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La historia de David Rodríguez, el bailarín de Medellín que ahora es solista en el Hamburg Ballet

David Rodríguez Muñoz es el nuevo solista del Hamburg Ballet, en Alemania. Una historia de disciplina.

  • La historia de David Rodríguez, el bailarín de Medellín que ahora es solista en el Hamburg Ballet
  • La historia de David Rodríguez, el bailarín de Medellín que ahora es solista en el Hamburg Ballet
  • Su mamá mirando el Instagram de David. Foto: Camilo Suárez.
    Su mamá mirando el Instagram de David. Foto: Camilo Suárez.
  • Su mamá Olga Lucía Muñoz, en el altar que le hizo con su hermana Teresa en la sala de la casa. Foto: Camilo Suárez.
    Su mamá Olga Lucía Muñoz, en el altar que le hizo con su hermana Teresa en la sala de la casa. Foto: Camilo Suárez.
  • La casa de David y su familia en el barrio Los Mangos, en el oriente de Medellín. Foto: Camilo Suárez.
    La casa de David y su familia en el barrio Los Mangos, en el oriente de Medellín. Foto: Camilo Suárez.
  • Fotos de cuando David era bebé. Foto: Camilo Suárez.
    Fotos de cuando David era bebé. Foto: Camilo Suárez.
Mónica Quintero Restrepo | Publicado el 07 de julio de 2022

David Rodríguez se cree un alienígena. “Soy gay, queer, trato de ser empático, estoy orgulloso de mis raíces, de mi cultura, me gusta sonreír siempre. Todo eso se va regando y afecta mi movimiento. Como uno piensa es como se mueve”.

El movimiento lo ha llevado desde el barrio Los Mangos, ahí más arriba de Enciso, en el Oriente de Medellín, hasta Hamburgo, Alemania. El martes recibió una noticia: es solista del Hamburg Ballet.

New solist, same human”, escribió en Instagram. Puso dos emojis: un extraterrestre y un corazón verde. Siempre se ha sentido diferente. Después de cuatro fotos hay un video en el que se ve el anuncio: hay mucha gente, David está en un pantalón corto-blanco y tímidamente se mueve hasta donde el director y lo abraza. Los demás aplauden. En el post escribió: “Me acuerdo de bajar y subir lomas en Medellín soñando con ser un gran artista y ese sueño aunque no ha sido tal y como lo imaginé, ha sido mucho mejor de lo que pude soñar. A seguir loqueando y pasando bueno”. Los aplausos siguen en el video, y él sigue tímido, mientras uno termina de leer.

***

David nació el 13 de mayo de 1996, día de la Virgen, cuenta su mamá Olga Lucía Muñoz. Cuando fue a registrarlo se fue sola y llegó a casa diciendo que le había puesto Marianito. Qué pecao del niño, le decían sus familiares. Un mes lo llamaron así, Marianito, hasta que vieron el registro: David Esteven Rodríguez Muñoz.

“Yo tengo seis hijos, de los cuales estoy sumamente orgullosa. Los seis me han dado felicidad. Desde el martes estoy llorando de felicidad”.

La historia, en fragmentos, es así: cuando estaba pequeño, Olga Lucía, que se describe como hiperactiva y que hace de todo, dio una clase con un grupo de la tercera edad, y ella llevaba a David, era el parejo de todas. Cuando había tarimas, David se subía a ellas sin que nadie le dijera. “Un día le hicieron una entrevista y él dijo que empezó a bailar desde el vientre de la madre... es que toda la vida ha sido baile”.

Ahí en la Comuna 8, en el barrio Los Mangos —su mamá aclara que Enciso, como han dicho que es de ahí varias veces, es más abajo, que allí fue donde caminó, pero el barrio donde creció su niño e hizo la escuela y bailó en la cancha es Los Mangos— empezó con unas clases en Huellas Folclórica, con Estela Ortega, donde bailaba chotis, pasillos y bambucos.

Después se dieron cuenta de unas audiciones en el Ballet Folklóriko de Antioquia, y David se animó, pero la mamá le advirtió, “si es muy caro, no le puedo pagar”, pero igual se fueron: a David le vieron talento y fue parte de los niños talento del ballet. Ahí empezaron las becas, que han sido tan importantes. También los profesores: una cubana, cuenta Olga, le regalaba su tiempo para enseñarle.

Los caminos no lo llevaron a Cuba mucho tiempo, aunque hasta allá le dieron otra beca, pero cuando debió llevar los papeles no se los recibieron. Lloraron todos, pero había otros pasos por bailar.

Ana Beatriz Gutiérrez, presidenta de la junta del Ballet Metropolitano, lo resume: “La verdad es una historia muy bonita, la vida lo ha ido llevando de una manera particular”.

David acompañó a una amiga a unas audiciones para unos cursos internacionales del Ballet Metropolitano. Ana Beatriz lo vio sentado y le preguntó que si iba a audicionar, y él respondió que no, no tenía los $10.000 que valía. Que si tienes ropa, siguió ella, y él que sí, y terminó en la audición, ganándose una beca y encantando a una maestra brasileña, muy conectada con el mundo de la danza. Ana Beatriz vio en David todo para ser bailarín: belleza, arte, movimiento.

Su mamá mirando el Instagram de David. Foto: Camilo Suárez.
Su mamá mirando el Instagram de David. Foto: Camilo Suárez.

Para irse a Brasil, Ana Beatriz les dijo a los de Sura, buscando ayuda: “David es el Nairo del ballet”. Por esos días Nairo Quintana había ganado un tour. Fueron seis meses en Brasil y luego fue a Miami, al City Ballet. Días muy buenos, porque las becas daban fe de su talento, pero difíciles porque había que conseguir el dinero para la manutención. Solo que David estaba enfocado en su trabajo, con hambre, lo describía la maestra brasileña, y en un apoyo de muchos lo fueron acompañando.

David lo repite muchas veces. “Siempre he tenido un presentimiento: esto no es para mí, es para muchos. No es solo ser solista, es lo que te lleve a ser y a conocer. Soy solista por mi trabajo y el apoyo. Es el triunfo de muchos”.

En Miami terminó su ciclo, su perfil no era para ese ballet, que es muy clásico, y las líneas contemporáneas son mucho más europeas. Había que saltar. Ana Beatriz cuenta que le buscaron audiciones en Holanda y Alemania, pero en Amsterdam no pasó.

Entonces llegó a Hamburgo, donde audicionó primero, pero el puesto se lo quedó alguien más, cuenta la mamá, que había hecho proceso en el ballet. Días después lo llamaron, el director, John Neumeier, quería volverlo a ver. Había, sí o sí, que conseguir el dinero. Regresaron y lo contrataron como aprendiz. Después fue del cuerpo de baile y ahora es solista. “Es un trofeo para la ciudad tener este bailarín como solista, es uno de los top de los rangos en las compañías, en una compañía que está en el top del mundo”, dice la presidenta de la junta del Ballet.

Su mamá Olga Lucía Muñoz, en el altar que le hizo con su hermana Teresa en la sala de la casa. Foto: Camilo Suárez.
Su mamá Olga Lucía Muñoz, en el altar que le hizo con su hermana Teresa en la sala de la casa. Foto: Camilo Suárez.

***

Ser solista, explica David, es un reconocimiento a la individualidad de la persona, a su forma de moverse, de convivir con los demás. También, precisa, es una decisión del director y de sus requerimientos. “Es algo que cuesta mucho, porque estas compañías son muy numerosas. Es una confluencia de suerte, de tiempo, de necesidad”.

No ha sido fácil. Llegar hasta allá, dice el bailarín, ha requerido de esfuerzo, carácter, individualidad artística y mucho sacrificio: está lejos de casa, se ha perdido cumpleaños, de estar con su familia. Y, no obstante, ha valido la pena porque ha encontrado apoyo, ha aprendido. Se trata, cuenta, de florecer. “Siempre he estado en muchos lugares que me ha dado el movimiento”.

La danza fue un mecanismo para sobrevivir, porque “en Colombia es difícil para alguien que quiere bailar y ser diferente. La danza me escogió”. Pasó por la música, por la natación, fue porrista. Estuvo en todo, pero se quedó bailando.

Entonces repite que ha sido un trabajo de muchos, y recuerda de donde viene, su barrio, su gente. Esa es la manera de tener los pies conectados y ser consciente de la responsabilidad. En el post escribió: “De la comuna 8 para el mundo”.

La casa de David y su familia en el barrio Los Mangos, en el oriente de Medellín. Foto: Camilo Suárez.
La casa de David y su familia en el barrio Los Mangos, en el oriente de Medellín. Foto: Camilo Suárez.

***

Ana Beatriz cuenta que David tiene un movimiento orgánico con belleza, además de ser muy natural. Tiene, y eso es muy importante en el baile y el escenario, una expresión linda. Es alto, flexible. Se le nota, como lo notó esa primera vez que lo vio sentado esperando a la amiga. Lo otro es que siempre ha estado muy enfocado y no ha tenido fronteras para avanzar: se ha ido yendo con su talento, bailando. Y ha tenido una mamá alcahueta, comenta, que lo ha dejado ir. Él se lo dijo antes de irse a Alemania: “Mamá, mi vida la tengo muchas veces que empacar en una maleta”.

Olga Lucía comenta que aunque le dio susto en algún momento, porque estaba muy joven, entendió pronto que había que dejarlo ir, y ahí va, mientras en su casa ella y su tía Teresa le tienen un altar en la sala. “Es un poco de trabajo, de disciplina, de sufrimiento, de amor que se va viendo reflejado”.

David Rodríguez tiene 26 años. Es un alienígena. Le gusta ser un alienígena, ser diferente. En Hamburgo vive en La casa de los brownies, donde comparte con otros latinos, queer, de color marrón. La danza trasciende, es las personas con las que se encuentra, los caminos, los lugares a los que llega. Es apropiarse de lo que es y de lo que llegue a ser, en futuro.

Después de ser solista sigue ser principal, y aunque él expresa que ese no es su sueño, es el rango final en una carrera de bailarín.

Por ahora, dice, soy un bailarín feliz.

$!Fotos de cuando David era bebé. Foto: Camilo Suárez.
Fotos de cuando David era bebé. Foto: Camilo Suárez.
Mónica Quintero Restrepo

Es periodista porque le gusta la cultura y escribir. A veces intenta con la ficción, y con los poemas, y es Camila Avril. Editora de la revista Generación. Estudió Hermenéutica Literaria.


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