Algo va de Catalunya a la disolución de la URSS.

En el año en que España vive el episodio más real de separatismo desde que se reinstauró la democracia en la década de 1970, también se conmemoran 100 años de la creación del, otrora, país más grande del mundo, el cual no alcanzó a vivir siquiera 75 años.

¿Por qué los países se dividen?

Yugoslavia, Etiopía o Checoeslovaquia fueron casos concretos de división de estados nacionales en el siglo XX. Pero hay otros fenómenos latentes en Bélgica, Italia, España, Canadá y en las naciones donde viven los kurdos.

Sin embargo, cada caso tiene su propia historia. Algunas secesiones se dieron cuando naciones existentes (con identidad cultural, económica e histórica) hacían parte de Estados más grandes donde se asfixiaba su identidad nacional. Probablemente esto explique la separación de la república Checa y Eslovaquia, o tal vez sea el caso de las naciones balcánicas que se habían organizado como Yugoslavia al desaparecer los grandes imperios al final de la primera guerra mundial; pero que se separaron después de un sangriento “divorcio”.

Geopolíticamente hablando, estas separaciones lograron cierta legitimidad internacional, la cual se fundamentó (o excusó) en la reconocida identidad nacional de los territorios que se separaron.

 

El aún inexplicable caso de la implosión de la URSS.

El caso de la Unión Soviética no es tan simple. Tal y como lo argumenté en un artículo que escribí hace varios años durante mis estudios en Argentina, la implosión de la URSS es compleja, ya que, si bien el país se conformaba por 15 repúblicas, de las cuales algunas tenían una clara identidad nacional (Estonia, Letonia, Lituania, por ejemplo), otras poseían una historia más compleja: una Ucrania culturamente dividida (un Occidente católico y ucraniano-parlante enfrentado a un Oriente ruso-parlante y ortodoxo) o las repúblicas del Cáucaso, creadas artificialmente por el gobierno bolchevique de Moscú en la primera mitad del siglo XX.

Tal vez pocos discuten por qué el partido comunista perdió el poder en ese enorme país o por qué todas naciones de la exURSS abandonaron el socialismo y transformaron sus sistemas, social, político y económico en democracias liberales y mercados capitalistas. Sin embargo, no es claro por qué un país conformado por territorios que por siglos estuvieron unidos, se desmoronó.

En este caso, mi hipótesis, -ver artículo- es que se dio una combinación de factores: nacionalismos en algunos casos -los bálticos, por ejemplo-, antipatía hacia las élites rusas que gobernaban en diferentes regiones de la URSS -las cuales pasaron a ser minorías étnicas en cada nuevo país- y la necesidad de élites locales de controlar sus mercados, incluído el político.

¿Por qué la complejidad del caso de Catalunya?

En otro estudio que hice hace varios años, -ver artículo- señalé la contradicción dialéctica que se presenta entre la globalización y la descentralización (o, incluso, separatismos). El caso de España cabe dentro de esta reflexión.

España es un país conformado por regiones autónomas, con una legendaria historia de unidad territorial -siglos-, a pesar de que en varias de aquellas se tiene una lengua propia. España es multicultural, eso no se discute. De hecho los vascos tienen una identidad cultural con significtivas diferencias con respecto a las demás regiones, cuyas lenguas tienen el mismo origen: son lenguas romances.

Pero, la otra categoría que marca la evolución del estado nacional en las últimas décadas es la globalización. Esta última genera un cambio en el ejercicio de la soberanía por parte de los estados. Para España este fenómeno es particularmente evidente en las últimas tres décadas desde que ingresó al bloque europeo, el cual se caracteriza por un proceso gradual de supranacionalidad por el cual la Unión Europea asume funciones que anteriormente ejercían los estados nacionales; como es el caso de la soberanía comercial, la monetaria y, en parte, la fiscal. O sea, los estados miembros de la Unión Europea renuncian a parte de sus funciones soberanas en favor del bloque.

Bajo este contexto es que se nace la pregunta ¿por qué se separan los catalanes? no tienen una historia de identidad nacional que les preceda, por lo menos durante siglos; tienen una fuerte interdependencia económica con las demás regiones de España y, además, quieren ser parte de la Unión Europea. O sea, ¿se separan de España para unirse a la Unión Europea y convertirse en socios de España?

ingreso a la zona euro

Como se puede ver, no es fácil de entender este caso de separatismo. Sin embargo, a riesgo de reducir el tema, no se puede negar que en España se mantiene viva la discusión por la necesidad de ampliar la autonomía en el marco de un proceso histórico de descentralización del país.

La autonomía fiscal aparece en el orden del día de las relaciones entre Madrid y las regiones autonómicas de España. Este tema, que como todo proceso de descentralización es una manera de hacer más real la democracia en tanto se acercan las decisiones mayores al constituyente primario, también es un mecanismo para fortalecer la convivencia entre las élites centrales y las regionales.

La anterior explicación sirve para entender, al menos parcialmente, cómo el separatismo catalán en tan sólo unos años logró poner en jaque la soberanía española, algo que no alcanzaron los vascos -con una combinación de formas de lucha- a lo largo de décadas.

A modo de conclusión.

Los separatismos no tienen explicaciones unidimensionales. Son complejos. Cada caso tiene sus propias razones e historia. La identidad nacional (o al menos la identidad local) se combina con los interese de élites para argumentar un proceso separatista, a pesar de los costos que genera la incertidumbre del cambio.

Sin embargo, es evidente también que las democracias maduras tienden a ser descentralizadas como un mecanismo que hace más real la participación del ciudadadano en las decisiones que le son importantes.

Seguramente con la aplicación del artículo 155, el gobierno de Rajoy logrará detener, al menos temporalmente, este intento separatista. Pero las huellas que este proceso dejará en las presentes y futuras generaciones no sabemos que tan profundas serán. O sea, seguramente en el campo jurídico se socava la independencia, pero en el político “el fuego seguirá quemando el bosque.”

En consecuencia, ya sea por identidad nacional o por negociaciones de élites, el futuro de España está atado a una revisión de su constitución, particularmente en aquello que tiene que ver con las autonomías locales.

La globalización es compleja: los países se unen entre ellos -o al menos sus mercados- mientras sus hilos internos se descosen.

 

 

 

Geo-economía de la crisis ucraniana

Autor: Giovanny Cardona Montoya

Versión en inglés: http://www.elcolombiano.com/blogs/lacajaregistradora/?p=1609

Traductor: Andrés Fernando Cardona Ramírez

Remembranza:

Tuve el placer de vivir siete años en Ucrania: uno en Kharkov y seis más en Kiev. Recuerdo al Kharkov industrial y a la maravillosa ciudad universitaria y cultural: Kiev. Pero muchas cosas han cambiado desde aquella hermosa época. Hermosa a pesar del susto enorme que nos llevamos con el accidente de Chernobil en 1986, a sólo 141 kms del reactor nuclear.

Corta reseña histórica de Ucrania

La unión de las naciones de Rusia y Ucrania es históricamente tan fuerte, que la primera nació en Kiev, la capital de la segunda. La Kievskaya Rus fue, hace más de mil años, la cuna de los pueblos eslavos de Rusia, Bielorrusia y Ucrania.

La historia de Europa ha sido de guerras, y Ucrania no es ajena a esta realidad. En este contexto, este país ha sido dividido y re-unido más de una vez a lo largo de los siglos.

En el siglo XVIII, en el marco de Las Particiones de Polonia, Ucrania Oriental se anexó al imperio ruso y la Occidental a  Austria. En 1917, año de la desaparición del imperio ruso, Ucrania logró su independencia pero dividida en dos: la que tenía como eje la ciudad de Lvov y la que tuvo por capital a Kiev. En 1918, la Ucrania oriental entró a ser parte de la naciente Unión Soviética, y la que tenía como eje a Lvov fue anexada por Polonia.

Esta división persistió hasta que en 1939, como resultado del Pacto Secreto entre Hitler y Stalin, la Unión Soviética anexó Lvov y los territorios ucranianos que hacían parte de Polonia. En 1954, la República Soviética de Ucrania fue definida en las fronteras actuales, incluyendo la península de Crimea, eje de los conatos de guerra entre Rusia y Ucrania en este comienzo de marzo de 2014.

La economía ucraniana.

Ucrania es un país de 45 millones de habitantes y un PIB de 340 mil millones de dólares (2012). Aunque el sector servicios es el mayor generador de empleos (58% en 2012), sus exportaciones se centran en la industria de fundición (acero) y en la agricultura. Ucrania tiene tierras fértiles y fáciles de mecanizar, y se dedica a la producción de trigo, cebada y maiz, éste último con una creciente participación en el PIB rural.

Por el lado de la minería son importantes sus reservas de carbón, hierro, uranio y oro. A nivel industrial, además de la fundición de acero, Ucrania produce químicos y posee astilleros. La industria heredada de la Unión Soviética (producción aeronáutica, herramientas, armamentos) es bastante ineficiente y costosa desde la perspectiva del consumo de energía. Su gran reto es viabilizar esta industria para diversificar su aparato productivo.

Ucrania: entre el mercado europeo y el combustible ruso.

A pesar de que muchos analistas acuden a las diferencias culturales de los ucranianos para explicar la actual crisis (un Occidente católico de lengua ucraniana y un Oriente ortodoxo y rusófilo), y a las fracturas originadas en la corrupción política de este país eslavo, es legítimo sugerir que la geopolítica y la geoeconomía ayudan a explicar gran parte de los problemas actuales y de los riesgos por venir.

La actual crisis de Ucrania sugiere dos riesgos potenciales. Para empezar, una posible confrontación armada entre Rusia y Ucrania se explicaría, no tanto por la intensión de Putin de proteger la integridad de la población rusa de Crimea, sino, especialmente, por la defensa de su Flota del Mar Negro, acuartelada en dicha región. Este enclave militar se soporta en un acuerdo entre las dos naciones, el cual renta la base a los rusos hasta el año 2042 a cambio de 40 mil millones de dólares en descuentos de los precios del gas durante 10 años.

El otro riesgo es el de una nueva división de Ucrania, manteniendo una región oriental, centrada en Kiev, aliada a Rusia y una occidental que entraría en la Unión Europea. Sobre este punto hay que señalar que la Geo-economía es un argumento central.

En cifras agregadas, Rusia es el principal socio comercial de Ucrania (21% de las exportaciones y 28% de las importaciones). De un lado, Ucrania depende del abastecimiento de combustibles rusos: 3/4 partes del gas y petróleo y el 100% de la energía nuclear que consume, son importados desde Rusia. Del otro, Rusia necesita de los productos de fundición y agrícolas que le abastece Ucrania. Recordemos que en la época del socialismo, Ucrania producía el 25% de los granos de la Unión Soviética.

Si bien las relaciones comerciales de Ucrania con Europa Occidental no son significativas -Alemania es un importante proveedor y Turquía es el segundo mercado-, es claro que el potencial ucraniano no sería desdeñable para el futuro de la Unión Europea: mano de obra abundante, laboriosa y de bajo costo, un mercado potencial de 45 millones de personas, tierras fértiles, reservas de carbón y fundiciones de metales, son atractivos para cualquier economía que busque salir de una larga crisis como la que se ha vivido en la Zona Euro desde 2008.

Pero, seguramente, es la mezcla de Geopolítica y Geo-economía la que mejor señala la confrontación entre Occidente y Rusia por su ascendente sobre Ucrania. Para empezar digamos que las potencias de Europa Occidental han ido extendido su zona de influencia hasta las narices de Moscú. Con excepción de Ucrania y Bielorrusia, la frontera occidental de Rusia ha migrado hacia el bloque europeo.

Desde la perspectiva rusa, hay un interés adicional: sus gasoductos. Ucrania no sólo depende del abastecimiento sino que es ruta de gasoductos que abastecen a países de Europa Occidental. Mantener a Ucrania como aliado, le permite a Rusia manejar estrategias de negociación con sus clientes occidentales. La historia ha demostrado que la Unión Europea es vulnerable cuando Rusia se pone “duro” en las negociaciones de abastecimiento de gas…especialmente si se trata del invierno.

Fuente:   http://www.armandobronca.com/gasoductos-del-este_1018/