Café Society, de Woody Allen

El amor en dos ciudades

Oswaldo Osorio

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Es la misma película, con los mismos temas, contada de la misma forma, y aun así, sigue diciendo cosas nuevas, sigue cautivando con su humor sofisticado, sus ingeniosos diálogos, sus personajes entrañables o pintorescos y sus reflexiones morales o existenciales. Hacer esto, después de casi medio centenar de películas, está reservado para artistas con genio que solo eventualmente surgen en la historia del cine.

Por eso esta última película de Woody Allen es, a la vez, una conocida y nueva experiencia. Es conocida porque vuelve al Nueva York y al Hollywood de los años treinta, porque otra vez los encuentros y desencuentros amorosos están en el centro de su relato y porque los gansters, los judíos y el mundo del espectáculo completan ese universo ya complejo de las relaciones afectivas. Son los ingredientes de siempre servidos y marinados de forma diferente para obtener una grata variación de un conocido sabor.

Entonces está el joven ingenuo y romántico Bobby, quien de Nueva York se va a Hollywood, donde su tío Phil, un exitoso agente, que le ayudará a conseguir trabajo. Allí se enamora de Vonnie, pero ésta tiene un novio mayor, aunque también ama a Bobby, que luego regresa a su ciudad a gerenciar el club que el ganster de su hermano adquirió. Con esto ya está servida una comedia romántica en la que su trama da saltos entre una ciudad y otra, entre el amor romántico y por conveniencia, y entre el mundo del crimen y la glamurosa vida de los famosos y poderosos.

Con todos estos elementos, entonces, Woody Allen obra su magia de genio inagotable. Despliega el encanto, las dudas y angustias de sus protagonistas frente a dilemas morales o románticos; los rodea de un abanico de secundarios sabios, carismáticos o patéticos; pone a competir a las dos ciudades en sus cualidades y defectos; y todo esto conectado por un narrador que hace del relato la crónica de una época, del contraste entre dos estilos de vida muy estadounidenses y del inaprensible vaivén de los sentimientos cuando el amor se torna esquivo, ambiguo o caprichoso.

Con el jazz siempre de fondo, y esta vez aún más al estar justificado por la época; con la estilización y sofisticación, no solo del vestuario y decorado propios del periodo, sino de ese tipo específico de personajes pertenecientes al mundo del espectáculo o de la alta sociedad; y para ajustar la delicada y fascinante belleza de todo el conjunto, otro genio, esta vez de la luz y la composición: el director de fotografía Vittorio Storaro, quien le dio ese acabado de romance y evocación que el relato requería.

No es la mejor película de este entrañable cineasta, ni tampoco sorprende mucho con hondas revelaciones ni grandes temas, pero es en los detalles, en los matices y las inflexiones de ese discurso que le conocemos de sobra, donde se encuentra todavía el encanto de unas historias, personajes y universos que nunca dejan de ser ingeniosos y estimulantes.

24 semanas, de Anne Zohra Berrached

La decisión de Astrid

Oswaldo Osorio

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¿Abortaría usted si supiera que su hijo va a nacer con síndrome de down? Así de simple y directo plantea esta película alemana el conflicto que debe resolver una pareja. Pero la decisión no tiene nada de simple, pues en realidad la razón de ser de todo el relato es exponer los aspectos y variables que intervienen y pueden influir en una decisión a favor o en contra de hacerlo. De ahí en adelante, arranca un viaje de altibajos éticos y emocionales para los protagonistas y el espectador.

Astrid es una comediante y Markus su apoderado, tienen ya una hija y parecen estar en el mejor momento de su vida, por lo que este nuevo hijo será una bendición. ¿Pero un hijo “imperfecto” también es una bendición? ¿Un niño en esta condición es imperfecto? ¿La posible decisión de no tenerlo se toma por el bien del niño o de los padres? Estas y muchas otras cuestiones se imponen a la pareja y a quienes les rodean. Las posiciones en favor y en contra se enfrentan, pero en últimas solo puede decidir, ni siquiera la pareja, sino la madre.

Aunque esta es otra de las grandes cuestiones: ¿Deciden los dos o solo ella? Y con esta pregunta el conflicto se extiende a ese círculo íntimo. Entonces ya parece que no es una lucha de dos sino entre los dos. Paradójicamente, para nuestro contexto, lo único que no está en entredicho es la posibilidad legal de hacerlo, pues en Alemania está permitido el aborto cuando se presenta esta eventualidad, y el noventa por ciento de las mujeres lo hace, aunque muy pocas lo cuenta, lo cual es un indicio de que, por más libre pensante que sea una sociedad, este tema siempre será sensible en términos morales.

La diferencia es que Astrid es un personaje público, de manera que es un aspecto adicional que introduce presión al conflicto. Aunque también es cierto que su condición de comediante parece gratuita y forzada. Nunca vemos en ella a una comediante en su vida cotidiana. Si querían plantear un contraste entre su drama y su oficio, es lo más incongruente de toda la historia. De acuerdo con la actitud que asume Astrid, podría tener cualquier profesión, menos esa.

En lo que sí resulta muy sólida la película es en la austeridad de su drama, algo que parece consecuente con aquella cultura, donde parece que los excesos y el melodrama, por más crítica que sea la situación, no están en el presupuesto del comportamiento. Esto contribuye a concentrarse en las implicaciones éticas y hasta prácticas de la situación. Aunque tampoco estamos hablando de una actitud fría y racional, al contrario, las emociones y sentimientos encontrados son la materia prima del relato.

Y es que tal vez la principal virtud de este filme es el equilibrio que guarda entre el drama que vive la pareja, sus allegados y especialmente la madre frente a la manera como la narración expone los distintos ángulos y posibilidades de tan penosa situación. Por eso, independientemente de la decisión que tomen, cualquier espectador saldrá tocado con este dilema e hipotéticamente se verá obligado a tomar una posición ante semejante disyuntiva.

Lanzamiento de la Primera Fiesta del Cine Latinoamericano de Medellín

El 8 de noviembre se realizará el Lanzamiento de la Primera Fiesta del Cine Latinoamericano de Medellín. El evento es organizado por la Corporación Antioquia Audiovisual y será en torno a la obra y el concepto cinematográfico del director LUIS ESTRADA. A continuación, una reseña de este importante cineasta mexicano, publicada en Generación de El Colombiano el pasado 29 de octubre.

Luis Estrada: La piedra en zapato del cine mexicano

Oswaldo Osorio

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En una cinematografía que se ha caracterizado por la tensión entre un cine comercial y un cine de autor, la obra de Luis Estrada marca la diferencia, no solo porque tiende a ubicarse en un sabio punto medio, sino porque, además, lo hace abordando unas temáticas que apuntan a una fuerte crítica política y social, destacándose así en un país donde, pese s sus graves problemas de pobreza y corrupción, tiene una producción muy alejada del cine comprometido.

Aunque este interés por cuestionar la situación del país le viene por herencia, pues su padre fue el célebre director José “El Perro” Estrada, quien también trabajaba estos temas, en los inicios de su carrera se ocupó más de relatos donde los viajes, el humor y las historias emotivas definieron su cine, con películas como Camino a Tijuana (1991), Bandidos (1991) y Ámbar (1994).

Es a partir de su más reconocida obra, La ley de Herodes (1999), que este director despliega ese incisivo sentido crítico para con la realidad mexicana, el cual le ha dado celebridad en las últimas décadas y que ha reforzado con otros tres títulos, igualmente comprometidos con estos temas, convirtiéndolo en una verdadera piedra en el zapato para los gobernantes de turno, quienes ciertamente han intentado censurarlo a través de distintos medios.

Siempre con el guionista Jaime Sampietro y el actor Damián Alcázar como compañeros de armas, Estrada en esta película ubica el germen de la corrupción décadas atrás cuando todavía se hablaba de la bien amada revolución. Luego, en Un mundo maravilloso (2006), de forma descarnada e irónica, dio cuenta de la pobreza y grandes diferencias sociales de su país; así mismo, en El infierno (2010) expuso con sardónico cinismo la degradación social y la espiral de violencia en que el narcotráfico ha  envuelto a México; y finalmente, con La dictadura perfecta (2014) puso al día su denuncia a la corrupción política e institucional que se ha apoderado de la nación.

El cine de este director se caracteriza por su humor oscuro, la truculencia física y moral, la precisión narrativa y una concepción visual que no olvida que el cine es un arte, aun ese que tiene como principal objetivo crear conciencia sobre el contexto político y social. Por eso la historia del cine de su país, incluso del latinoamericano, le está separando un lugar, porque es un cine completo, inteligente y hecho con el corazón y la razón.

 

PROGRAMACIÓN

MARTES, 8 DE NOVIEMBRE DE 2016:

INSTITUTO TECNOLÓGICO METROPOLITANO, ITM

10 am: Master-Class del director mexicano LUIS ESTRADA

TEATRO PABLO TOBÓN URIBE

10 am: La ley de Herodes

2 pm: La dictadura perfecta

4 pm: La ley de Herodes

6:30 pm: El infierno

Conversatorio de Luis Estrada con Víctor Gaviria en torno a su obra

9 pm: Concierto del grupo Porrosivo.

17 años, de André Téchiné

Adolescencia, amor y odio

Oswaldo Osorio

17anos

Uno de los más reconocidos directores franceses, con casi una treintena de películas en sus créditos, vuelve a sus 73 años con una película que está en las antípodas de su edad. Justamente el título del filme hace referencia a los años que tienen sus protagonistas, y esta edad ya lo determina todo, porque el relato es una mirada a todas esas angustias, inseguridades, deseos y pulsiones que experimentan los adolescentes en esta etapa de su vida.

Damien y Thomas estudian juntos y comparten lo que parece ser un odio mutuo. La película no se afana en explicar las razones de su animadversión, por eso en su primera hora es como si tuviera las mismas características de sus adolescentes: impredecible e irregular, explosiva y aletargada, sin explicaciones concretas ni intenciones de definir sus objetivos.

Por eso es una obra con la que hay que tener disposición y paciencia, las cuales luego se verán recompensadas con el paulatino crecimiento de una historia llena de facetas y de gran diversidad de registros, desde la fuerza de un drama con hondos conflictos internos y de relaciones personales, pasando por desenfadados momentos alentados por el humor y la alegría de vivir, hasta emotivas situaciones y sentimientos que es hacia donde finalmente se dirige todo el relato y la construcción de sus personajes.

La película sabiamente crea entre sus dos protagonistas una antítesis que termina siendo complementaria: uno vive en la ciudad, es sociable y le va bien en el colegio, mientras el otro vive en contacto con la naturaleza, no se relaciona con nadie y parece tener problemas de aprendizaje. En medio de esto está la madre de uno de ellos, que funciona como el tercer protagonista y es quien cataliza la relación entre estos dos jóvenes.

De manera que la trama hace un movimiento pendular entre las personalidades, problemas y deseos de estos dos jóvenes, así como entre su relación de amor y odio, que se va transformando poco a poco con unos matices que el director sabe ir introduciendo con sutileza y que le van dando sentido a toda la historia. Y en cierta forma, como motor de ese péndulo, está la calidez y buen criterio de la madre, lo que la convierte en un personaje entrañable y de gran significado para ideas que rondan el contexto del filme, como la familia, la comprensión y la generosidad en las emociones y los sentimientos.

Se trata de una película que parece imperfecta en ciertos sentidos, especialmente en su cohesión narrativa durante la primera parte del relato, pero poco a poco va adquiriendo una fuerza y solidez que evidencian la madurez de un director que conoce muy bien las posibilidades expresivas del cine y todas las ideas que puede poner en juego sin caer en obviedades ni seguir fielmente las reglas impuestas por la narrativa convencional.

Reseña sobre La estrategia del caracol, de Sergio Cabrera

Con la casa a cuestas o sin ella

Carlos González

Escuela de Comunicación Social

Universidad del Valle

La estrategia del caracol (Colombia, 1993) es una de las películas más importantes para la historia del cine colombiano y, más aun, para la cultura colombiana. La vigencia de sus lecciones no se reduce a lo cinematográfico, pues es al tiempo una herramienta pedagógica extraordinaria. Emblemática desde su guión hasta sus interpretaciones, la huella que dejó puede leerse hoy en clave de pistas para fortalecer la ciudadanía, democracia y participación de los colombianos.

La historia empieza con un periodista que realiza un reportaje en una zona de Bogotá que está siendo desalojada. Allí encuentra al paisa, un hombre que tiempo atrás hizo parte de una maravillosa estrategia dentro de condiciones similares a las que se encuentra. El periodista le permite continuar y allí nos adentramos en la historia central: empezamos en el desalojo de La pajarera, una antigua casa en el centro de Bogotá, a cargo de un tinterillo que responde a un empresario que ha decidido recuperar lo que por escrituras otrora fue el patrimonio de su familia. El trámite deviene en una riña a muerte entre sus inquilinos y la policía, dejando un niño muerto y a varias familias en la calle. Ante la inminencia de ser los siguientes en la lista del tinterillo, los inquilinos de la casa Uribe resuelven desmontar por completo el inmueble y llevárselo lejos del centro de la ciudad. Tras debatirlo y decidirlo -sorteando trampas legales, milagros inesperados y hasta sentencias de muerte- todos y cada uno de los inquilinos participan en intensas pero coordinadas jornadas de trabajo. Cerca al final, cuando la casa no conserva más que la fachada y es entregada legalmente a la justicia, la fachada se desploma ante un estallido y aparece una imagen que perdurará en el tiempo:

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Pero ¿es un trasteo el de la casa Uribe?¿se rearmarán paredes, ventanas y habitaciones, tal cual, en la colina donde terminan todos reunidos, marcando así el final de la película? No, lo que se salva no es la estructura física de una casa, es el mensaje de una historia. Para ser más concretos: dentro de la trama es el momento en el que la dignidad, aunque etérea, aparece como el valor que motivó toda la estrategia: El periodista le pregunta al paisa que todo el esfuerzo realizado “¿para qué”, a lo que el paisa responde bastante enojado: “¿Cómo que para qué?, ¿a usted para qué le sirve la dignidad?”. Pues bien, esa pregunta se le está haciendo en realidad al público. Ahí reposa la vigencia de este film como lección de ciudadanía, legándonos más que una respuesta satisfactoria, una pregunta incómoda: ¿estamos ejerciendo nuestra dignidad? Porque si algo queda claro es que si los actos de los inquilinos de la casa Uribe constituyen un acto de dignidad, ah trabajo y osadía la que requirió. La dignidad y la participación aparecen en esta película como valores sobre los cuales se tiene que hacer un ejercicio en comunidad arduo y sin desfallecimiento, o como lo mencionaba Estanislao Zuleta (1992): “Para que el pueblo sea creador de la cultura, es necesario que tenga una vida en común. Cuando se dispersa, se atomiza, cuando cada uno vive su miseria en su propio rincón, sin colaboración, sin una empresa y un trabajo comunes, entonces pierde la posibilidad de crear cultura” (pág. 47).

El punto es entonces que esta cultura de la que habla Zuleta no corresponde, en buena medida, a los muros y ventanas en común, en el caso de la película, o en nuestro contexto político actual -que es precisamente a donde apunto- a las leyes que se nos imponen. Esta cultura excede los contratos, arreglos, referendos, etc. Implica, más bien, observar “las relaciones sociales, […] la manera como vive la gente” (pág. 46).

Desde hacía un mes largo, el debate de cara al plebiscito que refrendaría los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y las FARC-EP se venía dando con aparente intensidad. Pero ya hace pocos días este país demostró estar más dividido que nunca en su panorama político: la mitad de los votantes se inclinó por el SI a los acuerdos de paz con las FARC, mientras la otra mitad, aunque mayoría en este caso, lo hizo por el NO. Y en este escenario, a este estudiante de Comunicación Social se le encargó la tarea de revisar si en ciertos textos de Estanislao Zuleta habían claves para leer analíticamente la película La estrategia del caracol. Y, por supuesto, las hay. Pero siempre pensé en esta reseña como una oportunidad para cruzar los maravillosos trabajos del director de la película, Sergio Cabrera, y de Estanislao Zuleta con una situación que nos interpelara como ciudadanos que habitamos el presente de nuestro país. Hoy, para concluir, escribo con suma tristeza que encontré una lección que parece atravesar esos tres escenarios: No hay más citas que valgan, pues Zuleta señala en el texto El respeto en la comunicación (1992) lo que diferencia a una cultura de la violencia de una cultura del respeto, pero ambas se sustentan en operaciones concretas y entre ellas no aparece la que sentenció el plebiscito del pasado domingo: el silencio como muestra de indiferencia.

El 62% del electorado colombiano (porcentaje que corresponde al abstencionismo) calló y otorgó. Y no otorgó el triunfo a los del NO, por más vencedores que ahora sean. Otorgó a la cultura de la violencia una forma contundente y clara de expresarse: el silencio.

La película tiene ciertamente un final feliz, por decirlo de alguna forma; o dignificante, si se quiere: los inquilinos de la casa Uribe padecen, resisten y al final ven su dignidad intacta cuando logran zafarse de las artimañas de la ley, llevando la casa Uribe a pedazos y a cuestas hacia donde no se jodan sino entre ellos mismos. Pero a nosotros los colombianos, los que permanecemos por fuera de las imágenes de La estrategia del caracol, ya vinieron los tinterillos a tocarnos la puerta, ya nos la están tumbando y, mientras tanto, adentro, tranquilos, pasmosos, menos de la mitad se revuelcan en el silencio y la comodidad de sus camas. A este paso, los de la casa pintada seremos otros. Si no despertamos nos quedamos sin casa, si no despertamos nos quedamos sin cultura, y solo a través de ella encontraremos algo de dignidad… o es que ¿a nosotros para qué nos está sirviendo eso?

Pariente, de Iván D. Gaona

El desamor y un régimen oculto

Oswaldo Osorio

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Esta película presenta una región casi inédita en el cine colombiano. Salvo por algunos cortometrajes que se hayan podido ver en festivales (varios hechos por el mismo director) y por el reduccionismo a los arquetipos que siempre muestra la televisión, poco se sabe de Santander, su color local y su gente. De eso es lo primero que se ocupa este filme, de recrear con soltura y autenticidad un cuadro de aquella región, el cual es animado por un doble conflicto que contribuye a entender mejor la naturaleza esa cultura.

El doble conflicto es, de un lado, uno íntimo, una historia de desamor, y del otro, un conflicto de contexto, la velada presencia de la violencia y de los paramilitares en pleno proceso de desmovilización de estos. Dicho de otra forma, a Willington se le casa la mujer de su vida con su propio primo, mientras que en la zona persiste el miedo y la incertidumbre, porque todavía hay indicios de violencia y no se sabe si los paracos todavía están o no.

Pero estos dos conflictos y las tramas que los desarrollan, aunque aparecen desde el principio, no lo hacen con toda claridad en el relato, como lo dictan las reglas de la narrativa clásica, pues al director le interesa primero dar cuenta de la esencia de sus personajes, la idiosincrasia de la región y la atmósfera visual y vivencial de aquel paisaje. Eso mismo que ya había hecho con tanta sutileza y elocuencia en cortos como Los retratos, El tiple, Naranjas y Completo.

Todos estos son trabajos donde la construcción de unos personajes y sus interrelaciones sociales, así como con el ambiente rural, se imponen sobre una trama que no necesariamente está definida por giros y estructuras. Por eso en sus películas especialmente sobresale el trabajo con actores naturales, de quienes sabe sacar la naturalidad y autenticidad que acerca al espectador mucho más a ese universo campesino de Santander, así como a una poética de la cotidianidad que lleva este acercamiento mucho más allá del simple cuadro de costumbres.

De la misma forma, en su ópera prima poco a poco va construyendo ese color local y la red de relaciones entre los personajes, con unos matices que solo da una narrativa que le podría parecer dispersa a quienes se aferran a las convenciones de la escritura cinematográfica. También paulatinamente, va subiendo la intensidad de los dos conflictos. El desamor de Willington aumenta ante la inminencia del matrimonio y por las confrontaciones con el prometido de su amada; y de otro lado, cada vez se conocen más los alcances de la presencia del paramilitarismo en la región y de su régimen oculto, un régimen que se impone con su violencia, con sus obligados tributos y hasta como ley, determinando normas y castigos.

De otro lado, hay un significativo elemento que lo cruza todo en esta película: la música. Y no solo tiene que ver con los temas compuestos por Edson Velandia, los cuales contribuyen con la misma expresividad a dar cuenta de una región que este músico conoce muy bien, sino sobre todo como tema y como sentimiento. La música siempre está presente: como leitmotiv de situaciones y diálogos, como ese vínculo que refuerza el frustrado amor entre Willington y Mariana, y como el mejor distintivo del protagonista, a quien le confiere una especial aura que lo diferencia de los demás en medio de toda esa rudeza y violencia (Habría que destacar también al personaje de Completo, un secundario entrañable y bonachón que ya había hecho parte de dos de los cortos de Gaona).

Se trata realmente de una singular pieza en el contexto del cine nacional, tanto por ser el primer largometraje santandereano como por el ya reconocible estilo de un director que logró lo que pocos: tener un prestigio como cineasta con un puñado de cortometrajes. También es singular porque es de las pocas películas que cuestiona con fuerza y habla abiertamente sobre el paramilitarismo, y aun así, no solo es una historia sobre el conflicto en el país, es también un lamento al desamor y un potente fresco sobre una región.

Miss Peregrine y los niños peculiares, de Tim Burton

Mutantes para la familia

Oswaldo Osorio

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Esta película es como una versión seudo gótica y familiar de los X-Men. Más que decirlo con ánimo despectivo, es para identificar con rapidez un esquema que a muchos se les hará conocido y que aquí se repite apenas intercambiando unas variables, o mejor dicho, adaptando algunos aspectos al ya reconocible universo de Tim Burton, el cual casi siempre está cruzado por la fantasía, la aventura y esa singular mezcla entre la inocencia, la ternura y lo tétrico.

Sin embargo, ese universo reconocible que uno agradece y aplaude cada que aparece en una película de un autor, en este caso tal vez haya que lamentarlo, pues si bien es un filme que tiene muchos de los elementos que han definido el atractivo estilo de Burton, aquí están presentes al servicio de una historia que repite todas las convenciones del cine (y la literatura) juvenil de estos tiempos, y lo que queda es solo una película de gente rara y monstruos pero edulcorada y con el filo de sus aristas limado.

Y no quiere decir esto que se trate de una película fallida, al contrario, entre tanta película de fantasía dirigida al público familiar que puebla las carteleras en esta época, esta resulta ciertamente entretenida y, a pesar de sus frecuentes visitas a lugares comunes, muchas veces logra sorprender y fascinar.

Su mayor problema es cuando se le mira desde la óptica del cine de autor, porque así no se está juzgando solo una película sino toda una obra, y en ese sentido, sometida a la comparación con lo que antes ha hecho este director, y que es justamente por lo que logró destacarse y ser reconocido, esta pieza resulta una suerte de concesión a las formas y esquemas del cine más convencional y de consumo. No hay en ella asomo de esas trasgresiones morales o estéticas ni tampoco la crítica de fondo a la normatividad social que definen muchas de sus mejores películas.

Basada en la novela del mismo nombre escrita por  Ransom Riggs, el relato nos introduce en una doble realidad donde un mundo fantástico y uno real, así como el pasado y el presente, se entrecruzan en una trama donde unos personajes con una peculiaridades (o léase también mutantes) están divididos en dos bandos, que bien podrían definirse como los “monstruos tiernos” y los “monstruos malos”.

Nuevamente puede sonar despectivo, pero solo es un recurso para evidenciar el esquematismo de una historia que bien pudo hacer cualquier director de Hollywood y no el autor de magníficas y originales obras como El joven manos de tijera, Beetlejuice, Sleepy Hollow, Ed Wood, Marcianos al ataque o El gran pez.

Abiertas inscripciones Escuela de crítica de cine

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La crítica de cine no tiene, al menos en Colombia, la posibilidad de algún tipo de formación más o menos formal que vaya más allá de algún curso o seminario dictado por entidades culturales de forma esporádica y sin continuidad. Los críticos de cine normalmente son autodidactas o, cuando más, derivan este oficio de su formación como escritores, comunicadores o periodistas. De hecho, la crítica de cine ni siquiera está contemplada en alguno de los contenidos de las materias teóricas en los programas de cine o audiovisuales.

Por eso esta iniciativa de una Escuela de crítica de cine parte de un crítico autodidacta con formación de periodista, Oswaldo Osorio,  y con el respaldo de una revista de cine, Kinetoscopio, quienes han visto la necesidad de crear un espacio y unos procesos que proporcionen una formación más sistematizada y desarrollada a largo plazo, y así incentivar tanto la cualificación de este oficio en la ciudad de Medellín como la gestación de actividades en torno al cine a y la crítica.

Objetivo general

Desarrollar un proceso a partir de diversas actividades y metodologías que posibilite la formación de críticos de cine con un conocimiento consistente y estructurado de este oficio, su historia, fundamentos y técnicas.

Objetivos específicos

– Contribuir a configurar una metodología de trabajo que sirva de precedente y guía para desarrollar el mismo proceso formativo con nuevas cohortes de aspirantes.

–  Desarrollar actividades y traer invitados en función del proceso de formación de la Escuela pero que tengan también una proyección con un público más amplio.

– Elaborar textos producto del proceso de formación para ser publicados en diferentes medios, especialmente en el blog Cinéfagos de El Colombiano y en la revista Kinetoscopio, y eventualmente sacar adelante proyectos editoriales.

Metodología

La idea es trabajar con el método del seminario alemán, donde un grupo reducido de personas (alrededor de diez), y guiadas por un coordinador, aborden la investigación y formación en un área específica distribuyéndose funciones (relator, correlator, discursante y protocolante).

Se realizarán reuniones quincenales o veintenales (decisión que se tomará luego de conformado el grupo) en sesiones de tres horas y se darán asignaciones de los roles y tareas con miras a la siguiente reunión.

Cuando esté avanzado el proceso de formación en sus fundamentos históricos, la escritura de textos será de asignación constante y serán leídos por el grupo para su discusión y retroalimentación, de allí saldrán los textos para publicar en los distintos medios.

Requisitos de inscripción

– Estar cursando o tener un título de pregrado, preferiblemente pero no como condición, en el área de las ciencias humanas y sociales. Adjuntar soporte.

– Tener o ser menor de 30 años, preferiblemente. Pero este no es requisito excluyente para postularse. Se considerarán también aspirantes que superen esta edad y cumplan con los demás requisitos.

– Adjuntar hoja de vida y fotocopia de la cédula.

– Adjuntar dos críticas antiguas o recientes de al menos 400 palabras de extensión. No es condición para postularse cumplir con este requisito.

– Adjuntar una argumentación de mínimo un párrafo sobre las razones para querer hacer parte de la Escuela de Crítica de cine.

– Enviar la documentación a cinefagos@cinefagos.net hasta el 21 de octubre.

– Publicación de resultados: 1 de noviembre de 2016.

– Inicio de actividades: 5 de noviembre de 2016.

Datos adicionales

  • Intensidad y horario: Sesiones quincenales de 3 horas los sábados de 9 am. a 12. m.
  • Lugar: Centro Colombo Americano (U de A).
  • Duración: Dos semestres (Inicialmente).
  • Costo: $100.000 semestral.

Oscuro animal, de Felipe Guerrero

Las mujeres, el miedo y la fuga

Oswaldo Osorio

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El conflicto y la violencia están siempre en fuera de campo en esta película. El relato se concentra solo en los feroces y dolorosos indicios que deja esa realidad, así como en tres mujeres que han tenido que padecer esa guerra, ya como víctimas o victimarias. Tres mujeres que deciden sobrevivir y tratar de recuperar su autonomía y tal vez de nuevo la dignidad, aunque esto vaya a ser difícil ante la marginalidad que les espera en los destinos del desplazamiento citadino.

La primera película de ficción de Felipe Guerrero está precedida por dos documentales, Paraíso (2006) y Corta (2012), en los cuales este cineasta da cuenta de una vocación narrativa poco convencional. Hay en su estilo una suerte de cerebralidad que en el fondo conduce a la reflexión y la emoción. Eso ocurre en este nuevo filme, donde a partir de una cuidada concepción de la fotografía y las atmósferas sonoras entrelaza estas tres historias definidas por el miedo, el dolor y el silencio.

Una mujer lo pierde todo y en su fuga termina “adoptando” a una niña en sus mismas condiciones; la otra escapa luego de que violentamente se libera de quien la tenía esclavizada como botín de guerra; mientras la tercera hacía parte de un grupo armado y también se cansa de ser victimaria, aunque seguramente lo era porque nunca tuvo opción de ser otra cosa, una situación que también la convierte en víctima.

Tres mujeres en fuga que representan el mayor despojo del conflicto, esto es, la desarticulación de los hogares, la pérdida de seres queridos, las vejaciones físicas y sicológicas, la destrucción de su entorno social y el desplazamiento forzado. Aun así, el director decide no hacer explícita la violencia y la crueldad de la guerra como suele verse en el cine nacional. La violencia y la guerra están concentradas en ellas mismas, en su onerosa huida, en su mirada expectante y vacía, en sus gestos temerosos y, sobre todo, en su silencio.

Justamente lo más polémico de la propuesta de esta película puede ser ese eterno silencio que cubre a las tres protagonistas, algo que sin duda es un artificio, el cual puede conllevar a lecturas opuestas: de un lado, puede parecer poco verosímil que este tipo de mujeres, nacidas en este país tropical y ante su situación ni siquiera musiten, lo que además hace que el ritmo del relato sea de una menor intensidad de lo que ya es; de otro lado, puede también verse como un dispositivo emocional y narrativo que decidió utilizar el director para dar cuenta tanto de ese horror que llevan por dentro como de que ante su condición y lo que les ha pasado las palabras sobran.

El caso es que no es una película fácil para el público general, porque no le interesa la discursividad convencional, ni con las imágenes ni con los casi ausentes diálogos, tampoco lo es en el tempo que decide para su relato, algo más cercano a la contemplación que a la acción. Por eso se trata de un filme que obliga a la concentración, a completar las historias con todo ese fuera de campo y a reflexionar sobre la condición de las víctimas y en especial sobre la situación de las mujeres en la guerra.

Presentación de la Escuela de crítica de cine

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El próximo 5 de octubre, a las 6:30 pm. En el Centro Colombo Americano de Medellín, se presentará la Escuela de crítica de cine, un proyecto de formación de Cinéfagos.net y la Revista Kinetoscopio, y con el respaldo de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia. La presentación se realizará en el marco del lanzamiento de la edición 115 de Kinetoscopio, la cual está dedicada al cineasta británico Ken Loach.

La crítica de cine no tiene, al menos en Colombia, la posibilidad de algún tipo de formación que vaya más allá de algún curso o seminario dictado por entidades culturales de forma esporádica y sin continuidad. Los críticos de cine normalmente son autodidactas o, cuando más, derivan este oficio de su formación como escritores, comunicadores o periodistas. De hecho, la crítica de cine ni siquiera está contemplada en alguno de los contenidos de las materias teóricas en los programas de cine o audiovisuales.

Por eso esta iniciativa de una Escuela de crítica de cine parte de un crítico autodidacta con formación de historiador y periodista, Oswaldo Osorio,  y con el respaldo de Kinetoscopio, quienes han visto la necesidad de crear un espacio y unos procesos que proporcionen una formación más sistematizada y desarrollada a largo plazo, y así incentivar tanto la cualificación de este oficio en la ciudad de Medellín como la gestación de actividades en torno al cine a y la crítica. Para lograr esto, el proyecto también cuenta con el apoyo como aliado académico de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia.

El objetivo de la Escuela, entonces, es desarrollar un proceso a partir de diversas actividades y metodologías (especialmente el método del seminario alemán) que posibilite la formación de críticos de cine con un conocimiento consistente y estructurado de este oficio, su historia, fundamentos y técnicas. Igualmente desarrollará actividades con críticos y especialistas invitados en función del proceso de formación, pero que tengan también una proyección con un público más amplio. Y por supuesto, el propósito de fondo es la elaboración constante de textos para ser publicados en diferentes medios, especialmente en el blog Cinéfagos del portal virtual del periódico El Colombiano y en la revista Kinetoscopio, así como sacar adelante proyectos editoriales.