Paro cafetero: respuesta a una crisis de más de 20 años.

En 1989 se rompieron las negociaciones entre productores y consumidores de café, quienes, en el marco de la Organización Internacional del Café -OIC-, se aprestaban a renovar el Pacto Cafetero que periódicamente se revisaba desde la década de 1960. Ahí comenzaron todas nuestras penurias: el precio del grano dejó de tener la estabilidad que ofrecía el Pacto y comenzó a moverse al vaivén de la oferta y la demanda.

El mercado internacional cafetero se caracteriza por la crónica sobreoferta. En general es mayor la cantidad de café que se cosecha al año que la que se consume. A pesar de los esfuerzos que se hacen en los países productores como Colombia por incrementar la demanda doméstica, aún se producen millones de sacos adicionales que alguien tiene que almacenar, con los consecuentes costos financieros que ello implica.

Colombia no entendió lo que sucedió en el año 1989, de un lado por la soberbia de nuestros directivos cafeteros al creer que el mercado mundial preferiría nuestros Suaves Colombianos por encima de las variedades Robustas y Arábigos de los africanos y los brasileños; del otro, porque el Fondo Nacional del Café -FNC- logró mantener precios de sustentación hasta 1993, cuando los recursos ahorrados en la época de “vacas gordas” comenzaron a agotarse. Sólo en ese año nuestros caficultores comenzaron a sentir las verdaderas consecuencias de la ruptura del Pacto Cafetero.

Y, aunque realmente los suaves colombianos tienen unos centavos adicionales con respecto al precio en Bolsa de las demás variedades, este “plus” no compensa las consecuencias de un mercado libre como el que tenemos desde hace más de 20 años: un precio recurrentemente bajo debido a la crónica sobreoferta y a la manipulación del mercado por parte de un pequeño grupo de multinacionales.

Si bien hoy la revaluación es una gran preocupación y el precio internacional del grano fluctúa entre US$1,70 y US$1,60 por libra, -cuando en 2011, la cotización de la libra de café en Nueva York promedió los US$2,53-, la verdad es que los precios bajos han sido la constante de las últimas dos décadas. Por ejemplo, los promedios observados en 2009 y 2010 fueron de US$1,25 y US$1,63 respectivamente.

Según el Banco de La República, luego de la ruptura del Pacto Cafetero en 1989, los suaves colombianos se vinieron en picada, colocándose por débajo del dólar por libra. A partir del año 93, los precios volvieron a subir hasta alcanzar los dos dólares en el año 1998 cuando comenzó la curva descendente que nos colocó, en los años 1999-2005 en los niveles más bajos de las últimas décadas: llegando incluso a bajar hasta 63 centavos de dólar por libra. Sólo en 2009 comienza el grano nuevamente a cotizarse sobre los 2 dólares.

En anteriores artículos hemos mostrado que la revaluación es una constante que nos persigue desde hace más de una década y, ahora, estamos evidenciando que los bajos precios del grano también son una tendencia histórica. A simple vista, los caficultores son víctimas de una crónica revaluación y de los bajos precios de un mercado sobreofertado. El paro de caficultores que vivimos en la primera semana de marzo de 2013 es el reclamo de miles de cultivadores que han aguardado con paciencia, durante dos décadas, a que el país tome medidas estructurales para resolverles su problema…pero esto no ha sucedido.

Variables a tener en cuenta para una estrategia de recuperación del sector cafetero:

1. Mercado oligopólico y oligopsónico. El comercio internacional de café se caracteriza, además de la sobreoferta, por una concentración oligopólica de compradores de commodities -café trillado- y de vendedores de productos al consumidor final -café tostado, molido, descafeinado, liofilizado, granulado, etc.- Empresas como PyG, Nestlé, Jacobs, y una decena más de multinacionales, controlan más de la mitad del negocio internacional del café.

2. La cadena de valor del mercado del café. Colombia se caracteriza por ser exportador de café en grano, con una muy pequeña participación en su industrialización  más allá de la trilla. Hay un gran potencial en el mercado de medicamentos -cafeina-, bebidas frías y calientes, confitería, perfumería, ocio -cafeterías-, entre otros. Con excepción de la marca Juan Valdéz, en el país no se evidencia una estrategia para participar de manera más activa en la cadena de agregación de valor del mercado internacional cafetero.

Para poner sólo un ejemplo, Starbucks, la empresa más grande de cafés del mundo, tiene más de 15 mil tiendas en casi 50 países y obtuvo en el tercer trimestre de 2012 utilidades por 360 millones de dólares. Mientras esta empresa tiene utilidades anuales que superan los mil millones de dólares, Colombia exporta alrededor de 2 mil millones, ello siempre y cuando el precio no continúe a la baja.

Todos los pronósticos indican que 2013 no será el año de la recuperación económica global, por lo tanto, Estados Unidos mantendrá su política agresiva para promover sus exportaciones -incluso devaluando el dólar- y China continuará con un crecimiento desacelerado, lo que se traducirá en bajos precios internacionales de commodities, incluido el café.

Pregunta: ¿pactar un precio de sustentación para caficultores es lo mejor que podemos hacer para sacar adelante la industria del grano?…

…Nos estamos comiendo las bonanzas de commodities y la transformación de aparato productivo colombiano aún no se evidencia.

 

 

Internacionalización de la economía: más pragmatismo, menos dogmatismo.

Cuando los estrategas de una organización planean su futuro, fijan el rumbo guiados por una Visión, la cual indica el Norte de su desarrollo. La Visión es el faro que inspira las decisiones estratégicas de los directivos de una empresa. ¿Cuál es la Visión que lleva a Colombia hacia el futuro?

Internacionalización de la economía colombiana: medidas y resultados.

Hace casi un cuarto de siglo, Colombia renunció al modelo proteccionista y abrazó el proyecto neoliberal de apertura y modernización de la economía. Más allá de las presiones de organismos financieros internacionales, promotores del Consenso de Washington, hay que reconocer que el relativo éxito de los llamados tigres asiáticos inspiró a muchas naciones latinoamericanas para liberalizar sus economías.

En esta tabla se evidencia que desde finales de la década de 1980, los países latinoamericanos han venido reduciendo sus barreras aduaneras al comercio, ya sea vía unilateral -curva roja- o a través de convenios preferenciales bilaterales -líneas amarillas-. En promedio, los aranceles han bajado de 42% a poco más del 12%.

 

En el marco de esta estrategia, el país ha liberalizado su comercio y ha firmado una docena de acuerdos comerciales, algunos con vecinos de la región -CAN, G-2, Chile, Mercosur- y otros con mercados de otras latitudes: TLC con Estados Unidos, Unión Europea o el reciente con Corea. En esto  nos parecemos a muchas naciones de la región y del planeta que han desarrollado un regionalismo abierto, fundamentalmente apoyado en la firma de TLC.

La presente tabla muestra que las exportaciones de muchos países latinoamericanos se realizan gozando de preferencias arancelarias fruto de acuerdos comerciales regionales (barra roja) o extrarregionales (barra azul).

 

Como resultado de esta estrategia, las exportaciones colombianas también han sido beneficiadas con preferencias aduaneras, primero con países latinoamericanos en el marco de los acuerdos subregionales reconocidos por la ALADI, y a través de preferencias unilaterales de Europa y Norteamérica (SGP y ATPDEA). En el futuro cercano estas preferencias estarán enmarcadas en los TLC recientemente firmados.

Sin embargo, tras 23 años de apertura económica un hecho relevante se presenta: la oferta exportadora colombiana no cambia, seguimos siendo exportadores de commodities, sin valor agregado. El proceso de apertura económica no se ha traducido en una modernización evidente del sector industrial, lo que se notaría en una diversificación y sofisticación de la oferta exportadora colombiana.

A pesar de las preferencias arancelarias, Colombia sigue siendo un exportador de combustibles (carbón, petróleo, ferroníquel), de bienes agrícolas tropicales (café, bananos) y de unas pocas manufacturas de baja complejidad tecnológica (confecciones). De hecho, el peso significativo de las manufacturas en las exportaciones sólo es evidente en el marco del mercado andino. ¿Por qué no se ha dado la transformación económica?

 

¿Dónde se embolató la receta?

Cuando miramos casos exitosos como los de Corea o de sus vecinos asiáticos, encontramos que los resultados han sido más que evidentes: diversificación de su oferta exportadora, agregación de valor a sus bienes y servicios, crecimiento significativo de sus exportaciones y del PIB per capita, caída en los niveles de pobreza, entre otros. Chile, nuestro vecino, con resultados menos asombrosos pero que van en la misma dirección, ha reducido su dependencia de las exportaciones de cobre, y ha ganado mercados importantes en Asia y Latinoamérica, además de incrementar sus ventas a Europa y Norteamérica.

Tanto en el caso asiático como en el chileno, el Estado no ha renunciado a su rol director de la economía, implementa políticas fiscales enfocadas al estímulo a la inversión, la innovación, el desarrollo tecnológico y la investigación. Además, son crecientes los recursos que utiliza para fortalecer las capacidades productivas: educación, infraestructura, capacidades científicas y tecnológicas, etc. O sea, las razones de su éxito no se reducen a la firma de acuerdos comerciales.

La formación bruta de capital fijo es la creación de capacidades para aumentar y diversificar la producción: nuevas industrias, infraestructura, tecnología, etc. Chile es un país que desde hace más de 20 años viene dedicando más de 1/4 de su PIB a formación bruta de capital fijo.

 

En Colombia no surgen nuevas industrias, los recursos para Colciencias son limitados, además de los problemas de gestión que aún vive, en Colombia no se patenta, la cobertura educativa sigue siendo baja, se tienen grandes problemas de vías terrestres y de puertos, además de una ausencia de opciones ferroviarias y fluviales. Pasados más de 20 años desde el cambio de modelo, Colombia no tiene nuevas industrias, el país sigue dependiendo de hidrocarburos, de café, de flores, de bananos y de una industria liviana tecnológicamente poco desarrollada.

En la cadena global de valor, donde la producción de bienes conecta a fábricas de países de todo el mundo, distribuyendo tareas de diversa complejidad, Colombia participa sólo en las puntas: de un lado, abastecemos de combustible a las fábricas asiáticas, europeas y norteamericanas y, del otro, ensamblamos productos de baja tecnología, vendiéndoles nuestra mano de obra barata.

En ejemplos más complejos que el que veremos a continuación, hay grandes oportunidades para empresas que incursionen en procesos tecnológicos apoyados en estrategias de innovación y de investigación. En estos eslabones de la cadena es que debemos incursionar si queremos, realmente, superar los niveles de pobreza y ausencia de oportunidades para gran parte de la población:

El comercio mundial de tareas representa casi el 50% del intercambio de mercancías y servicios entre el Este Asiático y las empresas de Europa y Norteamérica. Si un producto tan simple como éste requiere la participación de fábricas de 6 países, entonces, mayores oportunidades existen en la cadena global de valor de aeronaves, TIC, agroindustria, biotecnología, entre otros.

 

La firma de TLC y la apertura unilateral de comercio son parte de una estrategia que no nos llevará muy lejos si no la complementamos con acciones contundentes para fortalecer nuestra capacidad productiva: infraestructura, educación, desarrollo, investigaciones, innovación y emprendimiento, principalmente.

Futuros escenarios internacionales para la economía colombiana

La economía global viene desarrollando una cadena de cambios significativos desde hace un cuarto de siglo pero, a la vez vive una prolongada crisis que inició hace más de dos años y que presenta indicios de profundizarse en el año venidero. Esta combinación aunada a los retos que enfrenta la economía colombiana en particular, permiten delinear factores de cambio que incidirán sobre el entorno internacional para nuestras empresas en el  próximo año. A continuación explicaremos los más significativos, pero en las simbiosis  tendencias de largo plazo – coyuntura y tendencias globales – dinámicas locales.

Economía mundial y mercado doméstico: débil crecimiento. En la última década el motor del crecimiento mundial han sido las economías emergentes. Y lo han hecho sobre la base de una incursión en industrias complejas de alto valor agregado. Los BRIC y otros países subdesarrollados, han ido expandiendo su participación en la economía mundial a través de un fortalecimiento de sus capacidades innovadoras y de desarrollo tecnológico. El resultado ha sido su creciente participación en la cadena productiva de empresas multinacionales de Europa y Norteamérica, provocando un aumento en los precios mundiales de commodities, lo que ha estimulado el superávit de cuenta corriente de economías como la colombiana.

Sin embargo, es poco probable que China e India puedan mantener altas y sostenidas tasas de crecimiento económico, mientras sus compradores más importantes: Europa, Estados Unidos y Japón- siguen en recesión. Y todo indica que esa será la tendencia de 2012. En consecuencia, los ingresos de los colombianos estarán afectados por la depresión de las remesas que envían nuestros paisanos desde España y Estados Unidos principalmente y por un menor precio del carbón, petróleo, ferroníquel y café; principales productos de exportación del país.

Perspectiva comerciales de Colombia. La masificación de acuerdos comerciales es la respuesta de los gobiernos a la incapacidad de la OMC para llegar a un nuevo gran pacto en el marco de la Ronda de Doha. Cada país trata de abrirse paso en los mercados internacionales, a través de acuerdos bilaterales, principalmente.

Las expectativas colombianas están centradas en la ratificación del TLC con Estados Unidos y las oportunidades que ofrecen mercados con los que se tienen recientes acuerdos: la Unión Europea, Canadá, Japón, Corea, entre otros. Con respecto a estos países, la oportunidad está relacionada con el aprovechamiento de preferencias que ya existían de manera unilateral –ATPDEA y SGP- pero que ahora serán permanentes, por ende, más confiables y atractivas para los inversionistas.

Estos tratados pueden atraer inversionistas extranjeros que quieran aprovechar los Acuerdos Comerciales y de Inversiones para atender otros mercados desde Colombia. Igualmente, podremos acceder a maquinarias y materias primas libres de aranceles. Pero, no olvidemos que algunas empresas nacionales que abastecen el mercado doméstico encontrarán nuevos competidores derivados de estos tratados.

Sin embargo, hay que tener en cuenta dos elementos adicionales. Primero, los mercados con los que firmamos TLC no son exclusivos; otros competidores ya han firmado tratados o esperan hacerlo en los próximos meses o años. En consecuencia, los TLC son una oportunidad que sólo tiene sentido si nuestras empresas elevan su productividad, agregan valor, se diferencian e innovan. No olvidemos que 20 años de apertura económica no se han traducido en un cambio significativo de la oferta exportable; la cual sigue siendo, con loables excepciones, una, poco diversa, gama de commodities.

El segundo elemento tiene que ver con el mercado venezolano. A pesar de que las relaciones políticas entre los dos países tienden a mejorarse, la dinámica comercial no tiene que seguir el mismo rumbo. Venezuela espera un ingreso pleno al Mercosur y ya ha tomado medidas para cubrir las exportaciones colombianas con productos de Brasil y Argentina. Sectores como el automotriz, cárnicos, huevos y lácteos ya han sido desplazados por proveedores del Cono Sur. Las empresas colombianas de manufacturas y sector agro-industrial deben aceptar el reto de encontrar nuevos mercados. En este camino, hay que analizar el potencial de otros acuerdos: CAN con Mercosur y los convenios existentes con Chile, México y demás países centroamericanos.

La tasa de cambio. Llevamos 10 años de revaluación. El dólar, que de manera gradual llegó a los $2300 hace casi una década – tocando el borde de los $3000 en la coyuntura política de 2002- se mantiene por debajo de los dos mil pesos desde hace varios meses. Esto es algo que preocupa a exportadores y al mercado nacional por el incremento de las importaciones. No es viable predecir lo que va a suceder pero hay elementos estructurales para entender que no se va a presentar una fuerte devaluación del peso. Probablemente las relaciones Dólar – Euro y Dólar – Yen van a cambiar, desacelerando la tendencia de devaluación del dólar, pero el cambio no puede ser muy significativo porque Estados Unidos no muestra señales de moverse en esa dirección. La Reserva Federal y el gobierno americano –en un año electoral- tratarán de mantener una política expansionista para recuperar los empleos perdidos durante la crisis: La política monetaria norteamericana seguirá siendo expansiva. Se tomarán medidas para reactivar la economía, lo que implica evitar la revaluación del dólar.

Colombia: tan cerca del mundo…tan lejos de América Latina

Hoy quiero proponer un tema, a primera vista, muy político pero, la verdad, trascendental para el desarrollo económico de nuestro país: el proyecto de integración de Colombia.

La integración económica surgió como excepción a las negociaciones multilaterales del GATT. La idea era estimular el comercio regional, fortaleciéndose las economías conectadas. Así nacieron, el bloque europeo, la ALADI o la Comunidad Andina de Naciones -CAN-. Integrarse tiene muchos matices y puede ser un proceso complejo y profundo o superficial y básico.

Superficial es la firma de un TLC, ya que lo único que se logra es la liberación -no plena- de mercados de bienes y de capitales. Complejo es el proyecto de Unión Aduanera de la CAN o el del Mercosur, ya que desaparecen las aduanas nacionales y se crea un gran territorio aduanero regional, lo que reduce los costos de transacción y obliga a la creación de una administración fiscal supranacional. Es un reto grande.

El mejor ejemplo de lo que es un gran reto es la Unión Europea: permitir el libre movimiento de trabajadores, de mercancías, de servicios y de capitales; crear políticas regionales en agricultura, infraestructura, educación, hasta llegar a tener una moneda regional: eso es todo un reto de integración.

¿A qué le está apostando Colombia?

Las evidencias empíricas muestran que Colombia no es un líder en materia de integración regional. Es notorio el interés de nuestros gobiernos y de los empresarios por los TLC con Europa y Estados Unidos. Eso no es un error. La cuestión es que estos TLC no son proyectos de integración económica, sólo son propuestas de liberalización comercial. Eso es todo. Detrás del TLC no hay un proyecto de compartir experiencias, de creación de capacidades instaladas, de generación de bienes públicos de beneficio binacional. No, sólo hay una propuesta de liberalización incompleta de mercados.

Ahora, la otra evidencia empírica es que después de muchos años de gozar de preferencias aduaneras en Europa (SGP) y en Estados Unidos (ATPDEA), estos mercados siguen siendo importantes para venderles agricultura y, especialmente productos de la minería.

Es claro que la estrategia de diversificación de exportaciones que se inició en el gobierno de Lleras Restrepo -1966-1970) dio sus frutos, estimulando a exportadores no tradicionales como los bananeros, los floricultores o los confeccionistas. Pero, 50 años después, nada nuevo ha pasado. La política exportadora colombiana y, particularmente nuestra estrategia de integración no ha creado nuevas industrias exportadoras. Hoy exportamos con el mismo nivel de transformación que hace medio siglo. Antes era el café, ahora es el petróleo acompañado de carbón  y ferroniquel. Nada ha cambiado.

¿por qué Colombia no mira hacia Latinoamérica?

Durante más de una década, Colombia tuvo un comprador importante de manufacturas: Venezuela. Este mercado natural colombiano compraba casi todos los carros ensamblados que Colombia exportaba; igualmente compraba el 50% de nuestras confecciones. Era, cuantitativamente hablando, nuestro segundo mercado pero, cualitativamente, el primero: era el mayor importador de valor agregado colombiano.

Por diversas razones, geopolíticas principalmente, ese mercado fue cerrado. Sin embargo, trajimos el caso venezolano sólo como un ejemplo. El caso es que en Latinoamérica hay mercados interesantes para manufacturas de la calidad y el reconocimiento de los productos colombianos. Confeccionistas de de ropa interior femenina y ropa casual masculina, fabricantes de electrodomésticos y productores de alimentos procesados así lo han demostrado.

La pregunta es, por qué nuestros gobernantes no toman las riendas de la CAN y lideran un proceso que permita crear plenamente la Unión Aduanera Andina. Y ésta no es una meta final. Creada la Unión Aduanera hay que pensar en liberar los mercados de inversión en la región, iniciar proyectos de infraestructura para comunicar estos mercados: hoy es mucho más facil llegar a Miami que cruzar a Perú. Igualmente hay que llegar a acuerdos sobre movilidad de estudiantes, homologación de títulos, reconocimiento regional de patentes, integración energética, etc. etc.

Y la CAN no es un fin último tampoco. El gran proyecto es la unión CAN – Mercosur. Un gran mercado que incluye a Brasil y Argentina, las dos naciones más grandes de Suramérica. No por casualidad, Brasil es un BRIC, y ambas naciones hacen parte del G-20 grupo que está tomando las grandes decisiones de la economía global.

Mirar a Sur: ¿ese será nuestro Norte?

Un hecho es relevante en la actualidad: las economías del Norte han entrado en su peor crisis desde 1930 y aún no se ve luz al final del túnel. En cambio los mercados emergentes se han robustecido y se han convertido en la locomotora de la economía mundial. Además en Latinoamérica los proyectos de integración como Mercosur y UNASUR, avanzan a pesar de nosotros. Son otros los que los lideran. ¿vamos a dejar que esta locomotora avance sin nuestro concurso?

Chile es un ejemplo interesante: tiene convenios con todo el mundo, y su comercio es diversificado: América Latina es tan importante para los exportadores chilenos, como lo es Estados Unidos. La razón: este país tiene una base exportadora diversificada: minería, agricultura, agroindustria y otros sectores con valor agregado.

Venezuela: incómodo pero necesario vecino.

Principales exportadores

No quiero hablar de política. Quiero hacer unos comentarios argumentados sobre las relaciones económicas de Colombia con Venezuela. Es necesario reflexionar sobre la importancia del mercado venezolano para la economía colombiana.

Cuando estudias el comercio exterior te das cuenta que se señala a los países del Norte  como los grandes mercados de las naciones en vía de desarrollo. Por eso, Estados Unidos, La Unión Europea y Japón se han convertido en los principales objetivos de las exportaciones de América Latina, Asia y África. Bueno, ahora China se erige como el nuevo gran mercado.

Sin embargo, todos estos mercados tienen en común que son nuestros compradores de productos genéricos, la mayoría fundamentales para el desarrollo de sus economías industrializadas: combustibles y materias primas de origen vegetal, mineral y animal. Digamos que son productos “básicos” y que, por ende, difícilmente los dejarán de comprar.

Caso contrario es lo que sucede con Venezuela. Para Colombia, los patriotas no sólo significan el segundo comprador de nuestras exportaciones, sino que eran (antes de la crisis) nuestro principal consumidor de bienes manufacturados (ver gráfico de Fedesarrollo).

Fuente: Fedesarrollo. Según este gráfico, antes de que Venezuela anunciara su salida de la CAN, la expansión de la economía colombiana, y particularmente de sus exportaciones manufactureras, se explicaría por el peso del mercado venezolano. Por ejemplo: el 20% de las exportaciones a Venezuela eran vehículos, a la vez que el 80% de los vehículos que exportaba Colombia al mundo iban dirigidos al mercado venezolano. Con las confecciones pasaba algo similar: 16% de las ventas a Venezuela eran confecciones a la vez que este país era el receptor del 50% de las confecciones que Colombia exportaba. Definitivamente Venezuela es un mercado estratégico para la economía colombiana.

En pocas palabras, Venezuela nos compraba valor agregado, o sea, productos procesados que tienen un mayor precio en el mercado, que ocupan más mano de obra y, por ende, generan más riqueza. Si miramos los mercados mundiales, notaremos que la mayor parte del comercio mundial se da entre las economías industrializadas (ver mapa del Sciences Po). Y esto no es gratuito. El comercio mundial creciente es el de productos de alto valor agregado, por ende es el de productos que se hacen con avances de ciencia, tecnología e innovación.

Fuente: Instituto de Ciencias Políticas de París – Sciences Po- El mapa muestra los 10 mayores flujos comerciales del mundo, destacándose que los primeros nueve se realizan entre Europa, Norteamérica y el Este Asiático. Sólo sobresalen, en el 10º puesto, las exportaciones de América Latina hacia Norteamérica.

Lo anterior explica que sean Europa, Norteamérica y el Este Asiático los principales exportadores del mundo. Por lo tanto, ante la crisis de relaciones con Venezuela, que ha traído como consecuencia la caída en las exportaciones al vecino país, la compensación que se ha logrado por el aumento de los ingresos por las ventas de petróleo, carbón, ferroníquel y otros commodities hacia Europa, Estados Unidos y China, no es equivalente, cualitativamente, a la pérdida del mercado venezolano.

En conclusión, la decisión del nuevo gobierno colombiano de tratar de mejorar las relaciones con Venezuela, la cual ha sido muy polémica desde el plano político, tiene asidero en la lógica económica: tener reglas claras con el vecino país para seguirle exportando e, incluso, tratar de preservar las preferencias arancelas de la CAN, -organización a la que éste país renunció-, debe ser un objetivo de las autoridades políticas y económicas colombianas, de cara a la recuperación de la economía y el empleo.

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