Bolaño se fue, pero dejó huella. Lo hizo con las dos estrellas que alcanzó con el Junior en 1977 y 1980, después de haber alcanzado un título con Santa Fe en 1975.
Un derrame cerebral y una meningitis, que lo dejaron prácticamente ciego en 2012 fueron el principio del fin para el exfutbolista.
Óscar también será recordado por ser el padre de los exjugadores Jorge y Óscar Bolaño y por sus grandes partidos con el Unión Magdalena, los cardenales y los junioristas. Actuaciones que le permitieron conformar una Selección Colombia y ser subcampeón de la Copa América en 1975.
Los que lo vieron jugar destacan su talento para proyectarse al ataque y su fuerza para recuperar el balón.
“Era un lateral completo, de esos escasos hoy en día, compañero de muchas batallas, que cumplía con lujo de detalles sus funciones en la cancha”, indicó Luis Grau, quien jugó a su lado.
Por eso el domingo, cuando las nuevas generaciones se preguntaban a qué se debía el minuto de silencio del partido de vuelta de la final de la Superliga entre Santa Fe y Medellín, hay que responderles que hay otro colombiano que seguramente estará en la selección celestial por las condiciones que mostró en vida.
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