¿Mercado o Estado para salir de las crisis globales?

Giovanny Cardona Montoya, enero 17 de 2021.

 

Tal vez se pueda afirmar que la democracia imperfecta que conocemos y el capiltalismo, constituyen el mejor modelo socio-económico en el que la población de “Occidente” ha vivido a lo largo de los siglos. Si miramos hacia atrás, el feudalismo y la esclavitud fueron modelos socio-económicos y políticos mucho menos eficientes en lo productivo y más injustos en lo social. Pero, hoy no haremos una apología del actual sistema socio-económico, sino, una reflexión sobre sus capacidades para encarar los retos venideros.

Mercado o Estado. ¿Cuál de los dos es el mejor ordenador social?

La historia del capitalismo ha sido un péndulo entre librecambio y regulación estatal. Para los mercantilistas (con apogeo entre los siglos XV y XVII), el proteccionismo era fuente de riqueza (exportar mucho, importar poco); para Smith y Ricardo, la mano invisible del mercado generaba mayor bienestar (acceso a las mejores opciones del mercado por la intensa competencia); mientras que para Keynes (luego de las lecciones aprendidas de la gran recesión de 1929-1933), el mercado debería ser regulado.

Cada época ha sido “idonea” para hacer apología de alguna ideología económica y, al mismo tiempo, despotricar de otras. Desde hace más de tres décadas el pensamineto neoliberal se ha posicionado en la Academia, el Estado, el mundo empresarial y los tanques de pensamiento. Cualquier idea que huela a intervención estatal se “sataniza” o se le ridiculiza -seguramente lo mismo sucedió con los neoclásicos en los “tiempos de gloria” del keynesianismo-.

Sin embargo, a pesar de las doctrinas neoliberales, las dos grandes recesiones de este siglo XXI han sido atendidas por gobiernos neoliberales con recetas proteccionistas. Durante la crisis del mercado hipotecario (2007-2008), el Estado salió a rescatar bancos y a entregar recursos a los consumidores para dinamizar el mercado. De igual modo, en la actual recesión global, el Estado sale al rescate de empresas y a estimular el mercado de consumo con recursos públicos. Algunos hablan de la “socialización de las pérdidas”.

Con lo anterior quiero señalar que la historia está plagada de evidencias que demuestran que el mercado nunca ha sido capaz de sobrevivir por sí mismo, sino que ha recibido el salvavidas del Estado cuando la crisis adquiere ciertas dimensiones. La recuperación de la economía mundial después de la segunda guerra mundial fue igual. En esta misma dirección, los colombianos podemos recordar la crisis del sistema financiero en 1982. El Estado salió al rescate de la banca.

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Crisis económica, socio-ambiental y sanitaria. Un presente sombrío.

El año 2020 sacudió los cimientos de la economía mundial, pero hay dos cuestiones prioritarias antes de hablar de mecanismos para la recuperación económica. La primera es entender que esta crisis sanitaria no se irá de manera definitiva, sino que, dejará secuelas permanentes. La segunda cuestión tiene que ver con la anterior: el calentamiento global venía pisándonos los talones, ya está aquí, y sus consecuencias son de largo plazo. Por lo tanto, el método de análisis del ciclo económico (desaceleración, recesión, recuperación expansión) se quedará corto, no sólo para reconstruir “el edificio” en el futuro, sino, incluso, para “apagar el incendio” actual.

Algunos dilemas enfrenta la humanidad y requieren de respuestas estrructurales, no de paliativos. Y, me atrevería decir, dichas respuestas desbordan el debate entre Mercado y Estado como ordenadores sociales. Veamos:

1. Salud Pública: diversos autores señalan que otras pandemias vendrán y que el deterioro del medio ambiente también se debe entender como una “mutación” del planeta frente a los seres vivos que lo habitamos. En la actual crisis sanitaria, pocos sistemas nacionales de salud salen bien librados. En la post-pandemia, éstos deberán dar respuesta a fenómenos inexistentes, muchos de los cuales tendrán dimensión global.

¿Cuál es el mejor sistema de salud? ¿Hay buenas prácticas para emular o hay que dar vida a una nueva concepción de lo que denominamos salud pública?  Aquellos que hayan tenido mejores resultados en monitoreo, detección, aislamiento y control de contagiados y los que hayan logrado mayor nivel de respuesta efectiva en la atención oportuna de enfermos graves y salvarles la vida, podrian ser los referentes de buenas prácticas a seguir. 

2. Emisión de gases de efecto invernadero. Hace 48 años se llevó a cabo la primera cumbre de la tierra (Estocolmo, 1972), la cual, sirvió de megáfono multilateral para anunciar al mundo los peligros del calentamiento global. Casi medio siglo después la situación no ha mejorado. Al contrario, ha empeorado. La meta de no superar el calentamiento en 1,5 grados centígrados en 2030 no se va a cumplir, se va a superar con creces. A pesar de la convención de Kyoto, del Acuerdo de París o de los ODS, el mundo no recicla, los combustibles fósiles siguen reinando, la deforestación no se detiene, la ganadería continúa su senda contaminante y las fuentes de energía renovable no se posicionan en el mercado.

3. La inequidad socio-económica y la pobreza extrema. El PIB per cápita mundial superó los 11 mil dólares en 2019 (alrededor de 40 millones de pesos colombianos), sin embargo, aproximadamente 700 millones de personas viven con menos de USD$ 1,90 al día. La situación es peor aún: son 1300 millones de personas las que sufren de pobreza multidimensional -alimentación, vivienda, educación- En pocas palabras tenemos una gran riqueza global a la que no accede el 20% de la población mundial. Y el Banco Mundial estima que este número crecerá más del 15% como consecuencia de la pandemia del Covid.

Tenemos los recursos y la capacidad tecnológica y productiva para alimentar a todo el planeta, para darle techo y para educarlo, pero no lo hacemos.

4. Cobertura y Calidad Educativa. Con la pandemia del Covid la virtualidad tuvo que salir al rescate de los calendarios escolares. Sin embargo, además del debate que ha suscitado la calidad de la educación en tiempos de pandemia, también es cierto que se han desnudado debilidades que ya traían los sistemas educativos: familias sin acceso a Internet (pobres y/o campesinos) o sin dispositivos digitales (computadores, tabletas o teléfonos móviles); docentes y estudiantes que no tienen suficiente dominio de las TIC y modelos educativos tradicionales centrados en el docente y diseñados exclusivamente para aulas de clases presenciales.

En consecuencia, la oportunidad que puede ofrecer la educación virtual (currículos con fundamento pedagógico y didáctico para asegurar aprendizajes con amplia cobertura y acordes a una sociedad del conocimiento) no se está aprovechando. La improvisación que primó durante 2020 no ha permitido potenciar esta modalidad.

niño con computador y abuela en el campo

El reto venidero. La pregunta no es Estado o Mercado.

Hay un conjunto de características sociales, culturales, políticas y económicas del mundo moderno que fungen como tractoras de los fenómenos críticos arriba señalados o que no permiten provocar una ruptura a ciertas tendencias nefastas:

1. La cultura consumista. Green Peace habla de un sobreconsumo impulsado por el actual sistema económico, el cual debería ser sustituido por un consumo más racional y respetuoso con el medio ambiente. La frugalidad, la austeridad, el comercio justo y  los bienes ambientalmente limpios siguen siendo “excepciones” en la realidad comercial del mundo moderno.  Los precursores del minimalismo hablan de una maraña de medios de comunicación y redes sociales que atrapan nuestra conciencia y nos llevan a acceder a bienes y servicios que “no necesitamos”.

2. Exceso de información, escasez de educación. El centro de la educación debe ser la persona que se forma. Qué cada ser comprenda el mundo y asuma posturas propias frente a lo que sucede y se haga responsable de lo que dice y hace; qué desarrolle sus capacidades físicas e intelectuales; qué se prepare para vivir como ser individual y social; qué desarrolle pensamiento autónomo y crítico y sea feliz. De esa manera yo sintetizaría el sentido profundo de la educación como sistema social.

Sin embargo, hay millones de personas excluídas del sistema en todo el planeta, especialmente en los países subdesarrollados. Y esta brecha en cada país se evidencia al comparar la cobertura de las grandes ciudades con la del campo. Además de baja cobertura, hay serios problemas de calidad: un insuficiente uso de TIC, baja cualificación de docentes, una red global de información que mezcla conocimiento estructurado con información superflua y fake news. Hoy, cuando existe la mejor oportunidad de la historia humana de acceder a gran parte del acervo de conocimiento de la humanidad, enfrentamos serios problemas de desinformación, mala información, toma de decisiones y debates basados en argumentos infundados.

3. La monopolización de la riqueza y de los mercados. El capitalismo está cimentado en la economía de mercado y el respeto de la propiedad privada. Pero el keynesianismo no fue “némesis” del capitalismo, al contrario, lo salvó de su autodestrucción. Lo que demostró Keynes es que el mercado no se puede autorregular infinitamente, que la intervención del Estado puede suavizar las caídas y prolongar las expansiones del ciclo económico.

Pero el reto va más allá. El caso es que la actual concentración ha creado pulpos con un poder inconmensurable. El poder de las petroleras y de otras empresas mineras imposibilita que se tomen medidas radicales para avanzar hacia los combustibles renovables. La concentración del capital financiero global y su ingerencia en los procesos electorales no permite que se regulen prácticas del sector, como aquellas que sumieron a la economía mundial en una de sus peores crisis en 2008 (subprime).

Las empresas de Internet (Google, Facebook y otras) están concentrando un enorme poder cuyas consecuencias aún no podemos imaginar. La información que acumulan (sobre nuestras vidas personales) y la forma como la pueden estar utilizando es algo que apenas estamos empezando a comprender (recomiendo ver el documental Dilema Social). Incluso, pensar que bloquearon la cuenta del presidente de los Estados Unidos (independiente de la opinión que cada uno de nosotros tenga de Donald Trump), agudiza esta preocupación: ¿cuál puede llegar a ser el tamaño de su poder?

A pesar de la  riqueza existente no hemos sido capaces de proteger a millones de personas que deben salir día a día a buscar su sustento incumpliendo las exigencias de las cuarentenas sanitarias que esta pandemia nos ha obligado a implementar. No todo el que viola la cuarentena es un desobediente, a veces es simplemente un superviviente. Pensemos, en las personas que viven en la economía informal y en los millones de famiempresarios y microempresarios que están quebrando porque el sistema no es capaz de protegerlos en tiempos de crisis.

En otras palabras, afrontamos retos inéditos que no podrán superarse con la naturaleza y la magnitud de la concentración de la riqueza y de poder que se tiene actualment en el mundo.

4. El precario Sistema Multilateral. El calentamiento global y la pandemia del coronavirus no tienen solución a nivel nacional. Estos son problemas globales y requieren soluciones multiestatales. Pero ha sido imposible. La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, la ausencia de coordinación mundial para enfrentar el Covid y la rapiña que se evidencia para que cada gobierno trate de conseguir unas cuantas vacunas para su país, son una clara evidencia de que no hemos entendido que la solidaridad es fundamental para enfrentar problemas que cruzan fronteras.

El creciente poder de las grandes empresas multinacionales, la multipolaridad geopolítica y lo anacrónico del sistema ONU (que responde a realidades del final de la segunda guerra mundial) dificultan una respuesta multilateral a los retos venideros. Y el multilateralismo será fundamental para afrontar lo que se avecina.

La globalización nos trae lo mejor y lo peor del mundo, es una condición inevitable. Ahora sí estamos entendiendo las implicaciones de vivir en una “Aldea Global”.

 

 

 

De Westfalia a la sociedad de la transformación digital.

Giovanny Cardona Montoya, noviembre 16 de 2020.

 

Acabo de leer un libro del nonagenario Henry Kissinger (Orden mundial. Reflexiones sobre el carácter de los países y el curso de la historia). Y no se le puede leer sin la inevitable curiosidad que despierta su condición de ex Secretario de Estado de los Estados Unidos en los tiempos de Nixon y Ford. Su figura como político no deja de ser controversial; en su gestión debió lidiar con el final de la guerra de Vietnam. Diversos movimientos sociales cuestionan la supuesta vocación pacifista de Kissinger -galardonado en 1973 con el premio Nobel-; su paso por la Secretaría de Estado se dio en tiempos en que dictadores militares frenaron democracias en Suramérica; algunos de ellos con el apoyo de la CIA.

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(Ver reseña del libro, la cual acabo de publicar en la Universidad Nacional de Rosario, Argentina).

Este libro me recordó un tema del que poco hablamos pero que está ahi, latente, en el marco de las transformaciones de las que hablamos todos los días: cuarta revolución industrial y transformación digital. Se trata de la encrucijada que enfrentan los Estados nacionales. ¿Cuál es su futuro?

La evolución de las tecnologías de comunicaciones está permitiendo a ciudadanos de todos los países acceder a servicios libremente, a pesar de que al interior de cada nación existe una reglamentación sobre los mismos. Tal vez si me transporto usando la plataforma Uber no estoy haciendo uso de un taxi, pero se sustituye dicho servicio, el cual, por cierto, se halla regulado y restringido. Lo mismo sucede con el servicio de la hotelería y la plataforma airbnb. Y, ni qué decir de las criptomonedas que ponen en entredicho la soberanía monetaria del Estado.

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Hay más casos, la educación superior virtual internacional, los servicios de streaming, etc. Ahora, aunque varios de estos casos se van resolviendo a través de nuevas legislaciones que tratan de ponerse a tono con la realidad que se deriva de la globalización y de la sociedad del conocimiento, no todos se regulan; algunos siguen en largos litigios, incluso, continuando con la prestación de un servicio que temporalmente se considera ilegal.

El tema es que detrás del Estado nación se halla una compleja sociedad que se divide entre aquellos que valoran los nuevos servicios, que los ven como un nivel superior de desarrollo y otros que sienten que sus industrias se debilitan, ya que, nacieron y se han desarrollado bajo un esquema de control estatal. Los hoteles se resienten, los propietarios de taxis se ven afectados, los canales de televisión nacional y de cable sienten la amenaza de la competencia externa y la banca central pierde capacidad de injerencia en la estabilidad macroeconómica.

El Estado nación es la base de esta reflexión. Antes de 1648, el mundo eurocéntrico era guiado por la simbiosis entre el Sacro Imperio Romano y las élites territoriales del viejo mundo; una amalgama entre casas reales y el papa. Un constante diluvio de matrimonios y divorcios entre el heredero al “trono de San Pedro” y los frecuentemente efímeros reyes europeos.

Pero, todo cambia con la paz de Westfalia (1648), la cual se convierte en causal de divorcio definitivo entre la iglesia católica y los gobernantes laicos de los nacientes Estados nacionales. Westfalia es la semilla de la modernidad geopolítica. En principio Westfalia no significó una novedad; se trataba como en otros acuerdos, de “verdadera y sincera paz y amistad cristiana, universal y perpetua” (Kissinger, p. 37). Sin embargo, Westfalia sentó las bases de un nuevo orden internacional centrado en las relaciones entre Estados, en lugar de dinastías, casas reales o inclinaciones religiosas. Nacía el Estado soberano.

Durante los siguientes siglos, los principios westfalianos se expandieron por todo el planeta, especialmente después de los procesos de descolonización de África, Asia, Oceanía y América. Las élites de los nacientes países fundaron sus Estados tomando como referente el modelo consolidado en Europa Occidental. Westfalia sentó las bases de un mundo conformado por Estados, los cuales son supremos hacia el interior del territorio e independentes allende sus fronteras.

Bajo el paraguas ideológico del Estado westfaliano los países nos hemos dado nuestros régimenes normativos. constitución política, leyes y decretos. Al interior de cada nación ciertas actividades se prestan con amplia libertad, otras tienen sus restricciones: se regula la prestación del servicio médico o del educativo; se controla la profesión de abogado o de contador público, etc. ¿Todo ello para qué?, para asegurar la calidad del servicio, para equilibrar el balance entre la oferta y la demanda, para recaudar ingresos para el Estado, etc. Cada Estado tiene sus propias razones.

Pero la mutación que sufre el mundo a causa de la transformación digital hace porosas las fronteras de los Estados nacionales. Puedo estudiar con una universidad extranjera, puedo adquirir criptomonedas que no son emitidas por la Banca Central, puedo hospedarme en una casa de familia sin la regulaciones que tienen los hoteles, etc. Esto va más allá de los cambios en el mercado, esto pone en entredicho la forma como se ha entendido y ejercido la soberanía de los Estados a lo largo de varios siglos.

¿Cómo podrán coexistir los Estados soberanos y la globalización en un mundo interconectado? ¿Será posible?

No sólo la transformación digital ha cuestionado el rol supremo del Estado nación; la proliferación de armas nucleares que pueden destruir a todo el planeta, las pandemias (como la actual del Covid), el calentamiento global, han hecho mella en la capacidad de cada país de valerse por sí solo. Los retos y oportunidades globales han traído a la mesa categorías como: acuerdos intergubernamentales, supranacionalidad, derecho de injerencia, entre otros.

Cada época tiene un sello propio. La religión delineó la cosmovisión previa a Westfalia; la razón iluminó a los tiempos de la Ilustración y el nacionalismo marcó los siglos XIX y XX. Ahora, la ciencia y la tecnología trazan las líneas del devenir.

Del final de la era industrial heredamos la ciber-tecnología para un mundo más interconectado. Pero, parece que el Estado nación y lor organismos multilaterales (interestatales) tienen una naturaleza insuficiente para seguir jugando el rol rector que se les delegó hace casi 400 años (a los primeros) y casi un siglo a los segundos.

 

 

 

 

El suicidio de la democracia real.

Giovanny Cardona Montoya, noviembre 3 de 2020.

Recuerdo hace un par de décadas cuando el partido socialista francés convocó a sus electores a votar en segunda vuelta por el conservador Jacques Chirac. ¿Y por qué? porque había que detener al ultraderechista y populista Frente Nacional (FN) de Jean Marie Le Pen. En 2017 se repitió la escena, esta vez los partidos de izquierda apoyaron a Macron para evitar que Marine Le Pen, hija del fundador del FN, tomara las riendas del país.

Por medio de procesos democráticos el mundo ha visto ascender al poder a políticos que representan la negación del pluralismo político e ideológico y de la división de las ramas del poder público. Políticos de talante totalitarista, autocrático o, incluso, teocrático, han llegado a regir los destinos de sus naciones gracias a procesos electorales pluripartidistas.

Hitler, Daniel Ortega, Hugo Chávez,  Robert Mugabe, Vladimir Putin o el mismo Donald Trump son algunos ejemplos de políticos que han usado la democracia para el ascenso a la cúspide del Estado y luego desdecir de sus instituciones.

¿Por qué la democracia sirve de escenario para que populistas, xenófobos, racistas, totalitaristas , guerreristas, negacionistas, etc. asciendan al poder por la vía legal?

Voy a proponer una respuesta a esta pregunta: la democracia a medias no es democracia.

Tenemos varios imaginarios sobre lo que significa democracia. El más común es el que hace referencia a “la voluntad popular”, “el contrato social” o el triunfo de las mayorías. Es una idea que viene de Rousseau y otros representantes de la Ilustración, quienes delinearon los principios de un sistema donde todos los ciudadanos son iguales, racionales y eligen a sus gobernantes.

Pero hay postulados menos idealistas. J. A. Schumpeter sólo reconoce la existencia de la democracia formal: las campañas, las convenciones, los discursos, el día de las elecciones, los escrutinios, etc. Pero, este autor austriaco-norteamericano cuestiona la existencia de la voluntad popular;  para él se trata de una categoría ficticia, utópica.

Schumpeter declara la existencia del Caudilismo Competitivo, que no es otra cosa que la puja de las élites por el voto de las masas. Este autor tiene una perspectiva denominada “realista” opacando la importancia del pueblo a la hora de elegir a los gobernantes. Para Schumpeter es claro que los vencedores en la contienda electoral no tienen compromisos con los votantes, lo que no significa que sus actuaciones no puedan verse como favorables a unos u otros sectores de la sociedad.

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Más dramática aún es la perspectiva marxista: no puede existir democracia con propiedad privada, ya que, las instituciones del Estado son coptadas por las clases propietarias de los medios de producción. En otras palabras, el Estado es la estructura política de las clases dominantes -la burguesía, no de los trabajadores.

Luego de ver estas tres perspectivas conceptuales, vamos a desarrollar la tesis que provoca esta columna. La democracia supone ciertas condiciones sin las cuales esta institución es simplemente formalidad. Desde la perspectiva del elector sugiero dos condiciones claves: 1. Conocimiento mínimo; 2. independencia del elector.

La idea de conocimiento mínimo se fundamenta en la tesis kantiana de la mayoría de edad. Se trata de ciudadanos dotados de pensamiento crítico y autónomo, capaces de argumentar y debatir alrededor de sus decisiones políticas. La cobertura educativa y la calidad de las escuelas es fundamental para fortalecer un sistema democrático. Bajas tasas de cobertura y un sistema pobre en formación de competencias ciudadanas, son caldo de cultivo para una débil democracia.

La calidad y cobertura educativa se amalgaman con el acceso a información suficiente y confiable. Además de que los medios de comunicación y particularmente los noticieros, puedan representar intereses políticos, económicos, sociales o religiosos particulares (o privados), hoy existe el riesgo de acceder a Fake News en las redes sociales. Un ciudadano no cultivado en lo político es presa fácil de información falsa o poco objetiva.

La independencia mínima del elector está relacionada con su libertad de movimiento y de actuación. Territorios donde el Estado reina son fundamentales para que los electores se puedan expresar sin presiones. Y, tal vez, esta libertad se vive en muchos territorios del planeta, pero no en todos. Zonas donde la ley la imponen las bandas criminales (con fines políticos o de otra índole), la autonomía del elector se constriñe, se reduce. Ahí se debilita la democracia.

Pero, la mayor talanquera para que el elector actue con independencia es la pobreza. Familias con necesidades básicas insatisfechas son presa fácil de la corrupción electoral. La venta del voto y el clientelismo (que se traduce en prevendas estatales a cambio del voto) son el mayor cáncer de la democracia.

Con lo anterior quiero señalar que a lo largo de las décadas hemos estado idealizando una democracia imperfecta. La comparamos con China o con Arabia Saudita o con Corea del Norte y, entonces, nos sentimos orgullosos. Pero nuestra autocomplacencia y la crónica tolerancia frente a las debilidades del sistema corroen a la democracia, la debilitan. La venta de los votos y el clientelismo crónico asfixian a la democracia real.

Ahora, una dimensión más profunda de la ausencia de estas dos condiciones es la marginalidad. Grupos poblacionales de desplazados, de mendigos y de habitantes de la calle se convierten en ciudadanos de segunda y de tercera. Ellos no cuentan, no participan, ni siquiera se dan cuenta; son la máxima evidencia de la ausencia de una democracia real. ¿Dónde queda entonces, la voluntad popular? ¿De qué mayorías hablamos?.

Ahora, cuando las debilidades democráticas del elector -poco conocimiento e independencia- se perpetúan, entonces, crece la privatización de los bienes públicos del Estado: familias que se apoltronan en el poder, empresas que cobran con contratos y personas naturales que lo hacen con cargos públicos, los servicios prestados (dinero y votos) durante las elecciones.

Una democracia débil, caldo de cultivo para candidatos tiranos y populistas.

Ahora, volviendo al punto original, podemos comprender por qué electores insatisfechos, decepcionados de demócratas “aparentes”, de gobernantes que no cumplen sus programas de gobierno y de problemas sociales que no se resuelven o, peor aún, se agudizan, son caldo de cultivo para que mesías, demagogos y vendedores de ilusiones accedan al Estado. Es la frustración de los demócratas de la base la que catapulta a populistas y tiranos a las más altas esferas del poder político.

El populista Trump derrotó hace 4 años a una Hillary Clinton que representaba a las tradicionales castas corruptas y se erigía como símbolo del nepotismo político (la consolidación de la familia Clinton, otro clan como los Bush o los Kennedy). Chávez fue elegido como respuesta a la frustración de los venezolanos con un bipartidismo que gobernó por décadas y dilapidó la riqueza de las bonanzas petroleras.

Una democracia aparente es el suicidio de la democracia real.

 

 

Mipyme: el eslabón perdido de la internacionalización económica.

Giovanny Cardona Montoya. octubre 18 de 2020-

 

1. El diagnóstico.

Para la economía mundial, las mipymes son actores fundamentales para dinamizar el crecimiento y la generación de empleo. Sin embargo, hay matices a la hora de explicar lo que es una pequeña empresa y su rol en la dinámica económica de diferentes países. En general, los países determinan la diferencia entre microempresas, pequeñas, medianas y grandes empresas a partir de la medición del número de empleados, el valor de sus activos o el valor de las ventas. Este último criterio sería bastante útil para el análisis dinámico y estratégico. Para los expertos, las ventas dan una idea de la capacidad dinámica de las empresas, mientras que el número de empleados y el valor de los activos se circunscriben a la dimensión del desempeño potencial.

Para efectos de la clasificación del tamaño empresarial en Colombia “se tendrá como criterio exclusivo los ingresos por actividades ordinarias anuales de la respectiva empresa” según el Decreto 959 de 2019.

La relevancia de abordar las mipymes como objeto de análisis para el proceso de internacionalización de la economía colombiana radica en el hecho que aquellas representan el segmento más grande del tejido empresarial colombiano, En 2014, casi 95% de las unidades productivas eran microempresas, mientras que las pymes representaban el 4,8%. En otras palabras, la mipyme alcanza casi el 99% del universo empresarial.

Esta distribución de las empresas no se diferencia de la que se presenta en países como México, Gran Bretaña o Perú; incluso en Estados Unidos casi el 80% de las empresas tienen 10 trabajadores o menos. Un poco diferente es el caso de Chile ya que las microempresas no alcanzan el 80% y la gran empresa representa más del 1.5%.

Sin embargo, aunque la estructura empresarial colombiana se asemeja a la de otros países de referencia a la hora de ver la generación de empleos, hay diferencias evidentes en el papel que juegan las empresas según su tamaño. Mientras en Colombia, en un escenario semejante al de Perú, la mipyme es responsable de 80% de la ocupación, en Estados Unidos y Reino Unido la gran empresa es responsable de 50% y 40% del empleo, respectivamente.

Ahora, entrando en el eje de análisis que le da sentido a este artículo,  el BID señala que las mipymes latinoamericanas tienen una menor participación relativa en el comercio global si se le compara con otras regiones del planeta. Así, por ejemplo, sólo 13% de las pymes de América Latina exportan, mientras que en Corea son el 19%, en Tailandia el 47% y en Malasia el 55% (BID, 2014).

10 EXPORTADORES COLOMBIANOS COMPARADOSegún estos datos de ANALDEX, la concentración de exportaciones colombianas es muy alta (10 exportadores son responsables del 67% de las ventas internacionales). Es una manifestación clara que son un pequeño grupo de grandes empresas las que lideran la internacionalización de la economía colombiana.

2. La oportunidad.

Esta situación muestra grandes y particulares retos para los gerentes que lideran empresas en Colombia. De un lado es claro el hecho que los mercados de referencia señalan un gran potencial asociado al fortalecimiento de la gran empresa como generadora de empleo y, del otro, también es evidente que la mipyme puede jugar un papel más que trascendental y que requiere de estrategas capaces de fortalecer su participación en los mercados locales y globales.

En ese contexto, la existencia de una nueva y más profunda división internacional del trabajo, en la cual las factorías no elaboran productos sino tareas en una cadena inter-empresarial de producción de bienes y servicios, hace necesario repensar el objeto de trabajo de los gerentes y estrategas, quienes deberán gestionar organizaciones encadenadas.

La visión tradicional del Gerente receloso de la información de su empresa no es compatible con la creciente cooperación interempresarial que va desde la provisión de insumos hasta el servicio postventa. Las Cadenas Globales de Valor le dan sentido a la idea filosófica de la Coo-petencia entre empresas que comparten objetivos y mercados. Como señalábamos en un artículo hace unos años en este mismo espacio. “soy Gerente de un eslabón de una Cadena Global de Valor”.

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En el caso colombiano se abre camino la posibilidad de desarrollar cluster regionales que conecten a la gran empresa con las mipymes que puedan ensamblar y producir con eficiencia y calidad, componentes necesarios en la cadena de valor.

Ahora, para hacer efectiva la participación de mipymes en encadenamientos productivos, se hace necesario detener esa tácita animadversión a la innovación. Si las empresas más pequeñas no replantean los ejes de su competitividad, pasando del modelo económico centrado en mano de obra barata, para incursionar en elementos de competitividad asociados a las economias de escala (costos bajos), diferenciación (agregación de valor) y foco (especialización), difícilmente se podrá materializar esta oportunidad.

Con el fin de potenciar su participación en los mercados internacionales, las pymes pueden echar mano del comercio electrónico. Un estudio a nivel mundial revela que 95% de las pymes que venden en eBay exportan a través de esta plataforma, lo que es siete veces superior al total de exportadores de América Latina, que equivale al 13,4% del total de empresas de la región. La tecnología sirve a las empresas para superar la barrera de la distancia. Un incremento de 10% en la distancia reduce las exportaciones tradicionales en 18%; mientras que el comercio que se da a través de la web se reduce solamente 3% (eBay, 2013).

Los modelos de negocio centrados en Internet requieren de condiciones –conectividad, servicios, logística y régimen regulatorio-, que faciliten el acceso de las pymes a los mercados internacionales; por ejemplo, obtener información de mercado y servicios logísticos y financieros a un costo competitivo si se le compara con exportaciones bajo métodos tradicionales.

Incluso, el e-commerce fomenta la confianza entre compradores y vendedores, ya que contribuye a que el comprador desvincule la calidad y fiabilidad del exportador, de la imagen del país de donde proviene la mercancía o el servicio (Lendle, Olarreaga, Schropp y Vezina, 2012).

 

Prospectiva: repensar Desarrollo y Bienestar.

Octubre 13 de 2020.

En 2007, con la crisis global de las subprime, el modelo económico neoliberal entró en una profunda crisis de la que aún no sale: el crecimiento económico de Estados Unidos es inestable, Europa sigue semi-deprimida, Japón no crece y la economía China continúa en una constante desaceleración económica.

Ante el costo social del modelo económico, la primera respuesta había sido una especie de post-neoliberalismo que nació en América Latina y que a la ligera se le denominó Socialismo del Siglo XXI. Sin embargo, la crisis de la economía griega, acompañada del Brexit y el ascenso del neoproteccionista Donald Trump, han sido los verdaderos detonantes que minan desde su interior, las estructuras de esta economía aperturista que reina en el planeta desde hace seis lustros.

Pero, la economía global presenta mayores problemas -algunos engendrados desde el siglo XIX-, los cuales están colocando a la especie humana y a la naturaleza en una encrucijada que parece sólo dejar dos caminos: continuar la senda de la autodestrucción o hacer la pausa y repensar las ideas que tenemos sobre desarrollo y bienestar.

Desde que la economía de mercado tuvo su génesis (hace 500 años, más o menos) el péndulo de la historia ha oscilado entre el proteccionismo y el libre cambio. Dichos movimientos, de cadencia dialéctica, han guiado a la humanidad hacia una cosmovisión consumista fundada en la competencia creativa. Sin embargo, el horizonte desolador que divisamos, obliga a una creatividad disruptiva que rompa con la miope discusión entre fronteras abiertas o fronteras cerradas.

Repensar la idea de que bienestar es poseer y que desarrollo es sinónimo de crecimiento, implica tener en cuenta:

1- El deterioro del medio ambiente. Entre lo empírico y lo científico hay suficientes evidencias del cambio climático; aunque aún hay voces que llaman alarmistas a aquellos que se preocupan por el futuro de nuestro planeta.

Se han masificado los problemas presentes relacionados con la calidad del aire, el acceso al agua potable y la reducción de la biodiversidad. O sea, ni siquiera se trata del devenir de la especie humana, sino de la calidad de vida en nuestras ciudades y en el menguante campo en el presente.

A pesar de los tecnicismos, es claro que los combustibles fósiles, las chimeneas de las fábricas y la deforestación están acabando con el hábitat natural de las especies vivas. La muerte y el deterioro de la salud por culpa de las temperaturas extremas, los fenómenos desbordados de la naturaleza (veranos severos con incendios, inviernos extremos, lluvias que provocan inundaciones) y las cosechas perdidas a pesar de nuestro conocimiento científico-tecnológico, son una constante.

A esta realidad no se le puede llamar desarrollo.

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2- Migraciones: el territorio local se ha quedado pequeño. La mente humana, los sueños o el miedo han dado alas a la especie humana. Por siglos nos hemos adscrito a un territorio que nos da identidad. Pero las cosas están cambiando, los ciudadanos del mundo, la generación del Milenio, la doble nacionalidad, el turismo, la globalización de idiomas como el inglés, al igual que las hambrunas y las guerras, están llevando a las personas a recorrer el planeta, a desarraigarse, a mestizarse, a reinstalarse…o simplemente a buscar donde sobrevivir.

La economía doméstica se está quedando pequeña para dar bienestar a una ciudadanía global.

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3- Violencia ideologizada: en nombre de Dios, de la libertad, de la patria, de la cultura (occidental, oriental, etc.) y de toda idea sublime que pueda ser “utilizada” nos venimos matando por siglos. Las guerras han sido una constante de la historia humana, pero las armas que hoy poseemos las hacen mucho más fratricidas y perversas: armas químicas, armas biológicas, armas nucleares, etc. Hemos desarrollado la capacidad de destruir a la especie.

A esto no se le puede llamar, ni desarrollo, ni bienestar.

4- Miseria crónica y estructural, fundada en insolidaridad. A pesar de que el egoísmo ha sido explicado como motor de desarrollo (la propiedad privada y la mano invisible del mercado) y que pueden existir evidencias empíricas que demuestren que el libre mercado ha hecho crecer las economías, que se ha aumentado y mejorado, gracias a ello, la producción de bienes y servicios, la verdad es que dos mil millones de personas viven con menos de un dólar al día, que millones de personas mueren por causas relacionadas con el hambre y la desnutrición y que porcentajes importantes de la población de las naciones sufren de la ausencia de un empleo digno.

Esto no puede ser Desarrollo Sostenible.

muro entre ricos y pobres

En síntesis, no podemos seguir estimulando un modelo de desarrollo económico centrado en el consumo ilimitado y el crecimiento sin condiciones. Es hora de colocar por encima de variables como inflación o tasas de interés, las de crecimiento compartido y consumo responsable. Qué las políticas económicas se inspiren en estas dos categorías.

Es inviable una humanidad que persiga el crecimiento perenne y el consumo sin restricciones. No hay futuro si no retomamos valores como la frugalidad, la solaridad y la creatividad.