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Entre la aguda desconfianza y el pragmatismo: ¿qué esperar del cara a cara entre Petro y Trump?

Más allá del gesto político, el diálogo entre los mandatarios el próximo martes pondrá a prueba el pragmatismo de ambos frente a temas sensibles como cooperación, seguridad y agenda regional.

  • Aun cuando ha mantenido un tono diplomático en los últimos días, Trump se ha referido a Petro como el “líder del narcotráfico”, al tiempo que criticó que Colombia está “produciendo mucha droga”. Por ello, llegó a decir que Petro debe estar atento, “o será el siguiente”. FOTO PRESIDENCIA Y AFP
    Aun cuando ha mantenido un tono diplomático en los últimos días, Trump se ha referido a Petro como el “líder del narcotráfico”, al tiempo que criticó que Colombia está “produciendo mucha droga”. Por ello, llegó a decir que Petro debe estar atento, “o será el siguiente”. FOTO PRESIDENCIA Y AFP
hace 5 horas
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Llegó la hora cero. Después de meses de tensión, rifirrafe y sanciones que no solo lo pusieron contra las cuerdas, sino que afectaron su primer anillo de confianza y lealtad, finalmente el presidente Gustavo Petro arribará a la Casa Blanca este martes 3 de febrero.

Sentado en una de las poltronas de la Oficina Oval –de tú a tú con el jefe de la principal potencia mundial y uno de sus mayores antagonistas–, el mandatario colombiano tendrá que capotear entre las dos versiones de un impredecible Donald Trump.

Por un lado, Petro podría tener que lidiar con aquella faceta del magnate que hace poco más de un año, el 28 de febrero de 2025, tuvo que encarar el presidente ucraniano Volodímir Zelenski.

En ese entonces –consciente de la necesidad de seguir asegurando ayuda militar, financiera y de inteligencia–, Zelenski hizo frente a un Trump hostil y desafiante que le mostró los dientes.

Le puede interesar: Petro y Trump: Colombia reanuda vuelos de deportados días antes de encuentro bilateral en la Casa Blanca.

No solo se mofó de él ante la prensa estadounidense, sino que el republicano le encaró al mandatario ucraniano que no estaba en “una buena posición”, lo acusó de ser irrespetuoso cuando quiso interpelar y hasta llegó a decirle que estaba “arriesgando con empezar la Tercera Guerra Mundial”.

Por otro lado –no obstante– el mandatario colombiano podría encontrarse con la cara más amable del presidente estadounidense. Esa versión quedó calcada en noviembre del año pasado, cuando el mandatario recibió en la Oficina Oval al recién elegido alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.

Si bien en campaña hubo sendas críticas, señalamientos mutuos y pullas entre Trump y Mandani –desde “comunista” hasta “déspota”–, el encuentro, contra todo pronóstico, estuvo marcado por la cordialidad, el elogio y hasta un dejo de fraternidad.

Fue el mismo escenario que encontró Zelenski: ambos de espaldas al Escritorio Resolute y con la prensa en frente. Sin embargo, en el caso de Mamdani, Trump lucía sonriente, esperanzado y en sintonía con uno de sus contradictores. No hubo escarnio o desdén; por el contrario, sin sujeción y con compromiso, el republicano parecía conciliador y amable. Más que antagonistas, parecían aliados de antaño.

Esa dualidad entre cuál de los dos Trump recibirá a Petro en Washington fue advertida semanas atrás por el periodista Daniel Coronell en una columna de la Revista Cambio. El curtido reportero –otrora presidente de Univisión, la más influyente cadena de habla hispana en Estados Unidos–, llegó a una tajante conclusión: “que la reunión concluya de una u otra manera no depende exclusivamente de Petro. Lo que es seguro es que solo saldrá bien si el presidente de Colombia maneja su parte con lucidez y pragmatismo”.

Para María Claudia Lacouture, presidenta ejecutiva de la Cámara Colombo Americana (AmCham), aunque es muy difícil de determinar en qué tónica lleguen ambos mandatarios, “se pensaría que hay un buen ambiente tanto por parte de Estados Unidos como de Colombia y que se buscará tener la mejor reunión posible. No obstante, debe entenderse que la incertidumbre y la imprevisibilidad son bastante altas”.

Lo anterior, no solo por las dualidades que caracterizan al presidente Trump –pendenciero, provocador, egocéntrico y transaccional–, sino por las mismas afugias que caracterizan la personalidad del mandatario colombiano –igualmente confrontacional, personalista, obstinado, emocional y reactivo–.

Aunque ambos son parecidos y pueden llegar a anularse, el magnate tiene la sartén por el mango. La amenaza de aranceles o medidas como la revocatoria de la visa y la inclusión de Petro en la denominada Lista Clinton –así como de su expareja Verónica Alcocer y su mano derecha, el ministro del Interior, Armando Benedetti–, evidencian con creces que el mandatario colombiano está en desventaja.

De allí que –sin ser servil, ni “arrodillado”, como lo dijo él– Petro está llamado a encarar el desafío de dejar de lado su postura ideológica, y apostar por mostrar una faceta de conciliador y convocante en el encuentro.

“Petro entiende que es una reunión importante que le permitirá apaciguar sus relaciones con Estados Unidos para el final del periodo. La reunión puede ser aproximadamente de una hora, que es lo usual para un jefe de Estado y de gobierno. Si se alarga no necesariamente es malo, pero ojalá el tono y la forma reflejen condiciones útiles para no quedar en una posición peor de la que se empezó”, advierte a su turno el profesor Rafael Piñeros Ayala, investigador de teoría de las relaciones internacionales, gestión de la gobernanza y agenda internacional contemporánea de la Universidad Externado.

¿Dinamitando el encuentro?

Una muestra de lo reactivo e igualmente impredecible que puede llegar a ser el presidente Petro ocurrió esta semana. Durante semanas –tras confirmarse el encuentro con Trump–, el mandatario colombiano fue prudente, reconoció el pragmatismo del republicano y hasta llegó a decir, en una entrevista con El País de España, que la “posición de Estados Unidos en relación a Venezuela no se aleja tanto de la mía”.

No obstante, a días del encuentro –el pasado martes y luego de que Washington, en un gesto de buena voluntad, reactivó por cinco días su visa para facilitar la reunión–, Petro volvió a echarle leña al fuego y arreció contra el mandatario estadounidense.

“Deben devolver a (Nicolás) Maduro, y que lo juzgue un tribunal venezolano”, sostuvo el mandatario durante un evento en Bogotá, en referencia a la captura del mandatario del vecino país a principios de mes. En ese mismo acto, Petro se atrevió a decir que Jesucristo hizo el amor con María Magdalena y que él hace “cosas muy buenas en la cama”.

En medio de la controversia, el jefe de Estado aseguró también que “con Trump hay que hablar de tú a tú, y no pensando que soy un sirviente”; contó que se opuso a llevar a su hija menor para evitar que tuviera que hacerle venias al republicano, y –en otro evento ese mismo martes–, declaró además que “los colombianos que van a Estados Unidos van como esclavos”.

Si bien el propio mandatario reconoció que la de este martes será “una reunión clave, fundamental y determinante, no solo de mi vida personal, sino de la vida de la humanidad”, sus polémicas declaraciones parecen desdecir ese propósito.

Aunque fuentes en la Casa de Nariño reconocen –con alivio– que las declaraciones no afectaron la previa del encuentro, desde ya hubo movidas en el Palacio de San Carlos para evitar cualquier imprevisto. De allí que la canciller Rosa Villavicencio haya anunciado esta misma semana que, en contravía de la postura radical de Petro, se habilitará un vuelo por semana para la llegada de colombianos deportados desde Estados Unidos.

“Con Estados Unidos hemos acordado seguir trayendo a las personas que van a ser deportadas, que cuentan ya con una resolución de expulsión por esta vía y por ahora mantendremos o haremos unos 20 vuelos, uno semanal para ir trayendo a estas personas”, manifestó la ministra.

Previamente, como antesala de lo que podría encontrarse Petro este martes, el secretario de Estado, Marco Rubio –al hablar sobre la crisis en Venezuela durante una audiencia en el Senado–, reconoció que el mandatario colombiano, ‘sin discusión’, fue elegido “legítimamente”, con todo y que “no siempre habla bien de nosotros”.

Para el expresidente Ernesto Samper –quien días atrás asistió a una sesión de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores convocada por Petro–, el desafío de Petro es salirse de encasillamientos impuestos por las autoridades de Estados Unidos y comenzar a tender puentes de confianza para afianzar asuntos como la lucha contra el narcotráfico.

“El carácter impredecible de los dos presidentes hace muy temerario formular anticipadamente los resultados de una reunión que creo que será tan productiva como sinceros sean tanto el presidente Trump como el presidente Petro”, declara el exmandatario.

Lo clave

Según presidenta ejecutiva de AmCham, uno de los temas centrales del encuentro será la seguridad, abarcando frentes como la lucha contra el narcotráfico, la delincuencia común y la seguridad en la frontera. A ello se suma el tema migratorio: “ha sido relevante para Trump y, aunque es un asunto muy presente, no se estima que sea el punto central de la conversación”. En esa misma línea, ambos mandatarios discutirán sobre comercio e inversión.

“Hay más de 5 millones de puestos de trabajo asociados a este vínculo binacional. Lo ideal es que se mantengan y generen canales directos que permitan acciones a través de la diplomacia tradicional, generando una hoja de ruta y manejando las tensiones que se puedan presentar”, precisa, destacando que el 30% de las exportaciones colombianas van hacia Estados Unidos y el 23% de las importaciones provienen de ese país.

“Uno de cada cuatro dólares del comercio internacional de Colombia depende de Estados Unidos. Esta relación genera un motor de capital productivo, siendo la fuente del 37% de la inversión extranjera directa que llega al país. También es clave para el consumo de los hogares, ya que el 53% de las remesas provienen de allí. En cuanto al turismo, uno de cada cuatro visitantes que llegan al país es estadounidense. Si esta relación se encarece o fricciona, el efecto se siente directamente en el empleo, la inversión y el bienestar de los ciudadanos”, explica.

Para el expresidente Samper, una de las prioridades de Petro durante la reunión será enfatizar en que sí se está luchando contra las drogas y la validación de las estadísticas sobre cultivos de uso ilícito.

“Colombia ha tenido bastantes éxitos en la interdicción aérea y marítima de cargamentos de droga. Todo ello para decir que tiene que haber una visión integral alrededor del problema con sus responsables y esto es lo que debe pedir Colombia: que no se siga recargando la lucha contra las drogas en los eslabones débiles de la cadena. Es decir, en los campesinos, en los consumidores o en las mulas que llevan escasas cantidades, sino que se ataque de raíz a las estructuras criminales”.

En materia de seguridad, el profesor Piñeros califica como “preocupante” la situación en la frontera por la movilidad y la permisividad para el tránsito entre Colombia y Venezuela de grupos al margen de la ley, ELN y grupos insurgentes que delinquen y tienen presencia en la región. Por ello, destaca que ese asunto –íntimamente ligado al narcotráfico–, será otro de los derroteros de la reunión.

Aun cuando se trata de asuntos neurálgicos, sobre los que hay diferencias de forma y de fondo, Petro debe entender –puntualiza Piñeros–, que, le guste o no, Trump será el que lleve el tono, la forma y el fondo de la conversación.

“Trump se encuentra en una posición empoderada, no solo por ser el anfitrión, sino porque también es consciente de que Petro sale en siete meses de la Presidencia. Ahí hay una dificultad fuerte, pero no exenta de un trato entre iguales entre estados que han sido aliados e importantes en América Latina”, concluye.

Al margen de los vaticinios de lado y lado, lo cierto es que el encuentro en la Oficina Oval no será solo una cita diplomática más, sino una prueba definitiva de carácter, cálculo político y sentido de Estado. Para Petro, la reunión con Trump representa la oportunidad —quizás la última en su mandato— de recomponer una relación estratégica sin hipotecar su discurso, pero entendiendo los límites del poder y las consecuencias de la confrontación innecesaria.

De cómo logre equilibrar firmeza y pragmatismo dependerá no solo el tono del tramo final de su Presidencia, sino también el impacto real de la relación con Estados Unidos en frentes como el empleo, la seguridad y la estabilidad económica del país. En Washington, más que palabras, se medirán gestos, silencios y decisiones. Y allí, cualquier error puede salir caro.

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