Educación: sin TIC no hay calidad ni cobertura.

Uno de los componentes más valiosos del acervo de una sociedad es la educación de sus niños y jóvenes. Sin embargo, los rezagos y retos estructurales de los sistemas educativos son de gran envergadura y reclaman consistencia en las políticas públicas de largo plazo.

Los rezagos más evidentes están asociados a la cobertura, pero también hay problemos serios en materia de calidad. Particularmente la actual coyuntura desatada por la pandemia del Covid evidenció un problema cuali-cuantitativo, el cual tiene que ver tanto con la cobertura como con la calidad del sistema educativo: el uso de las TIC en las escuelas.

Problema cuantitativo: cobertura.

En Colombia no existe aún cobertura universal en la educación media -grados 10 y 11-; ésta tan sólo alcanza el 72%. De estos, sólo 52% se matriculan en la educación superior  -técnico profesional, tecnólogo y universitario- y, más crítico aún, 47 de cada 100 estudiantes universitarios no logran culminar satisfactoriamente su carrera.

cobertura educativa en Colombia siglo XXI

En la educación básica y media se encuentra un problema de cobertura asociado a la deserción, el cual denota una profundización de las brechas de inequidad social. Para mediados de la década que acaba de terminar, en las zonas rurales de 100 estudiantes que ingresan al sistema, sólo 48 terminan la educación media, mientras en las ciudades este indicador alcanza el 82% de efectividad.

Problema cualitativo: calidad y pertinencia.

En materia de calidad, hay problemas serios de pertinencia asociados a) a la falta de visión de futuro -formar ciudadanos para un desarrollo sostenible en lo social y ambiental-; b) al desdén por las particularidades y necesidades territoriales locales -currículos centralizados-; c) al papel marginal que juegan los problemas sociales vigentes en las propuestas educativas -problemas de convivencia, inequidad, discriminación y medio ambiente, por ejemplo-; y d) a la desvalorización de la docencia como profesión (los mejores bachilleres no se matriculan en las facultades de licenciaturas y la tasa de profesores de inglés que no tienen la idoneidad es muy alta).

Un indicador interesante para hablar de pertinencia son las pruebas Pisa. La medición histórica que se ha hecho de Lectura, Matemáticas y Ciencias, competencias transversales que son necesarias en diferentes dimensiones de la vida del ser humano, muestra un constante y significativo rezago de nuestros estudiantes con respecto a otros países referentes. Recurrentemente Colombia se ubica entre los puestos 60 y 70, en un universo estadístico de 79 países que presentan dichas pruebas.

pruebas pisa

El uso de TIC, un problema cuali-cuantitativo.

El uso de TIC en la educación es un tema de calidad. Los jóvenes deben aprender a desenvolverse en redes, accediendo a información, produciendo contenidos y estableciendo relaciones con personas de diferentes culturas. Su vida adulta -en la universidad, en el trabajo, en el mercado, en su crecimiento personal y en las relaciones sociales- estará marcada por las posibilidades y retos que implican las tecnologías de información y comunicaciones. Es el momento histórico que nos tocó vivir. Los retos y oportunidades en todas las dimensiones se relacionan con el uso de las TIC.

No se trata de hacer una apología de esta revolución tecnológica. Sabemos de infinidad de problemas y complicaciones que han surgido con la expansión de Internet, pero todo cambio profundo trae consigo retos que pueden ser de índole social, económico, jurídico e, incluso ético y estético. Esta no será la excepción y habrá que enfrentarlos.

En consecuencia, la educación de este siglo XXI para que sea de calidad, debe incluir a las redes de información y conocimiento, tanto en sus contenidos como en las metodologías de enseñanza y aprendizaje. Y esto es una necesidad en todos los niveles del Sistema Educativo.

Pero, la pandemia del Covid hizo visible algo que todos sabíamos, pero de lo que nadie hablaba: la infraestructura y la cultura para el uso de las TIC se hallan rezagadas y dicho retraso también evidencia muestras de inequidad social.

Cuando los países entramos en cuarentena por causa de la pandemia, los sistemas educativos de todo el mundo tuvieron que recurrir a la virtualidad para dar continuidad a los procesos curriculares. ¿Y sí se pudo dar continuidad?

Aún no hay estudios suficientes y amplios, pero está claro que se encontraron problemas de calidad -los diseños curriculares no estabán adecuados para ser gestionados de manera remota; muchos maestros no estaban preparados para guiar el aprendizaje por fuera de su salón de clases y gran parte de los estudiantes no tenían ni las competencias, ni la motivación para sustituir sus clases de aula por sesiones sincrónicas en una plataforma de comunicación virtual.

Esto era de esperarse. A pesar de que Internet ya tiene más de seis lustros expandiéndose por el mundo, las escuelas y universidades aún centran sus esfuerzos en las mediaciones tradicionales. En consecuencia, la coyuntura seguramente será una oportunidad para impulsar a futuro los sistemas educativos combinando mediaciones -el aula presencial, el museo, la empresa, la granja, Zoom, Teams, etc.-. Se enriquece el abanico de oportunidades para las didácticas de los maestros y para el aprendizaje de los estudiantes.

Pero, la virtualidad, que ya se entendía como un vehículo para poder ampliar la cobertura llegando a comunidades lejanas y a personas con restricciones para asistir a los centros educativos -problemas de movilidad en las ciudades o limitaciones laborales o físicas), terminó siendo en esta pandemia una radiografía de inequidad social: durante la cuarentena, muchos niños y jóvenes no pudieron continuar sus estudios, ya que, no tienen conectividad o en sus casas no hay un computador para poder estudiar.

UNESCO señala en un informe que 17% de los niños en edad escolar quedaron literalmente “desconectados” de sus clases durante el cierre de sus escuelas, debido a la ausencia de condiciones tecnológicas: 258 millones de niños y jóvenes en todo el mundo. Este dato catastrófico cobija fundamentalmente a inmigrantes, niños de escuelas rurales, minorías étnicas y mujeres.

Según el mismo organismo, 40% de los países de ingreso medio y bajo no hicieron suficientes esfuerzos para evitar que la población más vulnerable parara sus estudios durante el cierre de las escuelas.  De igual manera, IESALC realizó un estudio que descubre que la pandemia dejó por fuera a 25% de los estudiantes de las universidades de América Latina, tan sólo por problemas de conectividad.

El mensaje es claro. Las inversiones en tecnología para la educación, con todas sus dimensiones -pedagógica, social, económica, ética-, deben ser una prioridad de la entrante década para asegurar una educación de calidad en el marco de una mayor cobertura. 

 

 

 

Fin de la cuarentena: sembrar futuro en lugar de volver a la normalidad.

Giovanny Cardona Montoya, agosto 23 de 2020.

 

Comienza a respirarse un aroma a posible “regreso a la normalidad”.

A pesar de que el número de fallecidos va camino del millón de personas, que los contagiados confirmados superan los 22 millones, -siendo éstos la muestra de un número desconocido de contagiados no diagnosticados-, y que se presentan rebrotes en algunas ciudades del mundo donde ya se han relajado las restricciones de interacción social, todo indica que Colombia y el planeta se van preparando para “volver a la normalidad”.

El anuncio de vacunas en Rusia y China, además de los informados avances de otras en Europa y Norteamérica y el “agotamiento” de un sistema económico focalizado en el crecimiento más que en el desarrollo social y ambiental, son los principales determinantes del final de la extendida pero necesaria cuarentena.

Sentiremos el alivio de poder volver a la calle y de reencontrarnos con seres queridos, de viajar y de sentarnos en un restaurante a departir con amigos. Probablemente los amantes del fútbol, de los conciertos y de las discotecas no están tan optimistas aún; las aglomeraciones siguen siendo “el Caín” de esta historia.

Digamos que esta lectura de un posible final de la cuarentena es básicamente un momento feliz. Y es comprensible.

Sin embargo, durante la pandemia han aflorado cuestionamientos serios a nuestro lifestyle, demandando una “nueva realidad”; no volver al tren de vida de antes. Pero parece que ya se nos está olvidando.

La súbita aparición del Covid conllevó incertidumbre, angustia y reacción. No lo vimos venir, no lo esperábamos, no sabíamos cómo actuar. Improvisación ha sido el nombre del juego.

¿Seguiremos siendo reactivos hacia el futuro? No deberíamos. ¿Por qué no?

1. La pandemia dejará secuelas. Aunque pronto habrán vacunas, los contagios y decesos continuarán por un buen tiempo (años). Adicionalmente, la Organización Panamericana de la Salud  señala que las enfermedades psicosociales se han multiplicado por el esfuerzo físico y emocional de evitar el contagio y por el miedo a la incertidumbre económica. Adicionalmente, millones de personas han perdido familiares (no sólo por el Covid) y no pudieron hacer el duelo, tienen una herida emocional abierta.

2. La normalidad es parte del problema.

El virus es altamente contagioso, pero su letalidad no lo es tanto. Por ello, la cuarentena es fundamental para minimizar los riesgos de contagio, agravamiento y muerte. La clave es que el crecimiento de contagios sea lento para que los sistemas de salud y  particularmente las Unidades de Cuidados Intensivos- UCI- no colapsen. Pero la normalidad de la que venimos es aquella en la cual millones de personas viven en la informalidad y no pueden darse el lujo de encerrarse en sus casas. Deben salir a la calle para asegurar su sustento.¿A esa normalidad deseamos regresar?

El Estado de Bienestar de esta época neoliberal – de los 80s hasta nuestros días- tiene como su hilo más delgado a la ecuación empleo-desempleo. Si tienes un contrato laboral estás cubierto, sino, caes al vacío. ¡Sálvese quien pueda!, no hay un sólido principio de solidaridad para el bienestar. En este contexto, la pandemia ha obligado al cierre de empresas, por ende, el desempleo y la reducción de salarios se han disparado en el mundo.  Según CEPAL, Latinoamérica incrementará su desempleo en más de 11 millones de personas-.

Esta crisis ha sido atendida bajo la perspectiva de la ortodoxia neoliberal: estabilidad macroeconómica  y lógica de mercado para distribuir sus costos. Se sacrifican empleos y salarios, a la vez que caen primero los trabajadores informales y las microempresas. Banco Mundial estima que 100 millones de personas caerán en pobreza extrema como consecuencia de la pandemia.

A nivel global sucede lo mismo. Es un virus que pone en peligro a toda la humanidad y no tenemos un régimen multilateral sanitario para enfrentarlo. Somos un archipiélago de países luchando contra un virus que no conoce de fronteras. Al mismo tiempo, ya comenzó la “subasta” para que cada país trate de acceder a la vacuna. ¿Dónde quedó el Preámbulo de la Carta de San Francisco: “…emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos.”?

economia informal             Imagen tomada de: https://comunicacionparalaincidencia.wordpress.com/2012/06/09/imagenes-de-la-economia-informal-8/

3. La cuarentena, una pausa del desarrollo “insostenible”.

La presencia de algunos animales exóticos o salvajes hacia grandes urbes ha sido una curiosidad de la cuarentena. Hechos más concretos y significativos fueron las chimeneas apagadas de fábricas cerradas, la menor movilidad de vehículos, la reducción de la huella de carbono de millones de personas que se quedaron en sus casas. Pero volveremos a la calle, prenderemos las calderas, volverán los vehículos a las autopistas. ¿Queremos regresar al desarrollo “insostenible”?

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4. ¿Un mundo interconectado?

La recesión no es más aguda en este primer semestre de 2020 gracias al teletrabajo, el e-commerce y la educación virtual. Sin el desarrollo de las TIC, la crisis económica habría sido mucho más aguda. Sin embargo, es claro que las escuelas no estaban preparadas, el teletrabajo no se ha afianzado y el comercio electrónico apenas representa 13%  de los intercambios nacionales e internacionales.

La escuela y las bibliotecas ya no son la principal fuente de información. El campus educativo debe ser para pensar, para co-crear y para debatir, usando la virtualidad como vehículo de acceso, producción e intercambio de datos, información y conocimiento. En esta época, una buena educación presencial se debe apoyar en la virtualidad y, de otro lado, la distancia no tiene que ser una barrera para acceder a educación de calidad.

Sin embargo, en la cuarentena se evidenciaron muchos y elevados muros: modelos educativos tradicionales, docentes sin experiencia y estudiantes no preparados, ni motivados para una comunicación remota. Peor aún, según UNESCO, hay un alto porcentaje de hogares sin acceso a Internet.

niños sin conectividad para su educacion

En síntesis, no debemos regresar a la “vieja normalidad” porque:

– es una normalidad basada en una ética socioéconómica excesivamente individualista y en una frágil solidaridad supranacional entre los países;

– las secuelas de la pandemia (económicas, físicas y emocionales) requieren de creatividad solidaria para una rápida recuperación;

el planeta no resiste el tren de producción y consumo que llevábamos antes de la pandemia. Hay que migrar hacia una cultura de la frugalidad.

– el acceso universal a las TIC podría elevar nuestra calidad de vida, mejorando la cobertura, oportunidad y eficiencia de servicios que requerimos: educación, salud, banca, recreación, etc. No se trata de poner la virtualidad por encima de la convivencia tradicional, sino de aprovechar su potencial.

 

Cadenas Globales de Valor: para no colocar los huevos en una sola canasta.

Giovanny Cardona Montoya, junio 14 de 2020.

 

A veces la coyuntura nos obnubila y hace que perdamos el Norte de largo plazo. Sin embargo, la aparatosa caida de los precios del petróleo entre marzo y mayo de 202o como consecuencia de la recesión asociada a la pandemia del Covid-19, nos recuerda que la economía colombiana no puede seguir poniendo los huevos en una sola canasta: ser exportador de hidrocarburos.

Por lo anterior, la academia, el sector empresarial y la clase política deben poner sus ojos en una tendencia de largo plazo que marca la dinámica del comercio mundial: las cadenas globales de valor.

Si bien la coyuntura puede insinuar un regreso del proteccionismo (al menos parcialmente), la realidad es que en el largo plazo, los desarrollos de C+T+i seguirán siendo la fuente mayor de generación de riqueza.

A lo largo del último medio siglo,  se ha configurado una redistribución geográfica de la producción de bienes y servicios a nivel mundial.

¿Por qué se ha dado esto?:

1. La posibilidad que tienen las empresas transnacionales de mantener el control de la producción pero con menores costos de mano de obra;

2. La necesidad socio-política de los países industrializados de trasladar procesos productivos contaminantes allende sus fronteras (industrias químicas y petroquímicas, por ejemplo);

3. Cambios políticos en algunas naciones asiáticas y latinoamericanas, con gobiernos neoliberales que crean las bases para transformar sus aparatos productivos, atrayendo la inversión extranjera para reducir su dependencia de la exportación de commodities (tigres asiáticos, China, Chile, Brasil, México);

4. El desarrollo de la C+T+i que transforma los procesos productivos, profundizando los niveles de especialización en las empresas y los territorios;

5. El auge de Acuerdos Comerciales Regionales (ACR) con los cuales se crean condiciones estables, más o menos abiertas, para el intercambio de materias primas, bienes intermedios y productos terminados.

Como resultado de esta combinación de factores, los productos se fueron haciendo cada vez más complejos y su elaboración se deslocalizó. En otras palabras, las actividades inherentes a la producción de una mercancía -diseño, manufacturación de componentes, ensamblaje, distribución y servicio postventa-, se materializan a lo largo y ancho del planeta, ya sea, en el marco de operaciones intra-firma (offshoring y oversea) o de contratación de terceros (outsourcing, maquilas).

Esta transformación da pie a lo que se denominan las Cadenas Globales de Valor (CGV). Según el Banco de la República las CGV consisten en  “…rango amplio de actividades que llevan a cabo las firmas en sus procesos de producción y que van desde diseño, producción, mercadeo, distribución y servicio al cliente. Estas actividades pueden ser llevadas a cabo por la misma empresa en una determinada ubicación geográfica o por diferentes empresas en distintas ubicaciones.”

Interdependencia en cadenas globales de valorCadena Global de Valor del Iphone: Aunque pareciera que el déficit comercial de Estados Unidos es con China (exporta 229 millones de dólares en componentes para Iphone pero, recibe 1875 millones en Iphone ensamblados), la verdad es que esos productos terminados tienen componentes de Taiwán (207 millones), Alemania (161 millones), Corea (800 millones) y otros países (413 millones).

 

Un factor determinante del desarrollo de las CGV es la generación de economías de escala. La especialización en la producción de componentes y bienes intermedios conlleva la manufactura de grandes volúmenes de mercancías complejas, con costos unitarios cada vez más reducidos. Dichas economías de escala se potencian, adicionalmente, gracias a: a) la reducción de costos de comercialización, transporte y comunicaciones; b) la emergencia de empresas especializadas en logística y c) la reducción de barreras aduaneras a través de la firma masiva de TLC.

Son variables críticas del comercio mundial de tareas y de servicios, el talento humano altamente cualificado -técnicos, tecnólogos, científicos-, el desarrollo suficiente de la informática y las telecomunicaciones y el régimen de propiedad intelectual.

Según datos de la OMC, el comercio mundial de servicios en 2017 superó los 5 billones de dólares (contra 17 billones de dólares en mercancías), pero su participación es creciente –8% en 2017-. Se destaca que en dicho año fueron los servicios relacionados con propiedad intelectual los que más crecieron (10%) en el subgrupo de “Otros Servicios”, los cuales representan más del 42% del comercio mundial de servicios.

Adicionalmente vale la pena destacar que, durante 2009, en el marco de la recesión económica global, a pesar de la contracción de la demanda global, el comercio de servicios experimentó un leve incremento.

En la actualidad, la deslocalización cada vez responde menos a argumentos de costo, para incursionar en razones más asociadas a la agregación de valor y la generación de ventajas competitivas. En otras palabras, crece el papel del conocimiento en los procesos productivos en detrimento del uso de mano de obra no cualificada.

Según la OMC, tomando como referencia la manufacturación del sector automotriz, el comercio mundial de tareas se hace cada vez más intersectorial. Ya en 2011, el 32% en total del valor añadido de las exportaciones mundiales de vehículos provenía del sector del automóvil, mientras que el 68% se originó en otros sectores. Adicionalmente, 40% de dicho valor añadido fue derivado del comercio de servicios, no de las manufacturas.

El comercio entre 12 naciones del continente asiático (53% del comercio mundial), se traduce en un intercambio de componentes y bienes intermedios. Desde 1996 el porcentaje de valor agregado de China a sus exportaciones ha fluctuado entre 48% y 57%. La mitad de los productos terminados que salen de China tienen un valor agregado nacional cercano al 50%, la otra mitad son productos ensamblados con pocos componentes domésticos.

Estados Unidos es el mayor demandante de servicios de offshoring en el mundo (51%), seguido por Japón con 17% y la Unión Europea (15 países) con 11%. De igual manera se destaca que los países con la mayor cantidad de centros de maquila y ensamblaje son India y China, seguidos de naciones latinoamericanas y de países de Europa central y del este.

Reflexión Final:

Hace 3 décadas, con la Apertura Económica, el país hizo una apuesta por la modernización del aparato productivo. Y eso no pasó. Hoy somos un país con un nivel consumo sofisticado, financiado con la exportación de productos mineros (petróleo, carbón, ferroníquel, oro). Pero nuestro aparato productivo es más primario que en la segunda mitad del siglo pasado, con un sector  manufacturero altamente dependiente de importaciones, incluso de productos de origen agropecuario.

Colombia tiene pocas reservas probadas de hidrocarburos, no puede darse el lujo de esperar décadas. ¡Qué esta pandemia se convierta en una oportunidad para empezar realmente a hacer diferente las cosas!

Educación: ni presencial ni virtual, blended (híbrida).

Giovanny Cardona Montoya, mayo 12 de 2020.

 

La pandemia del Covid-19 trajo consigo un cambio inesperado: el cierre de las instituciones educativas. Dicho cierre cogió por sorpresa a la mayoría de educadores en Colombia y gran parte del mundo. La respuesta inmediata del sistema educativo fue trasladar el aula de clases a las plataformas de comunicación digital como Zoom y Microsoft Teams o, incluso, a las redes sociales, -clases por Whatsapp-.

Este inesperado cambio colocó sobre la mesa la discusión acerca de la educación virtual en el futuro del sistema, aunque ha habido una tendencia a simplificar el tema y a confundir el e-learning con la comunicación mediada por TIC.

1. La educación como proceso social.

La educación escolarizada es un proceso social condicionado por las características económicas, políticas y legales de la época; la cual delimita las dimensiones, cognitiva, afectiva y ética de los procesos formativos. Así, las tradicionales aulas de clase y la metodología magistral -el profe habla, el estudiante toma nota-, son una réplica de la producción en serie que caracterizó al aparato productivo desde finales del siglo XIX hasta las postrimerías del XX.

De otro lado, la normatividad que regula la vida escolar y universitaria tiende a responder con lentitud a los cambios socio-econoómicos y tecnológicos que exigen  actualizaciones de los procesos formativos. La situación presente no es la excepción.

Actualmente, la legislación colombiana reconoce tres modalidades de educación superior: presencial, distancia tradicional y distancia mediada por tecnologías (virtual). Esta clasificación evidencia tanto su anacronismo, como la falta de una visión pedagógica que caracterice las propuestas de educación para diferenciar los procesos formativos de acuerdo a sus principales cualidades didácticas.

2. La educación tradicional.

El sistema educativo tradicional, aquel que asociamos con aulas de clases estandarizadas y una relación vertical entre el docente y los estudiantes, fue un modelo necesario en un momento histórico en el que se requería ampliar la cobertura llegando a una creciente población (en 200 años la población mundial se ha multiplicado por 7), atendiendo las necesidades políticas del Estado (formar ciudadanos) y las de una economía industrial que requería trabajadores preparados para gestionar la producción en serie que le caracterizaba.

Pero el modelo tradicional no sólo respondía a las necesidades de la época sino, también, a las condiciones y posibilidades de la misma. Hasta la segunda mitad del siglo XX acceder a la información y al conocimiento era un reto condicionado por la tecnología y los canales existentes: los textos impresos, la radio y posteriormente la televisión.

EDUCACION ANTICUADA

En este contexto, las bibliotecas y las clases presenciales se convirtieron en dinamizadores fundamentales del aprendizaje.  Por lo anterior, los exámenes tradicionales “a libro cerrado” cumplian el papel de verificar que el estudiante había accedido a la información (leyó, asistió a la clase) y la había aprendido (podía repetirla o, mejor aún, explicarla, deconstruirla o cuestionarla).

Sin embargo, con el desarrollo de la tecnología digital (la informática) y el Internet el mundo de la creación, preservación y transferencia de la información y el conocimiento se expandió exponencialmente. Y el sistema educativo se ha demorado en darse cuenta de ello.

binario mundo

3. El proceso curricular.

La educación escolarizada es más que las clases en el aula. Las instituciones educativas estructuran procesos curriculares, los cuales requieren mínimamente de un propósito (objetivos de aprendizaje), participantes (docente y estudiantes), metodologías, mediaciones y evaluaciones.

El objetivo de aprendizaje (por ejemplo, el desarrollo de una competencia) es el eje rector del proceso formativo. Teniendo claridades sobre dicho objetivo, el método de enseñanza y aprendizaje, las mediaciones y las evaluaciones pueden mutar.

Aunque el proceso curricular en la actualidad conserva formas muy tradicionales (la clase magistral; aulas de clase estándares, horarios fijos), aquel viene mutando gradualmente. Ciertas universidades y facultades han transformado sus mediaciones y espacios físicos desde hace varias décadas.

De hecho, algunas profesiones nacieron con mediaciones y metodologías innovadoras. Las granjas, los viveros, los laboratorios y talleres de prácticas, los hospitales, las empresas, etc. son espacios en los que se desarrollan procesos de aprendizaje cada vez con más frecuencia.

Adicionalmente, la informática, los dispositivos (computadores, tabletas y smart phones), Internet, la televisión por cable, etc., están cambiando no sólo las posibilidades de acceder, preservar y transferir información y conocimiento, sino, más que eso, están permitiendo crear nuevo conocimiento y, en general, están transformando la vida laboral y social de las personas y las organizaciones. La vida en la red es cada vez más amplia y profunda.

En consecuencia, las dinámicas de aprendizaje están permeadas por todos estos cambios. Los estudiantes consultan en Internet videos y documentos elaborados por diferentes expertos; las bibliotecas digitales se “visitan” a cualquier hora; los profesores dan videoconferencias que se graban y publican en la web; docentes y estudiantes intercambian mensajes con contenidos diversos a través del correo electrónico. Cada vez son  más las acciones de enseñanza y aprendizaje que se realizan por fuera del aula de clases.

No importa si la comunicación es sincrónica o asincrónica o si se da en el aula de clases o través de mediaciones digitales, el proceso formativo no se detiene. Lo importante es que haya un modelo pedagógico que guié la experiencia curricular. La comunicación face to face entre el profesor y sus  estudiantes es sólo un segmento del proceso de aprendizaje.

4, El falso dilema: educación presencial o educación virtual.

niño con computador y abuela en el campo

Por lo anterior, la pregunta de si la educación debe ser presencial o virtual es inútil en el contexto de la sociedad del conocimiento. No sólo los estudiantes que viven en poblados alejados requieren propuestas curriculares flexibles; la realidad es que la mayoría de los modelos pedagógicos deben dar los lineamientos para garantizar a los estudiantes la comunicación oportuna y suficiente (sincrónica y asincrónica, presencial y a distancia), el acceso oportuno a los contenidos curriculares e, incluso, una cada vez más dinámica interactividad con éstos desde diferentes plataformas.

No es la presencia física o el contacto a través de un computador lo que hace la diferencia.Prueba de ello es el estudio que realiza la institución universitaria CEIPA, el cual, basado en el análisis comparativo de los resultados de sus egresados presenciales y virtuales en las pruebas Saber Pro durante los úlitmos seis años, no encuentra diferencias estadísticas significativas en el desempeño.

Mientras los propósitos u objetivos de aprendizaje estén claros, las instituciones educativas pueden combinar todas las didácticas posibles para alcanzar los resultados. El aprendizaje en esta época es un proceso continuo en ambientes discontinuos: el aula, la biblioteca, el campus virtual, las plataformas de comunicación digital, las redes sociales, la empresa, el laboratorio, etc.

En consecuencia, el carácter híbrido (blended) de los procesos formativos es el nuevo nombre del juego.

El coronavirus ha hecho que la mayoría de universidades y colegios en Colombia tengan que atender una contingencia: sustituir los encuentros en aulas por clases en línea. Estos primeros auxilios seguramente están dando resultados diversos. Algunos currículos y las respectivas comunidades académicas estaban mejor preparados que otros; por ejemplo, las instituciones que ya ofrecen educación virtual tienen un acervo que y una comunidad docente que facilitó la adaptación a las nuevas circunstancias.

Pero todo indica que la convivencia social no será la misma después de la crisis sanitaria, por lo tanto, el sistema educativo requiere “una cirugía”.

La sociedad del conocimiento permite crear, preservar, usar y transferir el conocimiento sin barreras de tiempo o espacio. Adicionalmente, la población estudiantil es diversa: centennials, millennials, personas que trabajan y estudian, madres cabeza de hogar, estudiantes que viven en ciudades con dificultades de movilidad, etc. Por lo tanto, es posible y a la vez se requiere, un sistema educativo verdaderamente flexible.

Es necesario ajustar los diseños curriculares para que las mediaciones y las evaluaciones se flexibilicen, reconociendo los objetivos de aprendizaje, las metodologías, las particularidades de los estudiantes, las necesidades sociales y las restricciones del entorno.

La comunicación puede ser sincrónica y asincrónica, se puede dar en línea o en el aula de clase. Los exámenes se pueden presentar en un salón o en una plataforma digital, los estudiantes pueden escuchar la conferencia magistral en el auditorio o verla grabada en la web.

Algunos estudiantes llevarán un ritmo más guiado por el docente y sus compañeros (aprendizaje colaborativo), mientras otros andarán a su propio ritmo (autoaprendizaje). Y todo esto puede suceder en una misma propuesta curricular.

Hay que tumbar los muros de las aulas de clase, flexibilizar horarios y calendarios, hacer un diseño creativo de la partitura (plan de estudio), abrir todos los escenarios de aprendizaje y ofrecer un acompañamiento permanente para que  cada estudiante desarrolle su aprendizaje al ritmo y con las condicionesa adecuadas.

La nueva labor de la comunidad docente no es transmitir información y conocimiento; es diseñar la ruta y guiar al estudiante en su proceso de aprendizaje. Las mediaciones requeridas para ello crecen y se desarrollan exponencialmente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crónica de una Recesión Inesperada.

Giovanny Cardona Montoya, Abril 19 de 2020.

Este artículo se fundamenta en el Editorial de mi autoría, publicado en el Boletín de posgrados de la Institución Universitaria CEIPA

 

Introducción:

El año 2020 comenzó con tímidas insinuaciones de una desaceleración económica global. Al Brexit y al menguante crecimiento económico de China se sumaron la guerra comercial entre Trump y el coloso asiático y la casi inevitable recesión alemana.

El año 2020 no pintaba muy bien. Pero, nadie se esperaba lo que vino después de febrero.

La humanidad jamás había tenido una pandemia que se expandiera por todo el planeta en tan poco tiempo. Estos también son los tiempos de la globalización: más interacción sin fronteras entre los ciudadanos del mundo trae como consecuencia mayores relaciones de causa-efecto.

Estamos viviendo una naciente recesión económica derivada de una fuerte pausa en el consumo y la inversión; pausa gestada no por razones económicas sino sanitarias. Consumidores y productores nos encerramos en las casas para controlar una pandemia y, en consecuencia, detuvimos el aparato productivo: no hay quien produzca y no hay quien consuma.

Las escuelas cerraron, al igual diversas plantas de producción; los aviones se quedaron en las pistas de los aeropuertos, los equipos de fútbol no salieron a jugar el domingo y los restaurantes cerraron sus puertas. Como piezas de dominó, tras estos fueron cerrando otros eslabones de sus cadenas de valor: transporte terrestre, operadores logísticos, proveedores de insumos, etc. Así funciona la economía, todos hacemos parte –con mayor o menor importancia- de un engranaje de producción, intercambio y consumo.

Y aunque la caída producción/consumo no se dio en el contexto progresivo del ciclo económico, sino, más bien, al margen de éste, las consecuencias y las recetas de corto plazo serán similares a lo que ya conocemos.

Los gobiernos, en esta fase del ciclo económico -desaceleración y recesión-, tratan a través del Gasto Público y la Política Monetaria (tasas de interés a la baja) de menguar el daño que produce la caída en la actividad privada. Compensar salarios, subsidiar arriendos, dar liquedez a los bancos y empresas, transferir recursos, son recetas conocidas cuando el Estado trata de dar oxígeno a una economía que se asfixia por el lado del mercado. Y eso es lo que están haciendo en mayor o menor medida todos los gobiernos del mundo.

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¿Qué se ve venir en el futuro cercano?

Inversiones urgentes del sector público, especialmente en el sistema sanitario y en obras de infraestructura. Este es combustible inicial para poner a marchar nuevamente la locomotora de la economía.

Luego vendrán las ayudas a sectores seleccionados: los de mayor potencial de recuperación y los de mayor incidencia en el empleo. En el caso colombiano, la locomotora dependerá mucho de la recuperación de los mercados mundiales y de las decisiones de la OPEP para levantar el precio del petróleo. Elevar el precio del petróleo significa más divisas para el país –por exportaciones y por inversión extranjera- y recursos para el Estado para financiar su política expansiva de Gasto Público.

El mercado laboral arrancará desde abajo. Recuperación del empleo a salarios bajos y, por qué no, aprovechar la situación para que se filtre en el congreso alguna reforma relacionada con los costos laborales (eliminación de parafiscales, salario diferencial u otra medida que estimule la contratación a costa de los ingresos de los trabajadores).

En los mercados de bienes y servicios, el problema mayor será la gradualidad. Sectores como la construcción y las cadenas de valor de alimentos y salud reiniciarán labores más rápidamente. Sin embargo, la industria de esparcimiento y turismo lo hará después, probablemente se demore varios meses, en consecuencia, la aviación también arrancará a media máquina.

Ahora, como la economía es un sistema y no una nave dividida en compartimentos estancos, las industrias que comiencen más tarde (conciertos, turismo, eventos deportivos, etc.) ralentizarán a las que comiencen a dinamizarse antes. Si hay pocos vuelos, menos pasajeros y baja ocupación hotelera, entonces, la demanda de alimentos y bebidas disminuye, y así sucesivamente.

La delgadez de la cadena se evidencia en la frágil recuperación del empleo, lo que dibuja un círculo vicioso: la lenta recuperación económica se traduce en poco empleo; y este último trae como consecuencia débil recuperación de la demanda de bienes y servicios lo que, por ende, ralentiza su producción.

 

¿Y el futuro de largo plazo?

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Nada más propicio para un futurólogo que esta nueva realidad. Muy seguramente los padres de la prospectiva francesa dirían: “el futuro no está escrito, es una construcción colectiva”

Después de 60 años de reconocer y afrontar tímidamente una crisis de sostenibilidad que se ha ido agudizando por todo el planeta, la pandemia del Covid-19 nos ha ratificado lo vulnerable que es la humanidad.

¿Cuál es el futuro que nos vamos a construir? El futuro de largo plazo será mejor o peor, todo depende de las lecciones aprendidas y de las decisiones que tomemos después de que culmine la cuarentena.

Realmente el debate apenas comienza, después de que la crisis sea superada -en unos meses cuando nos acostumbremos a convivir con el virus y en un par de años cuando ya se cuente con una vacuna en todo el mundo-, vendrán las propuestas paradigmáticas.

Algunos apelarán a la necesidad de hacer ajustes al modelo existente; tal vez, volver la vista al intervencionismo estatal -un poco de Keynes y algo de socialdemocracia- para menguar la velocidad con la que el neoliberalismo nos estaría llevando hacia un desarrollo “insostenible”.

Otros señalarán la importancia de dar un giro de 180 grados al modelo de producción, intercambio y consumo que ha guiado al planeta en los últimos siglos. Tal vez una nueva sociedad con patrones de comportamiento y valores más asociados a la previsión, la solidaridad y la frugalidad.

Pero, sin lugar a dudas, cualquier propuesta que se presente pondrá sobre la mesa la discusión sobre el papel de las tecnologías avanzadas (transformación digital), particularmente las TIC, en la sociedad post-covid19.

Es claro que si los procesos productivos -incluidas las fases de intercambio y distribución- estuviesen más automatizadas, la pandemia hubiera encerrado a las personas en las casas, pero la economía estaría menos estancada. Entonces, ¿puede el actual paradigma económico lograr la armonía suficiente entre propiedad privada, transformación tecnológica y desarrollo sostenible en lo social y lo ambierntal?

Si el teletrabajo, la robotización de plantas de producción, la educación virtual, los vehículos sin conductores, etc, fuesen la constante, entonces ¿qué características debería tener el modelo de generación y distribución de riqueza para que éste fuese viable? ¿Qué relaciones dialécticas le caracterizarían?

usuarios de internet, celular y redes en 2020

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