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El partido contra el racismo y la xenofobia se va perdiendo

  • Federico Bernardeschi abraza a Moise Kane, jugadores de Juventus, durante el partido en el que se presentaron insultos racistas contre el segundo. Foto AFP
    Federico Bernardeschi abraza a Moise Kane, jugadores de Juventus, durante el partido en el que se presentaron insultos racistas contre el segundo. Foto AFP
Publicado el 15 de noviembre de 2019
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jugadores en el Mundial 2018 compitieron con selecciones diferentes a su país originario.

en definitiva

La Fifa ha endurecido sanciones contra aficionados por discriminación. Judicializarlos, no permitirles el ingreso a los estadios y multar a sus clubes son, entre otras, las medidas.

El lateral brasileño Dani Alves, el futbolista con más títulos en la historia, se prepara para cobrar un tiro de esquina, pero antes de patear, pela y se come el banano que le lanzaron de una tribuna, desde la cual se escuchan gritos que emulan los sonidos de los primates.

Y aunque esta escena ocurrió en 2014 en un partido de la Liga española y que causó indignación por tratarse de uno de los futbolistas más mediáticos del mundo, el tema no para pese a los múltiples esfuerzos que hace la Fifa (Federación Internacional de Fútbol Asociado) por acabar con la discriminación, las barras bravas, el racismo (exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive) y la xenofobia (fobia a los extranjeros, según definiciones de la Real Academia Española).

El pasado fin de semana, cuando se celebraba el llamado derbi (clásico) de la liga ucraniana, varios aficionados del Dinamo de Kiev entonaron cánticos racistas contra el jugador brasileño Taison Barcellos Freda del Shaktar Donetsk y este, molesto, replicó a la agresión siendo expulsado.

Estos casos no son hechos aislados. Más aún, son recurrentes, aprovechados por hinchadas agresivas y sin control que utilizan el color de piel, las facciones e, incluso, la procedencia de los jugadores para desatar su ira.

Cada fin de semana, en cientos de estadios europeos, en ligas y partidos ignotos, los casos de racismo en el fútbol ganan más terreno sin que parezca haber soluciones de fondo.

La razón del recrudecimiento de estas prácticas y otras formas de discriminación en el balompié del Viejo Continente son un fiel reflejo, según Daniel Alberto Zapata, sociólogo y experto en estudios políticos e internacionales de la Universidad del Rosario, de la sociedad en que vivimos.

“El fútbol es una caja de resonancia de la realidad social de un país, en este caso de gran parte de un continente. La crisis migratoria que atraviesa Europa por la llegada masiva de sirios, afganos y africanos, que huyen de guerras, rebasó la capacidad de respuesta de las naciones en materia económica, sanitaria y de seguridad”, explica.

“Europa vive un proceso de cambio demográfico y cultural, y la incertidumbre que generan los cambios ha propiciado discursos de rechazo al foráneo y de supuesta protección a los valores tradicionales, propios de los movimientos de ultraderecha, y esa pugna se ha trasladado al fútbol, uno de los símbolos de identidad más fuertes”.

Las cifras le dan dimensión a la problemática. Desde 2014 ingresaron a Europa, según Acnur –Agencia de la ONU para los Refugiados– 1.960.126 refugiados y migrantes principalmente de Afganistán, Siria y naciones africanas.

Las consecuencias sociales adversas son evidentes. Conforme indica la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, en los últimos 5 años un 30% de la población de raza negra en la Unión Europea ha sido víctima de discriminación racial de algún tipo.

El impacto en el balompié

Y el fútbol no es ajeno a este hecho en especial porque es un evento masivo al que acuden aficionados de dos planteles que se enfrentan luchando por puntos, trofeos o campeonatos. Por las costas italianas, por ejemplo, ingresaron 658.000 migrantes desde 2014, por lo cual se entiende que sea este país más propenso a casos de racismo en este deporte. Y, aunque no hay cifras concretas sobre el número de hechos presentados allí a través de los años, sí es el país en el que más jugadores denuncian estas prácticas.

En Francia, cuya Selección fue campeona mundial hace un año, con 13 jugadores de ascendencia africana, reportó la temporada pasada la detención de 86 personas y 22 interrupciones en partidos de Liga por casos de discriminación, cifras que entrega la Dirección Nacional de la Lucha contra el Hooliganismo (término que identifica al hincha británico de comportamiento violento y agresivo, según la RAE).

En Inglaterra, la Organización de Igualdad e Inclusión del Fútbol, Kick It Out, reporta un aumento del 43% en casos de discriminación racial durante la Liga inglesa y del 75% de hechos de islamofobia y antisemitismo.

Esta problemática se agudiza al mismo tiempo que las selecciones de dicho país retoman protagonismo en el plano internacional gracias a la inclusión de futbolistas de origen africano, caribeño y árabe.

Por ejemplo, con el aporte fundamental de seis nigerianos, el combinado inglés sub-17 ganó hace dos años el Mundial, al cual Nigeria, otrora potencia en esta categoría, ni siquiera logró clasificar.

En Francia, el legendario entrenador Guy Roux, quien tiene el récord mundial como el técnico que más tiempo dirigió en un solo equipo (40 años al Auxerre), sentó su voz de protesta en junio de 2017 por los eventos reiterados de discriminación en el balompié de su país. “Todos los muchachos buenos juegan ahora en los suburbios. Si quitamos a los musulmanes de la Liga francesa escasamente tendríamos para armar siete equipos”, dijo. Y son 20 elencos.

Es, quizá, la paradoja más grande que existe en el deporte actual. Mientras el racismo y la xenofobia se enquistan, el fútbol europeo ha consolidado su dominio mundial gracias a la confluencia de jugadores de diversos orígenes.

Paños de agua tibia

En 2013, la Fifa decidió instaurar una Comisión contra el Racismo que clausuró tres años después argumentando haber cumplido con las metas propuestas en materia de seguimiento, capacitación, guía de buenas prácticas, normativa de sanciones, campañas y programas de inclusión.

Las cifras expuestas anteriormente evidencian que, en la práctica, la Comisión no tuvo impacto real.

Actualmente existe el FARE –Fútbol contra el Racismo en Europa– una red promovida por la Uefa (máximo organismo del fútbol europeo), que tiene su programa “No al Racismo”, que alimenta con campañas en cada estadio del continente y en todas las competencias y que según sus principios, buscan, mediante campañas publicitarias y de contacto con los aficionados, la erradicación de la discriminación de los estadios.

En diálogo con Emannuel Artigas, miembro del programa de Buenas Prácticas de Conmebol, resalta que la Fifa, en su compromiso por erradicar la problemática, ha endurecido sus sanciones, pero enfatiza que esta normativa debe contar con voluntad de cada federación para hacerla cumplir. “La Fifa estipula sanciones que llegan, incluso, al descenso del equipo cuya hinchada cause estas afectaciones o el cierre del estadio durante un año, lo que pasa es que pocos directivos están dispuestos a asumir la presión y el posible costo político de tomar medidas radicales pero necesarias”, insiste.

Artigas cree, además, que hace falta un compromiso mayor por parte de los futbolistas, y que en los tiempos que cursan, es vital el surgimiento de líderes y símbolos.

“El equipo campeón mundial es un abanico multicultural. Muchas figuras que dominarán el fútbol en los próximos años son de padres migrantes de Asia y África. Tienen que aprovechar su influencia para tomar una posición vehemente y que no se quede solo en reacciones circunstanciales”, insiste.

Una paciente amenaza

En tanto no existan soluciones de fondo, parece latente la amenaza que en cualquier gran escenario ocurra un daño mayor para la imagen y el futuro del fútbol. Hay antecedentes que alimentan dicho temor.

En la Eurocopa de Francia 2016, grupos xenófobos rusos dejaron un baño de sangre en Marsella en una jornada que amenazó con suspender el certamen.

En el pasado Mundial de Rusia, las autoridades tuvieron que activar un amplio esquema de seguridad para evitar amenazas que apuntaban a posibles delitos de odio durante el campeonato y que se hicieron evidentes con mensajes en redes sociales y en concentraciones de hinchas, así como en los estadios, donde algunas barras radicales apuntaban a exacerbar los ánimos de los jugadores con cánticos o insultos.

Ahora, a dos años de la realización de un Mundial en Catar, territorio árabe, persiste el temor de que el fútbol sufra una derrota sonora, de esas de las que cuesta reponerse.

Contexto de la Noticia

alternativas a la problemática

St. Pauli, el club en el que caben todos

Uno de los ejemplos más claros de los esfuerzos por acabar con estas prácticas en el fútbol, tiene que ver con el club St. Pauli de segunda división alemana, sede Hamburgo, y que promueve campañas antifascistas, antiracistas, antihomófobos y antisexistas. Tiene 27.000 socios y grupos organizados en todos los continentes. Cada año ejecuta decenas de propuestas en pro de causas sociales como ayuda a refugiados o apoyo jurídico a personas de la comunidad LGTBIQ que sufren discriminación. Este año tuvo eco en redes sociales cuando los hinchas del club se unieron para llevar al estadio a niños refugiados de Siria y África. Y conformó un equipo de refugiados en esta ciudad que tiene movimientos fascistas y pronazis.

Una voz contra mensajes discordantes

En mayo de 2016, el vicepresidente del partido Alternativa para Alemania, Alexander Gauland, declaró sobre el jugador de la Selección alemana, Jerome Boateng, que “nadie querría tenerlo como vecino”, demostrando su ascendencia africana, Tal pronunciamiento desencadenó una bandada de solidaridad de gran parte de la sociedad alemana. En los estadios, hinchas de diversos clubes elevaron pancartas en las que deseaban “tenerlo como vecino”. La selección teutona emprendió una campaña en la que mostró la diversidad del combinado nacional.

Previamente el grupo Ferrero había decidido adelantar una particular campaña en la que incluyó en la envoltura de su tradicional chocolate Kinder, fotos de jugadores de la Selección de origen extranjero cuando eran niños.

Protagonistas evidencias de prácticas discriminatorias

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1.
“fuego amigo” en el fútbol italiano

Fecha: 3 de abril de 2019. Luego de que el delantero italiano de origen congolés, Moise Kean, de 19 años, recibiera insultos racistas tras marcar un gol ante el Cagliari, su compañero y capitán en Juventus, Leandro Bonucci, lo culpó de tener “50 por ciento” de la responsabilidad por “provocar” a los hinchas rivales con la celebración.

Jugadores de todo el mundo reprocharon la declaración de Bonucci, tras lo cual este se disculpó escuetamente por redes sociales.

Italia, según Fifa y Uefa, presenta el fenómeno de racismo y xenofobia más preocupante. El experto en derecho deportivo Angelo Cascella, le dijo a EFE que hay una sistematicidad en la justicia y sociedad italiana para desestimar los casos de racismo.

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2.
Cansado de insultos prefiere retirarse
Fecha: 26 de marzo de 2019. “No veo la hora de retirarme del fútbol”. Esta fue la frase del inglés Danny Rose luego de sufrir ataques verbales (cánticos imitando el sonido del mono), junto a otros compañeros de la Selección inglesa, por parte de hinchas Montenegro por la Eliminatoria a la Eurocopa. A sus 28 años atestigua tener un historial de insultos en su contra incluso cuando era jugador juvenil. Por el caso puntual, en abril, la Federación de Fútbol de Montenegro recibió una multa de US$56.000. En octubre del año pasado el equipo inglés recibió toda clase de improperios por parte de hinchas búlgaros en un juego en Sofía, Bulgaria. La sanción: US$93.000 para la Federación de dicho país y un partido a puerta cerrada de la Selección.
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3.
También ocurre en los Países suramericanos
La Fifa ha multado recientemente a las federaciones de México, Estados Unidos y Brasil. También han recibido llamados de atención, entre otras, la Federación Colombiana de Fútbol. La postura de la Fifa es que se erradiquen de los estadios, incluso, aquellas prácticas que se apoyan en el presunto “folclor” de cada Liga, por ejemplo en México, cuyos aficionados suelen llamar “puto” al arquero al momento de sacar de puerta. Esta acción ha sido sancionada por Fifa por considerarla homófoba. En Colombia se han presentado multas por racismo. El último, en octubre de 2018, cuando el uruguayo Lucero Álvarez recibió 8 fechas de suspensión por insultar al jugador del Caldas, Johan Carbonero diciéndole “negro, la puta que te parió”.
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4.
Un mal que se extiende atravesando las fronteras

Uno de los casos de racismo más lamentables ocurrió el 3 de octubre del año pasado cuando el italiano, hijo de inmigrantes africanos, Mario Balotelli, cansado de que la hinchada del Hellas Verona hiciera ruidos simulando los sonidos de los primates cada vez que él tomaba el balón, paró en medio del juego y pateo el balón hacia la tribuna.

La Federación italiana multó al equipo, además, porque a través de su cuenta en Twitter, el Verona restó importancia a la situación y dijo que Balotelli había “quedado aturdido por los cánticos de apoyo de los aficionados al Hellas”.

Balotelli ha sido víctima de circunstancias similares en Inglaterra y Francia, países donde jugó en el pasado.

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