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El libro impreso iba a desaparecer, pero sigue fuerte

Lo iba a reemplazar el lector electrónico (eBook), pero la tecnología lo hizo brillar de otra forma.

  • El departamento de Antioquia sigue siendo el segundo mercado más importante del libro en Colombia, después de Bogotá, que tiene una de las ferias más grandes de Latinoamérica. FOTO ARCHIVO
    El departamento de Antioquia sigue siendo el segundo mercado más importante del libro en Colombia, después de Bogotá, que tiene una de las ferias más grandes de Latinoamérica. FOTO ARCHIVO

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María Antonia Giraldo R. | Publicado el 31 de agosto de 2022

A finales del 2005 y durante el 2006 salieron los primeros dispositivos de lectura electrónica: el iLiad de iRex Technologies y el Sony Reader PRS-500, en 2007 apareció el Kindle de Amazon. Más adelante, en 2010, llegó el iPad y en 2016 el Kobo.

Las editoriales habían creado un frente común para apostar por una misma tecnología que les permitiera funcionar en todos los dispositivos y se prepararon para decirle adiós al papel con un tipo de archivo “líquido” que se adaptaba a todas las pantallas, el ePub, y unos lectores sin pantallas brillantes, con efecto papel que prometían una mejor experiencia.

Pero ni siquiera en los países más avanzados, los libros digitales lograron destronar al papel. Para Juan José Daza, director regional de Buscalibre para Latinoamérica, el problema estuvo en la penetración del comercio electrónico, que para 2012, cuando Buscalibre (empresa de comercio electrónico de libros chilena) decidió iniciar operaciones en Colombia, era del 5 %.

“Es muy extraño que una persona vaya a una librería física a comprar un libro digital, los venden pero no es habitual, entonces teniendo en cuenta esa penetración tan pequeña que había, la expectativa era que Colombia se iba a demorar en reemplazar el libro físico”, explica. De ahí que, a pesar de la apuesta por el futuro digital, Buscalibre decidiera ampliar su operación, al ver que los colombianos estaban pidiendo libros físicos a la casa matriz en Chile, en busca de títulos que no eran tan usuales en las librerías locales.

La verdadera revolución de la tecnología frente a los libros no estuvo en los dispositivos, sino en el comercio electrónico, que había estado creciendo exponencialmente en Colombia, pero con la pandemia, se disparó, solo Buscalibre creció en un 300 % en 2020.

Cabe anotar que en las nuevas estadísticas del libro en el país, que acaba de lanzar la Cámara Colombiana del Libro (con cifras a 2021), por fin la venta de libros electrónicos creció en un 37,7 %, llevando a que el libro impreso bajara en un –1,6 %, aunque todavía el impreso significa el 81,5 % del total de ventas por formato en 2021.

Amazon, que empezó su recorrido empresarial como una librería, está proyectando iniciar operaciones directamente en Colombia en el primer trimestre del 2023, un nuevo jugador con todas las capacidades dispuesto a competir en todos los mercados.

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La lectura sube, las ventas no

Según el informe de la Cámara Colombiana del Libro, el total de ventas netas del sector editorial durante 2021 creció 2,9 % frente al año anterior, pero aún continúan por debajo de los niveles que se registraron en los años 2018-2019, antes de la pandemia, lo que contrasta con la sensación permanente de libreros y opinión pública sobre el crecimiento indiscutible de lectura durante el aislamiento, y con el mismo índice del número de libros que leen los colombianos al año, que ha subido exponencialmente.

En 2012 no leíamos ni dos libros por persona, para el 2017 ya estábamos en 2.4 libros por persona, es decir, en 5 años, el país había tenido un crecimiento muy importante en lecturabilidad, actualmente el indicador está en 2.7, entonces sí ha venido creciendo la cantidad de libros que se leen en todas las categorías”, explica Daza. La cuestión sería entonces por qué no se están vendiendo más libros.

De acuerdo con información de Buscalibre, los lectores colombianos siempre han leído textos de interés general, pero en los últimos años dos nuevas categorías han hecho crecer la torta: bienestar y juvenil, en parte y paradójicamente, gracias al auge de las redes sociales. Wattpad, la red social para la autopublicación, se fortaleció en Latinoamérica en 2016, el mismo año que crecieron en importancia los creadores de contenidos en plataformas como YouTube e Instagram, y llevaron a niños y jóvenes a las librerías. Ese año, el youtuber chileno Germán Garmendia colapsó la Feria Internacional del Libro de Bogotá con una firma de libros, un fenómeno que puso verdes de la envidia a todos los escritores de trayectoria que nunca habían visto números parecidos para la literatura.

“Empezaron a salir las historias de romance, las historias de acción, encaminadas al mercado juvenil. Incluso el producto del mercado infantil también cambió, porque antes eran libros más didácticos, de colorear, de recortar, y pasaron a historias creadas por influenciadores infantiles de YouTube”, explica Daza.

Wattpad es una plataforma gratuita donde los autores pueden publicar sus historias por entregas y recibir la retroalimentación de su comunidad para orientar el desarrollo, la mayoría de los libros juveniles que se venden hoy provienen de esa red y de jóvenes plumas. Si bien las editoriales la aprovechan para pescar títulos que les aseguran ventas, porque el fenómeno fan lleva a que los seguidores de una historia quieran tener el libro físico, también es cierto que está disponible de manera libre para todo el que lo quiera leer en línea.

Según Juan José Gaviria, editor y gerente nacional de la Librería Lerner, la autopublicación ha sido la que ha mantenido el número de títulos en el mercado, no tanto las apuestas editoriales; además, los textos didácticos y técnico-científicos, categorías importantes para las editoriales, sufrieron considerablemente como ha sufrido el sector educativo con la pandemia.

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La diversidad y el monopolio

La baja en las ventas de los textos para el sector educativo, termina por abrumar el leve crecimiento de la categoría de interés general. Y también le preocupa a Gaviria que la pérdida de fuerza del sector educativo eventualmente influya en el tamaño del público lector, que es un público “ilustrado”. Daza es más optimista y ve salud en los números de las ventas de influenciadores y youtubers, que no afectan a la literatura, pues todas las categorías dentro de los libros de interés general han presentado un incremento.

Por otra parte, las librerías sí han visto un aumento en la venta de libros con respecto al 2020, probablemente por la reactivación económica, pero siguen siendo cifras inferiores a las previas a pandemia, según el informe de la Cámara Colombiana del Libro.

Mientras estas recuperan sus ventas y aparecen nuevos establecimientos dedicados a públicos específicos, editoriales pequeñas y medianas han sido absorbidas por los grandes grupos con presencia en Colombia: Penguin Random House y Planeta, lo que puede explicar el crecimiento de las exportaciones del sector editorial, que fue del 61,9 % durante 2021, aunque la cifra también está por debajo del nivel alcanzado por este concepto antes de la pandemia del covid-19.

La industria editorial recupera su salud poco a poco de la mano del que parecía su enemigo, la tecnología, pero enfocada en el comercio electrónico más que en los dispositivos que reemplazan el papel, aunque estos también se han favorecido. El próximo año promete ser interesante, más para las editoriales que para las librerías, que van a ver el efecto Amazon en el mercado local, y si se recupera el sector educativo.

Contexto de la Noticia

Paréntesis Más librerías, el mismo público

Según el último informe de la Cámara Colombiana del Libro, las ventas a través del canal de cadenas de librerías tuvieron un crecimiento del 4,2 %, las de distribuidoras crecieron 1,4 %, y las de librerías con un solo establecimiento comercial y puntos de venta propios registraron un aumento de 4,8 %, mientras que las ventas de libros impresos realizadas por las editoriales a través de sus canales de internet propios tuvieron una caída de 10,4 %. Durante la pandemia, las editoriales salieron a vender sus libros directamente, por el cierre de las librerías, pero con la reapertura dejaron de lado este esfuerzo para devolverle la labor a las librerías. Se redistribuyó el mercado, pero no creció.

María Antonia Giraldo Rojas

Periodista cultural del área de Tendencias de EL COLOMBIANO.


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