es más compleja.

  • En Antioquia hay 198 fallas geológicas y se han registrado 396 sismos desde 1869. Foto: EL COLOMBIANO.
    En Antioquia hay 198 fallas geológicas y se han registrado 396 sismos desde 1869. Foto: EL COLOMBIANO.
hace 1 hora
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En Medellín, aunque el terremoto también se sintió con fuerza, el saldo fue considerablemente menor, comparado con otras ciudades y pueblos cercanos.

Esa diferencia hizo circular rápidamente una teoría reconfortante: que las montañas de Antioquia, o incluso el batolito antioqueño, funcionan como un escudo natural contra los terremotos.

EL COLOMBIANO revisó los mapas oficiales del Servicio Geológico Colombiano (SGC) y consultó a un experto en geotecnia para separar el mito de la evidencia.

Lea más: ¿El batolito antioqueño nos salvó? La verdad de por qué Medellín no sufrió la peor parte del terremoto

No hay tal escudo

César Augusto Hidalgo Montoya, doctor en geotecnia y profesor de la Universidad de Medellín, explica que es difícil afirmar que el privilegio de tener montañas ya implique una protección antisísmica, pues hay otras regiones montañosas que han tenido serios embates sísmicos.

Manizales, por ejemplo, está en una montaña y sufrió más daños que Medellín con este mismo sismo. En ese sentido, explica que no hay una correlación entre la presencia de las montañas y el menor efecto posible de una onda sísmica. “Son muchos factores los que se conjugan ahí”, concluye.

La divulgadora de ingeniería sísmica, Gina Villalobos, también desmintió el mito del batolito antioqueño; esa estructura de roca ígnea de más de 100 kilómetros cuadrados que está bajo Antioquia no funciona como un blindaje. Las ondas sísmicas la atraviesan “como un fantasma atravesando paredes”: no las atenúa de forma significativa, pero tampoco las amplifica.

¿Por qué Medellín no resultó tan afectada?

Pero si no son las montañas ni el batolito, ¿entonces qué explica la diferencia? La respuesta no es sencilla. Es la combinación de varios factores. Para empezar, la distancia del epicentro de un sismo importa mucho.

La energía de un sismo se atenúa a medida que viaja, perdiéndose en forma de calor y fricción. Pereira, una de las ciudades más golpeadas, está a apenas 50 kilómetros en línea recta del epicentro en San José del Palmar. Medellín está a más de 260 kilómetros. Esa distancia, por sí sola, ya reduce drásticamente la fuerza con la que llega la onda.

Por otro lado, Medellín está en zona de amenaza sísmica media, mientras las regiones más afectadas están en zonas de amenaza alta. Según los mapas del SGC, la mitad de Antioquia —el Suroeste, el Occidente, Urabá, el sur del Valle de Aburrá y la parte más al sur del Oriente— está catalogada con un nivel de amenaza más alto que el resto del departamento.

Sin embargo, el Valle de Aburrá central, donde está Medellín, cae en una categoría menor. En cambio, toda la costa Pacífica (Chocó, Valle del Cauca, Nariño) y el Eje Cafetero están en zona de amenaza alta.

En últimas, el Pacífico es la zona de subducción entre las placas Nazca y Suramericana, el motor geológico que produce los sismos más fuertes del país. Además, algunos suelos son capaces de amplificar las vibraciones de un sismo.

“La onda sísmica es un movimiento oscilatorio que se produce por la rotura de un fragmento de roca, y esa vibración se mueve a través del material donde se generó. Una cosa es a través de una roca muy sólida y densa, y otra muy diferente cuando ya pasa a un suelo de menor densidad”, explica Hidalgo.

Si el suelo es una arcilla blanda, una arena o una mezcla de materiales, la onda puede amplificarse. Villalobos advirtió que algunos suelos tienen el potencial de multiplicar la fuerza de una onda sísmica hasta diez veces. Medellín tiene zonas con suelos blandos que sí representan ese riesgo, por eso no debe confiarse en que está exenta de él. La topografía también es capaz de modificar las ondas.

A esto los expertos lo llaman “efecto de sitio”: la combinación de suelo y topografía de un lugar específico, que puede atenuar o amplificar lo que llega a la superficie. Sin embargo, ese efecto no funciona igual en toda una región montañosa sino que depende del punto exacto. Es decir, las montañas de Antioquia no son un escudo.

La diversidad del suelo antioqueño

Otra idea que conviene desmontar es que Antioquia tiene un solo tipo de suelo o un comportamiento geológico uniforme. En realidad, el departamento presenta ocho órdenes distintos de suelo, resultado de la combinación de planicies marinas, valles aluviales, lomeríos y alta montaña.

Por ejemplo, en algunas zonas cafeteras y lecheras hay suelos formados a partir de cenizas volcánicas y tienen una estructura física de baja densidad y alta porosidad. Pero en laderas de clima cálido húmedo hay suelos más evolucionados y arcillosos. Ambos son sensibles a los sismos de una u otra forma. La diversidad de suelos puede determinar qué tan fuerte se siente el temblor cuando llega.

Es importante entender que la mezcla de montañas, más ciertos tipos de suelo, la presencia o ausencia fallas geológicas y otros factores, sí pueden hacer que un terreno sea más o menos susceptible a los sismos, pero es la suma del todo más no la fuerza de solo una parte.

Infográfico
¿En realidad sirven las montañas de Antioquia como escudo frente a los terremotos?

Las fallas geológicas

Donde sí hay una correlación clara y contundente, según Hidalgo, es entre los sismos históricos y la ubicación de las fallas geológicas. “Si tú superpones los sismos con los mapas donde están identificadas las fallas, eso te va a coincidir muy bien”.

Antioquia está atravesada por el sistema de fallas Cauca-Romeral, que recorre casi todo el occidente colombiano de sur a norte, más o menos paralelo al cañón del río Cauca. En el departamento se han identificado 198 fallas geológicas, muchas de ellas ramales de ese sistema mayor.

El mapa de riesgo sísmico y el de amenaza por movimientos en masa coinciden en señalar las mismas zonas críticas: el Occidente y el Suroeste antioqueño. Ahí se concentran los municipios ribereños del río Cauca —Santa Fe de Antioquia, Olaya y otros—, atravesados directamente por el sistema Cauca-Romeral, y además ubicados en la cordillera Occidental, más cercana a la zona de subducción del Pacífico que la cordillera Central.

Según el registro histórico del SGC, desde 1869, Antioquia ha tenido 396 sismos con epicentro dentro de su territorio, la mayoría de ellos en el centro del departamento. Sin embargo, los sismos más destructivos históricamente registrados ocurrieron en el Urabá.

El más recordado es el terremoto de Murindó en 1992, de magnitud similar al del 10 de agosto y también provocada por la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana.

Según Hidalgo, aunque los sismos ocurridos en Urabá han sido menos, su magnitud ha sido más alta y han sido más destructivos. “Mientras que en el Occidente o el Suroeste puede haber más sismos, pero nunca de la magnitud del que ocurrió allí en Murindó”, explica Hidalgo. A eso se suma otro factor decisivo: la calidad de las construcciones.

El factor que sí controlamos

Si hay algo en lo que absolutamente todos los expertos consultados por EL COLOMBIANO coinciden es que la antigüedad y calidad de las edificaciones explica buena parte de por qué un mismo sismo deja daños tan distintos entre una región y otra.

Colombia no tuvo una norma oficial de sismorresistencia hasta 1984, cuando se expidió la CCCSR-84. Esa norma es el antecedente directo de la NSR-10, la que rige hoy la construcción en el país.

El problema es que se calcula que más del 60% de las edificaciones de Medellín son anteriores a 1984, cuando no existía ninguna obligación de construir con criterios sismorresistentes.

“Si yo tengo dos edificaciones de concreto, pero una ya tiene 100 años y la otra apenas tiene 10, es más probable que la de 100 años ya tenga los materiales más desgastados, que haya sufrido más sismos previamente y que ya esté con algo de enfermedad estructural”, ejemplifica Hidalgo.

A esto se suma un problema estructural más profundo en Antioquia: la autoconstrucción informal, especialmente en las laderas del Valle de Aburrá, sin planos, sin ingeniero calculista y muchas veces economizando en materiales.

Lo importante es la preparación

Diego Peña, geólogo y subdirector del Dagrd, coincide en que ni la antigüedad ni la altura de un edificio determinan por sí solas su nivel de seguridad: lo decisivo es el cumplimiento normativo y las evaluaciones estructurales periódicas. “El daño causado por un sismo no depende únicamente de la magnitud o la profundidad del evento, sino principalmente de la vulnerabilidad de las estructuras expuestas”.

La conclusión a la que llegan todos los expertos consultados no es tranquilizadora ni alarmista, es sencillamente práctica. Colombia es, y seguirá siendo, un país de amenaza sísmica alta, particularmente en su zona occidental. Eso no se puede cambiar.

Lo que sí está en manos de los ciudadanos e instituciones es reducir la vulnerabilidad. “La amenaza siempre va a estar. Lo que nosotros tenemos que buscar es cómo disminuir la probabilidad de que haya daños y de que haya muertos. Eso es lo que podemos realmente prevenir”, resume Hidalgo.

Su recomendación es que si se va a construir o a comprar vivienda, verificar que cumpla con la norma sismorresistente vigente y que haya sido diseñada por profesionales calificados.

Antioquia no tiene un escudo de montañas ni un batolito protector. Tiene, eso sí, menos exposición directa a las fuentes sísmicas más activas del país que otras regiones, y una ventaja que sí depende de nosotros: la posibilidad de construir, revisar y reforzar mejor.

Entérese: Nuevo balance del terremoto en Antioquia: crece a 102 la cifra de municipios afectados

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Bloque de preguntas y respuestas

¿Es cierto que las montañas o el batolito antioqueño funcionan como un escudo contra los sismos?
No, es un mito. Expertos en geotecnia del SGC desmintieron esta teoría. Las ondas sísmicas atraviesan el batolito antioqueño (roca ígnea subterránea) sin frenarse significativamente. La presencia de montañas tampoco garantiza protección, como lo demuestra Manizales, ciudad montañosa muy golpeada por el mismo evento.
¿Por qué el terremoto se sintió fuerte en Medellín pero causó menos estragos que en el Eje Cafetero?
La diferencia radica en varios factores, uno de ellos es la distancia del epicentro. Mientras Pereira estaba a solo 50 kilómetros de la falla en San José del Palmar, Medellín se encuentra a más de 260 kilómetros, lo que permitió que la energía sísmica se disipara en forma de calor y fricción a lo largo del trayecto.
¿Qué zonas de Antioquia tienen la mayor amenaza sísmica?
El Suroeste, el Occidente, Urabá y los municipios ribereños del río Cauca están catalogados con amenaza sísmica alta por estar sobre el sistema de fallas Cauca-Romeral y más cerca de la zona de subducción del Pacífico. Históricamente, Urabá ha registrado los terremotos más destructivos del departamento, como el de Murindó en 1992.

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