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Paisas que dieron su vida por la libertad

A propósito de la independencia, contamos las historias de tres próceres locales en los tiempos de guerra contra los invasores.

  • Jose María CórdoVa - Liborio Mejía
    Jose María CórdoVa - Liborio Mejía
Por juan diego ortiz jiménez | Publicado el 20 de julio de 2020

El último presidente de la Primera República, fusilado por Morillo; el general del Ejército Libertador que lideró la victoria en la batalla final por América; y el hombre que salvó a Simón Bolívar en la noche de la Conspiración Septembrina tienen algo en común, nacieron en Antioquia. Pero no solo Liborio Mejía (Rionegro, 1792 - Bogotá, 1816), José María Córdova (Concepción, 1799 - El Santuario, 1829) o José María Meneses (Carolina del Príncipe, 1804-1890) tuvieron participación en las décadas en las que nació esta Nación. Para efecto de estas páginas y ante la imposibilidad de mencionarlos a todos, contaremos tres relatos que los vinculan con esta tierra y con la historia patria.

Aunque la provincia estaba regida por otros intereses, entre ellos los comerciales, hizo su aporte a la guerra de Independencia. En una carta escrita desde Perú, Bolívar le pidió a Santander que “exprimiera” más a Antioquia. Este le respondió: “¿Qué más le puedo pedir a los antioqueños, que nos han dado tantos hombres y entregado más de cuatrocientos mil pesos en oro?”.

Además, fue en este territorio donde se libró el combate definitivo que selló la Independencia. El 12 de febrero de 1820, tres columnas comandadas por el entonces teniente coronel Córdova, vencieron a los españoles y confirmaron el terreno ganado seis meses atrás en Boyacá. El combate de Chorros Blancos (hoy jurisdicción de Yarumal) impidió que se concretara una segunda Reconquista española (la primera fue entre 1815 y 1819).

Mencionamos entonces —y es promesa que tendrán luego su historia enmarcada en estas páginas— a la heroína Simona Duque (Marinilla, 1773 - 1858); a Atanasio Girardot (San Jerónimo, 1791 - Bárbula, Carabobo, 1813), mano derecha de Bolívar en batallas decisivas en Venezuela; José Félix de Restrepo (Sabaneta, 1760 – Bogotá, 1832) y Francisco Antonio Zea (Medellín, 1770 - Bath, Inglaterra, 1832), precursores de la Independencia; y a los 125 marinillos que conformaron la guardia de Antonio Nariño; solo diez regresaron .

Contexto de la Noticia

EL SALVADOR DE BOLÍVAR EN LA NOCHE SEPTEMBRINA

En los palacios de los antiguos señores el encargado del orden y custodia de los objetos de servicio se denominaba repostero. El sargento José María Meneses González lo era de los utensilios de plata de Simón Bolívar en el Palacio de San Carlos, en Bogotá. Los sucesos que se desencadenaron la noche del 25 de septiembre de 1828, conocidos como la Conspiración Septembrina (un atentado para matar a Bolívar), pondrían al repostero en un lugar único en la historia. Alertado por Manuelita Sáenz de que venían a matarlo, Bolívar saltó por la ventana y encontró su escondite debajo el puente del Carmen, en las orillas pantanosas de la quebrada San Agustín. Meneses, incorporado al servicio del Libertador por recomendación de Córdova, que lo reclutó durante la campaña del río Magdalena de 1820, salvó la vida de Bolívar esa noche. El historiador Mauricio Restrepo Gil recogió los relatos de la época sobre el papel de Meneses esa noche. Cuenta que por casualidad, el teniente vio a Bolívar salir por el balcón y lo siguió. Citando a Joaquín Posada Gutiérrez, en Memorias Histórico-Políticas, relata: “En tan imponderable agonía (Bolívar) tuvo un auxilio providencial: un criado joven de su confianza se retiraba tarde del palacio y, oyendo el fuego y los gritos, corría resuelto a donde su deber lo llamaba y viendo un hombre que a paso acelerado caminaba, le siguió, y conociéndole le llamó, nombrándose”. Lo protegió y lo acompañó en la madrugada hasta que el peligro fue clausurado y Bolívar pudo retomar el mando. El nombre del sargento se escabulló en la historia hasta su muerte en 1890 en su natal Carolina del Príncipe. Bolívar no lo exaltó con un decreto de honores. “En los meses que siguieron al asalto de los conjurados al Palacio, el Libertador encadenaba un resfriado tras otro, pasaba semanas enteras en cama, las fiebres lo atacaban”, narra el escritor Mauricio Vargas. “Era el preludio del lento pero irremediable deterioro que a finales de 1830 acabó por llevarlo a la tumba. En cierto modo, el sargento Meneses había sido testigo de la noche que mataron a Bolívar”, concluyó.

LA CORONACIÓN DEL PRÓCER DE AYACUCHO

La caballería de los libertadores cruzó en medio de la algarabía mientras el pueblo bailaba danzas típicas y se agolpaba en la plaza de La Paz, en el Alto Perú (hoy Bolivia) para ver el desfile. La caravana terminó en la plaza donde estaba un solio con tres asientos para Bolívar, el mariscal Antonio José de Sucre y el general José María Córdova. Este último había nacido 25 años atrás en Concepción (1799), hijo del alcalde del municipio, Crisanto de Córdova y Mesa, y de Pascuala Muñoz Castrillón. En 1814 ingresó al Cuerpo de Ingenieros de la República de Antioquia, el cual dirigía Francisco José de Caldas. Ese fue el inicio de su carrera militar, en la que fue clave el general Emmanuel Serviez. Después de la Batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819), Bolívar le encomendó a Córdova desalojar los últimos reductos realistas en Antioquia, por lo cual lo nombró gobernador sin haber cumplido los 20 años. Durante ese encargo fue cuando Córdova venció en Chorros Blancos (febrero de 1820), combate que impidió que se unieran las fuerzas realistas y recuperaran su dominio en el centro del país. Cuatro años después de la victoria en las montañas de Yarumal, vemos a un sacerdote coronar a Bolívar con un laurel de oro, recamado de piedras preciosas. Pero este respondió: “no es a mí, señores, a quien es debida la corona de la victoria, sino al general que dio la libertad al Perú en el campo de Ayacucho (9 de diciembre de 1824)”, según reseña la biografía de Córdova escrita por Jaime Arismendy Díaz. Bolívar agradeció a la mítica segunda división del Ejército de Colombia, que formaba en la plaza, y le entregó la corona a Sucre. Pero el mariscal tampoco recibió el honor y le donó el ornamento a Córdova por considerarlo el hombre clave de Ayacucho con las palabras que envalentonaron su división: “armas a discreción, de frente, paso de vencedores”. Córdova tampoco se quedó con la guirnalda de 18 kilates, hilos de oro, florecillas de plata y chispitas de diamante. Los 554 gramos llenos de historia reposan desde diciembre pasado en el nuevo Museo de Arte de Rionegro.

PRESIDENTE DE LA Nueva Granada A LOS 24 AÑOS

Cuando el Ejército pacificador de Pablo Morillo invadió la Nueva Granada, periodo llamado el Régimen del Terror (1816-1819), los restos del Ejército patriota se replegaron al centro del país. En esa patria agonizante ante la crueldad de los invasores, el entonces coronel Liborio Mejía fue nombrado vicepresidente. La síntesis biográfica de la Real Academia de Historia resalta que ante la incertidumbre de escapar a los Llanos Orientales o a las selvas del sur, Mejía prefirió este último camino con la esperanza de abrirse paso hacia el Pacífico a través del Cauca. Tras la captura del general Custodio García Rovira, entonces presidente de la República, Mejía asumió el poder y la jefatura de su escaso ejército y se convirtió en el primer presidente antioqueño de la Nueva Granada con apenas 24 años. Nacido en Rionegro, Mejía estudió becado en el Colegio de San Bartolomé en Bogotá. Mientras era profesor de filosofía en Medellín, el dictador Juan del Corral lo designó como ayudante del sabio Francisco José de Caldas para la construcción de fortificaciones. Antes de incorporarse a la lucha libertaria tradujo del francés el reglamento guía de los Estados Mayores del Ejército de Napoleón, adoptado luego por Bolívar. El historiador Jairo Tobón Villegas, estudioso de la vida de Mejía, destacó en sus escritos que este se unió a Antonio Nariño y participó en enfrentamientos contra las tropas realistas en los combates y batallas de Buesaco, Juanambú, Palacé, Tacines y El Palo. “Le tocó una patria agonizante, ejércitos mal armados. Aprovechó los primeros armamentos que logró fundir el Sabio Caldas pero recibió un golpe mortal en la Cuchilla del Tambo”, dijo. En efecto, el honor de ser presidente le duró escasas dos semanas a Mejía porque el coronel y futuro virrey Juan Sámano lo esperaba en el sur. La batalla se libró en la Cuchilla del Tambo, en las goteras de Popayán, donde fue derrotado. Rebelde en su agonía tuvo una refriega en el Río de La Plata, donde cayó prisionero. Fue llevado a Bogotá, lugar en el que fue fusilado el 16 de julio de 1816 por orden de Morillo, sin ver sus ojos a su patria libre.


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