Los ojos de Julia, de Guillén Morales

Por: Xtian Romero (cineparadumis.blogspot.com)

Los peores enemigos son a los que no se les puede ver el rostro, porque estás en desventaja, ya que no te puedes enfrentar a ellos en igualdad de condiciones. Guillén Morales tiene eso claro y lo ha demostrado en su pequeña filmografía, o sea, dos películas para ser más exactos, en donde sigue con una misma constante, casi que con las mismas inquietudes, casi que con las mismas formulas, casi que con la misma historia contada de otra manera.

Hace un tiempo me topé con su ópera prima, El habitante incierto, una película con un atractivo argumento que, después de su visionado, deja un poco incomodo, por lo inclasificable y retorcida que puede llegar a ser; y esa misma sensación la he encontrado mientras veía Los ojos de Julia, a pesar de que en este segundo round apele a formulas más comerciales.

Claro que ese extraño sabor de boca no es decepcionante, al contrario, después de ver sus dos películas, se queda con una inquieta satisfacción, pues este tipo, a pesar de algunos “peros” que no puedo evitar criticar, sabe contar una historia de suspenso claustrofóbico.

Julia, junto a su esposo, va a visitar a su hermana que sufre una extraña enfermedad degenerativa que la ha dejado ciega, pero encuentran que se ha suicidado. Contra el criterio de todo el mundo, Julia asegura que hay algo más detrás de ese suicidio, hay algo que no encaja bien, y comenzará una búsqueda implacable de ese algo o ese alguien que nadie puede ver según ella, mientras va sufriendo la misma enfermedad de su hermana y pierde la vista paulatinamente.

El arranque de la película es atrapante y el ritmo se va manteniendo, el director logra tomar el control de la historia en el momento en que piensas que se le va a salir de las manos. Lo que más aplaudo de las decisiones narrativas, es poner al espectador en los ojos de Julia, ver lo que ella puede ver, y no ver lo que ella no puede ver, pues esos momentos de ceguera en que no se pueden ver los rostros de sus interlocutores, logran transmitir esa sensación cuando no puedes saber qué es lo que te está amenazando. Todo eso se ve reforzado por una fotografía tremenda, fría, oscura, ayudada de unas locaciones que sin ser sucias, al contrario, muy cuidadas, generan angustia al ritmo de una banda sonora inquietante.

Un aplauso más sonoro por la actriz Belén Rueda, que le da vida a su personaje protagónico con una fuerza dramática impresionante. Los demás actores no se quedan atrás, pero en eso sí hay que hacer un apunte, se siente que en la película hay muchos personajes o muy gratuitos o pobremente caracterizados desde la misma creación del guion, que solo sirven para un par de trampitas en la historia, la cual se vuelve más extensa de lo necesario, pero desemboca en un final interesante, tal vez un tanto rosa y un poco forzado para un trasfondo amoroso al que no se le dio mucha fuerza desde el principio, pero al fin y al cabo, interesante.

Tal vez un poco más de rigor en la construcción del guion hubiese convertido esta película en una historia mucho mas redonda y contundente en su ejecución, pero de todas maneras, conociendo ya las dos realizaciones de este novel director, se puede decir que va a pasos agigantados en su crecimiento profesional, y ojalá nos siga regalando más sorpresas en su haber cinematográfico, que espero sea largo, pues su mirada, su forma de contar historias, y sus inquietudes, me causan un buen morbo cinéfilo.

Sucker punch, de Zack Snyder

Chicas guerreras y nada más

Por: Íñigo Montoya

Si uno lee la sinopsis de esta película, puede resultar una idea atractiva e interesante. Hay un hospital mental, un burdel-prisión, batallas en guerras de distintas épocas, mucho rock, realidades paralelas, mundos imaginarios… Pero no, en realidad, se pasa de “interesante”, pues ya la mera enumeración de elementos tan disímiles la hacen una historia excesiva, por no decir disparatada.

Y efectivamente, toda esa historia de la chica metida en un hospital mental, pero que imagina que está en un burdel, pero que se transporta a guerrear en audaces batallas con sus sensuales compañeras, es una acumulación de recursos gratuitos y giros forzados con la única intención de soportar las secuencias de acción, llenas de efectismo y visualidad, que más parecen el intro de un video juego.

Y no es que esté en contra del cine de acción, pero es que a esta cinta se le pasa la mano al subordinar todo a la glamurización de la acción. Pareciera que solo le interesa acomodar el relato de la forma más fácil para que dé lugar a ubicar a las cinco chicas sensuales, bien armadas y ejecutando las más inverosímiles y audaces acciones, que poco tienen de tensionantes porque todo se les da muy fácil.

Es cierto que como es una película a la que tanto le interesa la concepción visual (su director es el mismo de 300 y de Watchmen), tiene un acabado muy atractivo, unas imágenes impactantes y momentos de verdadera brillantez visual, pero todo se queda en el exhibicionismo.

Es que ni siquiera la buena música que acompaña las secuencias de acción termina por convencer, pues todas son muy buenas y hasta conocidas canciones de rock, pero ninguna de ellas en su versión original. Se escucha durante la película canciones de Pixis, Björk, Eurythmics, The Beatles, Jefferson Airplane… pero cantadas por otros, maldita gracia.

Un año más, de Mike Leigh

Una mirada extraordinaria a personas ordinarias

Por: Oswaldo Osorio

Esta es una película donde no pasa nada, solo la vida, que ya es bastante. Pero ese “no pasa nada” es desde la perspectiva de la narrativa clásica de Hollywood, la cual exige que un relato tenga imprevistos puntos de giro que hagan atractiva la historia, así como personajes a los que les sucede algo fuera de lo común o enfrentan a duros problemas. Pero esta cinta habla de personas corrientes que lidian con situaciones corrientes, y aún así, resulta una significativa historia con personajes muy interesantes.

Hacer una buena película sobre lo ordinario de la vida solo es posible cuando detrás de ello está el talento y lucidez de un director como Mike Leigh. Principalmente desde Naked (1994) y Secretos y mentiras (1995), este autor inglés nos ha mostrado su capacidad para hablarnos de la complejidad de la vida cotidiana y los personajes corrientes. Sus dos principales herramientas son lo que logra con sus magníficos actores y el realismo en la puesta en escena.

Esta película también está construida a partir de estos elementos. Se trata de la historia de una pareja que vive una existencia simple y armónica, pero también es la historia de las personas que los rodean, entre familiares y amigos, para quienes la vida cotidiana está ambientada con un sonido de fondo de tristeza e insatisfacción. No tienen grandes problemas (como los que siempre buscan los guionistas para introducir un conflicto fuerte), aunque si se sabe mirar, como lo hace Leigh, la soledad ya es bastante, o la edad, o simplemente que no pase nada extraordinario en sus vidas.

De manera que el relato presenta un doble registro, por un lado, la felicidad de la pareja protagónica, y por otro, la infelicidad de los demás. Y es que Mike Leigh no tiene una opinión muy optimista de la vida, la cual considera que está poblada por gente triste e insatisfecha, sobre todo las personas mayores. Así lo ha recalcado en las dos películas ya citadas o en otras como Chicas de carrera (1997), Todo o nada (2002) y Vera Drake (2004). Aunque también es cierto que su anterior filme, Happy-go-lucky (2008), es una de las películas más optimistas que jamás se hayan hecho en el cine.

Pero la variable en esta cinta es esa pareja feliz, que es la que en cierta forma ayuda a los demás a sobrellevar sus amargadas existencias. El contraste se hace tan evidente que todo parece conducir a una conclusión muy simple, algo que se ha repetido desde Jesucristo hasta The Beatles: la clave de la felicidad es el amor. Y eso se puede constatar cuando el hijo de la pareja pasa del bando de los insatisfechos al de los felices, justamente, en el momento en que consigue novia.

Pero en realidad, lo que menos importa de esta película es la moraleja, y menos una que es tan obvia como profunda, lo que importa es el detalle, el realismo y la sensibilidad con que el director nos revela ese universo cotidiano y sus pequeños y grandes dramas, así como los sentimientos llenos de matices que vemos en sus personajes. Todo esto logrado solo a partir del devenir de la vida, de las cosas simples y de una búsqueda del sentido de la felicidad. Un devenir que se repite año tras año, para bien o para mal.

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El cine de los hermanos Farrelly

El desgaste de los últimos reyes de la comedia

Por: Oswaldo Osorio


Hollywood, a lo largo de su historia, ha tenido bien definidos los comediantes que se han impuesto en distintas épocas. En este momento, y desde hace unos quince años, los hermanos Peter y Bobby Farrelly son quienes se han posicionado con un estilo de comedia que nos plantea serias preguntas acerca del gusto, más que de ellos, del público que los ha sostenido como los más populares y rentables comediantes de esta época.

Todo empezó con Chaplin, quien se impuso como el más sobresaliente comediante durante casi dos décadas hasta la llegada del cine sonoro, en 1927. Cuando el cine habló, fueron los hermanos Marx quienes dominaron las pantallas durante los años treinta. La década siguiente no tuvo un reinado tan definido, si acaso príncipes disputándose el trono, como Los Tres Chiflados o Abott & Costello. Los cincuenta y parte de la década siguiente son del genio de Jerry Lewis y le recibe el trono Mel Brooks. Y para fines de los setenta y todo el decenio siguiente son del trío de directores Zucker-Abrahams-Zucker. El hecho de que todos estos “reyes” de la comedia sean judíos, es una coincidencia que, seguramente, puede ser explicada más allá de la mera casualidad.

Con Tontos y más tontos (1994) se inicia el reinado de los Farrelly. Ya en esa película empiezan a definir el tipo de humor para el que son buenos y el esquema general de sus comedias, esto es, el humor que apela a unos chistes, tanto visuales como verbales, muy básicos pero ingeniosos, con muchos componentes escatológicos y con explícitas connotaciones sexuales; y un esquema que siempre combina el respectivo “vicio” o debilidad del protagonista (que es lo que lo pone en apuros y propicia el humor) con una improbable historia de amor.

Es decir, la escatología, sin atenuantes ante el decoro, y el amor torpe, que casi siempre llega a feliz término, es la materia prima con la que trabajan los Farrely. Algo de eso se vio en su siguiente y tibiamente acogida película, Kingpin (1996), y mucho de ello en la popular, aclamada y referenciada Loco por Mary (1998), “la Cumbres borrascosas del mal gusto”, como algún crítico la llegó a definir.

Loco por Mary, sin duda, es una hilarante película, original e ingeniosa, que le ha dado a la historia de la comedia un par de escenas e imágenes inolvidables. No obstante, estos adjetivos deben ser aplicados en el marco del humor de Hollywood, de la comedia elemental y populista y del uso del mal gusto como materia prima del humor. Más o menos en el mismo nivel han estado otros filmes suyos como Irene y yo y mi otro yo (2000) y Pegado a ti (2003)

Sin embargo, la forma ingeniosa y arriesgada en que llevaron un paso adelante ese mal gusto y la escatología, ya no se presenta de igual forma en las siguientes, ya por falta o por exceso, es decir, porque no presentan nada nuevo y sus historias de amor están casi desprovistas del componente cómico, como ocurre en Amor ciego (2001); o porque lo llevan a un nivel insoportablemente desagradable, como ocurre con el chiste de la nariz defectuosa en La mujer de mis pesadillas (2007) o el del estornudo en su última película, Pase libre.

En el cine de Hollywood no se avizora sus sucesores en el futuro inmediato, a lo sumo, actualmente se les equipara el éxito y popularidad que tienen algunos actores, como Ben Stiller, Adam Sandler o Will Farrell. A pesar de ello, ya el cine de los hermanos Farrelly se antoja gastado o excesivo, dos extremos que difícilmente volverán a concebir otra Loco por Mary. Es decir, estamos ante la decadencia de un humor que ya de por sí, en relación con los otros reyes de la comedia, era decadente.

Matrimonio por contrato: La familia como un gran comercial

Por: Íñigo Montoya

A partir de un interesante planteamiento argumental, esta película pretende criticar el consumismo en el mundo moderno, y en especial en sociedades como la estadounidense. En medio de eso, tiene de todo un poco, un humor sutil, dramas picantes, reflexiones sobre la identidad y sobre el amor.

Se trata de una familia (que no solo un matrimonio, como lo propone su torpe rebautizo en Colombia) que es contratada para parecer perfecta y con esto vender su estilo de vida, un estilo de vida que solo es posible gracias a sus cada vez más sofisticadas y novedosas posesiones materiales. De manera que querer ser como ellos es tener lo que ellos tienen.

El planteamiento de entrada ya es atractivo y, si se piensa realmente en sus implicaciones, muy impactante y preocupante. De hecho, la película sugiere que esto realmente ocurre y no solo en Estados Unidos. Lo preocupante está en esa diferencia entre el ser y el tener, pues confundir lo uno con lo otro es una forma de deshumanización, de cambios de valores, lo cual es tan común en las sociedades consumistas, que en realidad lo son todas, solo que no todas pueden permitírselo.

Cuando esta visión materialista de la vida que sustenta a esta falsa familia empieza, inevitablemente, a ser invadida por lo que realmente es y quiere cada quien, es decir, cuando las emociones empiezan a “pervertir” los negocios, entonces la trama de esta cinta da un giro mucho más interesante y empieza a explorar con mayor profundidad, no solo a sus personajes sino lo que ellos representan.

Con la tragedia final, que trae consigo la rebelión frente al sistema de uno de los personajes, la película se muestra clara y contundente en la argumentación de su tesis, confrontando con esto dos valores universales: el amor y el dinero. Un eterno dilema que divide al mundo en tres grupos: los del dinero, los del amor y los que, según las circunstancias, dudan en su decisión.

Por todo esto, The Joneses (como es su título original), es una sorpresa de la cartelera, pues resultó una película inteligente y con una seria crítica acerca de la sociedad contemporánea, una crítica que sabe desarrollar y cuestionar con eficacia.

Los niños están bien, de Lisa Cholodenko

Un intruso en la familia

Por: Oswaldo Osorio

Solo en esta época de inclusión social y reivindicación de minorías, esta pequeña y modesta película podía hacerse visible. El matrimonio de lesbianas con dos hijos adolescentes que quieren conocer a su padre biológico, es un planteamiento bien atractivo y con enormes posibilidades dramáticas que pudo ser explotado de forma sensacionalista o sensiblera, pero que encuentra en Lisa Cholodenko una mano mesurada que, en general, asumió con honestidad y entereza el relato.

Desde el título, la película hace su declaración de principios, anteponiéndose a cualquier opinión que el sector conservador pueda hacer de este tipo de familias. Porque en ésta todo es amor y armonía, funcionando incluso mejor que una familia convencional, lo cual, también es cierto, no deja de ser sesgado y tendencioso. Tiene las naturales explosiones de  rebeldía y sus fricciones, pero nada grave, sobre todo con los hijos.

Planteado este universo, la propuesta dramática apela al esquema del “intruso”, del elemento extraño que ingresa a un ambiente y lo desestabiliza. Esta situación, continuando con la defensa de la premisa que hace la directora, es la prueba última que necesita esta familia en un momento coyuntural, esto es, cuando los hijos están a punto de pasar a la adultez y cuando este matrimonio entre dos mujeres acusa el desgaste de veinte años.

De esta forma, cuando el padre biológico entra en sus vidas, salen a flote los problemas latentes y cada quien se cuestiona a sí mismo y a los demás. La necesidad de liberación de los hijos, el deseo de una figura masculina, las relaciones de poder en la familia, los inconformismos silenciados, en fin, una serie de miedos, resquemores, pequeñas y grandes batallas, que propician que los personajes -y el público- se confronten y reflexionen sobre muchas de las variables que componen la vida familiar.

La construcción del relato opta por un tono coral, en el que todos los personajes tienen más o menos la misma importancia. Y si bien el conflicto del intruso es el principal, éste propicia otra serie de conflictos adicionales y distintos puntos de vista, según cada personaje. Estos dos aspectos hacen que el relato sea dinámico en su narración y completo en la forma como aborda la historia.

Por eso mismo, este sencillo relato, que insinúa unas implicaciones sociales, culturales y emocionales, se presenta como una entretenida historia, que habla de asuntos serios de manera reflexiva, pero sin estar exenta de humor y desenfado. Así mismo, lo hace con ese tono propio del cine independiente (que, valga decirlo, también se convirtió en una fórmula) en el que la narrativa clásica es llevada al extremo de la simpleza, dejándole todo el protagonismo a lo importante, es decir, la historia, los personajes y las ideas.

En síntesis, se trata de una bonita y emotiva película, construida con sencillez y elocuencia, que si bien deja en claro cuál es su posición sobre este –para muchos- delicado tema, también abre el debate a partir de la forma como asume a sus personajes y sus distintos puntos de vista.


Revisión de un clásico infaltable: Blade Runner

Los tragos añejados saben mejor

Xtian Romero – cineparadumis.blogspot.com


Como los licores, hay películas que con el paso del tiempo se vuelven más sabrosas, pues no pierden su fuerza y, al contrario, se vuelven unos totales banquetes cinematográficos que puedes disfrutar una y otra vez, porque cada experiencia te regalará nuevos ingredientes que te lo condimentarán mejor.

Blade Runner es eso, un incontestable referente obligado para cualquier cinéfilo, uno de los más importantes clásicos de la ciencia ficción que hay que visionar, disfrutar y reflexionar, porque es tal vez la película de este género que mejor hace el análisis de la relación maquina-hombre, la que más profundiza y cuestiona este planteamiento.

Ridley Scott, un director nuevo y prometedor

En 1982 se estrenaría esta cinta de la mano del británico Ridley Scott, un director nuevo que ya venía haciendo mella en la industria, llamando la atención con sus anuncios de tv y por haber dirigido la también clásica, y en mi opinión, sobrevalorada cinta, Alien: El Octavo Pasajero.

Blade Runner se basa libremente en la novela corta ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de uno de los mejores exponentes del Sci-fi en la literatura, Philip K. Dick, y retomando la estética cyberpunk que ya venía trabajándose en el manga japonés (realmente no es que sea tan original, pero vale, de eso se trata el cine, de reciclar y mejorar), reuniría todos estos referentes y le daría vida a esta película, que si bien fue un fracaso taquillero en su momento, hoy por hoy es, valga la redundancia, toda una joya, una joya que en mi concepto, y en el de muchos, tiene una de las mejores escenografías logradas en todos los tiempos, lúgubre, sucia y deprimente; no es gratuito que haya sido nominada al Oscar en esta categoría y que Ridley Scott se considere el maestro en este campo.

Pero el film no solo se soporta en eso, una fotografía tremendamente profesional, y una banda sonora apabullante refuerzan el tono lúgubre del que ya les hablé, y tal vez, este excesivo preciosismo, en un primer visionado, opaque la importancia del argumento, por lo que le exige una máxima concentración al espectador.

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La película recomendada: El hijo de Rambo

Primera sangre

Una divertida y emotiva historia de amistad entre dos niños, quienes llenan el vacío que les produce sus carencias afectivas familiares con el rodaje de una película. Una rara pareja empeñada en hacer cine de acción, usando precarios medios, una temeraria irreverencia y mucha imaginación. Son of Rambow. Dir. Garth Jennings. UK. 2007.

DECARGAR: http://isohunt.com/torrent_details/48194809/Son+of+Rambow?tab=summary

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