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Con 46 kilos de valentía, la luchadora turbeña Deimis Licona se llevó el oro en los Juegos Departamentales

Deimis Yorledis Licona Ochoa quedó campeona en la categoría 46 kg de lucha libre en los Juegos Departamentales de Antioquia 2025. Foto: Cortesía Deimis Licona.

Deimis Yorledis Licona Ochoa se consagró campeona juvenil de lucha olímpica en los Juegos Departamentales 2025 en la sede de Girardota.

  • Con 46 kilos de valentía, la luchadora turbeña Deimis Licona se llevó el oro en los Juegos Departamentales
  • Deimis, en los Juegos Departamentales que se realizan en Girardota, Antioquia. Foto: Sara Gil.
    Deimis, en los Juegos Departamentales que se realizan en Girardota, Antioquia. Foto: Sara Gil.
  • Deimis durante sus entrenamientos en Turbo. Foto: Cortesía Deimis Licona.
    Deimis durante sus entrenamientos en Turbo. Foto: Cortesía Deimis Licona.
  • Con 46 kilos de valentía, la luchadora turbeña Deimis Licona se llevó el oro en los Juegos Departamentales
  • Delegación de Turbo en los Juegos Departamentales 2025 en Girardota. Foto: Cortesía Deimis Licona.
    Delegación de Turbo en los Juegos Departamentales 2025 en Girardota. Foto: Cortesía Deimis Licona.
hace 6 horas
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En medio del bullicio deportivo que envuelve a los Juegos Departamentales de Antioquia, esa cantera inagotable de campeones que este año reúne a 8.000 atletas de más de 100 poblaciones, aparece una figura pequeña, delgada, de rizos cortos color chocolate y mirada grande, brillante y soñadora. Es Deimis Yorledis Licona Ochoa, “la flaca”, como le dice su entrenador. Morenita, carismática, elocuente, siempre hablando de Dios y de su familia, como si esas dos fuerzas fueran el sostén de cada punto que logra.

Deimis viene del barrio Mocho, en Turbo, una zona que la vio crecer entre limitaciones y sueños, pero donde también aprendió a enfrentar la vida “a punta de esfuerzo, esfuerzo y más esfuerzo”, como ella misma repite. Tiene 17 años y es la primera de su familia en practicar lucha olímpica.

Deimis, en los Juegos Departamentales que se realizan en Girardota, Antioquia. Foto: Sara Gil.
Deimis, en los Juegos Departamentales que se realizan en Girardota, Antioquia. Foto: Sara Gil.

Sus padres Yorledis y Deibys, y sus dos hermanos, Deinis y Denis, todavía se sorprenden cuando la ven subir al podio. Nunca se imaginaron que esa niña inquieta, demasiado juguetona, traviesa y alegre acabaría representando al municipio en unos Juegos Departamentales, y mucho menos, ganando con jerarquía.

La final agónica del oro en los Juegos Departamentales 2025

El 27 de noviembre de 2025, en Girardota, comenzó su camino al oro departamental juvenil. El primer combate de Deimis fue contra una rival de Medellín, la volteó y la planchó de inmediato. Luego vino una de Itagüí: dos volteos y victoria. La semifinal fue contra una deportista de La Estrella; otra planchada, a pesar del dolor de rodilla por los tacles sin rodilleras que hizo todos estos días practicando, previo a la competencia.

La final fue con una rival conocida y con años de puja entre ambas, de La Ceja. Deimis ya la había vencido durante tres años seguidos, pero la opresión, el agotamiento y el dolor hacían de este combate uno de los más difíciles.

Entró cansada, pero con confianza. Marcó, sumó y tomó ventaja. A los 20 segundos del cierre del primer periodo le corrigieron el marcador a 8-0, pues dos puntos habían sido concedidos a su rival por error. Emilson, su entrenador, ya sabía que para el segundo Deimis debía entrar con toda y, sin titubear, le dijo: “márcale esos dos puntos y terminemos con esto de una vez”.

Deimis durante sus entrenamientos en Turbo. Foto: Cortesía Deimis Licona.
Deimis durante sus entrenamientos en Turbo. Foto: Cortesía Deimis Licona.

Volvió al centro, y entró con todo. Hizo un tacle y se reventó la boca, tenía rasguños en los ojos y las piernas ya no las sentía. Quedaban dos minutos y la rival la presionaba sin descanso. En los últimos 50 segundos ya no tenía piernas ni brazos. Se sostuvo como pudo, agarrándola, defendiéndose, evitando ser volteada. “Ella me tenía el brazo amarrado, y yo sabía que si pasaba, me volteaba”.

Faltaban 10 segundos cuando los compañeros empezaron la cuenta regresiva: 10, 9, 8... por poco y la planchan; 7, 6..., Deimis resistía; 5, 4, 3... rápidamente se giró y evitó el punto; 2, 1... el pito sonó, Deimis puso las manos en la colchoneta y se echó a llorar, pero de lo primero que se acordó fue de hacerle un corazoncito a sus compañeros de Turbo que cantaban su nombre.

“Fue una pelea muy dura”, dijo. Y también reconoció que será uno de los mejores recuerdos de su vida.

La primera lucha de Deimis fue un “no”

A los 14 años, una compañera del colegio la invitó a participar en lucha olímpica, algo que ella jamás había considerado. Deimis se animó ante la novedad, pues hasta entonces solo había practicado atletismo y no se lo tomaba tan en serio... pero la mamá dijo que no.

Le parecía un deporte agresivo y demasiado rudo para su hija menor. Pero Deimis insistió, rogó, insistió otra vez. Hasta que por fin la dejaron ir.

Desde el primer entrenamiento quedó encantada: “Me gustó todo: sus técnicas, su gimnasia, todo”. Lastimosamente, cómo ella misma lo dice, “la emoción se me pasó”, se aburrió y dejó de ir. Pero su entrenador, Emilson Manyoma Cuesta, le dijo algo que, sin saberlo, le cambiaría la vida. Él vio algo en ella, le dijo que volviera, que tenía potencial, que era buena. Y volvió.

En su primera competencia, en Carepa, quedó subcampeona. Una sorpresa para todos, incluso para ella. Después vinieron más torneos, más aprendizajes, más derrotas que dolieron y victorias que la hicieron crecer. En Andes fue campeona. En Jardín volvió a ganar. “Fue otra victoria para mí, gracias a Dios, porque todas mis victorias no han sido por mí, sino por Dios”.

Con 46 kilos de valentía, la luchadora turbeña Deimis Licona se llevó el oro en los Juegos Departamentales

Yurledis Ochoa (mamá de Deimis) y Deimis Licona en Turbo. Foto: Cortesía Deimis Licona.

Pero el camino no fue lineal. Hubo cansancio, ganas de renunciar, y conversaciones en casa de una madre que no podía ver únicamente a una campeona, sino a la niña de sus ojos, la pequeña de la casa. A Yurledis le atormentaba ver la cantidad de peso que Deimis tenía que perder para cada competencia, y en ocasiones le insistió que abandonara el sueño.

A Deimis le toca bajar 4, 5 o 6 kilos en pocos días. Entrenar sin agua, vivir de fruta, aguantar, llorar y resistir. Ese es el día a día antes de competencia. Un lado que no muchos conocen o no soportan del precio de la victoria.

El lado menos amable de los luchadores

La rutina de control de peso es brutal. Los y las luchadoras tienen que soportar días enteros sin agua, sin arroz, sin comidas completas; solo fruta, verdura y proteína. Una vez, en Apartadó, después de ser campeona, amaneció tan enferma que no podía pararse. Su mamá sufría con cada bajada de peso, pero también veía la fortaleza de su hija. “Ya soy fuerte”, dice ella, recordando que ya casi cumple cuatro años en la lucha.

En los nacionales en Cali tuvo que bajar 7 kilos. Y aunque lo logró, la categoría fue eliminada “de la noche a la mañana”. Sintió que el mundo se le caía encima, y quiso abandonar el barco. No quería volver a bajar peso, pero el amor por la lucha siempre la lleva a aceptar los retos. Bajó 4 kilos más para Girardota, dos en Turbo, dos en la sede de los juegos.

Delegación de Turbo en los Juegos Departamentales 2025 en Girardota. Foto: Cortesía Deimis Licona.
Delegación de Turbo en los Juegos Departamentales 2025 en Girardota. Foto: Cortesía Deimis Licona.

La madrugada del pesaje fue una carrera contra el reloj. En la primera subida a la báscula le faltaba bajar 800 gramos. Deimis no lo pensó dos veces. Fue al salón donde se están hospedando, se puso un buzo, varias bolsas de basura y comenzó a correr bajo el sol del norte de Antioquia, picante como nunca. No podía tomar agua porque la subía, pero Deimis iba determinada, algo le decía que ese podio sería suyo.

En el segundo intento, aún le faltaban 200 gramos. Volvió a correr hasta el cansancio y en el tercer envión, 5 gramos la separaban de la meta. Hizo un esfuerzo más y finalmente pudo alcanzar 46 kilogramos exactos, en un par de horas. Una determinación que no tienen sino las más grandes.

Una despedida con honores de la categoría juvenil

Antes que atleta, Deimis es hija, hermana y creyente. Dios y su familia son palabra constantes en ella. Agradece a su mamá, Yurledis, que es farmacéutica y que a veces no puede viajar con ella, pero siempre le consigue lo necesario.

A sus tíos, a su papá, a sus vecinos, a su congregación. A su entrenador Emilson, quien ha sido como un papá; la cuida en los bajones de peso, en los momentos de rendirse, en los cansancios físicos y emocionales. Y aunque el próximo año pasa a mayores y quizás ya no entrenen juntos, él le prometió que desde lejos la apoyará.

Deimis y su éxito siempre han ido alineados con la coincidencia y el tiempo perfecto. En Medellín tiene un tío, y su entrenador quiere que se mude para entrenar con la Liga. Justo en diciembre, Deimis termina el colegio, y todo parece alinearse para que ella continúe dejando huella en las colchonetas. Porque pese a que en varias veces ha querido abandonar, ella misma dice que ya por fin lo entendió: “Sin mi deporte no soy yo. Yo no me voy sin mi deporte”.

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