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Messi en Medellín: la crónica de una fiesta que se vivió con el corazón. Inter Miami venció 2-1 a Nacional. Vea los goles

Un niño de la Comuna 13, un apretón de manos con Lionel Messi y un estadio lleno marcaron una noche inolvidable en el Atanasio Girardot, donde el fútbol se vivió como un sueño cumplido.

  • Nacional cayó 2-1 con el Inter Miami en el Atanasio. FOTO CAMILO SUÁREZ
    Nacional cayó 2-1 con el Inter Miami en el Atanasio. FOTO CAMILO SUÁREZ
31 de enero de 2026
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“Yo le toqué la mano a Messi”, dijo, emocionado, Julián Andrés Márquez Paniagua, un niño de 9 años que vive en el sector El Socorro de San Javier, en la Comuna 13 de Medellín. El partido entre Inter Miami y Atlético Nacional llevaba 20 minutos de haber iniciado y el menor, moreno, de cabello largo, crespo y bien peinado hacia atrás, estaba feliz viendo, desde la parte alta de la tribuna occidental del Atanasio Girardot, a uno de los mejores jugadores de la historia.

Media hora antes, Julián estaba nervioso en el túnel que lleva a los camerinos del estadio, esperando a que los jugadores del Inter Miami salieran, ya cambiados y listos para jugar, a hacer la caminata hacia la cancha del Atanasio. Él era uno de los niños que fueron elegidos para acompañar, de la mano, a los futbolistas en la salida de los actos protocolarios del “Partido de la Historia”.

La noticia se la dieron al mediodía del sábado, después de participar en la clínica que hizo el Inter Miami con 3.000 niños de diferentes escuelas de fútbol de la ciudad. Julián, quien es hijo de Yuliana Paniagua, familiar de Juan Fernando Quintero, se destacó en los entrenamientos que realizó el equipo estadounidense. Es un crack. Willington Cano, entrenador de la escuela Vida y Paz de San Javier, le dijo a este diario que ya lo tienen fichado para jugar en las inferiores del Envigado.

Pero no solo el talento fue lo que condujo a Julián a ser elegido para salir con los futbolistas del Inter. También influyó que era, junto a Thiago Torres Molina —un chico de cabello rubio y un ánimo arrollador, aunque tímido para hablarle a la cámara—, uno de los más pequeños de los 30 niños que llevó el entrenador Cano a la clínica. Ese par de niños cumplió el sueño de cualquiera de las cerca de 30.000 personas que llegaron al Atanasio.

Los ídolos generaron emoción

Julián le tocó la mano a Lionel Messi porque el azar quiso que le tocara acompañar al delantero uruguayo Luis Suárez, uno de los grandes amigos del capitán de la Selección Argentina y del Inter Miami. “Yo le cogí duro la mano. Él me saludó y le dije que si hacía un gol celebrara así”, contó mientras subía el pulgar y estiraba los dedos índice y corazón, haciendo la señal de “pistola” con la que el atacante uruguayo celebró casi todos los goles que marcó en su carrera profesional.

Suárez, quien salió a la cancha del Atanasio último en la fila del Inter Miami, le dijo que sí. Además, le dio un abrazo fuerte. Lo mismo le ocurrió a Thiago, quien acompañó en la salida al defensa central uruguayo Maximiliano Falcón, una de las figuras del Inter Miami. El niño, quien habita con su familia en el barrio 20 de Octubre de la Comuna 13, recibió un abrazo por parte del jugador de 28 años. Sin embargo, no logró darle la mano a Lionel Messi, la gran estrella del partido, el hombre por el que todo el mundo vino a verlo en Medellín.

Desde poco antes de la una de la tarde, el sector aledaño al estadio se llenó de fanáticos que llegaron desde diferentes partes del país —y del continente— para disfrutar del espectáculo. Muchos tenían la camiseta de Atlético Nacional, cuadro que era local. Otros tantos llegaron con la camiseta rosada o negra del Inter Miami. Unos más vestían la casaca de la Selección Argentina y pocos llevaban una camiseta dividida en tres: una parte con los colores del Barcelona, otra del Inter y la restante de la Selección Argentina.

Casi todos ingresaron al estadio antes de que el Inter Miami saliera a calentar, cuando ya el elenco antioqueño lo hacía. El animador de una emisora local le pidió al público que convocara al futbolista argentino. El estadio empezó a gritar “Messi, Messi, Messi”. Había un poco de descoordinación: los gritos iniciaban en oriental y después los de occidental se unían, pero llegaban tarde; no se lograba el eco que se esperaba. La orquesta del estadio no funciona dirigida, sino por intuición. Cuando Lionel Messi salió corriendo a gran velocidad del camerino hacia la cancha, la gente encontró la sinergia para gritar y darle la bienvenida al “astro” y a sus amigos.

En ese momento hacía sol en Medellín. La emoción fue grande. La gente en las tribunas no guardaba los celulares. Todos querían grabar al “10”, inmortalizar el recuerdo de que lo vieron jugar en Medellín el 31 de enero de 2026, pocos meses antes del Mundial de Norteamérica, al que llega como vigente campeón del torneo y antes de cumplir 39 años (el 24 de junio, en pleno certamen). Los hinchas, además, se tomaban fotos: había que tener registro para inmortalizar el momento.

Messi despista, Suárez cumple promesa

El inicio del partido se retrasó 15 minutos de lo programado. En el cuarto de hora, entre las 5:00 y las 5:15, hubo gran parafernalia en torno a Messi. El alcalde de Medellín le entregó las llaves de la ciudad. La ministra de Cultura, Diana Morales, le dio al “10” el balón del partido. Después hubo fotos: Messi perdido entre muchas personas que no lo dejaban ver.

Antes del inicio del juego, el “10” tuvo una conversación, entre risas, con David Ospina, capitán de Nacional, y también con Edwin Cardona, a quien había enfrentado en partidos de eliminatorias y Copas América. Inició el juego. Messi, como hace desde varios años atrás, dio una muestra de “el arte de saber caminar” una cancha. No corrió mucho, con la explosividad de 2013, cuando vino también a Medellín, sino que se movía por la espalda de los rivales, buscando espacios para hacer daño. Algunas veces los encontró y, cada que tocaba la pelota, la gente empezaba a gritar.

Estuvo cerca de hacer un gol de tiro libre en la primera parte. También le dio un par de pases a Luis Suárez que no terminaron en gol. Quien marcó primero fue Juan Manuel Rengifo, de Atlético Nacional. El joven volante, que de niño jugaba a ser Messi, anotó un gol al estilo del argentino: un enganche con perfil cambiado, un remate de media distancia y la pelota al fondo de la red. Celebró con locura: su ídolo lo vio marcar un tanto que siempre quedará en su memoria.

El juego no tuvo la intensidad esperada durante todo el tiempo. Sin embargo, hubo momentos de la segunda parte en los que Messi tomó la pelota, subió el ritmo, eludió rivales con velocidad y remató al arco como lo hacía en el Barcelona, en su mejor momento. En una de esas acciones llegó el gol del Inter Miami: Lionel remató, la pelota pegó en el palo y Luis Suárez cazó el rebote dentro del área para anotar.

Salió corriendo para abrazar a Messi. Después de separarse, hizo con la mano el gesto del pistolero. Quizás, en la cancha, no se acordaba del origen, pero le había prometido a Julián, un niño de 9 años de la Comuna 13 de Medellín, que celebraría así el tanto que anotara. “Me cumpliste la promesa, Luis, me cumpliste la promesa”, gritaba Julián con fuerza desde la tribuna después del gol.

El encuentro terminó 2-1. Messi jugó 76 minutos. Cuando salió de la cancha del Atanasio, la gente lo aplaudió y empezó a corear su nombre. El jugador respondió con cariño: aplaudió y dio una vuelta en el centro del campo para saludar a quienes vinieron a verlo. Cuando el argentino llegó al banco de suplentes, muchos empezaron a salir de las tribunas. “Ya se acabó la emoción, la magia”. Sin embargo, varios se perdieron el gol en contra que anotó, sin querer, el joven Elkin Rivero, que puso el resultado final.

Así fue la fiesta que vivió —y dio— Messi en Medellín. Pocos, como Julián, pudieron tocarle la mano.

Vea los goles del partido:

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