Prospectiva. ¿Podría el nuevo coronavirus convertirse en un Hecho Portador de Futuro?

Giovanny Cardona Montoya, marzo 1 de 2020.

 

Así como en artículos anteriores hemos resaltado algunas tendencias (factores de cambio con evidencia histórica), en este escrito analizaremos la posiblidad de estar hablando de un Hecho Portador de Futuro o Potencialidad (factor de cambio en ciernes, sin evidencia histórica).

Hace un par de semanas mientras dictaba una charla sobre Megatendencias para los estudiantes del Núcleo Problémico de Prospectiva I de la IES Ceipa, un estudiante me preguntó por el nuevo coronavirus y sus posibles efectos sobre la economía mundial en el futuro. Entonces, le conté que no tenía los elementos suficientes para indicar que este fenómeno tan mediático en la actualidad, pudiese tener consecuencias significativas en el mediano o largo plazo.

Un Hecho Portador de Futuro -o Potencialidad- es un tipo de Factor de Cambio de la Prospectiva que se caracteriza por ser un fenómeno en ciernes, pero cuyas consecuencias futuras serán trascendentales o significativas en la sociedad o la naturaleza.

Haciendo retrospectiva, podemos argumentar que el ataque ejecutado por Al Qaeda en 2001 al corazón de los Estados Unidos fue efectivamente un Hecho Portador de Futuro (HPF).  ¿Cómo se puede soportar dicha afirmación?

El ataque a las torres gemelas y al Pentágono no sólo produjo daños a la infraestructura norteamericana y a las aerolíneas que durante varios días no pudieron levantar vuelo desde y hacia los Estados Unidos. No, el mundo no fue el mismo desde entonces.

La geopolítica cambió, el concepto de seguridad nacional se transformó con una filosofía de “anticipación” que conllevó arrestos preventivos e intrusión en la vida privada de las personas. Se instauró la política de lucha frontal contra el terrorismo, lo que sirvió de argumento para elevar los presupuestos de seguridad durante varios años. Además, la privatización de enemigos fue otra de las consecuencias: ya no se lucha contra otro Estado, sino contra una organización de carácter privado o para estatal -ISIS, Al Qaeda, Boco  Haram, Hezbolá, Talibanes- que puede operar en forma de pequeños grupos clandestinos dispuestos a provocar daño con alto impacto mediático (terrorismo).

Adicionalmente, la paranoia colectiva se convirtió en un fenómeno recurrente agudizado por el desarrollo y expansión de las comunicaciones-. El temor a un ataque terrorista se ha convertido en una constante que ha acompañado las mutaciones de los organismos de inteligencia y seguridad. Ya no se trata de vigilar gobiernos o ejércitos, sino de tratar de anticipar personas o células terroristas. Una gran guerra en forma de “operación avispa”.

En el plano de la vida civil y las empresas, los seguros del transporte aéreo se incrementaron y la logística aeroportuaria para pasajeros se hizo más lenta y compleja. De hecho, seguramente, algunos expertos podrán demostrar que las inversiones en ciertas tecnologías se multiplicaron para lograr más acceso a la información privada y para elevar los niveles de seguridad en eventos masivos (conciertos, torneos deportivos, viajes, etc.)

Pero, hacer restrospectiva es relativamente fácil, o sea, adivinar el pasado no tiene mayor riesgo. Lo complejo es argumentar que un hecho reciente como el nuevo coronavirus -2019-nCoV- tendrá consecuencias significativas y duraderas en el futuro.

Según la OMS “Los coronavirus (CoV) son una amplia familia de virus que pueden causar diversas afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como ocurre con el coronavirus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el que ocasiona el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV). Un nuevo coronavirus es una nueva cepa de coronavirus que no se había encontrado antes en el ser humano.”

El hecho concreto es que nos hallamos ante una nueva cepa de coronavirus y que apenas estamos preparándonos para controlarla y convivir con ella -vacunas y medicamentos-. Este nuevo coronavirus ya ha enfermado a casi 90 mil habitantes del planeta, de los cuales cerca del 3% ha fallecido. La mayor cantidad de contagios y decesos se han producido en China (90% de los casos) pero el virus se ha venido trasladando gradualmente por el planeta, alcanzando ya 60 países. Todos los continentes ya registran casos, destacándose Italia, Irán y Corea del Sur como los más afectados después de China.

coronavirus

El fenómeno es un proceso en constante evolución, lo que arroja noticias diariamente; sin embargo, esto aún no lo convierte en un Hecho Portador de Futuro. Hasta ahora podemos destacar los siguientes hechos y consecuencias que hacen que al fenómeno se le pueda dar relevancia de cara al futuro:

- Aún no hay vacuna y se presenta un número significativo de muertes producidas en pocas semanas.

- Hay niveles crecientes de pánico colectivo, lo que se viene traduciendo en hechos aislados de cancelación de vuelos internacionales por parte de pasajeros, agotamiento de tapabocas y crecimiento de solicitudes de exámenes médicos ante síntomas semejantes a los del nuevo coronavirus

- Efectivamente se están cancenlando eventos masivos (conciertos, ferias, partidos de fútbol) y planes de vuelo a ciertos destinos. O sea, ya se están presentado daños concretos en materia económica;

- El país más afectado es China, hub de la producción mundial de mercancías; en consecuencia, el precio del petróleo ha venido cayendo en los últimos días ante expectativas negativas de corto plazo en materia de comercio y crecimiento económico. ¿Esto podría afectar seriamente el PIB mundial en 2020?

- En la misma dirección del precio del petróleo, las bolsas de valores, especialmente en la última semana de febrero, se han venido abajo. O sea, el coronavirus ya está afectando de manera real y concreta a la economía mundial.

La pregunta de fondo, entonces, es:

¿más allá de la coyuntura, podrá este virus alterar la vida social y económica del planeta en el futuro?

Para responder esta pregunta habría que consultar expertos de diversas disciplinas (salud pública, mercados financieros, comercio internacional, turismo, politica e, incluso, historiadores). Con estos expertos tendríamos que analizar un par de cuestiones específicas:

1. ¿En caso de convertirse en una Pandemia, este fenómeno será comparable -igual, menos o más grave- que otras experiencias previas como el H1N1 de 2009?

El virus H1N1 hizo su aparición en Estados Unidos en primavera de 2009 y la vacuna sólo estuvo disponible en cantidades suficentes para el mes de noviembre del mismo año. La propagación másiva se extendió hasta el año siguiente. Sin embargo, aunque la pandemia terminó un año después, el virus se ha quedado por más tiempo pero con efectos controlados.

El H1N1 afectó a cerca de 60 millones de personas, de las cuales 18 mil fallecieron según los reportes de la OMS. Pero, la complejidad del análisis consiste en el hecho que estudios independientes basados en modelos propios de medición señalan que las muertes relacionadas con el virus podrían haber superado las centenas de miles de personas. Pero,a pesar de la discrepancia, todos los estudios concuerdan que esta epidemia global tuvo consecuencias sobre la población mundial en porcentajes muy inferiores a los de las pandemias que se vivieron en el siglo XX. H1 N1 pudo afectar entre 0 y 0,01% de la población mundial; la pandemia de 1968 alcanzó 0,03% y la de 1918 pudo afectar entre el 1% y el 3% de la población del planeta.

Por lo tanto, con la evolución que lleva la actual epidemia no se puede anticipar que vamos a enfrentar una situación más grave que las anteriores pandemias. Los números absolutos aún son pequeños (tanto en contagiados como decesos) y la medicina es cada vez más avanzada; aunque en este caso hay un punto débil: no se sabe cuándo se podrá contar con la vacuna. En la pandemia de 2009 se tenía una vacuna monovalente que estuvo a disposición del público ya en el otoño, o sea, 6 meses después de la aparición del virus.

2. ¿Podrá esta pandemia generar una recesión global o cambiar de manera importante los comportamientos sociales y económicos de las personas?

Este es un año que ya había iniciado con alertas de desaceleración económica: Alemania, China, guerra comercial y Brexit conforman un coctel que no genera mayores niveles de optimismo. Los datos recientes de petróleo y bolsas de valores (finales de febrero de 2020) empujan con mayor fuerza la economía mundial hacia una desaceleración importante -si las olimpiadas de Japón se llegan a cancelar, el golpe a PIB sería notorio-. Pero todo esto es de corte coyuntural, estamos hablando del crecimiento económico de los próximos meses o a lo sumo, del año presente.

Pero, si los expertos corroboran la hipótesis de que esta pandemia no será más grave que la de 2009, entonces, no habría razones para esperar que las consecuencias recientes (caída de viajes aereos, cancelación de eventos públicos, caída en los precios del petróleo) tengan que ser perdurables en los próximos años.

En síntesis, en clave de Prospectiva, es temprano aún para darle a esta crisis global el carácter de Hecho Portador de Futuro. Alejándonos del drama humano que significa la enfermedad y la muerte para cualquier familia, el evento sigue siendo relativamente pequeño (en su condición de posible pandemia) y los efectos detectados responden más a la incertidumbre (sorpresa, temor, cautela) que a consecuencias directas del virus sobre la vida de la mayoría de las personas o sobre nuestras actividades de producción, intercambio o consumo.

Experiencias anteriores han mostrado que las familias, las empresas y los gobiernos se van adecuando a las circunstancias en el mediano y largo plazo. Habrá que esperar la evolución de las próximas semanas o meses, antes de anticipar una hipótesis diferente -más crítica-.

Donald: ¡No juegues con los TLC que te quemas!

donald trump

Giovanny Cardona Montoya (marzo 18 de 2018).

El  muy conservador gobierno de los Estados Unidos (Donald Trump) ha mostrado una posición poco neoliberal en materia de comercio exterior. Todo lo contrario, con las primeras medidas que ha tomado, ha abierto la puerta a guerras comerciales derivadas de una política neo-proteccionista. ¿Qué es lo que está en juego?

Continuar leyendo

Colciencias y Publindex: ¿miden lo que se debe medir?

Los hechos:

Colciencias funge como ente rector del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación -SNCTeI-. El nombre del sistema es bastante sugestivo ya que reconoce la relación entre la ciencia pura y dura y su aplicabilidad: las soluciones tecnológicas y las innovaciones.

El papel que juega Colciencias como eje articulador del SNCTeI no está exento de debates.

Durante los últimos años se cuestionaron los mecanismos para distribuir los recursos de las regalías del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías. Bajo la lupa de los más críticos siempre ha estado la politización en el manejo de dichos recursos.

De igual manera, por años se debatió cuál sería el modelo ideal de medición del desempeño de los grupos de investigación. El nuevo modelo comenzó a implementarse en 2013 y la desazón fue mayor cuando muchos grupos “élite” bajaron de categoría bajo los nuevos parámetros. Con el tiempo, las instituciones y sus grupos se han ído acomodando; pero aún persisten debates, entre otros el de las facultades de ciencias sociales y humanas que se consideran tratadas como “de segunda mano” con respecto a las investigaciones relacionadas con tecnología e innovación. Como se preguntaba un crítico que leí:  “¿Cuál es la relevancia de un estudio sobre la literatura colombiana del siglo xix? O, ¿por qué hay que apoyar una investigación sobre el impacto cultural del grafiti?”

Por último, Publindex hace tan sólo unas semanas reportó la evaluación de las revistas indexadas. El modelo de medición ha sufrido un cambio sustancial en el cual se incluye el índice H que se construye a partir del número de veces que los artículos publicados han sido citados en toda la web. Y ahí fue Troya nuevamente: casi el 60% de las revistas que habían sido indexadas en la medición pasada fueron descalificadas esta vez. O sea, de más de 500 revistas indexadas se pasó a poco más de 240.

 

Ideas para revisar los indicadores de medición.

1. Es evidente que las mediciones que se realizan están inspiradas (¿o más que eso?) por modelos extranjeros, particularmente de los países industrializados. O sea que el síndrome de la OCDE cruza directamente nuestro SCTeI.

Las dudas razonables tienen que ver con la pertinencia. Una cosa es que los países industrializados sean un referente y otra muy diferente es que se pueda copiar su modus vivendi. No se puede desconocer la importancia de la investigación para la competitividad, ni la importancia de investigaciones basadas en métodos cuantitativos. Pero eso no quita que un país como el nuestro -o el mundo loco de hoy- requiere de más humanismo y más estudios sociales: el post-conflicto no es un tema de cálculos suma cero, es un tema de repensar el modelo de convivencia social, política y económica. Esto sólo por poner un ejemplo.

learn-2398308_640

Por lo tanto, tiene validez el cuestionamiento a un sistema global que subvalora al método crítico o a los métodos cualitativos. En esa misma dirección es evidente que las publicaciones top, llámese Scopus o Isi (Web of Science), difícilmente aceptarán un artículo elaborado bajo estos métodos o que se ocupe de temas de interés “parroquial” (país, departamento, zona, etc.).

En otras palabras, no podemos confundir referentes con modelos a copiar. Nuestros investigadores deben preocuparse por los retos de nuestro país y la región, y necesitamos modelos de medición que valoren debidamente estos aportes.

2. A la hora de medir la labor investigativa en nuestro SCTeI, el reinado lo tienen los grupos de investigación y los papers. Y yo quiero sentar bases para un debate.

Un grupo de investigación estructura su trabajo en función de líneas, las cuales son permanentes y se dinamizan a través de los proyectos de investigación, los cuales son temporales. Como resultado de las investigaciones pueden obtenerse diversos productos: artículos científicos, libros, patentes, software, prototipos, diseños industriales, nuevos materiales académicos, diseños curriculares, etc.

Vamos por partes.

a. ¿Por qué no medir las líneas de investigación en lugar de los grupos? Una línea es una categoría duradera que da cuenta de intereses sentidos de un colectivo de investigadores. O sea, si una línea responde a una necesidad social o a un problema teórico concreto, entonces, lo importante sería ver cómo dicha línea madura y avanza en la generación de nuevo conocimiento en función del reto que se intenta abordar. Yo me imagino que buscar la vacuna contra la malaria es una “tremenda” línea de investigación del científico Patarroyo y su equipo de trabajo. Estoy seguro que lo más relevante de este grupo de trabajo no se mide por la cantidad de papers publicados, sino por el grado de avance de su investigación, el cual seguramente se evidencia a través de diversas productos. Esto me lleva a la segunda reflexión.

b. ¿Por qué los grupos de investigación les dan menos importancia a otros productos, resultado de los proyectos de investigación? No tienen nada de malo los artículos publicados en revistas científicas de alto perfil. El problema que se está evidenciando es que el número de papers publicados crece pero no sabemos cuál es el grado de madurez de las líneas de investigación. De hecho, ni el sistema invita, ni la realidad empírica muestra que los investigadores estén interesados en los demás productos que se pueden derivar de proyectos de investigación. O sea, pocos grupos de investigación desarrollan software, realizan consultorías empresariales, patentan innovaciones o evidencian su participación en la generación de políticas públicas, sólo por poner algunos ejemplos.

Ya lo planteaba en un artículo anterior, este sistema de medición está convirtiendo al SCTeI  en un círculo vicioso de “escribir para citar y citar para escribir“, algo muy lejano al propósito científico de “hacer la pregunta para buscar la solución“.

Comentario final.

Hace varios años lidero el grupo de investigación Organización y Gerencia, Orygen, clasificado en Colciencias. Como todos los grupos, con mis colegas se han logrado papers publicados en revistas indexadas. Pero lo que más orgulloso me pone es que muchos de aquellos se acompañan de software, consultorías, diseños industriales, casos de enseñanza y simuladores empresariales que llegan al aula de clase o se ponen al servicio de empresarios y emprendedores. No ha sido fácil mantener esta filosofía -ha sido costoso-, pero la universidad en la que trabajo (Ceipa Business School) es consciente de que se debe hacer investigación pertinente y de impacto.

Estoy seguro que hay otros grupos con una filosofía semejante, y probablemente con muy buenos resultados de impacto; sin embargo, ésta no es la constante. Creo que debemos avanzar en esta dirección.

creativeness-2375170_640

 

 

Neoliberalismo vs. Socialismo del Siglo XXI: la muerte de la integración económica latinoamericana.

Agosto 8 de 2017

 

Lo que significaba la Integración Regional Económica.

La historia de los procesos de integración regional se empezó a escribir en la década de 1950 cuando los europeos comenzaron a construir su “casa común” después de las grandes guerras del siglo XX. Ya desde 1960, Latinoamérica emulaba al viejo continente con la firma de ALALC. Sin embargo, la apertura de las economías latinoamericanas después de la crisis de la deuda externa en el decenio de 1980, trajo consigo una revisión de los modelos de desarrollo lo que se tradujo en una propuesta de Regionalismo Abierto que CEPAL trató de explicar como un proceso de integración que no se centraría en los beneficios fiscales (altos aranceles a terceros)  -tal y como fue el regionalismo de las décadas anteriores-.

La integración latinoamericana (1960-1990) se puede explicar de la siguiente manera:

– estimulaba la industria regional, manteniendo altas barreras a las importaciones de terceros países;

– se inspiraba en un pensamiento latinoamericanista, estructuralista y, hasta cierto punto, antiimperialista;

– se beneficiaba, desde la teoría ortodoxa de Viner, de los efectos de creación y desviación del comercio. (Cardona, 2017, p.agina 81).

Sin entrar en detalles del cambio, el hecho es que el Regionalismo Abierto que se erigió con el neoliberalismo y las aperturas económicas de la última década del siglo XX, se había entendido como un proceso en el que:

– se bajarían las barreras a terceros países y

– se atraería inversión extranjera para aprovechar su know how y desarrollos tecnológicos.

 

Lo que está pasando en realidad.

Tal y como lo explico en el libro que publiqué hace poco y que ya puede ser descargado totalmente gratis (La Organización Mundial de Comercio y los TLC: ¿reinventando el Sistema Mundial de Comercio), la realidad del supuesto Regionalismo Abierto dista mucho de los ideales de integración que se propuso América Latina en la segunda mitad del siglo pasado.

libro OMC y TLC

1. No hay un propósito latinoamericanista.

En las décadas pasadas, de alguna manera, élites locales, sindicatos, partidos gobernantes y académicos promovian un modelo de desarrollo industrializador que se fundamentaba en el proteccionismo y la unidad latinoamericana como estrategia. A pesar de esporádicos desacuerdos, los países de la región ejecutaron políticas de sustitución de importaciones en mercados ampliados y de promoción de exportaciones, lo que se tradujo en un fortalecimiento de la agroindustria y de otros sectores de la industria manufacturera. Con ALALC-ALADI, MCCA y el Pacto Andino, principalmente, la región, aunque de modo desequilibrado, se modernizó y redujó su carácter de economías rurales monoexportadoras.

Hoy no sucede nada de eso. Los países se han dividido: gobiernos neoliberales y otros más enfocados en nacionalismos o en ideologías de izquierda (autodenominadas del Socialismo del Siglo XXI), se confrontan abiertamente en lo político y en lo económico. La partida parecen estarla ganando los neoliberales y la consecuencia está siendo la desintegración regional.

 

2. No hay una modernización del aparato productivo.

Con pocas excepciones, la economía latinoamericana ha retrocedido en términos de modernización, diversificación y sofisticación de sus aparatos productivos. Naciones que eran autosuficientes en materia de alimentos y diversas materias primas con desarrollo en algunos sectores de industria liviana  (Colombia, por ejemplo) se han ido transformando en proveedores de commodities de la minería, abandonando su incipiente sector manufacturero, deteriorando el medio ambiente y abandonando su seguridad alimentaria. Con la apertura económica los países de la región, con un par de excepciones (Brasil y México), se han convertido en importadores de todo tipo de manufacturas, se han desindustrializado y han abandonado el campo. Los consumidores de estos países acceden a productos de alta tecnología y están conectados con el mundo; sin embargo, la sostenibilidad de este estilo de vida es dudosa puesto que la minería es proveedora de bienes no renovables, a la vez que el deterioro ambiental producto de la misma, en muchos de los casos, es irreversible.

¿Por qué está pasando esto?

3. Hay más TLC pero menos integración.

La integración regional económica, en su acepción más simple, se entiende como un proceso gradual de unificación y homogeneización de los mercados, a través del incremento de la interdependencia comercial, tecnológica, financiera e, inclusive, cultural. Un ejemplo de esta interpretación es la Unión Europea, bloque que ha roto las fronteras nacionales para los movimientos de mercancías, de capitales, de servicios e, incluso, de mano de obra.

América Latina anda en otra dirección. Los acuerdos regionales se derrumban, se estancan o se desdeñan. ¿Quién se acuerda de la Comunidad Andina de Naciones y su proyecto de crear una Unión Aduanera? El Mercosur es un ping pong entre neoliberales y proteccionistas (desde moderados hasta los del socialismo del siglo XXI), el G3 se convirtió en G2 y de la ALADI ya nadie habla. Sólo hablamos de los TLC.

El tema no son los debates ideológicos de los gobiernos de las dos últimas décadas. La pregunta que nos hacemos es si América Latina piensa en la integración como una estrategia para el desarrollo. Todo indica que no. Lo que tenemos es una proliferación de TLC que no llevan en su interior el ADN de la integración sino que son vehículos para que las Cadenas Globales de Valor accedan a materias primas y coloquen sus productos terminados, sin mayores barreras, en nuestros mercados. Con excepción de México, Brasil y Chile, la región está ausente del potencial de desarrollo que ofrecen dichas cadenas Adicionalmente, tampoco estamos desarrollando estrategias alternativas, por ejemplo, clusters regionales o parques industriales para estimular nuestra industrialización, diversificación y sofisticación de la oferta exportadora.

El auge de TLC interregionales, tal y como pretendo demostrarlo en el libro, sirve para dinamizar el propósito de la OMC de un comercio más libre a nivel global, pero va en detrimento de los proyectos de desarrollo regional integrado, estrategia que en la actualidad les sería tan valiosa a naciones aún subdesarrolladas que dicen ser “mercados emergentes” pero que no lo son. Hay una gran brecha entre China, India o Corea, líderes de las economías emergentes, y lo que pasa en Colombia, Ecuador, Bolivia, Argentina, Perú o Venezuela.

Estas últimas no emergen…se sumergen.

 

 

 

Capitalismo Consciente: ¿utopía o realidad?

Desempolvando mis libros de estudiante universitario recordé el gran debate alrededor de la relación entre el bien colectivo y el lucro privado en una economía de mercado. Smith y Ricardo, hace ya un par de siglos, modelaron una teoría que explicaba cómo, en busca del beneficio privado, las personas terminaban generando bienestar colectivo. Contrario a lo anterior, Marx, apoyado en los mismos principios de la teoría objetiva del valor, elaboró sus tratados sacerca de la primacía del interés privado de los dueños de los empresas sobre las necesidades colectivas de los trabajadores.

Hoy, en pleno siglo XXI, y después de seis lustros de preeminencia del capitalismo neoliberal (antagónico de un mercado con mayor injerencia estatal como el sugerido por Keynes a mediados del siglo XX), me encuentro con esta idea de un “capitalismo consciente”, categoría que ha sido trabajada y posicionada por Raj Sisodia en la última década, especialmente.

Hace unos días, la Institución Universitaria CEIPA realizó el evento Be Conference, en el cual algunos teóricos como Sisodia, profesor de Babson College, y emprendedores como Xavier C. Alpasa (Filipinas), Juan Manuel Lopera, fundador de Aulas Amigas, o los fundadodores en Barcelona y Medellín de la Casa de Carlota, compartieron sus propias experiencias del Capitalismo Consciente.

Históricamente, en el debate entre el interés público y el privado en una economía de mercado, las posiciones se habían quedado en el antagonismo que señalábamos al inicio: de un lado, una postura positivista que ve en el lucro privado y el egoismo, el motor para desarrollar el bienestar colectivo; y del otro, un paradigma crítico que señala la contradicción dialéctica entre los intereses públicos y privados.

Al respecto, conceptualmente hablando, Raj Sisodia señala un nuevo camino -una tercera vía- más que para entender la economía de mercado, para desarrollar empresa. Su tesis se fundamenta en la idea que “los beneficios privados no se persiguen, sino que, sobrevienen”; la esencia de los negocios debe ser la generación de valor social, la ganancia privada es un derivado, en otras palabras, una consecuencia.

Digamos que el concepto en sí mismo no me sorprendió. En las dudas existenciales me he ido decantando por la convicción de que los seres humanos somos una mezcla de genética y medio ambiente;  por lo tanto, considero que nuestro transitar por la vida es una espiral en la que conviven y se confrontan, permanente y dialécticamente, nuestros intereses personales con la convicción de un deber ser mas solidario, o sea, un ser de naturaleza social.

Sin embargo, más allá de los discursos conceptuales, hubo experiencias que me sorprendieron muy gratamente en este evento de CEIPA business school.

La experiencia que más me llamó la atención fue la de La Casa de Carlota, una empresa que se dedica al diseño y al arte y que tiene entre su equipo de colaboradores a jóvenes con sindrome de down y autistas. Lo que hace la diferencia en esta experiencia es que no se recurre a la lástima como fuente de ingresos, sino al talento creativo (diferente) de sus empleados. O sea, ellos logran demostrar (con evidencias concretas) que la creatividad particular de los autistas y jóvenes con síndrome de down puede generar diseños y obras de arte apreciables por los consumidores, esto es, por el mercado.

La Casa de Carlota es un claro ejemplo de un Empresa B o B Corp -como llaman a estas empresas que ejercen un capitalismo consciente-; puesto que se ha dedicado a un propósito noble, integrar a la sociedad y dar oportunidad de desarrollo personal a jóvenes que bajo un paradigma conservador parecían condenados a ser tratados como “eternos niños” sin mayores posibilidades de realizarse en ámbitos académicos, intelectuales, laborales o artísticos. Los jóvenes de La Casa de Carlota son creativos, son artistas y son económicamente independientes.

education-548105_640

Otra experiencia llamativa es la de las Aulas Amigas de Juan Manuel Lopera, quien cree en los “maestros inspiradores” para motivar a los estudiantes en sus dinámicas de aprendizaje. Convertir el aula en espacio amigable y a la clase en una actividad dinámica y motivadora, son algunos de los propósitos de Juan Manuel, quien cuenta que su idea nace de una vivencia personal en la que encontró un maestro inspirador que lo alejó de posibles escenarios de violencia como los que se vivieron en varias regiones de Colombia, tres lustros atrás. TOMi es una creación tecnológica de esta empresa que está ayudando a maestros de América Latina a ser verdaderos inspiradores.

creativeness-2375170_640

Capitalismo Consciente: una categoría que invito a estudiar con más cuidado, una propuesta nueva que busca estimular un verdadero desarrollo sostenible.

 

 

 

123